Conversación interesante entre el rey y el joven unitario,
aclarando las labores de este último que le serán pedidos por el rey.
Murriel quedó pensativo por unos instantes, hasta luego
recapacitar de no creer en todo lo que le decía la duquesa; a pesar de ser una
mujer muy inteligente, nunca la noto tomando alguna decisión respecto al reino.
Se concentraría en su objetivo para dejar de prestar atención a las injurias
dichas por ella. Sonrió al recordar que en unos minutos estaría nuevamente
frente a su rey, aclarando sus últimos detalles acerca de su labor, como un
unitario. Se detuvo en seco al rememorar las palabras de Sequetina, acerca del
“falso” concepto sobre la labor de unitario, sin embargo, admiraba el rey al
intentar cambiar la política de su reino, admitiendo que existan cargos que
permitan ocuparse en las necesidades de los civiles y labores de oficio bajo y
medio.
El joven caviló en que hasta quizás, podría llegar a
permutar en próximos reinados y en el futuro político1 en la
historia de Castilla.
El cuarto de hora había pasado como un periquete. Murriel
se sentía emocionado y tendinoso al mismo tiempo. Aunque el tenia bien en claro
que el rey era una de las personas más bondadosas que había conocido, sus
emociones le hacían percatar, que era una sensación demasiada virtuosa para ser
tan sustantiva y real.
Intentando despejar sus pensamientos, se retiró de sus
labores para visitar al rey y hacer de su presencia para su cita concretada.
El joven siguió las indicaciones de la duquesa, subiendo
por la escalera LX, contempló una vez más la hermosura que lo rodeaba, la
estructura de ese edificio era prodigiosa, consiguiendo hacer sentir al futuro unitario, como si en el paraíso de Castilla
estuviese.
Al llegar a destino, pudo divisar al rey leyendo como era
usual, sus documentos, su semblante concentrado lo imposibilitaba de todo lo
que ocurría en su entorno, era una facultad que fue desarrollando a lo largo de sus años.
—Su Majestad —se atrevió a interrumpirlo.
—Mi joven
unitario —el rey levantó su mirada situándola en Murriel—. Que grata presencia
pueden apreciar mis ojos.
Murriel hizo una reverencia fallida, como era habitual
produciendo que al rey se le escapase una carcajada.
—Su espontaneidad
me enriquece.
—Lo siento, su Majestad —contestó avergonzado.
—No se disculpe
en vano, muchacho. Utilice las disculpas cuando la situación tenga la
suficiente virtud para recibirla.
—Lo siento —volvió a repetir nervioso, cerrando sus ojos para intentar ocultar los nervios
que lo acechaban.
—He notado lo
que ha trabajado en el reino en estos pocos días. Le aseguro, que mi orgullo
estuvo presente en todo momento.
—Muy agradecido
estoy, su Majestad.
—Lo es
demasiado, muchacho —sonrió abiertamente— ¿Está preparado para comenzar su
nuevo oficio?
—Sí, su Majestad. Aunque debo permitirme decirle que tengo ciertas inquietudes al
respecto.
—¿Cuáles serían,
joven?
—Me han
comentado acerca de la labor como unitario. La misma no es existente entre
ningún reinado, ni está estipulado en ningún tipo de nobleza – Se explicó
Murriel acongojado.
—La información
le ha llegado correctamente, muchacho. Pero creo recordar también, que le he
explicado acerca de esta labor y el objetivo de la misma. Aunque no se
corresponda a ningún reinado anterior ni actual en la historia de nuestro
pueblo. Sin embargo, las reglas se pueden modificar. Más aún si todo se concibe
para mejorar las condiciones del reino. Este asunto se ha disputado
convergentemente con el consejo, que luego de muchas reuniones, se ha llegado a
un acuerdo— argumentó el rey seguro.
—Comprendo, su Majestad. Dichosos son mis oídos de escuchar sus palabras. A pesar de ello, no
considero que todo miembro de la nobleza este de acuerdo.
—No se puede
conformar continuamente a todo ser viviente. Es cuestión de equidad, son votos
mayoritarios. ¿A qué se debe tal comentario? —cuestionó intrigado.
—No quiero
generar ningún tipo de disputa, su Majestad. Solo he oído estos entredichos que
le estoy comentando. No es oportuno de mi parte, cuestionar su política.
El rey se acercó hacia el muchacho, complacido al
escucharlo. Posó una mano sobre su hombro.
—Todo comentario
es tomado en cuenta, mi joven unitario. Todo ayuda a hacernos crecer. Mi
política es una de las más libres que han existido en la historia de los reinos
de Castilla, hecho del cual, me siento muy orgulloso. Sin embargo, los códigos,
la administración y los acuerdos respecto a los parlamentos, se mantendrán, su
funcionamiento ha sido conforme entre la nobleza y la realeza. Mi intención, no
es modificar lo que ya se encuentra preestablecido, si no, buscar iniciativas y
soluciones a los inconvenientes que aquejan a nuestro pueblo. Escucharlos,
priorizarlos entre tanto poderío y liderazgo político.
—Puedo llegar a
entender su Majestad, muchas cosas de las que usted me dice. Sin embargo, mi
ignorancia es más grande de lo que pensaba. Si seré su unitario, me gustaría
entender mucho más como es el funcionamiento del reinado.
—Me gusta su
sinceridad, Murriel —contestó sonriente ante la petición del ex campesino.
El rey comenzó a explayarse acerca de todos sus regímenes
parlamentarios, su tipo de política, como esta era implementada e influyente en
su reino. Las reuniones recurrentes en el consejo con los cargos pertenecientes
a la realeza y nobleza y todo lo referido a estructuras de carácter político. Destacó
el enfrentamiento entre dos fuerzas políticas, la monarquía y oligarquía.
Comentó acerca de una serie de conflictos que hubo acerca de dichas ideologías
y acerca de muchas guerras producidas en su consecuencia, hecho que asusto de
alguna manera a Murriel, no estando preparado para escuchar ciertas “anécdotas”
ocurridas en las guerras. Sin embargo, el rey, no quiso detenerse mucho en ello
y menos, sobre las disputas acerca de que fuerza política prevalecía más. Lo
que deseaba dejarle en claro a su nuevo unitario, era acerca de su pretensión
mientras el permanezca en el trono, remarcando nuevamente la prioridad que le
debía a su pueblo sin tiranías y autoritarismo. Le advirtió, que su particular
forma de pensar como rey podría llegar a traer aún más consecuencias futuras, a
pesar que en ese momento estuvieran las aguas tranquilas. Muchos civiles de
cargos superiores a los campesinos, no se encontraban en total acuerdo con
ello, ya que se habían acostumbrado a reinos anteriores; donde la máxima
oligarquía era predominante a comparación del reino actual. La idea de mantener
un equilibrio perfecto de poder con la nobleza que hiciera posible regir los
destinos del reino, sin sobresaltos importantes. El hacer una distinción
marcada entre campesinos y nobles demostrando la desigualdad y derechos de los
mismos, era uno de los principales objetivos para modificar o más bien
erradicar de su reino. Pero el poder, supera todas las barreras en las mentes
perversas de muchos seres humanos, contradiciendo dicho acto, y demostrando
exclusiva disconformidad. El rey Francisco luchó contra todo aquello y logró
encontrar su lugar y equilibrio veraz. Sin ampliar más su información, para no
marear al joven quien lo estaba escuchando atentamente, quien asentía ante cada
palabra dicha por él, finalizó su explicación con su última frase.
—Sólo le pido,
mi joven unitario, que intente crear un nexo cercano entre los civiles y estar
atento a cualquier necesidad que a estos les aquejen. No pido su urgente
comprensión a toda mi información dada, ya que visto el panorama, no sería
congruente de mi parte exigirle demasiado. Yo solo quiero que sepa, que más allá
de todos los parlamentos y códigos que debo cumplir como monarca, lo hago por exclusiva
formalidad. Poco me interesan esas cuestiones a comparación de lo que mi pueblo
necesite. Por eso usted me da confianza. Usted tiene un alma tan pura que ese
tipo de controversia no lograría tergiversar su corazón hacia el infortunio.
Usted puede aprender todo lo necesario, como cualquier individuo si estudia y
se le enseña como es debido. Pero lo que no se enseña, es tener un noble y fiel
corazón como el que usted posee. Por eso, aquí le presento mi motivo por el
cual lo he escogido a usted para tal cargo.
—Su Majestad… —respondió sorprendido—. Me ha dejado usted sin habla. Sin palabras para agradecerle a la
misma altura con la cual usted se ha expresado ante mí.
—La valentía y
las buenas acciones, son la mezcla exquisita para conceder a un buen soberano.
Aunque muchos puedan considerarme un rey loco.
—Yo no le
consideraría jamás de tal forma, su Majestad.
—Porque usted,
es como yo.
Murriel seguía sin cambiar su expresión de asombro ante
tal discurso. Sin embargo, el rey, rápidamente desvió su tema hacia otro camino
diferente. Hablando acerca de los sentimientos del joven y sus expectativas
relacionadas a su nueva labor. También le explicó, sobre el significado que
tenían las escaleras que llevaban a distintos sitios: V, X, LX y CM.
Espacio V: Lleva un lugar donde se reúne la realeza y nobleza. (El rey, los duques, príncipes, condes, marqués, barones, caballeros y escuderos) Aunque la particularidad de este reino era que todavía no había
príncipes en el. Allí se reunían con frecuencia para debatir acerca de la estabilidad
del pueblo y sobre los propósitos de cada uno.
Espacio X: Donde se encontraban sus plebeyos y
sirvientes. Aunque el rey, jamás le ha gustado que lo sirvieran como era común
en otros reinados. El buscaba la igualdad, pero por una cuestión más bien de
moral, debían existir. El siempre les remarcaba que no valían menos y que
siempre podrían contar con él, como un amigo.
Espacio LX: La habitación del rey, el lugar donde ingresó
Murriel por primera vez. Allí es donde reflexiona y suele ser visitado en
algunas ocasiones por los civiles. Ya sea para darle obsequios en
agradecimiento, proponer alguna idea o hacer alguna petición importante. Su
trono elegante siempre se hacía relucir en aquella enorme habitación donde el
sol iluminaba su exquisita estructura.
Murriel estaba impresionado sobre las historias que le
contaba el rey, por quien comenzaba a sentir aún más admiración y un profundo
cariño.
—Impresionante, se encuentran muchos cargos aquí —comentó Murriel.
—Justamente —rio el rey—. Típico de la realeza mi querido unitario.
—¿Y qué ha de contener la habitación CM? Si es que usted
desea informarlo —preguntó intrigado.
—Todavía no lo hemos definido. Mi idea es usar ese
espacio para colaborar con gente enferma y con pocas capacidades para auto
abastecerse.
—Eso es maravilloso, su Majestad ¿Y por qué no está
concluido?
—Porque no soy el único que toma las decisiones aquí,
muchacho. Los Barones y Condes no están muy de acuerdo con tal idea.
—Pero usted es quien tiene la última palabra ¿O estoy en
una equivocación? —preguntó confundido.
—En parte, muchacho. Igualmente, yo respeto las demás
opiniones y ellos a veces se aprovechan de ello. Siempre he logrado satisfacer
en igual medida a todos mis compañeros. Hasta ahora lo he logrado, no veo
motivo para no seguir haciéndolo – Sonrió.
—Merece toda admiración de cualquier civil y ser viviente. Su gran manejo del
reino me sorprende, su Majestad —lo halagó Murriel.
—Pero
con mucha dificultad. Yo siempre he creído y mantenido el pensamiento que con
comunicación y con firmeza, se consigue lo que siempre se es anhelado.
—¿Dónde
se encuentra el resto de los unitarios, Majestad? —preguntó el joven desviando
el tema.
—No
existen por ahora, otros unitarios, Murriel. Es un único cargo, el que ocupa
usted.
—¿Pero
no ha dicho usted que habían otros unitarios?
—Eso
lo he dicho para no asustarle tanto en esos primeros momentos.
—Es
decir que yo...
—Exacto —lo interrumpió—. Será por ahora… el único unitario de todo Castilla —dijo haciendo
un gesto bromista—. También podrá mantener contacto con los plebeyos.
Murriel arqueo una
ceja sin entender.
—Ellos
realizan tareas de levantar murallas, construir el reparo de muros, cercas.
Usted se encargará de profundizar en sus necesidades. Mi idea es intentar que
todos se comuniquen y se ayuden como lo que tenemos que ser, una gran unidad —le aclaró el rey.
Ambos siguieron
charlando acerca de las labores de cada cargo y de cómo su colaboración podría
llegar a ser muy importante. Murriel estaba preocupado ya que no tenía
conocimientos suficientes que justifiquen su labor como unitario. El rey seguía
insistiendo que con voluntad y perseverancia lo lograría y que siempre estaría disponible
para asistirlo.
La duquesa ajena a
sus charlas los guiaba, y a veces acotaba respecto a la funcionalidad del
reino. Ella seguía sintiéndose excluida, pero ya no se atrevía a hablar con el rey al respecto.
El rey, en
ocasiones visitaba a sus aldeanos y campesinos, entablando una seria
conversación con el líder de ambos oficios. Esta acción no era muy bien vista
frente a la nobleza, ya que a ellos no les parecía acorde al cargo de un
monarca serio y reservado. A pesar de ello, la nobleza notaba la gran gratitud
que le expresaban al rey y los contentos que estos parecían frente a su
llegada. Varios duques exigían que este comportamiento cambie, afirmando que la
gratitud de los civiles se puede obtener de otras maneras más formales que las
extravagantes actitudes que el rey practicaba. Su posición comprendía de mucha
dificultad ya que, después de tales opiniones, el rey cumplía con su labor
adecuadamente y respetaba los parlamentos al pie de la letra. Regresando nuevamente
al rey y su unitario, visitaron a un grupo de aldeanos para asignar una nueva
tarea al joven.
—¿Qué
ha sucedido con la falta del agua? ¿Podría usted otorgarme las novedades? —preguntó el rey a un encargado.
—Su Majestad, el pozo se encuentra tapado a causa de las fuertes tormentas —informó el hombre preocupado.
—¿Esta
seguro usted, señor?
—¡Qué
me lleve el diablo si lo que he dicho es una mentira, su Majestad! —le
confirmó el hombre.
—¿Ningún campesino ha visitado la posadera?
—Lamento comunicarle su Majestad, que por estos lares no han pasado —repuso el
hombre.
—Deben
estar atareados —dijo el rey—. Pero intentaremos resolver el inconveniente lo
antes posible.
—Gracias
su Majestad.
—A mi
derecha se encuentra Murriel, mi recién proclamado unitario. Con el podrán
tratar eventualmente todos estos asuntos —lo presento al joven mientras
este no podía ocultar sus notables nervios ante la situación.
—Ya es
suficiente ¿No cree? —dijo mientras algunas gotas de sudor le recorrían la
cara.
El rey comenzó a reír
logrando un clima más armonioso.
—Lo
lamento —dijo mirando al hombre - Es que ha de ponerme nervioso que me miren
tanto.
—No le
conocen hijo, pero ya tendrá tiempo de conocer a los maravillosos habitantes de
este pueblo - Le sonrió el rey.
Algunos se sorprendían
de la familiaridad que tenía el rey con ese nuevo joven. Más aún por ser un
recién llegado.
Los aldeanos
siguieron con sus labores, mientras el rey aparataba a Murriel en un rincón.
—Murriel,
considero que este es el momento indicado para que comience su nueva labor.
Como primera tarea que le encomiendo, es averiguar a los plebeyos encargados de
destapar aquel pozo —dijo señalándolo—. Y conseguir que la tarea sea
finalizada.
—Entendido, su Majestad.
—Lo
veré en otro momento oportuno, muchacho, confió en usted —el rey se retiró ya
que tenía que acordar algunos asuntos con los Barones y Condes.
Con el paso del
tiempo, Murriel fue interiorizándose en las cuestiones del pueblo. Al principio
le costaba horrores intentar socializar, pero muchos lograron tomarle un gran
cariño. Siempre intentaba buscar soluciones y jamás esperaba una aprobación, sin
perder tanto tiempo en formalidades, para resolver los inconvenientes con más
prontitud; eso hacia estremecer al rey y enfurecer aún más a la duquesa.
El rey,
indirectamente, hacia comparaciones en tono jocoso y sin malas intenciones,
pero a ella la tocaba en su punto débil, aglomerando más bronca por el joven
unitario quien se había ganado un gran afecto por el pueblo de Castilla.
Ante esta
tesitura, Sequetina, no se quedaría con los brazos cruzados.
Por otra parte, Murriel,
consiguió satisfacer las carencias de mucha gente; primordialmente de niños,
mujeres y ancianos. Sus necesidades siempre se basaban en su economía, los
alimentos y las enfermedades que padecían. A los aldeanos los ayudo a mejorar
su agricultura, cultivar cereales, vino y praderas, y la
tierra no cultivada de pastos y bosques, la cual era de uso común por los
habitantes de la aldea y
repartidas al pueblo. Murriel se encargaba de hablar con los curanderos y poder
repartirse para atender a todos congénere. Descubrió, que muchos saboteaban
para tener prioridad y algunos civiles eran dejados de lado o no recibían el
mismo servicio, lo que fue informado inmediatamente al rey, quien tomó las
medidas necesarias para mantener un equilibrio estable.
La vida en
Castilla era acogedora, gratificante y luminosa. Aumentó considerablemente la
cantidad de sus habitantes, el nombre de Murriel no tardo en ponerse en boca de
todos, ya que el muchacho hacia un gran esfuerzo como si Castilla fuera su
ciudad natal. La pasión del joven podía notarse con solo mirarlo directo a sus
adornados ojos. La pureza que el embargaba podría corromper todo tipo de males.
Hasta este momento todo se encontraba en un orden consecuente.
1-
Hace alusión a la consolidación del partido republicano unitario español
(1868-1874)