Episodio en extremo corto, donde describe los
sentimientos de la duquesa.
Comenzaremos diciendo que la duquesa era una
mujer muy capaz, siempre había sido la mano "derecha" del rey, pero
este mismo nunca la hizo sentir merecer su posición ya que el rey la excluía de
todas sus decisiones. El mismo se excusaba sobre que ella era demasiado joven
todavía para tomar ciertas resoluciones respecto al reinado. Ella había sido cuidada
por el rey desde pequeña, sin que ella nunca pudiera percatarse del cariño
inmenso que este le profesaba, su competitividad y ambición no la dejaban ver
con perspicuidad toda la ayuda que le dedicaba el monarca. La mujer, al crecer, se fue transformando en una
persona fría y ambiciosa. Lo que en realidad el rey esperaba, era que ella se
diera cuenta de sus propias capacidades y que le demuestre que puede tomar
decisiones de manera autómata, sin esperar su aprobación. El siempre dejaba
esto claro en sus pequeñas reuniones, pero evidentemente, ella nunca lo tomo en
cuenta, siempre dependía de los demás para determinar sus labores.
La duquesa fue alimentando aún más su bronca,
convirtiéndose en alguien casi invisible para reino, hecho que le fue
inaguantable y repercutiría en su futuro. Con estas descripciones, se podrá
creer que la mujer no albergaba ningún sentimiento puro o benévolo en su
corazón. Sin embargo, todas esas emociones dañinas que la apoderaban no eran
más que un producto de su propia inseguridad, sintiéndose completamente
desgraciada. Su único escape ante ello era el resarcimiento.
Sequetina
seguía todos los pasos de aquel muchacho quien se había robado el corazón del
pueblo. Había escuchado toda la conversación que ambos mantuvieron relatada en
el episodio anterior. Murriel estaba arruinando sus planes, preguntándose por que
le habría brindado tal información acerca del supuesto peligro que importunaba
al reino. Sin embargo, se prometía a si misma averiguar sobre la existencia de
aquellos individuos los cuales movilizan al joven unitario, su desprecio hacia él
era ya tan desmesurado que le era casi inasequible contener su furia. Aunque
todavía no lograba discernir quienes eran dichos protestantes, seguiría
indagando en tal asunto. Con estas cortas descripciones, dejamos a la duquesa
en sus pensamientos donde la mujer analizará como proseguir luego de saber la
existencia de aquellas alarmantes personas. Preferimos por ahora, dejar este
asunto para más adelante comprender las acciones de la duquesa y como dentro de
poco se volverá alguien clave e interesante en algún punto de nuestra historia.
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