miércoles, 17 de junio de 2015

Episodio XXV

Episodio XXV
Donde se inicia la búsqueda de la duquesa.

Sequetina investigó por varios días acerca de los protestantes, no obtuvo demasiada información, así que decidió tomar otro tipo de camino para ello.
Ya se ha dejado en claro que su único y primordial objetivo era hablar con el líder de No Regnum y formar parte de su partido, contrariando así, lo que el rey esperaba en realidad de ella. Su ambición había incrementado en el último tiempo, sobre todo cuando había llegado el unitario a sus vidas. 
Su Majestad, pagará usted con su sangre todo la humillación que he sentido en estos últimos tiempos, maldito sea murmuró para sí misma mientras iba con sus dos guardias quienes tenían la obligación de resguardar por su vida. Obstáculo para la duquesa. 
Usted, señor ¿Sabe algo acerca de los protestantes? le preguntó a un aldeano que pasaba por allí en ese momento. El mismo negó con su cabeza mostrando cierto temor frente a esa figura autoritaria que implementaba la mujer. 
¡Entonces váyase! le gritó—. No necesito cruzarme con gente inservible.
El aldeano hizo una pequeña reverencia y se retiró. 
Nos hemos alejado mucho del reino, su Alteza le dijo uno de los guardias que la acompañaba.
La duquesa miró hacia atrás y podía ver de lejos el reino, habían estado caminando por un largo tiempo, como lo hacia todos los días desde que el rey le otorgó tal cometido.
Se encontraban en una pequeña aldea a unas millas del reino, pero el poder y la desesperación la cegaban.
Lo sé.
Pero Duquesa intervino el otro guardia.
¡Ustedes están aquí solo para cumplir mis órdenes! gritó exhausta. 
Los guardias  se mantuvieron callados evitando enfrentarse con su duquesa.
¿He sido clara? preguntó con voz más calma.
Sí, Alteza contestaron los hombres.
Siguieron caminando y hurgando por esa aldea, ella había observado aquel día del enfrentamiento en el pueblo, que los protestantes se dirigían hacia la misma dirección en la que ella se hallaba, consiguiendo por medio de un pago, que un campesino descubra con más facilidad el área donde ellos se asentaban. 
A unos pocos metros puedo divisar una cabaña señaló esperanzada.
Pero por aquí hay más, su Alteza intervino el guardia.
La duquesa paró en seco, demostrando una profunda irritación.
Vuelvo a repetir, señor ¿Quién da las órdenes?
Usted, Alteza.
¡Entonces obedezca! Yo prefiero comenzar a averiguar por aquella cabaña y punto final.
¿Hay algún motivo especial por el cual su Alteza desea…? el guardia no pudo continuar por la miraba colérica que dirigió la Duquesa.
El guardia, sólo atinó a decir Allí iremos, su Alteza.
Al llegar a destino, Sequetina estaba ardorosa por dialogar con aquellas personas quienes, según los sentimientos de la bella duquesa, serían la salvación de su reputación perdida y arruinada.
Mucho cuidado, Alteza dijo uno de los guardias interponiéndose en su camino para protegerla.
La duquesa bufó sin decir palabra alguna, concentrada solamente en su propósito principal.
Espérenme aquí les ordenó—. Yo ingresaré con cuidado, señores. No se preocupen les sonrió falsamente.
Pero Duquesa, el rey ha ordenado… intentó contradecirle uno de ellos.
¡El rey no se encuentra aquí! gritó interrumpiéndolo—. Yo soy quien da las órdenes y si le digo que se queden aquí, es porque así deben hacerlo. 
Lamento si la he ofendido, Alteza. Lo único que le suplico, es que realice alguna seña en caso que tengamos que intervenir el guardia reculó unos pasos.
Dudo que tal acto salga de mi sonrió maliciosamente—. Pero tendré en cuenta ese consejo.

Sequetina se dirigió hacia la cabaña, esperando encontrar a ese fortachón por quien había estado buscando todo ese tiempo. Y aquí es donde abandonaremos el presente episodio descubriendo lo que ocurrirá con nuestra antagonista en el próximo.

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