lunes, 28 de diciembre de 2015

Episodio LVII

Episodio LVII
Donde un evento importante le ocurre a Castilla y nuestro héroe.

H
abían pasado casi veinticinco días del fallecimiento del rey. Murriel, todos los días se levantaba temprano y se dirigía hacia la tumba de su ex preciado monarca. Luego, regresaba al hogar que compartía con su amigo, se vestía con un peculiar sombrero, el cual había encontrado una vez en la tumba del rey e iba a realizar su labor. Su mente lo traslado a aquellos días, en los cuales Castilla resplandecía, en los momentos compartidos con el rey y los civiles. Su gratitud hacia ese hombre era inmensa y nunca olvidaría sus míticos consejos y la sabiduría que siempre urgía salir de su ser, para luego manifestarla en una atrayente y sincera sonrisa. El unitario no supo cómo reaccionar frente al pueblo los primeros días, pero luego, ayudando en las nuevas construcciones, sintió una energía indemne, la cual le permitió proseguir como el rey así le había delegado. Sus recuerdos también le trajeron a su abuelo, sonrió con solo acordarse de sus dichos, consejos y esas palabras que le llegaban directo a sus emociones, haciéndole temblar el alma de frenesí.
Con todas sus reflexiones hizo dar fuerzas una vez más a su corazón para iniciar sus nuevas tareas.
Saludando a todos los civiles simpáticamente, caminaba deleitando el fabuloso paisaje que le ofrecía Castilla, la tranquilidad comenzó a aflorar de a poco en su ser.
A pesar de que nada podía disminuir el dolor que lo aquejaba por su gran pérdida, no lo obstaculizaba para seguir adelante. De pronto, algo llamó poderosamente la atención de nuestro héroe, vio unos tumultos de personas acumularse en un lugar, quedó contemplando por unos minutos cuando sintió que alguien lo jalaba de sus pantalones. Al ver de quien se trataba, se agacho para ofrecerle una luminosa sonrisa.
¡Tom! acarició su cabeza.
Qué lindo sobrero el que tiene, señor Murriel dijo el niño con la inocencia que lo caracterizaba.
¿Le gusta este gorro, Tom? se lo sacó para ponerlo en la cabeza del pequeño el cual inmediatamente sonrió.
Es usted la persona más valiente que he conocido confesó de repente.
Oh, Tom.
El unitario iba a decirle unas palabras cuando fue interrumpido por unos potentes aplausos que se comenzaron a escuchar. Diligentemente, una masa de personas fue acercándose hacia el joven dejándolo completamente asombrado.
Murriel se levantó de golpe para comprender que estaba sucediendo.
Los civiles seguían aplaudiendo, sumando sus gritos y halagos hacia él. Nuestro héroe no hizo más que dedicarles una sonrisa. Dio unos pasos hacia atrás al ver que estaba enteramente rodeado. Puso su mano detrás de su cabeza sin saber que hacer o decir en ese momento tan peculiar.
Larry se acercó a su lado sosteniendo algo que hizo que Murriel abriera sus ojos completamente aleado. Una corona dorada y protuberante fue colocada en su cabeza.
¿Qué está haciendo, Larry? ¿Acaso se ha vuelto demente? preguntó sin obtener respuesta.
Su amigo tomó el brazo del unitario para flexionarlo en su totalidad, dando señal de triunfo. Las personas gritaron y aclamaron aún más dejando en desconcierto al futuro monarca.
Murriel había sido consagrado el nuevo rey de Castilla.
Los barones, duques y condes se encontraban allí, presenciando tal acto, demostrando su aprobación completa y sincera. Murriel cayó en la realidad entendiendo al fin lo que estaba aconteciendo.
Una sonrisa se fue dibujando poco a poco en sus labios. El recuerdo del rey seguía intacto, sus palabras, sus consejos y sobre todo el pleno amor que le concebía. 
Una imagen se le apreció de repente logrando golpear intensamente su corazón. Era una imagen clara y transparente del rey provocando un aumento de felicidad máxima en su reciente coronación.
"¿Nunca ha aspirado a más?"  "¿Nunca ha pensado en ser rey algún día?"
Las felicitaciones, aclamaciones y halagos no dejaron de sonar por un largo rato incitando lágrimas merecidas a un nuevo comienzo de una gran etapa en la que todos querían ser parte de ella.
Nuestro héroe se sintió completo por unos momentos, aunque sabía lo pasajero que podría ser aquella emoción. Sin embargo, el saber que el pueblo entero de Castilla, incluido la nobleza le confiaban, era más de lo que sus deseos podrían esperar. Sin poder creer que era rey, una palabra que la creía tan grande para su persona. Intentando despejar todos sus pensamientos, se dispuso a disfrutar del amor y el aliento que le dedicaba Castilla.

Las situaciones y hechos siempre terminan superando al humano. La energía interna yace en cada palabra, cada mirada y cada acto genuino. El dulce sabor de corromper al destino derrotando a la perturbada incertidumbre provoca más curiosidad respecto a lo que prevalecerá más adelante. La vida puede acarrear sorpresas, inquietudes, pesares y decepciones, lo mejor, es ir entendiendo cada cosa que nos sucede en el tiempo justo para cada una.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Episodio LVI

Episodio LVI
Episodio por demás corto, relatando más información acerca de lo ocurrido en Castilla luego de su pesaroso acontecimiento.

Luego de tal incidente triste y angustiante, el tiempo había pasado para el reino de Castilla. Ningún rey se encontraba al mando, seguían en duelo. Todas las tardes los civiles se reunían en la tumba del ex monarca, recordándolo.
Los barones y duques hacían lo mismo, aunque a la vez, se sentían preocupados ya que era su deber elegir quien sería el próximo gobernante. La gente estaba negada, no quería aceptar la muerte de su amado rey. No querían a nadie, como si en algún lugar de su corazón mantuvieran la esperanza de que él, algún día, volviera.
Muchos civiles estuvieron presentes en el entierro de Camnes, el cual se podría considerar hasta indigno por todos los insultos propinados hacia el ex líder de Non Regnum, agregando además que sus inferiores como el protestante solía llamarles no se encontraban allí.
Después de todo lo ocurrido, un triste final tuvo Camnes, a pesar de las advertencias a lo largo de su vida en la historia. Por otra parte, Luife y Lytan fueron los únicos protestantes quienes permanecieron en Castilla, convirtiéndose en nuevos guardias del reino, sin mencionar su verdadera identidad. Luife era hasta quizás un ser más inteligente y ambicioso que su líder fallecido. Su objetivo, era formar un nuevo partido con el tiempo y se había condicionado a sí mismo, no cometer los mismos errores que Camnes.

Poco a poco todo se fue reconstruyendo, con ayuda de los civiles y Murriel siendo el simple unitario que fue desde el comienzo.
Respecto a sus poderes, el joven los apartó de su vida, decidió que accedería a ellos sólo cuando la situación lo amerite. Sin embargo, algunas veces, Larry lo descubrió intentando practicar y controlar sus poderes, el sólo lo observaba sin interrumpirlo ya que conocía el humor de Murriel y como se ponía frente a ese tema. Los civiles, maravillados estaban con su unitario.  
El agradecimiento no alcanzaba para demostrar lo que ese joven significaba para ellos, en él, añoraban al rey. Muchos miembros de la nobleza lo examinaban mostrándose conformes a pesar de su presuntuoso orgullo, no podían negar lo útil y eficiente que había sido Murriel en esos tiempos. Era una evidencia que el rey, no se había equivocado con él. Murriel, sin darse cuenta comenzaba a dirigir varios grupos, los cuales, integraban cada vez más civiles. Su poder de mando era innato. Sorprendióse mucho a la nobleza respecto a tal actitud. 

Por otra parte, una extravagante idea deambulaba por la mente de Larry mientras observaba el semblante aún triste y a la vez apacible de su amigo. Sin embargo, el joven campesino sabía que antes de llevar a cabo tal idea, tendría que reunirse con varios civiles y luego pedir una cita con todo el consejo de la nobleza.
Pronto estaremos mejor Murriel. Gracias a usted logramos consolidarnos susurró el muchacho al verlo tan afligido.
Larry habló Murriel luego de varios momentos en silencio.
¿Qué ha de necesitar amigo? preguntó con amabilidad.
¿Usted tiene noticias respecto a quien será el nuevo rey?
Larry quedó petrificado ante la cuestión de su amigo. Sabía lo delicado que era el tema para él y luego de una semana de haber perdido a su monarca le hacía semejante pregunta.
¿Quiere hablar de este asunto, Murriel?
Ha de importarme. El pueblo no puede quedarse sin su soberano. La nobleza debería de encargarse de eso.
Le confieso amigo, que este caso es muy especial, nunca se ha tardado en elegir un nuevo rey para un pueblo, y sobre todo para uno como Castilla. Ha sido tan repentino…
Lo sé lo interrumpió—, y aunque en mi alma pese, se lo necesario que es que alguien les represente.
Su amigo sólo asintió sin decir palabra alguna y quedando pensativo ante aquella idea que rondaba por su mente. Murriel quedó observando al pueblo de Castilla, pudo notar como en tan poco tiempo las cosas habían cambiado tanto. El Castillo estaba como cuando llegó, muchas chozas y casas estaban reconstruidas, las antiguas arquitecturas denotaban su gran mejoría. En parte, se sentía responsable por aquello y hasta sintió un leve alivio ante tanto disgusto que aplacaba su alma. Su abuelo apareció en su mente junto con la imagen del rey, su recuerdo lo mantenía en su lugar y con avidez espléndida en su corazón. Como si él pudiera mantenerlos vivos dentro de sí. Nada más relevante ha surgido ese día en la vida de nuestro héroe y los que le siguieron fueron por un curso parecido.

Nosotros abandonaremos este episodio para concentrarnos en el que viene donde dará el inicio al principio del fin en nuestra historia.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Episodio LV

Episodio LV 
Donde nuestro héroe manifiesta su total frustración. Se incluye, además, una concisa información acerca de la determinación del destino de Sequetina.

A unos metros de la plebe, se encontraba el unitario desanimado y afligido. Murriel hizo su trabajo, cumplió con lo encomendado. Defender el reino y pueblo de Castilla, pero no podría explicarse ni así mismo lo ocurrido. Ajeno a lo que sucedía con el susodicho reino, no sabría cómo dilucidar que el pueblo se había quedado sin su rey. 
Lágrimas gruesas y detonantes salían de los ojos del muchacho. Se dejó caer mientras intentaba sostenerse de un árbol. Sus sollozos agudizaban. Un sentimiento amargo se apoderó de él sin permitirle confinarlo. Sus alborotados cabellos se movían al son del viento. Su rostro expresaba pesadumbre y un poderoso dolor lo embargaba.
En esos momentos, nadie podría aliviarlo. Iba intercalando entre silencios y resonantes lamentos. Su razón y alma no querían hacerle ver en la realidad que se encontraba. Su única sedación ante tanto dolor era que, a pesar de todos los impedimentos, salvó a Castilla de una terrible catástrofe y posible tiranía. Pudo comprender muy vagamente para su estado que el rey había hecho perder su vida para salvar la de Castilla, depositando la mayor confianza en él, su unitario. Hasta el presente día, Murriel no podía compendiar el porqué de dicha confianza pero sabía que hay cosas que no tienen ningún tipo de explicación cuando de sensaciones, químicas y sentimientos se trata. El rey además de ser un hombre por sobre todo inteligente, valiente y capaz de manejar un reino entero, en muchas ocasiones actuaba con su corazón e impulsos sinceros, y en base a ellos, tomaba sus decisiones. El mismo era consciente de lo arriesgado que era tal cosa, sin embargo, cada paso propinado lo hacía con seguridad y creyendo que todo podía traer un exquisito beneficio a Castilla. Todos estos pensamientos pasaban por la cabeza del joven, intentando deambular por sus propias distinciones. De repente, notó como el viento percutía aún más fuerte sobre su cara y como de a poco su dolor se iba apagando para ser reemplazaba por una sensación de paz por algunos instantes.
Larry corrió desesperado en busca de su amigo, preocupado sobre si hubiese salido herido o que finalidad tuvo, luego de tal devastación. Temía por su vida y su salud. 
Luego de varios minutos, finalmente lo encontró. Desdichado, aciago. Sus ojos hinchados habían delatado las lágrimas que había derramado.
Palideció al verlo en ese estado.
Murriel se paró frente a él.
Larry... déjeme solo, le pido. 
¿Qué ha sucedió allí dentro? preguntó el chico agachándose a su altura y mirándolo fijamente.
Murriel seguía con su mirada perdida No he de querer hablar de esto, no ahora, le suplico. 
Y yo le he de suplicar a usted, Murriel. Le he estado buscando desde que vi a Tom. No he de saber más nada. 
Y yo le pido a usted, que no me encargue a mi ser el que brinde tal noticia desalmada Larry abrió sus ojos desconcertado ante lo dicho. Su joven amigo lo miró como si su vida acabara en pocos instantes. 
Si una noticia usted tiene y más aun considerándola baja y mala, ya ha de enterarse todo Castilla contestó turbado— ¿Acaso ha de tener que ver con el rey, Murriel?
Murriel sólo lo miró con consternación y pesadumbre reafirmando con solo una mirada desmoralizada.
¡Maldito sea el destino! se agarró la cabeza.
Sin poder creerlo, comenzó a caminar hacia Murriel, apoyando su mano en el hombro de este. Una torrencial lluvia se originó fuertemente mientras ambos jóvenes se intentaban convencer que todo era una cruel y vil jugada de sus pensamientos.
Larry hizo un gesto de resignación y el unitario solo sonrió forzosamente para luego mirar hacia el cielo, luego murmuró unas palabras acerca de que no defraudaría los deseos que tenía el Rey.
Larry le dio una palmada en su espalda y ambos se retiraron del lugar para regresar con los demás civiles.
Regresando a Sequetina, luego de haber perpetuado en ese lugar tan aberrante, feo y obscuro para una dama, como ella se solía llamar, pasó a ser una criada de una familia en otro pueblo, lejos de Castilla, como así lo había determinado el consejo. Su fracaso había sido inaplazable, jamás iba a poder olvidar el terrible error que cometió. Todo por una aspiración al poder, un inútil afán de obtener algo que jamás podría consumar. Su remordimiento no la dejaría en paz, por el resto de su vida.
Antes de delimitar su destino, ella se dirigió quebrantada a la tumba de su casi considerado padre con un fuerte dolor aquejándola desde el comienzo de su perturbador plan. Su agonía no cesaba ni jamás lo haría. Lo que más la afligía, era que esté donde esté, el rey, jamás la perdonaría.

Sin relatar más de lo sucedido, nos apartamos del vigente episodio.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Episodio LIV

Episodio LIV
Donde Castilla recibe una noticia poco agradable. Se recalca, además, el arrepentimiento y siguiente presente de Sequetina.

La batalla había finalizado y se llevó varias vidas. Heridos por doquier en todos los rincones del Castillo, algunos aún se encontraban con vida agonizando por el dolor que transitaba por su cuerpo, y quienes habían sobrevivido estaban fuera del castillo. Muchos protestantes habían escapado. Sólo unos pocos quedaron en el reino camuflándose entre la muchedumbre.
Los civiles estaban muy nerviosos y alterados por todo lo sucedido. Luego de ver al Castillo en el aire, muchos comenzaron a hablar acerca de la famosa leyenda y otros tantos, sólo quedaron extasiados ante lo visto. Con el tumulto, los guardias que habían quedado con vida detuvieron a la multitud quienes intentaban acceder al Castillo. Con mucha oblación lograron mantenerlos calmos por varios momentos. Todos estaban expectantes a que el rey pronto saliera a dar las noticias respecto a los resultados de la batalla, esperando que el triunfo de Castilla sea ratificado. Sin embargo, tal cosa nunca sucedió. El tiempo pasaba y no había rastros del monarca, lo que empezó a preocupar a los civiles temiendo por la integridad de este. La nobleza se encontraba guardada en la habitación CM. Luego de un tiempo considerado, cuando el ruido ceso y la paz se hizo notar, ordenaron que un grupo de guardias visite la habitación LX donde sabían que allí se había armado un gran conflicto y querían convalidar lo que ya temían. Los guardias no se hicieron esperar para colapsar el castillo. Inmediatamente subieron hacia la habitación del rey para encontrarse con un panorama poco deleitoso.

Sequetina estaba atada de pies y manos con gruesas y pesadas cadenas. La mujer expresaba sonidos de tormento. Los cuerpos fallecidos de Camnes y el rey divididos por la habitación.

¿Qué ha sucedido? preguntó un guardia con impresión.
Luego posó su afligida mirada en la corona y el cuerpo fallecido del rey. El guardia dejo sus armaduras para acercarse lentamente hacia el moribundo cuerpo.
Se agachó sin escarmiento. Tomó una de sus muñecas, abrió sus ojos penosamente para caer en la realidad.
Su Majestad dijo en un tono compungido y desalentado.
Sus compañeros lo observaban aseados esperando la confirmación que ya todos intuían.
El guardia se levantó y los miró. 
El rey ha muerto.
Un penetrante dolor se apoderó del lugar, dejando a todos sin habla. 
El silencio fue protagonista por unos momentos.
Nuestro deber es informar al pueblo, quien espera ansioso por saber lo ocurrido rompió uno el silencio.
O lo correcto quizás sea, que un miembro de la nobleza de tal triste noticia agregó otro guardia.
Nuestro trabajo ha de ser proteger al reino y su Majestad señaló con pesadumbre mirando al rey—. No hemos cumplido, aunque si hemos luchado.
Considero tomar una decisión al respecto e informarle al consejo sobre este espantoso suceso.
¿Qué haremos con estos individuos? se animó a preguntar un guardia señalando al cadáver de Camnes y a Sequetina.
Tómenlos para llevarlos al lugar donde deben pertenecer indicó el guardia quien iba al mando.
La duquesa seguía con lágrimas en sus ojos. Comenzó a suplicarles a los guardias que la liberaran diciendo que poco tenía que ver con lo sucedido aclamando respeto por ser la duquesa de Castilla. Los guardias solo la miraron sin obedecerla. La traición de Sequetina se hizo pública por el relato que dio Tom al grupo de guardias luego de salir del Castillo junto a nuestro héroe. Sin poder creer en sus palabras, el niño como prueba describió el cuadro en que había quedado el lugar para que crean en sus dichos. Tal noticia inundó de desilusión a los fieles servidores del rey, sabiendo los sentimientos del monarca por la duquesa e intuyendo el tormento que este habría vivido al enterarse que su mano derecha lo había traicionado vilmente. Lo que Tom jamás había mencionado, era la muerte del rey. Aunque muchos lo habían cuestionado al respecto, el niño solo decía que no sabía más sobre el asunto. Sin más divagaciones al respecto, los guardias obedecieron para preparar el entierro Camnes y trasladar a Sequetina al calabozo correspondiente, hasta saber que dictaminaría el consejo sobre su paradero. Algunos guardias habían sentido la necesidad de asesinarla, pero se detuvieron ya que Sequetina aún era un miembro activo de la nobleza hasta que no sea despojada formalmente de la misma.
Cuando los guardias salieron del Castillo, los civiles se enmudecieron al verlos, Sequetina iba amarrada acompañada por dos guardias y demostrando la clara traición que esta tuvo con el pueblo entero de Castilla y su bondadoso monarca. Las caras de las personas solo indicaban decepción, sintiéndose enteramente defraudados por la duquesa. No necesitaban ningún tipo de palabras para ese momento, con divisar tal cuadro y sus expresiones, hablaban por sí solas. Solamente hacía falta una reconfirmación de los que todos ya intuían, la misma fue dada por un guardia, declarando vaporosamente que el rey ya no pertenecía a este mundo. El guardia que sostenía a la duquesa comenzó a hablar con amargura – Palabras no han de alcanzar para exponer todas nuestras emociones. Solo hemos de decir que esta mujer – Adelantando a Sequetina unos pasos a la fuerza – Ha sido la auténtica traidora.
Los civiles comenzaron a silbar y vociferar su insatisfacción por lo ocurrido y hasta algunos exigiendo la pronta muerte de la mujer. Los guardias frenaron la multitud, sin haber prevenido que la situación se les saldría de las manos. Como pudieron, los guardias esquivaron a la masa para llevarse a la duquesa al calabozo, para que luego el consejo tome una decisión sobre su destino.
Las miradas de desengaño y deshonra dirigidas hacia Sequetina golpeaban fuertemente en su razón. La mujer solo los observó sintiendo como un arrepentimiento llegaba hasta su garganta, para manifestarlo en diligentes lágrimas que conminaban salir de sus ojos. Su mirada la dirigió hacia el suelo sin poder mantenerla por mucho tiempo más, su vergüenza era considerable, pero su dolor y pesadumbre dominaban por completo su disuadido corazón.
La mujer fue trasladada rápidamente a un calabozo, con una respectiva vigilancia. Por otra parte, todo el pueblo de Castilla ya estaba enterado del reciente fallecimiento de su monarca, también acerca del famoso protestante que ocasionado todos los estragos sufridos.
Con esta breve pero relevante información respecto a la actual situación de Castilla y de algunos personajes, partimos del episodio, dejando otra jugosa y quizás virtuosa indagación para el episodio siguiente.