miércoles, 24 de junio de 2015

Episodio XXVI

Episodio XXVI
Donde acontece el encuentro tan esperado para la duquesa y el lector.

Sequetina caminó sigilosamente hacia la cabaña, la cual, recientemente había encontrado, temerosa, se acercó unos pasos preguntándose si en tal lugar vivirán aquellos individuos.
La duquesa hizo unos leves golpeteos a la puerta de madera, pero no recibía respuesta. Luego de unos minutos, su paciencia comenzaba a agotarse, al voltear pudo notar como los guardias la estaban mirando fijamente atentos por cualquier cosa que podría pasarle. Revoleó sus ojos.
Hizo un leve suspiro y preguntó al fin - ¿Se encuentra alguien aquí? ¡La nobleza exige su contestación! - Ya alterada, empezó a rodear la cabaña para ver si había algún hueco por el cual mirar. Afortunadamente, encontró uno pequeño al en la parte trasera de la misma, sin embargo estaba todo oscuro, no podía ver con claridad. 
¿Quién es usted y que hace hurgando en mi cabaña? una voz gruesa y carraspera provocó que la mujer brincara del susto.
Sequetina giró algo enfadada para encontrarse con un hombre fuerte, de pelo largo ceniza y ojos penetrantes Es él una sonrisa apareció en sus labios.
¿Cómo se atreve a tratar así a la Duquesa del reino? dijo intentando ser formidable. 
Oh, comprendo ahora, desea usted y los idiotas de la nobleza buscarnos para despojarnos de aquí. Pues le informo su Alteza, que están perdiendo el tiempo dijo frunciendo el ceño el fortachón—. Nosotros no estamos dentro de sus tierras, así que no pueden hacernos absolutamente nada. Mejor retírese, yo no me enfrento con damas finalizó mientras intentaba alejarse.
¡No vaya por allá! exclamó Sequetina.
¿Cómo dijo, Alteza? ¿Cree usted acaso que puede disponer de su poder en mi propio lugar? preguntó enojado.
Yo creo que usted no entiende, Señor dijo cruzándose de brazos—. Allá hay dos guardias que vinieron conmigo, y yo creo que no dudarían en atacarlo si le ven repuso segura. 
¿Insinúa a amenazarme? El miedo nunca acompaña a mi ser sonrió burlón.
No es una amenaza confirmó ella.
Camnes la miró intrigado preguntándose que querría esa mujer con él para luego contestarle que no le interesaba tratar con ella sobre ningún asunto, pidiéndole nuevamente que se retirara. La duquesa, ya algo desesperada siguió insistiendo provocando ya algo de irritación en el líder.
Escúcheme señor. Le repito que no vaya allá o tendrá problemas. Ellos creen que vine a buscar información sobre ustedes, y su partido... no la dejó continuar.
Ha, ha rio de buena gana ¿Qué creen que podrán conseguir de mí y mis hombres? déjeme decirle su Alteza, ustedes y su maldito reino no tienen ni el mínimo credo de con quienes se están metiendo se acercó más a ella intimidándola.
Sequetina bufó, estaba perdiendo su paciencia Escúcheme intentó hablar más bajo para que no la oigan—. El rey me ha mandado a averiguar sobre ustedes, de manera discreta, claro. ¿Usted cree que voy a arriesgar mi vida diciéndoselo a usted? preguntó arqueando una ceja.
Entonces explíqueme que desea, su Alteza.
Tenemos objetivos parecidos comenzó a decir mientras lo rodeaba—. He notado la furia que lo embarga a usted y que está dispuesto a todo para lograr su propósito, le admiro. Yo he sido Duquesa por unos cuantos años agregó—. Desde muy chica que fui elegida para este cargo. Pero ese rey, ese miserable rey siempre me tuvo fugitiva de su subestimación hacia mi labor  dijo con rabia—. Yo intente ser mejor, intente ser respetada, pero ser una Duquesa no es más que un título, nadie me considera como tal su voz comenzaba a quebrarse.
Camnes no esperaba ni quería escuchar esas cosas que según él, eran “tonterías”. Lo que menos deseaba era consolar a esa mujer de su patética situación.
No le entiendo, su Alteza. Le debo ser sincero, respecto a que no me interesa lo que me está contando. ¿Qué quiere de nosotros? se acercó aún más. 
Está bien se recompuso—. Reiterando a lo que venía diciendo. Yo tengo su mismo proyecto, yo también deseo despojar al rey del trono dijo en tono bajo.
Camnes se sorprendió por unos momentos. Inmediatamente disimuló su semblante ¡Felicidades! rio irónicamente¿Y qué puedo hacer yo, su Alteza? ¿Entregarle algún premio?
No sea irrespetuoso contestó ella con más enfado—. Vine a aliarme con usted ¿Qué acaso no lo ve?
Camnes comenzó a largar una de sus largas carcajadas, acto que hizo sentir a la duquesa aún más infravalorada, humillada y acomplejada.
¿Qué le provoca chiste, señor? preguntó indignada.
¿Aliarse conmigo? ¿Usted, "Alteza"? creo que mis oídos han escuchando suficientes idioteces por este día iba a retirarse cuando ella lo tomo del brazo.
Su Alteza, espero que me suelte en este momento o mi mente olvidará que es usted una mujer. 
Sequetina no tuvo más remedio que obedecer, ese hombre tan imponente lograba intimidarla. Ella consideraba inaudito el hecho de que se burlen de su persona y no acate su petición.
Escúcheme señor, le suplico que lo haga una vez más dijo sorprendiéndose de sus palabras.
Oh... puedo notar su alta desesperación se burló él.
Ella ignoró su comentario. Se que cree que no le puedo ser útil, pero equivocado esta. Yo convivo día a día con el rey y usted no sabe nada acerca de sus movimientos. ¿No cree que le convenga a usted tener un aliado que sea tan confidente de su enemigo?
Camnes consideró lo dicho por la duquesa por unos momentos, recordando que Luife, todavía no había encontrado a la persona que necesitaban. Llego a una conclusión, pero antes debería asegurarse que no se tratara de ningún tipo de artilugio.
Le entiendo ¿Y cómo puedo estar yo seguro de que no es una sucia trampilla?  
Sequetina sonrió—. Si fuera como usted dice ¿No cree que en todo este tiempo ya le hubiera enviado a mis hombres? Además, no voy a tomarme tanta molestia de venir hasta aquí y hacerle semejante teatro ¿No cree?
Camnes dudó por unos instantes. Acepto dijo firme—. Espero que esto no falle y lo que dice sea cierto, porque si no mi querida dama, no tendré piedad con usted. Y le aclaro que estará en prueba constante.
Le prometo, mi entera fidelidad hacia usted y su partido hizo una reverencia cortés—. No arriesgaría mi vida de tal manera.  
Camnes sonrió de medio lado ¿Arriesgar su vida? se acercó más a ella intimidándola.
Así le digo espetó ella ¿Cree que vendría aquí a aliarme con usted para luego traicionarle? ¿Acaso me toma por idiota?
Así le confirmo sonrió el—. Como todas las mujeres.
Es usted un arrogante estaba a punto de abofetearlo cuando unas manos fuertes la detuvieron.
Escúcheme claro, su Alteza. No le soportaré ningún tipo de necedad. Si no desea decir nada más… ¡Fuera de mi vista! la soltó bruscamente.
Regresaré cuando tenga información para darle dijo ella retirándose con altivez.
Camnes la volvió a tomar del brazo. Escúcheme otra cosa Duquesa, si me llego a enterar que esto no es más que una infamia de su parte, no tendré ni la más mínima consideración de cortarla en pedacitos la soltó mientras le dedicaba una sonrisa irónica.
A pesar de lo fuerte que se sentía la duquesa y de su carácter prepotente, no podía eludir el miedo que recorría por su cuerpo. El líder se retiró dejándola con palabras aún para decir, pero que prefirió callarlas por el bien de su dignidad y reputación. Una mujer como ella no se rebajaría de tal forma.

Maldito susurró la mujer con sudor en su frente.
Por otro lado, los guardias se encontraban preocupados por el tiempo de tardanza que presentaba la duquesa. Uno de ellos dedujo que había encontrado a alguien de verdadera relevancia para obtener así la información y recopilársela para su majestad.
El otro guardia no convencido con tal suposición decidió ir en su búsqueda.
¡Duquesa! exclamó el guardia—. Estaba yendo a buscarla.
La duquesa lo miró despectivamente ¿Por qué hacerlo señor? ¿Acaso no han comprendido mis órdenes?
No, su Alteza, no es como usted… 
¡No pronuncie más palabras, inútil! gritó Sequetina—. No quiero más excusas y agradezcan que no le diré nada al rey sobre su desobediencia hacia mi persona.
Nuestro trabajo es protegerle, Duquesa. 
Sequetina bufó y siguió caminando. Los guardias intuían que algo le había sucedido, con intenciones de preguntarle si había conseguido alguna información relevante. Sin embargo, sabían el carácter que tenía esa mujer y no consideraban apropiado indagar ahora en tal asunto, no les convenía tener problemas.

Con este panorama tieso y hasta inquietante, abandonamos el episodio presente, regresando nuevamente a nuestros despistados héroes quienes nos deleitaran en el siguiente.

miércoles, 17 de junio de 2015

Episodio XXV

Episodio XXV
Donde se inicia la búsqueda de la duquesa.

Sequetina investigó por varios días acerca de los protestantes, no obtuvo demasiada información, así que decidió tomar otro tipo de camino para ello.
Ya se ha dejado en claro que su único y primordial objetivo era hablar con el líder de No Regnum y formar parte de su partido, contrariando así, lo que el rey esperaba en realidad de ella. Su ambición había incrementado en el último tiempo, sobre todo cuando había llegado el unitario a sus vidas. 
Su Majestad, pagará usted con su sangre todo la humillación que he sentido en estos últimos tiempos, maldito sea murmuró para sí misma mientras iba con sus dos guardias quienes tenían la obligación de resguardar por su vida. Obstáculo para la duquesa. 
Usted, señor ¿Sabe algo acerca de los protestantes? le preguntó a un aldeano que pasaba por allí en ese momento. El mismo negó con su cabeza mostrando cierto temor frente a esa figura autoritaria que implementaba la mujer. 
¡Entonces váyase! le gritó—. No necesito cruzarme con gente inservible.
El aldeano hizo una pequeña reverencia y se retiró. 
Nos hemos alejado mucho del reino, su Alteza le dijo uno de los guardias que la acompañaba.
La duquesa miró hacia atrás y podía ver de lejos el reino, habían estado caminando por un largo tiempo, como lo hacia todos los días desde que el rey le otorgó tal cometido.
Se encontraban en una pequeña aldea a unas millas del reino, pero el poder y la desesperación la cegaban.
Lo sé.
Pero Duquesa intervino el otro guardia.
¡Ustedes están aquí solo para cumplir mis órdenes! gritó exhausta. 
Los guardias  se mantuvieron callados evitando enfrentarse con su duquesa.
¿He sido clara? preguntó con voz más calma.
Sí, Alteza contestaron los hombres.
Siguieron caminando y hurgando por esa aldea, ella había observado aquel día del enfrentamiento en el pueblo, que los protestantes se dirigían hacia la misma dirección en la que ella se hallaba, consiguiendo por medio de un pago, que un campesino descubra con más facilidad el área donde ellos se asentaban. 
A unos pocos metros puedo divisar una cabaña señaló esperanzada.
Pero por aquí hay más, su Alteza intervino el guardia.
La duquesa paró en seco, demostrando una profunda irritación.
Vuelvo a repetir, señor ¿Quién da las órdenes?
Usted, Alteza.
¡Entonces obedezca! Yo prefiero comenzar a averiguar por aquella cabaña y punto final.
¿Hay algún motivo especial por el cual su Alteza desea…? el guardia no pudo continuar por la miraba colérica que dirigió la Duquesa.
El guardia, sólo atinó a decir Allí iremos, su Alteza.
Al llegar a destino, Sequetina estaba ardorosa por dialogar con aquellas personas quienes, según los sentimientos de la bella duquesa, serían la salvación de su reputación perdida y arruinada.
Mucho cuidado, Alteza dijo uno de los guardias interponiéndose en su camino para protegerla.
La duquesa bufó sin decir palabra alguna, concentrada solamente en su propósito principal.
Espérenme aquí les ordenó—. Yo ingresaré con cuidado, señores. No se preocupen les sonrió falsamente.
Pero Duquesa, el rey ha ordenado… intentó contradecirle uno de ellos.
¡El rey no se encuentra aquí! gritó interrumpiéndolo—. Yo soy quien da las órdenes y si le digo que se queden aquí, es porque así deben hacerlo. 
Lamento si la he ofendido, Alteza. Lo único que le suplico, es que realice alguna seña en caso que tengamos que intervenir el guardia reculó unos pasos.
Dudo que tal acto salga de mi sonrió maliciosamente—. Pero tendré en cuenta ese consejo.

Sequetina se dirigió hacia la cabaña, esperando encontrar a ese fortachón por quien había estado buscando todo ese tiempo. Y aquí es donde abandonaremos el presente episodio descubriendo lo que ocurrirá con nuestra antagonista en el próximo.

sábado, 13 de junio de 2015

Episodio XXIV

Episodio XXIV
Donde el suceso inocente de un pequeño personaje induce a una importante y trascendente decisión.

El unitario se dirigió a toda prisa para ver de donde provenían esos gritos. Suspiró al enterarse sobre ello.
¡Murriel! exclamó Larry.
El pobre de Tom estaba tirado en el suelo mirando su rodilla lastimada.
¿Eran del niño esos gritos? se puso de cuclillas para verle la herida.
El niño asintió tímidamente ¡Ay, me duele! se quejó cuando Murriel roso levemente su lesión.
Deje de lloriquear, Tom lo burlaba Larry—. Iré a buscar a un curandero.
¿Qué ha sucedido, pequeño? preguntó Murriel dulcemente mientras lo revisaba.
Nada que pueda preocuparlo, señor Murriel. Iba corriendo a toda velocidad, no sabe lo rápido que soy. He mejorado mucho dijo el niño sonriendo con ensoñación—. Y de repente, vi a lo lejos algo que llamo mi atención y me caí tropezándome con esa piedra tonta explicó inocentemente el niño señalando el bloque.
¿Qué es lo que ha llamado la atención a esa loquilla mente? preguntó intrigado rascando la cabecita del pequeño.
Creo que eran unas figuras raras, quizás hombres. Sólo duró unos segundos, luego vi todo negro.
Larry llegaba con algunas provisiones El curandero me dio esta agua con unas sales y hiervas, esto curará al pequeño le dijo sonriendo mientras intentaba ponerle la cura.
¡Ay! gritaba ¡Arde!
Ya manténgase quieto, chiquito atolondrado Larry luchaba entre poner las curas al pequeño Tom e intentar hablar con su amigo quien se encontraba perdido en sus pensamientos.  
Unos hombres murmuró Murriel.
¿Qué le sucede, amigo?  
No es nada.
Oh, vamos. Lo conozco Murriel, a mi no me embauca dijo su amigo levantándose del piso.
El niño le costó pero también se levanto.
Ve a descansar le sugirió Larry a Tom.
Pero yo… yo quiero jugar bufaba el niño.
¡No! Tiene que ir a descansar y curarse esa horrenda y dolorosa herida. Tenga le dio las provisiones—. Son para su madre, quien le seguirá asistiendo y sanando sus heridas.
El niño agacho la cabeza Está bien se rindió.
Tom se dirigió a su casa haciéndole caso a Larry.
¡Murriel! gritó Larry ¡Qué perdido se encuentra, amigo mío!
Mi alma apetece investigar dijo decidido ignorando el comentario de Larry.
¿Qué quiere investigar? arqueó una ceja.
¿No imagina? A los protestantes dijo serio.
¿Otra vez con la misma manía, Murriel? Larry comenzaba a enfadarse.
Sí. Usted sabe lo importante que es para mí. Mi labor es proteger al reino, al pueblo y todas las aldeas de alrededor, a los civiles…
Larry lo interrumpió con una expresión de burla haciendo alusión acerca de lo repetitivo que podría ser Murriel Siempre habla de lo mismo. Hemos trabajado mucho y ayudamos siempre que podemos ¿Cómo puede relacionar a los protestantes con eso?
Murriel llevó una mano hacia su cara en señal de cansancio Escúcheme con la mayor atención que pueda conceder, Larry. Entienda que ellos no se darán por vencidos. Volverán, y de un modo deficiente al anterior ¿comprende? Nuestro objetivo es estar precavidos para ello.
Larry suspiró ¿Y qué sugiere entonces?
Buscarlos. Donde sea, recorriendo las millas necesarias hasta encontrarlos. He recopilado algunos datos en este tiempo.
Vaya que no pierde el tiempo usted rio su amigo.
Sí. En el reino he escuchado algunas cosas. La nobleza ha estado investigando y gracias a ellos pude ser sabedor de ciertos datos.
Cuente entonces, Murriel pidió Larry intrigado.
Son un partido que esta desde hace mucho tiempo, más del que imaginaba. Pude entender en la conferencia que han planeado su ataque, esperando el momento adecuado, al tener un acceso directo con el rey. NON REGNUM es su partido, quienes consiguieron convencer a algunos de los civiles para unirse a ellos, disimuladamente. Por lo tanto, quizás tengamos algunos traidores entre nosotros informó Murriel—. Ellos habitan en una cabaña a unas millas de aquí siguió explicando—. Nosotros deberíamos buscar su localización exacta. Yo quiero hablar con su líder. Por lo que averigüe su nombre es Camnes, el es el que ha atacado a nuestro rey y retado a duelo.
Larry escuchaba atento. Su amigo estaba realmente preocupado, por el pueblo, la salud del rey y justamente eso lo que lo tenía tan alterado.
Sólo le acompañaré para que su boca no siga diciendo más delirios.
Murriel esbozo una sonrisa y lo abrazó eufóricamente Gracias amigo, presentía que usted me secundaria en este plan.
Lo sé se zafó de su abrazo—. Pero que su costumbre no sea continua.
Lo será rio Murriel contento por tener un amigo como tal y por sentir una adrenalina que le hacía sentir la aventura en la que pronto iba a vivir.

El unitario se encontraba mucho más esperanzado. Su seguridad de localizar a los protestantes no le permitía pensar en otra cosa. Luego de haber mantenido una cena armoniosa con su amigo, intentaron conciliar el sueño, excepto el, quien una y otra vez analizaba que haría en caso de que se enfrentara a Camnes simulando múltiples situaciones y debates que se darían entre ellos. Su confianza y firmeza le hacían creer que si encontraba al protestante quien causó y predominó pesadumbre en la vida de su rey, dejaría marcado como sea, que él siempre se mantendría presto a ampararlo por el resto de su vida. Luego de argüir con su propia mente, el joven soñador fue alcanzado por los brazos de Morfeo recostando todo su cansado cuerpo.
Despidiéndonos de nuestro héroe por un tiempo, proseguimos con otro episodio de interés.

miércoles, 3 de junio de 2015

Episodio XXIII

Episodio XXIII 
Dónde surge otra charla particular entre Murriel y el rey Francisco, la cual quizás sea una de las pocas más demostrativas que podrían ocasionar emoción en el lector.

Todos seguían normalmente con sus labores. El pueblo no estaba pasando por el mejor momento, pero aún así, todos ponían de su parte para que todo saliera lo mejor posible respecto a las cosechas, a las necesidades de los civiles, los aldeanos, entre otros aspectos relevantes. El reino contaba con varias aldeas a su alrededor, donde de allí provenía muy buena fuente de agua. Los negocios siempre estaban presentes, el intercambio cada vez era mayor y en algunos casos surgían contrariedades. Hasta el momento, el rey con sus plebeyos y la nobleza lograban tener todo bajo control. Murriel siempre estaba en contacto con los civiles destacándose por el gran trabajo hecho últimamente.

Su Majestad lo saludó Murriel ingresando a su habitación.
¡Muchacho! ¿Qué le trae por aquí? Hace unos días que no tengo el placer de su presencia le sonrió.
Pues… agachó su cabeza.
¿Qué sucede? el rey se levantó de su trono preocupado.
Nada, Majestad. Usted sabe mi problema, usted sabe lo que ha de inquietarme.
Mi unitario se acercó—. No debe de preocuparse ni poner en riesgo a su corazón con esos malos sentimientos, su labor es prodigio el rey miró a Murriel intentando descifrar sus sentimientos y emociones—. Murriel  
El mismo levantó su cabeza y observó el semblante del rey Dígame, su Majestad.
Muchacho apoyó su mano sobre el hombro del joven—. Usted es demasiado conformista y bonachón.
Disculpe que le contradiga, pero así me siento en las mil maravillas sólo le contestó. A él sólo le preocupaban los protestantes. No quería pensar en otra cosa.
El rey negó con su cabeza ¿Nunca ha aspirado a más? preguntó serio. 
Murriel lo miró intentando comprender.
Lo que deseo insinuarle mi unitario, es si nunca ha pensado como una loca y cautivante idea el ser rey algún día.  
Sería un desquiciado si una idea como tal se pasara por mi loca mente.
¿Por qué no, muchacho? seguía insistiendo el rey mientras caminaba sobre la fría madera.
Eso es algo totalmente imposible, su Majestad. No tengo el poder ni las capacidades, mucho menos el conocimiento suficiente para serlo explicó confundido respecto a la ocurrente y descabellada idea del rey.
¿Sabe algo? caminó hasta enfrentarse con Murriel—. Yo hace mucho tiempo creía lo mismo que usted.
Su Majestad...
El rey sólo sonrió plácidamente.
No puedo creer que este escuchando eso. Usted, siendo el monarca de Castilla diciéndome que considere en que quizás la vida me lleve a ocupar su puesto repuso con dejo de entusiasmo.
¿Acaso no lo desea? quiso indagar el soberano. A estas alturas, se sospecha que en la única persona en la el rey confiaba, era Murriel. Su pureza le daba la suficiente seguridad para respaldar aún más su opinión. Sin embargo, tal pregunta era una manera de probar los sentimientos del joven.
Disculpe mi rudeza, pero no deseo exponer ningún tipo de sentimiento que tenga que ver con reemplazarlo a usted, su Majestad. Mi conformidad está intacta y mi felicidad es innegable. He de estar perfectamente como su unitario y no deseo más, mi señor.
Le agradezco su honestidad. Quiero que sepa, que mi confianza hacia usted incrementa día a día sonrió nuevamente.
Le agradezco, mi Señor. Yo no quiero más nada en este mundo que resguardar su salud e integridad. Es inevitable no encontrarme preocupado respecto a su vida… los protestantes…
No es un tema muy amigable para charlar, Murriel contestó serio—. Deje que esto lo solucione la nobleza conmigo, a usted, le pido que se aparte de esta situación tan riesgosa.
Lo… lo lamento dijo cabizbajo mientras una lágrima se arrojaba por sus ojos—. Yo solo quiero decirle que tengo fuertes motivos por mi preocupación. Usted sabe que he perdido a mi abuelo por una desgraciada enfermedad. Puede comprender quizás que no debo entrometerme en este asunto, pero le suplico que no me aparte ni me sea ajeno de él, necesito velar por su sanidad, es usted lo más cercano que tengo a mi abuelo. Sus historias me hacían vivir cada día de su grandiosa vida, mostrándome que hay esperanzas para las personas quienes eran tan desgraciados como nosotros. Él le admiraba aunque no le conocía y lamentaba no poder haber llegado como plebeyo en su gobierno a causa de su vejez. Sin embargo, él seguía todos sus pasos como un gran adepto suyo. Dichos sentimientos los ha trasladado a mi corazón que albergaba cumplir este sueño ya hecho realidad por usted, su Majestad. Heme aquí, frente suyo. Se lo orgulloso que se encontraría mi abuelo si viviera… yo… su voz se comenzó a quebrar. El rey se acerco profundamente conmocionado. El mismo intento hablar, pero el unitario no se lo permitió—. No quiero perturbarle su Majestad y me disculpo por ello. Es complicado para mi persona dirigirme hacia usted declarando mis profundas emociones, pero aún así, deseo contarle lo que sucede de dentro de mi desde que pude formar parte de su suntuoso reinado; su habilidad me enorgullece provocando el mejor de los tumultos en mi corazón. Su bondad puede apreciarla desde el ser más necio hasta el más inocente. Yo he de dar mi vida por usted si el destino así lo impusiera. Junto con mi difunto abuelo, usted su Majestad, es el ser con el alma más pura que mis rebeldes sentidos han podido reconocer. Su sonrisa y su paz me recuerdan a la espontaneidad que poseía mi abuelo, queriéndole aún más. Reitero mis disculpas si le he ofendido con mi imprudencia, entiendo que un ser humano como yo no debería regir con estas agallas hacia su Majestad. Más le juro que mis intenciones carecen de trampa, antes me daría por muerto que mentirle a usted finalizó limpiándose una lágrima que concluía en caer a sus preciados pómulos.
Sus palabras me enorgullecen y me deleitan, hijo. No quiero que piense que deseo apartarlo de mi camino. Aunque sabiendo que su extravagante pensamiento no lo acepte, yo también pretendo protegerle. No quiero que la muerte siga presentando su vil acto ante mis ojos lo último dicho por el rey, agitó la preocupada alma de Murriel, sin embargo lo próximo dicho por el rey lo hizo evitar analizar el significado de dichas palabras.
Sigo manteniendo que usted es capaz, si algún día debiera reemplazarme. Su ayuda, su afecto incondicional han demostrado lo único que he deseado conocer de las personas y solo usted, con sus actitudes sinceras y genuinas lo han evidenciado. Le quiero muchacho, le quiero como si fuese mi hijo por el cual a un padre le inspiran a vivir todos los días.
Mi gran Señor… mi Rey, en mi mente no pasa palabra alguna que mi boca pueda traducir. He de quererlo con la misma intensidad…
Ambos se quedaron mirándose uno al otro cuando unos fuertes gritos interrumpieron su conmovedora situación. Lo que hizo que ambos se miraran aturdidos, por el ruido y por sus recientes confesiones.
¿Qué sería tal alboroto? preguntaron al unísono mientras sus miradas se cruzaban.
Iré a ver. Usted permanezca aquí le dijo asustado. Salió corriendo como un santiamén a ver qué sucedía.
Por supuesto que tiene mucho potencial, muchacho, y más de lo que su loca y despistada mente le permita redituar susurró el rey mientras Murriel se retiraba de su habitación.

Aquí finaliza otro episodio donde se expusieron varios sentimientos de nuestro particular héroe, sin más preámbulos, proseguimos con el siguiente.