jueves, 23 de abril de 2015

Episodio XVII

Episodio XVII
Episodio en extremo corto, donde describe los sentimientos de la duquesa.
  
Comenzaremos diciendo que la duquesa era una mujer muy capaz, siempre había sido la mano "derecha" del rey, pero este mismo nunca la hizo sentir merecer su posición ya que el rey la excluía de todas sus decisiones. El mismo se excusaba sobre que ella era demasiado joven todavía para tomar ciertas resoluciones respecto al reinado. Ella había sido cuidada por el rey desde pequeña, sin que ella nunca pudiera percatarse del cariño inmenso que este le profesaba, su competitividad y ambición no la dejaban ver con perspicuidad toda la ayuda que le dedicaba el monarca. La mujer, al crecer, se fue transformando en una persona fría y ambiciosa. Lo que en realidad el rey esperaba, era que ella se diera cuenta de sus propias capacidades y que le demuestre que puede tomar decisiones de manera autómata, sin esperar su aprobación. El siempre dejaba esto claro en sus pequeñas reuniones, pero evidentemente, ella nunca lo tomo en cuenta, siempre dependía de los demás para determinar sus labores. La duquesa fue alimentando aún más su bronca, convirtiéndose en alguien casi invisible para reino, hecho que le fue inaguantable y repercutiría en su futuro. Con estas descripciones, se podrá creer que la mujer no albergaba ningún sentimiento puro o benévolo en su corazón. Sin embargo, todas esas emociones dañinas que la apoderaban no eran más que un producto de su propia inseguridad, sintiéndose completamente desgraciada. Su único escape ante ello era el resarcimiento.
  
Sequetina seguía todos los pasos de aquel muchacho quien se había robado el corazón del pueblo. Había escuchado toda la conversación que ambos mantuvieron relatada en el episodio anterior. Murriel estaba arruinando sus planes, preguntándose por que le habría brindado tal información acerca del supuesto peligro que importunaba al reino. Sin embargo, se prometía a si misma averiguar sobre la existencia de aquellos individuos los cuales movilizan al joven unitario, su desprecio hacia él era ya tan desmesurado que le era casi inasequible contener su furia. Aunque todavía no lograba discernir quienes eran dichos protestantes, seguiría indagando en tal asunto. Con estas cortas descripciones, dejamos a la duquesa en sus pensamientos donde la mujer analizará como proseguir luego de saber la existencia de aquellas alarmantes personas. Preferimos por ahora, dejar este asunto para más adelante comprender las acciones de la duquesa y como dentro de poco se volverá alguien clave e interesante en algún punto de nuestra historia.   

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