miércoles, 24 de junio de 2015

Episodio XXVI

Episodio XXVI
Donde acontece el encuentro tan esperado para la duquesa y el lector.

Sequetina caminó sigilosamente hacia la cabaña, la cual, recientemente había encontrado, temerosa, se acercó unos pasos preguntándose si en tal lugar vivirán aquellos individuos.
La duquesa hizo unos leves golpeteos a la puerta de madera, pero no recibía respuesta. Luego de unos minutos, su paciencia comenzaba a agotarse, al voltear pudo notar como los guardias la estaban mirando fijamente atentos por cualquier cosa que podría pasarle. Revoleó sus ojos.
Hizo un leve suspiro y preguntó al fin - ¿Se encuentra alguien aquí? ¡La nobleza exige su contestación! - Ya alterada, empezó a rodear la cabaña para ver si había algún hueco por el cual mirar. Afortunadamente, encontró uno pequeño al en la parte trasera de la misma, sin embargo estaba todo oscuro, no podía ver con claridad. 
¿Quién es usted y que hace hurgando en mi cabaña? una voz gruesa y carraspera provocó que la mujer brincara del susto.
Sequetina giró algo enfadada para encontrarse con un hombre fuerte, de pelo largo ceniza y ojos penetrantes Es él una sonrisa apareció en sus labios.
¿Cómo se atreve a tratar así a la Duquesa del reino? dijo intentando ser formidable. 
Oh, comprendo ahora, desea usted y los idiotas de la nobleza buscarnos para despojarnos de aquí. Pues le informo su Alteza, que están perdiendo el tiempo dijo frunciendo el ceño el fortachón—. Nosotros no estamos dentro de sus tierras, así que no pueden hacernos absolutamente nada. Mejor retírese, yo no me enfrento con damas finalizó mientras intentaba alejarse.
¡No vaya por allá! exclamó Sequetina.
¿Cómo dijo, Alteza? ¿Cree usted acaso que puede disponer de su poder en mi propio lugar? preguntó enojado.
Yo creo que usted no entiende, Señor dijo cruzándose de brazos—. Allá hay dos guardias que vinieron conmigo, y yo creo que no dudarían en atacarlo si le ven repuso segura. 
¿Insinúa a amenazarme? El miedo nunca acompaña a mi ser sonrió burlón.
No es una amenaza confirmó ella.
Camnes la miró intrigado preguntándose que querría esa mujer con él para luego contestarle que no le interesaba tratar con ella sobre ningún asunto, pidiéndole nuevamente que se retirara. La duquesa, ya algo desesperada siguió insistiendo provocando ya algo de irritación en el líder.
Escúcheme señor. Le repito que no vaya allá o tendrá problemas. Ellos creen que vine a buscar información sobre ustedes, y su partido... no la dejó continuar.
Ha, ha rio de buena gana ¿Qué creen que podrán conseguir de mí y mis hombres? déjeme decirle su Alteza, ustedes y su maldito reino no tienen ni el mínimo credo de con quienes se están metiendo se acercó más a ella intimidándola.
Sequetina bufó, estaba perdiendo su paciencia Escúcheme intentó hablar más bajo para que no la oigan—. El rey me ha mandado a averiguar sobre ustedes, de manera discreta, claro. ¿Usted cree que voy a arriesgar mi vida diciéndoselo a usted? preguntó arqueando una ceja.
Entonces explíqueme que desea, su Alteza.
Tenemos objetivos parecidos comenzó a decir mientras lo rodeaba—. He notado la furia que lo embarga a usted y que está dispuesto a todo para lograr su propósito, le admiro. Yo he sido Duquesa por unos cuantos años agregó—. Desde muy chica que fui elegida para este cargo. Pero ese rey, ese miserable rey siempre me tuvo fugitiva de su subestimación hacia mi labor  dijo con rabia—. Yo intente ser mejor, intente ser respetada, pero ser una Duquesa no es más que un título, nadie me considera como tal su voz comenzaba a quebrarse.
Camnes no esperaba ni quería escuchar esas cosas que según él, eran “tonterías”. Lo que menos deseaba era consolar a esa mujer de su patética situación.
No le entiendo, su Alteza. Le debo ser sincero, respecto a que no me interesa lo que me está contando. ¿Qué quiere de nosotros? se acercó aún más. 
Está bien se recompuso—. Reiterando a lo que venía diciendo. Yo tengo su mismo proyecto, yo también deseo despojar al rey del trono dijo en tono bajo.
Camnes se sorprendió por unos momentos. Inmediatamente disimuló su semblante ¡Felicidades! rio irónicamente¿Y qué puedo hacer yo, su Alteza? ¿Entregarle algún premio?
No sea irrespetuoso contestó ella con más enfado—. Vine a aliarme con usted ¿Qué acaso no lo ve?
Camnes comenzó a largar una de sus largas carcajadas, acto que hizo sentir a la duquesa aún más infravalorada, humillada y acomplejada.
¿Qué le provoca chiste, señor? preguntó indignada.
¿Aliarse conmigo? ¿Usted, "Alteza"? creo que mis oídos han escuchando suficientes idioteces por este día iba a retirarse cuando ella lo tomo del brazo.
Su Alteza, espero que me suelte en este momento o mi mente olvidará que es usted una mujer. 
Sequetina no tuvo más remedio que obedecer, ese hombre tan imponente lograba intimidarla. Ella consideraba inaudito el hecho de que se burlen de su persona y no acate su petición.
Escúcheme señor, le suplico que lo haga una vez más dijo sorprendiéndose de sus palabras.
Oh... puedo notar su alta desesperación se burló él.
Ella ignoró su comentario. Se que cree que no le puedo ser útil, pero equivocado esta. Yo convivo día a día con el rey y usted no sabe nada acerca de sus movimientos. ¿No cree que le convenga a usted tener un aliado que sea tan confidente de su enemigo?
Camnes consideró lo dicho por la duquesa por unos momentos, recordando que Luife, todavía no había encontrado a la persona que necesitaban. Llego a una conclusión, pero antes debería asegurarse que no se tratara de ningún tipo de artilugio.
Le entiendo ¿Y cómo puedo estar yo seguro de que no es una sucia trampilla?  
Sequetina sonrió—. Si fuera como usted dice ¿No cree que en todo este tiempo ya le hubiera enviado a mis hombres? Además, no voy a tomarme tanta molestia de venir hasta aquí y hacerle semejante teatro ¿No cree?
Camnes dudó por unos instantes. Acepto dijo firme—. Espero que esto no falle y lo que dice sea cierto, porque si no mi querida dama, no tendré piedad con usted. Y le aclaro que estará en prueba constante.
Le prometo, mi entera fidelidad hacia usted y su partido hizo una reverencia cortés—. No arriesgaría mi vida de tal manera.  
Camnes sonrió de medio lado ¿Arriesgar su vida? se acercó más a ella intimidándola.
Así le digo espetó ella ¿Cree que vendría aquí a aliarme con usted para luego traicionarle? ¿Acaso me toma por idiota?
Así le confirmo sonrió el—. Como todas las mujeres.
Es usted un arrogante estaba a punto de abofetearlo cuando unas manos fuertes la detuvieron.
Escúcheme claro, su Alteza. No le soportaré ningún tipo de necedad. Si no desea decir nada más… ¡Fuera de mi vista! la soltó bruscamente.
Regresaré cuando tenga información para darle dijo ella retirándose con altivez.
Camnes la volvió a tomar del brazo. Escúcheme otra cosa Duquesa, si me llego a enterar que esto no es más que una infamia de su parte, no tendré ni la más mínima consideración de cortarla en pedacitos la soltó mientras le dedicaba una sonrisa irónica.
A pesar de lo fuerte que se sentía la duquesa y de su carácter prepotente, no podía eludir el miedo que recorría por su cuerpo. El líder se retiró dejándola con palabras aún para decir, pero que prefirió callarlas por el bien de su dignidad y reputación. Una mujer como ella no se rebajaría de tal forma.

Maldito susurró la mujer con sudor en su frente.
Por otro lado, los guardias se encontraban preocupados por el tiempo de tardanza que presentaba la duquesa. Uno de ellos dedujo que había encontrado a alguien de verdadera relevancia para obtener así la información y recopilársela para su majestad.
El otro guardia no convencido con tal suposición decidió ir en su búsqueda.
¡Duquesa! exclamó el guardia—. Estaba yendo a buscarla.
La duquesa lo miró despectivamente ¿Por qué hacerlo señor? ¿Acaso no han comprendido mis órdenes?
No, su Alteza, no es como usted… 
¡No pronuncie más palabras, inútil! gritó Sequetina—. No quiero más excusas y agradezcan que no le diré nada al rey sobre su desobediencia hacia mi persona.
Nuestro trabajo es protegerle, Duquesa. 
Sequetina bufó y siguió caminando. Los guardias intuían que algo le había sucedido, con intenciones de preguntarle si había conseguido alguna información relevante. Sin embargo, sabían el carácter que tenía esa mujer y no consideraban apropiado indagar ahora en tal asunto, no les convenía tener problemas.

Con este panorama tieso y hasta inquietante, abandonamos el episodio presente, regresando nuevamente a nuestros despistados héroes quienes nos deleitaran en el siguiente.

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