miércoles, 29 de julio de 2015

Episodio XXXI

Episodio XXXI
Episodio donde surge una pequeña disputa entre Larry y Murriel respecto a las inseguridades del último mencionado, concluyendo en un discurso alentador.

Regresando al reino de Castilla, los jóvenes se encontraban trabajando como era costumbre en sus días. Sin embargo, Murriel había cambiado su actitud, su paranoia había repercutido tanto en sí, que no solía medir sus acciones.
Larry observando el semblante de su amigo, quien permanecía bastante incauto en sus pensamientos, decidió indagar un poco.
¿Le sucede algo, Murriel? preguntó Larry.
El hizo caso omiso al comentario de su amigo y continuó cavando.
Larry suspiró. Hace días que él estaba así. Luego del entredicho que tuvieron con el rey, el joven no volvió a ser el mismo. Murriel no quiso hablar de ello, pero se notaba que algo lo había afectado.
Larry le arrebató la excavadora de las manos de Murriel ¡Termine con esta bufonada! exclamó y Murriel lo miró sorprendido—. Ajeno seré de lo que le ha sucedido con su Majestad, pero deje a un lado esa actitud tan enojosa lo retó.
No entiende, amigo. 
¿Acaso cree que no tengo la capacidad para entenderle? le cuestionó indignado.
No le he dicho eso, Larry.
Lo que puedo estar seguro de entender, es que hasta que no supere sus miedos nadie le devolverá la paz. Deje de infestar al que le quiere.
¿Acaso cree que yo le infesto a los demás? le discutió.
Está temiblemente ofuscado con esos desgraciados protestantes. ¡Mire a su alrededor! La gente ni se le acerca, esta con una humorada espantosa, mi amigo.
Murriel observó a los campesinos quienes se encontraban cerca de ellos, los mismos los miraban de manera inquietante. Recurriendo a sus recuerdos, pudo notar que ya nadie se le acercaba como antes, ni siquiera el simpático de Tom, quien siempre le pedía jugar. Estaba tan absorto en sus pensamientos y preocupaciones que dejo de lado al pueblo de Castilla, sintiendo decepción por sí mismo, había fracasado como unitario. Larry lo miraba acongojado, intentando comprenderlo.
No estoy para que mis pensamientos me guíen de ese modo. Debemos continuar buscando a los protestantes contestó evadiendo los sentimientos que lo acarreaban.
Murriel posó una mano sobre el hombro de éste—. No sabemos cómo proseguir. ¿Dónde quiere usted buscarlos?
¡Dónde sea! clavó lo más profundo y fuerte que pudo el hacha descargando así su fatal cólera.
Sólo le suplico calma, amigo intentó consolarlo.
Eso es imposible contestó el sin saciar su rabia.
¿Qué le ha sucedido con el rey, Murriel?
Hablar sobre ello me es lastimoso.
¿Tan grave pudo haber sido? Es el unitario, usted es un gran unitario le sonrió.
No he de merecer este cargo. Le he discutido a su Majestad.
Los nervios le traicionan amigo. Es una mala época para todos. Le confirmo que no sólo usted está preocupado por la posible aparición de los protestantes.
Mi labor esta en defender a todos los civiles de castilla, a todos aquellos indefensos niños y mujeres, a todos los hombres que entregan su alma por aguardar por sus familias. Yo debería haber sido como ellos, nombrado un simple plebeyo o quedarme como cuando usted me encontró, un campesino contestó afligido el unitario.
No he de entenderle, la poca seguridad que tiene en su ser me sorprende.
He contradicho al rey, le he desobedecido. El no deseaba que me entrometa en este asunto, le he dicho lo que debería hacer, faltándole a su Majestad.
Murriel apoyó nuevamente su mano sobre el hombro de su amigo—. Yo he de considerar que está poniendo esta situación a una altura que no lo merece. Su pesadumbre le está absorbiendo. Yo siempre seré el testigo del amor y admiración que siente por su Majestad y todo lo que ha hecho por el pueblo de Castilla.
No le creo. No puedo concebir mi acto, no puedo asimilarlo como un bien.
Se ha equivocado ¿le está prohibido cometer errores?
Puedo cometerlos.
Eso le digo, mi amigo. ¿Acaso ese error opacaría todo lo hecho últimamente?
Murriel comenzaba a sentir que esa sensación amarga y agria estaba cesando, se había dejado dominar por el miedo y el desazón que le produjeron los protestantes, aturdiéndose a sí mismo con hechos aún no vividos, previniendo sobre el que podría pasar, en lugar de reforzar su fortaleza y que lo vean fuerte y protector, como el unitario que ha deseado ser desde que fue proclamado.
¿Quiere que pregunte a nuestra gente? se levantó Larry alzando su tono de voz.
No me haga esto amigo, sabe que detesto los… sin poder terminar la frase, su amigo Larry estaba charlando con otros campesinos quienes estaban cerca.
Usted no ha de cambiar jamás una sonrisa se dibujo en los labios del unitario.
Usted, señor. Usted, joven. Usted fiel diligente de castilla empezó Larry ¿Qué ven en este joven? señalando a Murriel ¿Qué logran contemplar de nuestro unitario?
Más civiles comenzaron a acercárseles, poniendo la atención en las palabras prodigadas por Larry.
¡Pare con esto, amigo! exclamó Murriel.
¿Por qué he de hacerlo? Le quiero demostrar lo gozosos que estamos de tenerle.
Los civiles comenzaron a aplaudir fuertemente halagando al unitario. Murriel se sorprendió ante tal acto tan genuino y espontáneo.
Ciego he de estar al no verles, al no valorarles. Agradecido estoy con ustedes, pueblo de Castilla, mi pueblo. Les protegeré con mi vida. Ningún cretino perturbará nuestra paz, nuestra unión vencerá a cualquier indigno individuo que intente irrumpirla. Les juro, que mi pelea no será en vano. Los protestantes se irán al mismo infierno.
La gente asombrada, lo halagaba y aclamaba. Su primer discurso hecho realidad gracias a su compañero, su amigo quien jamás desconfió de su vigor para hacerle honor a su cargo de unitario.

Sequetina, presenciando lo sucedido, gruñó con mucha fuerza demostrando su presuntuosa irritación ante lo visto. Su análisis no le permitía comprender por qué el unitario había logrado mucho más de lo que ella pudo lograr en todo esos años perteneciendo a la nobleza. Sus quejas eran permanentes y jamás dejó de lado a las mismas con Camnes. Estaba tan atosigada, tan alarmada con el tema, que la poca información que podía conseguir sobre el rey, no modificaba en nada al líder de Non Regnum. Con esto último relatado, nos despedimos de este episodio procurando dejarlo para el siguiente.

viernes, 24 de julio de 2015

Episodio XXX

Episodio XXX
Donde continúa la definición de la alianza entre la bruja y los protestantes. Agregando además, la particular conversación entre Camnes y Brumma.

Brumma siguió a los hombres. Había uno de ellos que le llamaba particularmente su atención, Luife. No era otro de los "súbditos" de su líder. Aparentaba ser uno más pero su presencia era engañosa, no sabía cómo era su relación, pero se notaba que seguían paso a paso las órdenes de su líder.
Para Brumma, Luife era un hombre decidido y con convicción, a pesar de las influencias de Camnes, poseía una manera muy personal al hablar y argumentar acerca de sus actos o del motivo por el cual pertenece a tal partido, defendiéndolo como si su vida propia lo fuera. El hombre, disponía de una inverosímil mente pensante, demostrando que jamás se quedaría callado ante cualquier situación que lo involucre. Con tales pensamientos y deducciones, Brumma continuaba caminando en silencio y observando la actitud del resto de los compañeros. Non Regnum, ese partido le hacía palpitar su corazón con tan solo escucharlo, sabiendo lo poderoso y brioso que este podría ser sin siquiera imaginar el grado de tales características. Una especie de intriga se asomo por sus pensamientos, acerca del líder.
Se alejaron unas millas de su cabaña. Aunque vivían relativamente cerca, a solo unas pocas millas de distancia, la mujer la sintió como una caminada larga y pesada.

Aquí, señora Brumma. Nuestro líder Camnes le está esperando habló Luife.
La bruja adelantó el paso e ingreso a la cabaña de sus futuros socios. Sentía una sensación extraña al encontrarse en situación semejante, sin poder creer como terminaron atosigando su mente hasta convencerla de llegar hasta allí. Era evidente, que el reino de Castilla subestimaba a esos individuos, quienes podrían impregnarse tanto en la mente del ser débil como el que aparenta ser fuerte. Sin más preámbulos, Brumma volvió en sí misma para atender a quien la recibiría.
Al ingresar, divisó los carteles hechos de madera indicando el nuevo partido. Non Regnum, ajena totalmente a su significado, sin importarle saberlo tampoco; deseosa solo por charlar con Camnes y terminar con ese asunto que la agobiaba.

Señor, aquí tenemos a la bruja dijo uno de los hombres sin prevenir la mirada que le lanzó Brumma al referirse a ella tan despectivamente.
Luife le dio un codazo Sea más respetuoso, bruto le retó en un susurro.
Camnes la vio y quedó sorprendido por su apariencia, no era como él la imaginaba o como solía imaginar a las brujas. A pesar de que se notaba que era una mujer grande, su cabello rojizo, sus ojos marrones claros penetrantes la hacían lucir bella. Apenas algunas arrugas se notaban en su rostro. Sin embargo, sus rasgos maduros delataban que era una señora de edad.
Bienvenida a mí aposento, señora Camnes ofreció su mano.
Brumma estrechó su mano con el líder un poco extrañada por su recibimiento.
Gusto tengo al conocerle, señor Camnes dijo con la misma cortesía.
Usted… la bruja del pueblo. Gran sorpresa me he llevado al enterarme de su existencia, señora. 
Ella negó con su cabeza Yo no he de pertenecer a ningún pueblo, señor Camnes.
Camnes sonrió Estoy al tanto sobre el episodio que vivió en el pueblo de Castilla, no se preocupe. Después de todo, nosotros seguimos perteneciendo aquí aunque no seamos parte de esa asquerosa comunidad de inútiles e ignorantes describió agriamente.
Brumma solo lo observó. Ella poco deseosa de deplorar a nadie, solo quería saber el cometido que tenían para ella y qué clase de permutas podrían ellos hacer.
No se le nota mujer de muchas palabras, me agrada se acercó hacia ella—. Voy al asunto. Le necesitamos, señora. Es decir, necesitamos de sus grandes poderes y dotes de bruja. Siendo íntegramente directo; nuestro fin es derrocar al rey y desplazarlo de su trono con todo lo que ello conlleva. Francamente, difícil se nos ha hecho concordar una buena estrategia, hemos fallado al enfrentarlos directamente. Por estos motivos señora Brumma, le precisamos osadamente.
Sus hombres algo de esto que usted me dice me han comentado. ¿Cómo han fallado? cuestionó asombrada ¿Ya le han enfrentado a su Majestad?
Camnes sonrió irónicamente acercándose aún más hacia la mujer, provocando que esta recule unos pasos.
Mi querida señora, le debo decir con todo mi respeto, que aquí apretó tanto fuerte sus dientes contra sus labios consiguiendo que su borde inferior sangrase tan arduamente que Brumma no pudo ocultar su previo alarido. Ambos cruzaron sus intensas miradas.
Aquí… ¡Nadie le llama Majestad a ese impúdico individuo, esa poca cosa!
Señor, no quise que mis palabras resulten un motivo para su malestar, pero no he de comprender. ¿Acaso tanto le odia? 
¿Tan poco observadora ha resultado ser? Señora, no quiero que mis lastimosos oídos vuelvan a escuchar semejante burlada.
Brumma se acercó a Camnes para alivianar la situación Le curaré esa herida.
Camnes la apartó brutalmente No necesito sus estúpidos hechizos para curarme, necesito que los use para algo más sustancial, derrocar a ese maldito rey que en una farsa realidad el vive  dijo exasperado.
¿Cómo dice usted? ¿Farsa realidad?
Luife se arrimó hacia ella para alejarla un poco de su líder, quien se había vuelto un poco desquiciado, algo que solía sucederle cuando muchas emociones colapsaban dentro de sí.
Señora Brumma, no le cuestione más y haga lo que mi señor le pide.
Mire… señor Camnes, yo he venido aquí para escuchar su oferta, no deseo importunarlo ni que me hagan perder el tiempo repuso seria.
En eso hemos de coincidir, señora. Admito que tengo un temperamento difícil de dominar. Sin embargo, no tolero las faltas de idoneidad respecto a lo que cada ser merece. Ese maldito rey, tiene que ser derrocado.
Los demás hombres reían y alababan a su líder apoyando su emoción aún más y alimentando su furia para continuar con su cometido. Brumma, algo asustada, quería salir inmediatamente de ese lugar, considerándolos personas lunáticas y pérfidas.
Dígame, señor Camnes ¿Qué tipo de hechizo desearía que hiciese yo? preguntó con la esperanza de finalizar su charla.
A este punto quería llegar. Hemos escuchado que usted una vez casi destroza el pueblo entero de Castilla ocasionando un impetuoso temblor.
Brumma abrió sus ojos sorprendida Así fue, señor. Eso ha sucedido hace mucho tiempo. Fue algo imprevisto, un hechizo fallado. Culpable me he sentido por ocasionarlo. Por fortuna de esta vida, he podido pararlo a tiempo.
Así que ha logrado realizarlo sonrió el—. Quiero ese mismo, señora, pero aumentando aún más el impacto.
Brumma se le dio la espalda No puedo siquiera contemplar en hacer una cosa semejante nuevamente.
Camnes se acercó y le tocó su hombro Si puede, mi señora.
Se enfrentó a él y le dijo decidida - ¡No puede obligarme!
Ha ha ha rio—. Creo que usted, brujita, no se ha de enterar con quien pretende enfrentarse dijo burlón mirando a sus hombres. Estos mismos acompañaban su intimidación, posicionándose algunos detrás de ella y en sus costados rodeándola para evitar su posible intento de escape.
Yo quedé en acompañarles y escucharle a usted su oferta dijo con voz temblorosa—. Jamás acepte en un principio intentó defenderse y luego miró a Luife. Este mismo le dirigió una sonrisa sardónica.
Usted aceptó venir con nosotros. Sabía cuál era nuestro objetivo, por lo tanto ¿Qué diablos ha de importar el medio por el cual lo haga? ¿O es que no está capacitada para volverlo a ocasionar?
Necesitaría tiempo. Sin embargo, no es ese el mi motivo del rechazo, Señor Camnes. Muchos civiles se encontrarían en peligro. El reino...
¿Y es que eso que le importa a usted? la interrumpió ¿O ellos pensaron en usted cuando le humillaron y echaron peor que a un ladrón?
Brumma negó con su cabeza. Se sentía atrapada. Camnes a pesar de ser un patán para ella, le debía conceder la razón. En ningún momento aclaró que había la posibilidad de rechazarlos. Ella percibía la ambición que yacía en sus almas y esa sed de venganza y poder que los embargaba. Si se negaba, quizás la matarían, y no existía nadie quien pudiera salvarla, ni quien lloraría por su ida o la recordaría. Lo último que quería era morir de esa manera tan indignante. Levantando nuevamente su mirada, la mujer examinó la espera de Camnes por su respuesta, mirándola amenazadoramente.
Acepto contestó al fin lagrimeando con tapujo.
Obediente ha sido la bruja dijo sonriendo—. Le felicito por tomar... acercó su boca a la oreja de ella—. La mejor decisión de su vida le susurró.
Sólo le pido que sea más específico con el tipo de hechizo que usted desea. 
¿Sabe una cosa? Son de mi agrado las mujeres tan decididas como usted. Pero ¿No se le olvida algo, mi señora?  
Brumma lo miró intrigada.
¿No ansía saber acaso, el beneficio que obtendrá con este encargo?  
La mujer solo asintió insegura.
El líder posó su típica sonrisa falaz Como puede usted notar, no somos ningunos estafadores. No somos tan malos como así nos han teñido comenzaron a reír todos—. Si de mi sale una promesa, la cumplo y no hay excepción que valga y lo mismo pretendo de los demás. Ahora, si la otra parte no cumple suspiró—. Mi generosidad la estrangulo como aquel que me ha traicionado. En fin, señora mía, al realizar esta pequeña labor para nosotros, usted recibirá nuestra protección. Le garantizamos mantenerla el anonimato, no quedará expuesta. Y otra cosa, si las cosas suceden según lo planeado y logramos derrocar a ese maldito rey, usted volverá al pueblo y no solo eso, será una superior en frente de todos esos malditos civiles quienes alguna vez le despojaron. Su puesto lo arreglaremos más adelante. ¿Es un trato? le ofreció su mano.  
Le voy a ser sincera, Señor Camnes evadiendo la mano del líder—. Poco me interesa lo que me dice, solo he aceptado para que me dejen en paz. Lo único que deseo de lo que usted me ha ofrecido, es quedar en el anonimato, si algún civil llegara a enterarse…
Puras sandeces la interrumpió ¿Me va a decir señora, que no ansia en tener un poco de poder, el cual jamás ha saboreado en toda su vida? Disculpe pero no he de creerle. 
No me conoce se defendió.
Sí le conozco, y más de lo que podría sospechar. Sus ojos son los únicos que no me han mentido. Usted quiere vengarse de alguna manera y quiere demostrar que vale más de lo que esos miserables le hicieron sentir ¿O estoy erróneo, señora Brumma? - Le preguntó intentando hurgar y manipular sus sentimientos. Camnes sabía cómo maniobrar frente a esa clase de personas como Brumma. Las sensibles, las correctas, eran las más predecibles. Para Camnes, ese tipo de personas mostraban una debilidad fácil de detectar y Brumma, definitivamente era una de ellas.
La mujer desvió su mirada. Ese hombre lograba causar remolinos en su corazón, lograba despertar esa furia que tenía tan reprimida.
Camnes nuevamente ofreció su mano esperando una absoluta positiva. 
Acepto dijo, dándole la mano a su nuevo ahora líder y señor.
Perfecto repuso el—. Comencemos con nuestra estrategia.

Una pequeña lágrima rodó por las mejillas de Brumma. Mientras iniciaron su nuevo análisis con su ahora nueva integrante, los dejaremos por unos momentos para regresar hacia otro punto importante de nuestra historia, abandonando así este episodio.

viernes, 17 de julio de 2015

Episodio XXIX

Episodio XXIX
Episodio por demás largo, donde se realizará una posible concertación con la bruja de Castilla.

Como lo relatado en el episodio anterior, describiendo los últimos actos de los hombres de Camnes, quienes como principal y nuevo objetivo era portear la bruja a su líder. No tardaron en discernir la cabaña de la mujer, dudando si ingresar abruptamente. Bruma, concentrada en su nueva brujería, la cual consistía en curarse su espantoso dolor de cabeza. La mujer, era una bruja bastante particular, en su aspecto no se notaba en demasía, pero sus poderes reflejaban que no era una mujer ordinaria. Muchos desconfiaban de ella, ya que según decían, con su mirada podía atravesar los ojos de su víctima y apoderarse de ellos infiltrándose en su alma. Algunos creían que estaba creando un nuevo embrujo; otros solo creían que lo hacía para causar temor y así obtener fruto de sus hechizos. Había muchas teorías sobre ella, pero nadie logró conocerla en realidad. Nadie se animaba a acercársele y preguntarle que sentimientos la acarreaban. Los civiles y aldeanos solo suponían sin indagar más sobre esa mujer que logró fundar pánico en su entorno.
Con el tiempo, se convirtió en una persona ermitaña, no volvió a salir de su cabaña después de aquella humillación que padeció en el reino. Prácticamente, la echaron a patadas sin permitirle defenderse ante aquel acto.
Ella conocía y apreciaba al rey, no ha tenido contacto alguno con él pero si estaba informada respecto a su personalidad y su mandato en el reino. Lo admiraba. Sin embargo, una profunda decepción la embargó cuando el rey no la ayudó ante aquella escena patética y desagradable que tuvo que vivir, ella se preguntaba si no había igualdad para todos, jamás nadie intento comprenderla realmente. Al sentirse tan defraudada, cayó en una desesperación desdeñosa, alejando a todo aquel que intentara acercarse. Sus actos eran a causa de miedo, el cual ella confirmaba sentir, como todo el mundo sentía por ella. El rey por su parte, no hizo nada para detener aquel incidente y como resultado su apreció hacia él disminuyó considerablemente. A estas alturas, nadie comprenderá por que el rey no accionó a tiempo.
Brumma no dejaba de recordar lo sucedido aquel día. Esas miradas frías clavadas en su más profundo ser.
"Lárguese de aquí, bruja de los demonios. Nadie le quiere en este pueblo"  resonaba una y otra vez en su cabeza.
Buscando al rey con su mirada, ambos la cruzaron directamente mientras ella sollozaba y sufría los daños propinados por su pueblo, el rey, evadiéndola ásperamente no infirió en lo sucedido.
Sacudió su cabeza intentando despejar aquellos pensamientos que la martirizaban. Mientras tanto, revolvía una y otra vez su olla mezclando hierbas, flores y especias para su latoso dolor de cabeza.
En esos momentos, se percató de haber escuchado un sonido. Alguien estaba allí afuera, su presentimiento la hacía sentir segura de ello, preguntándose quienes podrían ser los impertinentes, ya que hace tiempo nadie la visitaba. Tomó una de sus cucharas de madera y se acercó hacia la entrada de su cabaña.
¿Quién se encuentra allí? preguntó temerosa.
Señora Brumma se animó a hablar uno de los hombres de Camnes.
¿Quién es usted, que quiere? preguntó fríamente.
Estamos ávidos en hablar con usted. Le pido que oprima su miedo, no le haremos daño. Venimos en nombre de nuestro líder, Camnes. Aguardamos por su recibimiento repuso el hombre.
Brumma quedó pensativa, preguntándose nuevamente quienes serían y de que líder le hablaban. Seguidamente recordó que había estado escuchando disquisiciones acerca de tal hombre y de su supuesto partido, y la disconformidad profesada por el reino. El miedo la requisaba, pero dispuso en hablar con esos hombres para atender sus necesidades creyendo que sería fácil concretar con ella para luego se retiraran rápidamente.
Pueden pasar, señores dijo mientras abría la puerta de su humilde cabaña.
Los hombres ingresaron temerosamente a la cabaña de la mujer. Era chiquita, pero bien decorada, no parecía para nada una vivienda característica de una bruja. Contenía algunos pequeños adornos, parecían manualidades hechas por ella, utilizando flores, varios jarrones y objetos creados muy llamativos.

Muy bien comenzó a hablar Brumma ¿Qué codician sus almas obtener de esta indefensa mujer?
Uno de los hombres empujó a otro para que comenzara a hablar Explíqueme porque yo debo afrontar este asunto murmuró Chrossa quejándose con semblante timorato.
Puedo olisquear un cuantioso acobardamiento se burló su otro compañero.
Chrossa suspiró resignado a enfrentar el a la bruja y comunicarle el recado de su líder, tragando su cortedad.
Brumma lo miró incrédulamente preguntándose si acaso esos individuos temían de ella, sentía que esa imagen que todo el mundo atesoraba sobre ella, no desaparecería jamás. 
Señores míos, agotada esta mi paciencia dijo Brumma ardorosa ¿O pues tienen miedo que les cocine en mi sopa? rio ella haciendo que Chrossa retrocediera.
Conjeturas falsas son las que usted dice, señora sólo alcanzó a decir, preguntándose por que Camnes los mandaría a hablar con aquella bruja que sus pensamientos consideraban desagradable. Uno de sus compañeros se interpuso entre Chrossa y Brumma, suspiró para el comenzar a hablar de una vez—. Le precisamos, señora. Nuestro señor Camnes es quien le precisa.
Brumma arqueó una ceja ¿Necesita de mí? ¿Y el motivo de su tan repentina necesidad?
Pues verá continuó el hombre quien para presentarlo, era Luife—. Nos hemos enterado de los grandes poderes que usted posee. También hemos de saber que usted no sale de aquí y que le han despojado de ese maldito pueblo. Sin embargo, creo que usted podría obtener ventaja si viene con nosotros. 
¿Y cuál sería dicha ventaja? preguntó curiosa.
Conocemos sus sentimientos, señora Brumma. Hemos de saber la desmesurada humillación por la que ha que ha pasado y destacando el rey, el espléndido rey dijo irónico—. Del que tanto todo el mundo implora y admira, el que tanto dice ayudar, confirmamos que con usted, fue lo último que hizo la miró fijo ¿O acaso mis palabras son equívocas?
Brumma agachó la cabeza Lo que usted dice mi estimado, es la verdad. Sin embargo, no he de comprender en que se relaciona aquello con mi presunto beneficio al ayudarlos. 
Le entiendo se acercó más a ella—. Usted tiene unos poderes extraordinarios. Nosotros necesitamos esos poderes para lograr nuestro cometido.
¿Y cuál sería ese cometido? preguntó arqueando una ceja.
Despojar al rey de su trono y que el mismo lo deleite nuestro señor, y entonces…
Brumma lo interrumpió ¿Por qué, señor? ¿Qué les ha hecho el rey Francisco a ustedes?  
Oh, ha de parecer que le estima demasiado. 
Le respeto sólo dijo.
Nosotros no estamos de acuerdo con su política disparó—. No creemos en que ayudando en tal proceder a los civiles se obtengan tantos beneficios como él así lo asevera. Entiendo que la igualdad parece la "ideal" pero muy lejos de aquella sustantividad están, señora. Hay tranzas, sobornos y estafas en demasía. El poder, sigue superando junto con la ambición cualquier barrera que se les interponga. Cada uno debe ocupar el lugar que le es merecido. ¿O acaso es honrado que un insignificante aldeano, campesino o civil tenga el mismo privilegio que un barón o un duque? ¿No le parece a usted un acto insensato? ¿En qué reputación ha quedado nuestra nobleza? - Explicó el hombre sintiéndose como su señor por su forma en el habla. Era evidente que las influencias de su líder habían congeniado con su ser.
Pero... intentó decir Brumma.
Contésteme la interrumpió— ¿Acaso con usted existió la igualdad que con tanta parla se le ha dedicado? ¿O es que no le juzgaron y la echaron como un cacharro de mugre? ¿Le parece a usted que a eso merezca el juicio de igualdad? Yo lo difiero y lo haré mientras mi corazón siga palpitando rio irónicamente—. Es solo un muestrario disfrazado. Un camuflaje propinado por ese maldito rey para dogmatizarles a todos que en su ser existe bondad, la cual, si todos han de acordar conmigo, no coexiste. Sus hombres asentían afirmativamente.
Son atrevidos al hablar con ese proceder, señores. No le correspondo en ese pensamiento lo que ha dicho señor… 
Luife completó el sonriendo—. Si comparto con usted señora, que podemos estar equivocados en cuanto a la conducta del rey. Sin embargo, notamos muchas contradicciones en cuanto a sus valores. En todo este tiempo, antes de hacernos presentes en el reino, le hemos analizado profundamente y créanos señora, que tenemos suficientes motivos para llegar a dicha conclusión. Estamos a favor de la justicia, pero no de la igualdad en cuanto a cargos. La función de los aldeanos y campesinos, es trabajar para ganarse su pan y a su vez, servir al reino como así desde todos los tiempos ha sido. Cada uno perteneciente a su puesto. Inaudito veo que la Nobleza se mezcle con esos individuos. Considero mejor y más honroso exponer las cosas con su verdad, y mostrar la realidad; antes que camuflar todas esas patrañas de igualdad que no logran cumplirse, todo lo contrario; estimula a más estafas y traiciones hacia el pueblo. Esa vertiginosa infamia con nosotros al mando, terminaría inmediatamente finalizó con una sonrisa triunfante.
¿Su cabeza está hecha de canto3, mis señores? Conceder progreso en el pueblo es el básico propósito, no cavilar solo en ustedes. He de considerarlo en extremo codicioso y avaro.
Soy entendido de que no he logrado persuadirla. Aunque puedo asegurarle, señora Brumma, que en sus ojos acierto su dolor y le noto un profundo resentimiento, el cual se asoma tan despacio pero a la vez tan penetrante y lastimoso que ni usted lo puede contrastar.
Brumma lo observó intimidada y casi al descubierto, sintiendo sus emociones enteramente desnudas ante ese hombre.
Pierda su incauto temor que al rey no le ocurrirá ninguna desgracia mintió—. Nuestra intención, no es llegar por medios perversos ni dañinos. Sin embargo, no consideramos otro camino el cual se puede concretar con su ayuda.
¿En que debería aportar yo?   
Primeramente, acompañarnos. Debatirá con Camnes, nuestro líder, el le explicará cual sería su colaboración en este asunto dijo ofreciendo su mano.
Aún no lo sé Brumma se dio vuelta—. Mi desconfianza impide aceptar su propuesta ¿Si acaso me tienden una trampa?
Los hombres comenzaron a reír.
¿Cree usted que nos serviría, señora Brumma? Nuestro objetivo es derrocar al rey, no a usted hizo un gesto incitándola a que vaya con ellos.

Brumma apretaba sus puños. No sabía qué hacer realmente. Era cierto lo que decía aquel hombre, ella seguía dolida y enfadada. El rey no hizo nada para evitarlo ni tampoco les interesó jamás lo que fue de su vida. Probaría en visitar a Camnes y así rectificar hacia dónde irían sus valores. Quizás realmente ayudándolos podía regresar al pueblo, o al menos, ser respetada. Según ella creía, el rey no saldría lastimado por cualesquiera fuera el trato que hicieran. Ingenua ante las palabras de Luife, tomó la determinación de acompañarlos, eludiendo sus pesados sentimientos.
Le acepto su invitación, señor repuso.
Deseoso de que tales palabras salgan de su boca sonrió Luife.
En este lapso, un giro radical se presentaría, donde las cosas comenzarían a tornarse hacia otro camino, el cual la balanza indica, sería más favorable para los protestantes.

Mientras caminaban silenciosamente, abandonamos el presente episodio con la imagen de Brumma vacilando entre el poder sugestivo y el sufrimiento honrado.