Donde se inicia la búsqueda de la duquesa.
Sequetina
investigó por varios días acerca de los protestantes, no obtuvo demasiada
información, así que decidió tomar otro tipo de camino para ello.
Ya
se ha dejado en claro que su único y primordial objetivo era hablar con el líder
de No Regnum y formar parte de su partido, contrariando así, lo que el rey
esperaba en realidad de ella. Su ambición había incrementado en el último
tiempo, sobre todo cuando había llegado el unitario a sus vidas.
—Su Majestad, pagará usted con su sangre todo la humillación que he sentido en
estos últimos tiempos, maldito sea —murmuró para sí misma mientras iba con sus
dos guardias quienes tenían la obligación de resguardar por su vida. Obstáculo
para la duquesa.
—Usted, señor
¿Sabe algo acerca de los protestantes? —le preguntó a un aldeano que pasaba
por allí en ese momento. El mismo negó con
su cabeza mostrando cierto temor frente a esa figura autoritaria que
implementaba la mujer.
—¡Entonces váyase! —le gritó—. No necesito cruzarme con gente inservible.
El
aldeano hizo una pequeña reverencia y se retiró.
—Nos hemos
alejado mucho del reino, su Alteza —le dijo uno de los guardias que la
acompañaba.
La duquesa
miró hacia atrás y podía ver de lejos el reino, habían estado caminando por un
largo tiempo, como lo hacia todos los días desde que el rey le otorgó tal
cometido.
Se
encontraban en una pequeña aldea a unas millas del reino, pero el poder y la
desesperación la cegaban.
—Lo sé.
—Pero Duquesa —intervino el otro guardia.
—¡Ustedes están
aquí solo para cumplir mis órdenes! —gritó exhausta.
Los
guardias se mantuvieron callados
evitando enfrentarse con su duquesa.
—¿He sido clara? —preguntó con voz más calma.
—Sí, Alteza —contestaron
los hombres.
Siguieron
caminando y hurgando por esa aldea, ella había observado aquel día
del enfrentamiento en el pueblo, que los protestantes se dirigían hacia la
misma dirección en la que ella se hallaba, consiguiendo por medio de un pago,
que un campesino descubra con más facilidad el área donde ellos se asentaban.
—A unos pocos
metros puedo divisar una cabaña —señaló esperanzada.
—Pero
por aquí hay más, su Alteza —intervino el guardia.
La duquesa paró en seco, demostrando una profunda irritación.
—Vuelvo
a repetir, señor ¿Quién da las órdenes?
—Usted, Alteza.
—¡Entonces obedezca! Yo prefiero comenzar a averiguar por aquella cabaña y punto
final.
—¿Hay
algún motivo especial por el cual su Alteza desea…? —el guardia no pudo
continuar por la miraba colérica que dirigió la Duquesa.
El
guardia, sólo atinó a decir —Allí iremos, su Alteza.
Al llegar a destino, Sequetina estaba ardorosa
por dialogar con aquellas personas quienes, según los sentimientos de la bella duquesa, serían la salvación de su reputación perdida y arruinada.
—Mucho cuidado, Alteza —dijo uno de los guardias interponiéndose en su camino
para protegerla.
La duquesa bufó sin decir palabra alguna, concentrada solamente en su propósito
principal.
—Espérenme aquí —les ordenó—. Yo ingresaré con cuidado, señores. No se preocupen —les sonrió
falsamente.
—Pero Duquesa,
el rey ha ordenado… —intentó contradecirle uno de ellos.
—¡El rey no se
encuentra aquí! —gritó interrumpiéndolo—. Yo soy quien da las órdenes y si le
digo que se queden aquí, es porque así deben hacerlo.
—Lamento si la
he ofendido, Alteza. Lo único que le suplico, es que realice alguna seña en
caso que tengamos que intervenir —el guardia reculó unos pasos.
—Dudo que tal
acto salga de mi —sonrió maliciosamente—. Pero tendré en cuenta ese consejo.
Sequetina se dirigió hacia la cabaña, esperando encontrar a ese fortachón por quien había estado buscando todo ese tiempo. Y aquí es donde abandonaremos el presente episodio descubriendo lo que ocurrirá con nuestra antagonista en el próximo.
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