Donde acontece el encuentro tan esperado para la duquesa y el lector.
Sequetina
caminó sigilosamente hacia la cabaña, la cual, recientemente había encontrado,
temerosa, se acercó unos pasos preguntándose si en tal lugar vivirán aquellos
individuos.
La
duquesa hizo unos leves golpeteos a la puerta de madera, pero no recibía
respuesta. Luego de unos minutos, su paciencia comenzaba a agotarse, al voltear
pudo notar como los guardias la estaban mirando fijamente atentos por cualquier
cosa que podría pasarle. Revoleó sus ojos.
Hizo
un leve suspiro y preguntó al fin - ¿Se encuentra alguien aquí? ¡La nobleza
exige su contestación! - Ya alterada, empezó a rodear la cabaña para ver si
había algún hueco por el cual mirar. Afortunadamente, encontró uno pequeño al
en la parte trasera de la misma, sin embargo estaba todo oscuro, no podía ver
con claridad.
—¿Quién es usted
y que hace hurgando en mi cabaña? —una voz gruesa y carraspera provocó que la
mujer brincara del susto.
Sequetina
giró algo enfadada para encontrarse con un hombre fuerte, de pelo largo ceniza
y ojos penetrantes —Es él —una sonrisa apareció en sus labios.
—¿Cómo se atreve
a tratar así a la Duquesa del reino? —dijo intentando ser formidable.
—Oh, comprendo
ahora, desea usted y los idiotas de la nobleza buscarnos para despojarnos de
aquí. Pues le informo su Alteza, que están perdiendo el tiempo —dijo
frunciendo el ceño el fortachón—. Nosotros no estamos dentro de sus tierras,
así que no pueden hacernos absolutamente nada. Mejor retírese, yo no me
enfrento con damas —finalizó mientras intentaba alejarse.
—¡No vaya por
allá! —exclamó Sequetina.
—¿Cómo dijo, Alteza? ¿Cree usted acaso que puede disponer de su poder en mi propio lugar? —preguntó enojado.
—Yo creo que
usted no entiende, Señor —dijo cruzándose de brazos—. Allá hay dos guardias
que vinieron conmigo, y yo creo que no dudarían en atacarlo si le ven —repuso
segura.
—¿Insinúa a
amenazarme? El miedo nunca acompaña a mi ser —sonrió burlón.
—No es una
amenaza —confirmó ella.
Camnes
la miró intrigado preguntándose que querría esa mujer con él para luego
contestarle que no le interesaba tratar con ella sobre ningún asunto,
pidiéndole nuevamente que se retirara. La duquesa, ya algo desesperada siguió
insistiendo provocando ya algo de irritación en el líder.
—Escúcheme
señor. Le repito que no vaya allá o tendrá problemas. Ellos creen que vine a
buscar información sobre ustedes, y su partido... —no la dejó continuar.
—Ha, ha —rio de
buena gana— ¿Qué creen que podrán conseguir de mí y mis hombres? déjeme
decirle su Alteza, ustedes y su maldito reino no tienen ni el mínimo credo de
con quienes se están metiendo —se acercó más a ella intimidándola.
Sequetina
bufó, estaba perdiendo su paciencia —Escúcheme —intentó hablar más bajo para
que no la oigan—. El rey me ha mandado a averiguar sobre ustedes, de manera
discreta, claro. ¿Usted cree que voy a arriesgar mi vida diciéndoselo a usted? —preguntó arqueando una ceja.
—Entonces
explíqueme que desea, su Alteza.
—Tenemos
objetivos parecidos —comenzó a decir mientras lo rodeaba—. He notado la furia
que lo embarga a usted y que está dispuesto a todo para lograr su propósito, le
admiro. Yo he sido Duquesa por unos cuantos años —agregó—. Desde muy
chica que fui elegida para este cargo. Pero ese rey, ese miserable rey siempre
me tuvo fugitiva de su subestimación hacia mi labor —dijo con rabia—. Yo
intente ser mejor, intente ser respetada, pero ser una Duquesa no es más que un
título, nadie me considera como tal —su voz comenzaba a quebrarse.
Camnes
no esperaba ni quería escuchar esas cosas que según él, eran “tonterías”. Lo
que menos deseaba era consolar a esa mujer de su patética situación.
—No le entiendo,
su Alteza. Le debo ser sincero, respecto a que no me interesa lo que me está
contando. ¿Qué quiere de nosotros? —se acercó aún más.
—Está bien —se
recompuso—. Reiterando a lo que venía diciendo. Yo tengo su mismo proyecto, yo
también deseo despojar al rey del trono —dijo en tono bajo.
Camnes
se sorprendió por unos momentos. Inmediatamente disimuló su semblante —¡Felicidades! —rio irónicamente—¿Y qué puedo hacer yo, su Alteza?
¿Entregarle algún premio?
—No sea
irrespetuoso —contestó ella con más enfado—. Vine a aliarme con usted ¿Qué
acaso no lo ve?
Camnes
comenzó a largar una de sus largas carcajadas, acto que hizo sentir a la duquesa aún más infravalorada, humillada y acomplejada.
—¿Qué le provoca chiste, señor? —preguntó indignada.
—¿Aliarse
conmigo? ¿Usted, "Alteza"? creo que mis oídos han escuchando suficientes
idioteces por este día —iba a retirarse cuando ella lo tomo del brazo.
—Su Alteza,
espero que me suelte en este momento o mi mente olvidará que es usted una
mujer.
Sequetina
no tuvo más remedio que obedecer, ese hombre tan imponente lograba intimidarla.
Ella consideraba inaudito el hecho de que se burlen de su persona y no acate su
petición.
—Escúcheme
señor, le suplico que lo haga una vez más —dijo sorprendiéndose de sus
palabras.
—Oh... puedo
notar su alta desesperación —se burló él.
Ella
ignoró su comentario. —Se que cree que no le puedo ser útil, pero equivocado
esta. Yo convivo día a día con el rey y usted no sabe nada acerca de sus
movimientos. ¿No cree que le convenga a usted tener un aliado que sea tan
confidente de su enemigo?
Camnes
consideró lo dicho por la duquesa por unos momentos, recordando que Luife,
todavía no había encontrado a la persona que necesitaban. Llego a una
conclusión, pero antes debería asegurarse que no se tratara de ningún tipo de
artilugio.
—Le entiendo ¿Y cómo
puedo estar yo seguro de que no es una sucia trampilla?
Sequetina
sonrió—. Si fuera como usted dice ¿No cree que en todo este tiempo ya le
hubiera enviado a mis hombres? Además, no voy a tomarme tanta molestia de venir
hasta aquí y hacerle semejante teatro ¿No cree?
Camnes
dudó por unos instantes. —Acepto —dijo firme—. Espero que esto no falle y lo
que dice sea cierto, porque si no mi querida dama, no tendré piedad con usted.
Y le aclaro que estará en prueba constante.
—Le
prometo, mi entera fidelidad hacia usted y su partido —hizo una
reverencia cortés—. No arriesgaría mi vida de tal manera.
Camnes
sonrió de medio lado —¿Arriesgar su vida? —se acercó más a ella
intimidándola.
—Así le digo —espetó ella— ¿Cree que vendría aquí a aliarme con usted para luego traicionarle?
¿Acaso me toma por idiota?
—Así le confirmo —sonrió el—. Como todas las mujeres.
—Es usted un
arrogante —estaba a punto de abofetearlo cuando unas manos fuertes la
detuvieron.
—Escúcheme claro, su Alteza. No le soportaré ningún tipo de necedad. Si no desea
decir nada más… ¡Fuera de mi vista! —la soltó bruscamente.
—Regresaré cuando tenga información para darle —dijo
ella retirándose con altivez.
Camnes
la volvió a tomar del brazo. —Escúcheme otra cosa Duquesa, si me llego a
enterar que esto no es más que una infamia de su parte, no tendré ni la más
mínima consideración de cortarla en pedacitos —la soltó mientras le dedicaba
una sonrisa irónica.
A pesar de lo fuerte que se sentía la duquesa y
de su carácter prepotente, no podía eludir el miedo que recorría por su cuerpo.
El líder se retiró dejándola con palabras aún para decir, pero que prefirió
callarlas por el bien de su dignidad y reputación. Una mujer como ella no se
rebajaría de tal forma.
—Maldito —susurró la mujer con sudor en su frente.
Por otro lado, los guardias se encontraban
preocupados por el tiempo de tardanza que presentaba la duquesa. Uno de ellos
dedujo que había encontrado a alguien de verdadera relevancia para obtener así
la información y recopilársela para su majestad.
El otro guardia no convencido con tal suposición
decidió ir en su búsqueda.
—¡Duquesa! —exclamó el guardia—. Estaba yendo a buscarla.
La duquesa lo miró despectivamente —¿Por qué hacerlo señor? ¿Acaso no han
comprendido mis órdenes?
—No, su Alteza,
no es como usted…
—¡No pronuncie
más palabras, inútil! —gritó Sequetina—. No quiero más excusas y agradezcan
que no le diré nada al rey sobre su desobediencia hacia mi persona.
—Nuestro trabajo
es protegerle, Duquesa.
Sequetina
bufó y siguió caminando. Los guardias intuían que algo le había sucedido, con
intenciones de preguntarle si había conseguido alguna información relevante.
Sin embargo, sabían el carácter que tenía esa mujer y no consideraban apropiado
indagar ahora en tal asunto, no les convenía tener problemas.
Con este panorama tieso y hasta inquietante, abandonamos el episodio presente, regresando nuevamente a nuestros despistados héroes quienes nos deleitaran en el siguiente.
Con este panorama tieso y hasta inquietante, abandonamos el episodio presente, regresando nuevamente a nuestros despistados héroes quienes nos deleitaran en el siguiente.
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