Episodio LVII
Donde un evento importante le ocurre a Castilla y nuestro héroe.
Habían pasado casi veinticinco días del fallecimiento del rey. Murriel, todos los días se levantaba temprano y se dirigía hacia la tumba de su ex preciado monarca. Luego, regresaba al hogar que compartía con su amigo, se vestía con un peculiar sombrero, el cual había encontrado una vez en la tumba del rey e iba a realizar su labor. Su mente lo traslado a aquellos días, en los cuales Castilla resplandecía, en los momentos compartidos con el rey y los civiles. Su gratitud hacia ese hombre era inmensa y nunca olvidaría sus míticos consejos y la sabiduría que siempre urgía salir de su ser, para luego manifestarla en una atrayente y sincera sonrisa. El unitario no supo cómo reaccionar frente al pueblo los primeros días, pero luego, ayudando en las nuevas construcciones, sintió una energía indemne, la cual le permitió proseguir como el rey así le había delegado. Sus recuerdos también le trajeron a su abuelo, sonrió con solo acordarse de sus dichos, consejos y esas palabras que le llegaban directo a sus emociones, haciéndole temblar el alma de frenesí.
Con todas sus
reflexiones hizo dar fuerzas una vez más a su corazón para iniciar sus
nuevas tareas.
Saludando a
todos los civiles simpáticamente, caminaba deleitando el fabuloso paisaje que
le ofrecía Castilla, la tranquilidad comenzó a aflorar de a poco en su ser.
A pesar de que
nada podía disminuir el dolor que lo aquejaba por su gran pérdida, no lo
obstaculizaba para seguir adelante. De pronto, algo llamó poderosamente la
atención de nuestro héroe, vio unos tumultos de personas acumularse en un
lugar, quedó contemplando por unos minutos cuando sintió que alguien lo jalaba de sus pantalones. Al ver de quien se
trataba, se agacho para ofrecerle una luminosa sonrisa.
—¡Tom! —acarició su cabeza.
—Qué lindo sobrero el que tiene, señor Murriel —dijo el niño con la inocencia que
lo caracterizaba.
—¿Le
gusta este gorro, Tom? —se lo sacó para ponerlo en la cabeza del pequeño el
cual inmediatamente sonrió.
—Es usted la persona más valiente que he
conocido —confesó de repente.
—Oh,
Tom.
El unitario iba
a decirle unas palabras cuando fue interrumpido por unos potentes aplausos que se
comenzaron a escuchar. Diligentemente, una masa de personas fue acercándose
hacia el joven dejándolo completamente asombrado.
Murriel se levantó
de golpe para comprender que estaba sucediendo.
Los civiles seguían
aplaudiendo, sumando sus gritos y halagos hacia él. Nuestro héroe no hizo más que
dedicarles una sonrisa. Dio unos pasos hacia atrás al ver que estaba enteramente
rodeado. Puso su mano detrás de su cabeza sin saber que hacer o decir en ese
momento tan peculiar.
Larry se acercó
a su lado sosteniendo algo que hizo que Murriel abriera sus ojos completamente
aleado. Una corona dorada y protuberante fue colocada en su cabeza.
—¿Qué está
haciendo, Larry? ¿Acaso se ha vuelto demente? —preguntó sin obtener respuesta.
Su amigo tomó el
brazo del unitario para flexionarlo en su totalidad, dando señal de triunfo.
Las personas gritaron y aclamaron aún más dejando en desconcierto al futuro
monarca.
Murriel había
sido consagrado el nuevo rey de Castilla.
Los barones,
duques y condes se encontraban allí, presenciando tal acto, demostrando su aprobación
completa y sincera. Murriel cayó en la realidad entendiendo al fin lo que
estaba aconteciendo.
Una sonrisa se
fue dibujando poco a poco en sus labios. El recuerdo del rey seguía intacto,
sus palabras, sus consejos y sobre todo el pleno amor que le concebía.
Una imagen se le
apreció de repente logrando golpear intensamente su corazón. Era una imagen
clara y transparente del rey provocando un aumento de felicidad máxima en su
reciente coronación.
"¿Nunca ha
aspirado a más?" "¿Nunca ha pensado en ser rey algún día?"
Las felicitaciones, aclamaciones y halagos no
dejaron de sonar por un largo rato incitando lágrimas merecidas a un nuevo
comienzo de una gran etapa en la que todos querían ser parte de ella.
Nuestro héroe se sintió completo por unos momentos,
aunque sabía lo pasajero que podría ser aquella emoción. Sin embargo, el saber
que el pueblo entero de Castilla, incluido la nobleza le confiaban, era más de
lo que sus deseos podrían esperar. Sin poder creer que era rey, una palabra que
la creía tan grande para su persona. Intentando despejar todos sus
pensamientos, se dispuso a disfrutar del amor y el aliento que le dedicaba
Castilla.
Las situaciones y hechos siempre terminan superando
al humano. La energía interna yace en cada palabra, cada mirada y cada acto
genuino. El dulce sabor de corromper al destino derrotando a la perturbada
incertidumbre provoca más curiosidad respecto a lo que prevalecerá más adelante.
La vida puede acarrear sorpresas, inquietudes, pesares y decepciones, lo mejor,
es ir entendiendo cada cosa que nos sucede en el tiempo justo para cada una.