jueves, 28 de mayo de 2015

Episodio XXII

Episodio XXII 
Episodio por demás corto, donde se exponen algunas inseguridades y miedos del rey, junto a la aparición de la nobleza quienes participan en la charla.
  
En el castillo estaba ocurriendo una escena poco afortunada para los integrantes del mismo, donde la tirantez se apoderaba del ambiente.
¿Acaso ninguno de ustedes tienen información alguna de esos protestantes? preguntó enfadado el rey.
Me temo que no, su Majestad contestó el Barón Seimuns.
Muchos plebeyos, duques, barones y condes se encontraban reunidos en la habitación LX. Esta era una situación merecedora de urgencia.
¿El nombre de su partido? ¿Ni siquiera pudieron ser identificados?  
Por nuestro lado, mi señor, hemos averiguado algo quizás significante que pudiera saciar su inquietud contestó un Conde.
Dígame Gonzalo.  
Aparentemente, este partido de susodichos se hacen llamar NON REGNUM. Hace poco tiempo que le integraban menos miembros. Sin embargo, han estado merodeando por el pueblo para lavarle la cabeza a unos cuantos para conseguir que estos se adicionen a su partido, su Majestad informó el Conde.
¡Mi pobre cabeza no puede creerlo! exclamó aún mas enojado ¿Significa acaso que podría llegar a vivir entre traidores en mi propio reino?  
Muchos lo miraban nerviosos y algunos hasta desafiantes.
¿Dónde se encuentra mi bella dama, Sequetina?  
Aquí estoy, su Majestad la duquesa se dirigió hacia donde el rey se encontraba.
¡Qué temor me ha dado, Duquesa! No se exponga ante esos trogloditas quienes quieren atacar el reino. Oh, mi bella Duquesa, usted podría ser una de sus víctimas repuso preocupado.
No se preocupe su Majestad, he de tener todo premeditado y también, si usted lo dispone, podría indagar acerca de aquellos infortunados quienes se atreven a irrumpir la paz de mi rey. 
El rey la miró asombrado Mi Duquesa, lo último que deseo en esta vida es exponerla usted a símil contingencia dijo pasando su sudorosa mano por su frente.
Le ruego, mi Soberano, que me permita realizar esta encomienda. Debo mucho a mi pueblo, y le debo mucho a su Majestad.
Si he de ser tan fácil de convencer, la nobleza me tomará por injurioso. Sin embargo, admito que usted está a mi lado si los años me permiten recordarlo, hace más de una década, por eso, merece usted mi aprobación dijo con dejo de inseguridad—. Pero irá siempre respaldada de nuestros guardias aseguró.
Su Majestad, agradecida estoy por su confianza. Y tenga por seguro que cumpliré con su condición dijo mientras poso una triunfante sonrisa en sus labios.
El rey se acercó apoyando una de sus manos en el hombro de ella confío en usted, mi bella dama miró hacia los presentes—. Doy aquí como finalizada la junta. Sólo espero que pronto sean recaderos de noticas hizo una reverencia y se retiro. 
Por otra parte, la duquesa se sentía complacida al haber convencido al rey para concretar una cita con los protestantes. Sus planes diferían del rey de Castilla, por lo tanto, aprovecharía tal oportunidad para comenzar con su desafortunado y vil propósito.
  
Sequetina mostró nuevamente una sonrisa en sus labios Pronto tendrá nuevas noticias  murmuró para sí—. Muy pronto.

Con esta demostración de elevada represalia y animosidad, abandonamos el episodio presente.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Episodio XXI

Episodio XXI
Donde prosigue la historia relatando los hechos que continuaron, luego de lo sucedido en el episodio anterior.

Con tal resultado visto, el pueblo comenzó a aplaudir y aclamar por el Monarca quien había derrotado victoriosamente a su contrincante.
¡Majestad, Majestad! gritaban al unisonó mientras el rey agradecía.
Luego, se acercó a Camnes para decirle Lárguese de aquí, espero que sea un buen perdedor y no retorne a mi pueblo nunca más. Usted y sus hombres no han de ser bienvenidos dijo firme.
Camnes sin emitir palabra alguna, cogió su espada enterrada, sintiéndose completamente degradado. Sus hombres lo siguieron mientras toda la muchedumbre los insultaba y abucheaban.
Por otro lado, Murriel los observaba detenidamente. En un momento, sus ojos se cruzaron con los de Camnes. Logró descifrar algo en su mirada y eso era un sentimiento tan puro y claro como el agua, la venganza.
¿Acaso nuestra gente es tan crédula para creer que esto ha acabado? preguntó en tono alto. Larry lo miró azorado, luego se acercó hacia el notándolo aún bastante preocupado.
Se han ido. Ya hemos tenido suficiente, no regresarán dijo seguro.
Por mi vida le digo que si lo harán contestó sin apartar su mirada en Camnes mientras se perdía con sus hombres en el medio del viento y el polvo.
Larry hizo un gesto de cansancio. Era sabido que Murriel seguiría pensando en los futuros ataques, los cuales que su rey podría recibir.
Ya no se obsesione, amigo. Mejor regresemos a nuestras labores lo llevó hacia donde se encontraban algunos civiles, mujeres y niños quienes aún no salían del impacto.

Murriel estaba en lo cierto. Camnes no se dejaría vencer tan fácilmente, esa humillación no hizo más que alimentar su rabia y su sed de poder.  
El pueblo quedó asombrado. Muchos civiles se preguntaban a que se debió la actitud repentina del rey y el porqué de la existencia de tales hombres quienes revolucionaron y atacaron la paz de su amado monarca. Muchos comentaban admirando la fuerza propinada por su rey y lo bien que este utilizaba la espada, otros se preguntaban intrigados quiénes serían esos hombres, sobre todo el fortachón, Camnes. 
Los civiles los echaron del pueblo, por fidelidad al rey pero ¿hasta qué punto habría fidelidad de parte de los mismos? El poder y la ambición pueden apresar a quien se deja tentar.
  
¡Malditos sean! gritó Murriel exaltado. 
Larry sorprendido por la reacción de su amigo, quien jamás lo había visto en ese trance Ya cálmese Murriel. 
¿Es lo único que puede salir de su boca? se acercó con indignación. 
No negó con su cabeza—. Es lo único que usted puede hacer. Se ha encontrado en este estado todo el condenado día, mejor dicho todo este último tiempo desde que se enteró sobre los protestantes bufó—. Yo y mi execrable bocata, no tendría que haberle dicho nada de saber que se pondría de tal manera se dio vuelta dándole la espalda a Murriel.
Oh, mi amigo dijo el unitario tocando el hombro de Larry—. Lo lamento, Larry suspiró—. Usted sabe lo sustancial que esto es para mí. Y ambos sabemos por lo que hemos visto con nuestros propios ojos, de lo capaces que son esos hombres. Ese desgraciado quiere fusilar al rey, estoy seguro.
¿Fusilarlo? ¿No estará exagerando? Yo considero que ellos desean ambicionan con derrocarlo de su poderío gubernamental.
¿Y le parece irrisorio acaso? cuestionó indignado.
¡Por supuesto que no! Pero tampoco sopeso que lleguen a la instancia de asesinarlo, Murriel.
Usted percibió lo que yo si en su mirada, Larry. Expresaba venganza, odio, afán poder.           
Yo creo que ese hombre es capaz de cualquier cosa con tal de conseguir su cometido dijo firme.
¿El rey morirá? preguntó una asustada vocecita.
¡Tom! exclamaron ambos jóvenes.
¿Qué le he dicho de escuchar a escondidas las conversaciones de adultos? lo regañó Larry.
Oh, déjelo ¿No nota lo aterrado que se encuentra el niño? Murriel abrió sus brazos para contener a Tom.
Lo apaña desmesuradamente dijo Larry cruzándose de brazos.
¿El rey morirá? preguntó nuevamente el niño asustado.
Claro que no, Tom ¿De dónde saca esas loquillas ideas? le sonrió cálidamente mientras acariciaba sus cabellos.
De ustedes. 

Un niño podía solamente fundar miedo, angustia y desesperación en el corazón de ambos jóvenes, quienes observando la mirada del chiquillo, podían descifrar el pánico que a este lo aquejaba sintiéndose culpable en cierto modo.
Ambos se miraron aturdidos. Eso era demasiado para un niño. Sobre todo al saber su historia de vida. Tenía una madre que se encargaba humildemente de criar a él sus otros dos hermanitos. No tenía un apoyo paternal ya que su padre había muerto en una guerra hace unos años y el niño presenció dicha muerte. Tom se encontraba muy traumado todavía, el en ese entonces era muy pequeño, apenas tenía cuatro años cuando vivió todo lo ocurrido con su padre.

Tranquilo, Tom. No dejaremos que nada le pase al rey 
le sonrió nuevamente Murriel—. Vamos pequeño, regálenos una bella sonrisa.
Poco a poco se le fue dibujando una sonrisa en su dulce y angelical rostro.
¡Así me gusta! se contentó Murriel—. Vaya a jugar que luego le alcanzaremos.
El niño asintió complacido y luego, se quedó observando a Larry por unos instantes.
¿Qué tanto me mira enano? le preguntó divertido.
Es que… no creo que usted sea un adulto al decir eso, el niño se fue corriendo mientras se escuchaban sus risitas.
Ha ha ha rio fuertemente Murriel.
Larry le dirigió una mirada chispeante a su amigo ¿Y usted de qué se burla?
Murriel hizo un gesto gracioso Los niños son observadores dijo encorvando sus hombros mientras se le escapada alguna carcajada.
Larry bufó Ya vamos a trabajar de una vez. El agua y los alimentos no vienen solos.
Murriel asintió divertido.
¿Quiere que le alce? siguió burlándose.
Oh, ya cállese.

Mientras dejamos descansar a nuestros amigos, proseguiremos con el siguiente episodio. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Episodio XX

Episodio XX
Donde se da comienzo al enfrentamiento.

Regresando a lo relatado con anterioridad, el líder de Non Regnum había desafiado con su mirada al rey.
Los civiles, se hacían más a un lado por petición de los guardias. No era la primera vez que el reino enfrentaba este tipo de contrariedades. Murriel quedó impávido al sentir que un peligro podría estar cerca de su rey y su pueblo. Quiso intervenir, pero Larry lo detuvo negando con su cabeza y regresando a su amigo con el sin poder evitar lo que iría a ocurrir.

¿Quién es usted? 
preguntó seriamente Francisco.
Camnes sonrió nuevamente sin decir una sola palabra.
¿Cómo se atreve a interrumpir mi discurso? ¿Cómo se atreve a entrar así a mi reino y asediar a mi pueblo?  
Camnes se acercó nuevamente hacia el su Majestad hizo una reverencia sarcástica—. Este agravio recién comienza volvió a sonreír—. Y a un duelo le reto ofreció tajante.
Dos guardias comenzaron a sacar su espada para luchar contra el protestante.
¡Deténganse! Yo seré quien luchará contra este individuo ordenó nuevamente el rey—. Aceptaré su duelo.
Tomó la espada de uno de sus guardias para esperar la invectiva.
Si es que su fuerza le ha de permitir enfrentarme y conservar su posición.
¿Qué quiere decir con eso, joven? interrogó mientras ambos caminaban enfrentados.
¡Qué no me detendré hasta desterrarlo de su Maldito Reino! gritó él mientras chocaba la espada contra la del rey dando comienzo a una nueva batalla.
¿Algún acuerdo hará usted? cuestionó el rey mientras presionaba su espada contra la del protestante.
Si gano comenzó sin vueltas—. Con su trono me quedaré y como no he de ser tan hombre de mal, permitiré que usted escape del reino para no ser fusilado por mis hombres y darle la oportunidad de vivir.
Si el triunfo yo concibo habló el rey—. Usted desaparecerá de Castilla y no le volveremos a ver ni a usted ni a sus hombres.
Muy digno de su Majestad sonrió sarcástico—. Pero no puedo prometerle eso.
¿Y qué quiere entonces? Bien sabe que podría matarle en estos momentos
Los ojos del rey brillaban con un dejo de temor, pero el coraje que sentía por defender a su pueblo, lo opacaba.
¡Luchar! gritó mientras lograba hacerlo retroceder unos pasos al Monarca.

Los civiles miraban impresionados. Nunca habían visto al rey en tal posición.
Murriel estaba abstraído ante la situación, jamás pensó que su embestida sucedería tan rápido. El rey estaba preparando todo su poder interno y su gran habilidad con la espada. Largó un gran suspiro al recordar que había estado practicando mucho en los últimos días. Aprendió una nueva técnica, la cual consistía usarla como medida de defensa y ofensiva en el mismo movimiento.
Camnes se sentía lo suficientemente listo para contra atacarlo, sus movimientos eran rápidos, concisos y fluidos. El cambio de balance y la mecánica efectiva de la espada y su cuerpo lograban ocasionar una impresión en el rey, pero este no aparentaba dejarse ganar tan fácilmente.
El objetivo de Francisco III era derrotarlo frente a la multitud para que se el protestante se sienta deshonrado. Matarlo, era un designio que estaba muy alejado del corazón de nuestro rey. El nunca fue partidario en arreglar los asuntos de esa manera tan violenta y mucho menos los asuntos políticos a pesar de haberlo amenazado. Solo quería que ese espectáculo finalizara rápidamente.

Camnes rodeaba al rey haciendo un brusco movimiento derecho hacia su cuerpo, más directamente hacia su estómago, el rey lo impidió enfrentando su espada con la del fortachón acompañado por el movimiento de su cuerpo, ayudándolo así a encerrarlo entre ambas espadas y sí mismo.
Camnes consideraba la fuerza del rey increíble e impresionante fastidiándolo aún más.
Su espada la tenía demasiado pegada a la suya, sin poder siquiera empujarlo hacia atrás y escaparse de su ataque. Tal posición la mantuvieron por un prolongado tiempo mientras ambos se miraban fijamente. El pueblo estaba asombrado observando la escena detenidamente.

¿Qué quiere usted de mi pueblo? 
preguntó con rabia el rey.
Ya le he dicho, su Majestad. Mi objetivo es límpido sólo contestó Camnes haciendo aún más fuerza mientras reculaba.
Ni se atreva a que esa desequilibrada idea pase siquiera por su juicio le advirtió el rey.
Camnes sonrió triunfante al notar miedo en los ojos del rey. 
Es muy fácil sembrar turbación en sus entrañas, Majestad.
Sorpresivamente, Camnes apartó su espada de la del rey y se echó unos pasos hacia atrás, colocando su pieza horizontalmente detrás de su hombro, lanzando repentinamente su brazo hacia adelante como si de un proyectil se tratara, mientras se acercaba en espiral hacia el rey. Este mismo esquivó el movimiento, ya que podría haber sido crucial traduciéndose en la velocidad en la que Camnes lo había hecho.
El rey cayó al suelo, logrando que el líder de Non Regnum se acercara aún más chocando nuevamente su espada con la de él, sin tener demasiado éxito.
El rey fue levantándose lentamente sin apartar su fija mirada en Camnes.
¿Cuánta fuerza tiene Judensau2le preguntó Camnes malévolamente.
Mucho más de la que pueda usted siquiera calcular le contestó apartándose nuevamente de él y su espada—. Maldito anti devoto.

Ambos estaban un poco cansados y la muchedumbre no dejaba de gritar y aclamar por el rey. Nadie podía entrometerse en el combate, aunque Murriel se encontraba muy preocupado por su salud. Ambos jóvenes, observan de un rincón. Larry alentaba la pelea, aunque Murriel seguía manteniendo su típica preocupación que a su amigo, en parte, le parecía hasta absurda.
Relájese Murriel sugirió. 
¿Cómo? ¿No ve acaso que han aparecido sin estar nosotros precavidos? ¿Qué han venido a atacar sin que tengamos la mínima idea de que eso sucediera? contestó aún más preocupado.
No es la primera vez que el rey ha combatido. Además es un experto de la espada. 
Lo sé. Pero no es la manera que él tenga que enfrentar a los protestantes. Además el quizás... podría...
¡Termine con esos pensamientos, Murriel! nadie dejaría que eso suceda lo retó Larry.
Esas cosas suceden imprevisiblemente, Larry contestó con dejo de tristeza.
¡Se comporta como su madre! sonrió—. El hombre sabe defenderse y nunca he visto a alguien utilizar la espada de la manera en la que él lo hace dijo con admiración.
Murriel se limitó a contestar, no deseaba continuar con esa disputa. Su pensamiento se desvió hacia los civiles, quienes habían pasado de preocupación y pánico a ser un público obstinado donde querían ser parte de ese espectáculo.
Unos cuantos estaban todavía asustados, pero los más arriesgados estaban cerca alentando el combate.

En una lucha real de espada, mantener el espíritu de la realidad de un combate, es un método importante para desarrollar la fuerza mental 
le dijo el rey sonriendo mientras caminaba enfrentado.
Deje de decir sandeces, viejo decrépito. 
Camnes tomó su espada con ambas manos haciendo un movimiento hacia arriba con sus brazos, chocándola una vez más contra la espada del rey, su posición era contrariada, ya que la pulgada última de la punta de la espada, era la que podría determinar la victoria de la lucha.
El rey, con un simple movimiento tocó de manera precisa pero leve la espada de su contrincante, consiguiendo desplazarla en el aire.
¡¿Qué diablos?! gritó sorprendido Camnes mientras su espada volaba por los aires para caer luego clavada en la arena.
Su ataque directo sólo afectó sus movimientos, los cuales le imposibilitaron para continuar con su embestida. Salte hacia atrás, no debe ser tan confiado una sonrisa triunfante se dibujó en los labios del rey.
Camnes quedó totalmente sorprendido sin poder emitir palabra alguna, observando obstinadamente al pueblo de Castilla. Su malestar aumentó al percatarse de haber perdido el combate, pero de lo que estaba completamente seguro, era que su venganza, costaría más de lo que cualquier ser humano pudiera evocar. Acompañando en parte la gran frustración de Camnes, nos retiramos con esta aliviada pero turbada imagen.

2 – Palabra utilizada en la edad media para insultar a los extranjeros o judíos, la cual, se sigue utilizando en la actualidad.

jueves, 7 de mayo de 2015

Episodio XIX

Episodio XIX
Donde se da comienzo a la conferencia y el ataque de los protestantes.

La muchedumbre se estaba acumulando en un rincón del reino, esperando la salida del rey. Esta vez, bajaría y no la daría desde su balcón. Algo por demás ventajoso para los protestantes. 
Al arribar en el lugar, Camnes y sus hombres escondieron sus espadas, esperando a que el espectáculo comience, mezclándose con los civiles, camuflándose entre ellos. 
Los barones y duquesa acompañaban al rey, haciendo que todos aclamaran por su llegada.  

¡Viva el rey! se escuchaban los gritos.
Muchas gracias por su adulante recibimiento comenzó a hablar el rey Francisco III. 

Mientras el rey daba comienzo a su acostumbrado discurso, los protestantes junto con su líder se encontraban en una parte del tumulto. Muchos otros estaban esparcidos por otras partes.
¿Cree usted señor que es momento de atacar? preguntó Kumtrú a su líder. 
Seguro no estoy. Primero, hay que analizar sus movimientos, lo último que mi ser desea es que la asquerosa multitud se nos encime contestó Camnes.
Mi señor ¿Y si comenzamos por la multitud?  
No lo sé dijo pensativo.  
Camnes se quedó analizando tal idea por un momento. Si iban a atacar directo al rey, estaba más que claro que perderían, los guardias vendrían a azotarlos de inmediato. Consideró la idea de su compañero como válida, sembrar miedo en los civiles para que les dejen paso ligero hacia el rey. El mismo, al notar la inquietud de sus civiles, irremediablemente tendría que enfrentarse a él. 
Si otra alternativa no viene a mi cabeza en estos momentos, haremos lo que usted sugiere. 
Le cubrimos, señor repuso otro compañero.

Larry se encontraba unos metros separado de los protestantes, pero pudo notar sus extraños gestos, observándolos detenidamente. 
A su lado, Murriel estaba embelesado admirando al rey, el respeto que le tenía era de por sí muy colosal. No prestaba ni la más mínima atención acerca de que sucedía a su alrededor. Camnes comenzó a sacar su espada sigilosamente para dar inicio a su objetivo. 
Tomó todo su valor y le hizo señas a otros de sus compañeros quienes estaban solo unos metros alejados de él. 
Comenzaron a caminar entre la muchedumbre. De a poco dejaban relucir sus poderosas espadas, destacando que la de Camnes era mucho más filosa y larga. 
Un niño gritó horrorizado pero los civiles estaban tan ocupados escuchando al rey que no le dieron importancia.
Es...espadas volvió a gritar el mismo niño. 
Murriel lo observó preocupado. Ese niño era Tom y sabía que siempre solía meterse en problemas. Sin embargo, esta vez lo percibió asustado. 
Se acercó hacia él para ver que le sucedía Tom ¿qué le sucede? preguntó en tono paternal acariciando su cabeza. 
U...un...unos hombres pasaron aquí, con espadas así de grandes dijo haciendo un gesto descriptivo con sus manos. 
¿No me está mintiendo, Tom? preguntó Murriel con sorpresa.  
No señor, eran muchos… muchos hombres confirmó el niño. 
Murriel frunció el ceño ¿Serán esos desgraciados protestantes? 
Miró hacia todos lados y no alcanzó ver a nadie, dirigió la mirada hacia el rey quien estaba dando su discurso amenamente, acompañado de sus guardias. 
¡Quédese aquí! le ordenó—. Ya regreso. 
¡Tenga mucho cuidado! le dijo el niño preocupado.
¡Murriel espere!gritó Larry. 
Shhh callaban algunos—. Déjenos escuchar el discurso del rey. 
Es una falta de respeto, jovencito agregó una señora. 
Ignorando los retos de los civiles, Larry salió disparando buscando a Murriel. El ya intuía que era lo que estaba ocurriendo. 

Camnes y sus compañeros iban exigiendo el paso para acercarse al rey. Las personas que se encontraban a su paso los miraban aterrorizados por su imagen imponente, incluyendo además, algunas amenazas de parte del líder. 
Muchos se preguntaban quienes eran. Algunos suponían que los mismos estaban aliados con el rey. Otros pocos los conocían y asentían afirmativamente.
¡Córranse de mi camino! exigía Camnes. 
¿Quién es usted? se animó a preguntar un civil.
Su futuro gobernante le contestó con una amplia sonrisa. 

Las personas comenzaban a reunirse y acumularse en otro rincón. El bullicio comenzaba a aumentar haciendo inquietar al rey. 
¿Existe algún problema que les aqueje? preguntó el Monarca a su gente— ¿Qué está sucediendo? 
No había respuesta alguna, todos estaban asustados por la llegada de los protestantes, quienes chocaban sus espadas contra el suelo causando más revuelo entre las personas.   
Camnes se iba acercando cuando muchos guardias se interpusieron en su camino. 
¿Creen ustedes que tendrán dominio sobre mi ser? preguntó burlón—. Mis hombres y yo no hemos de tener ningún inconveniente de combatir contra ustedes.  
Los guardias intentaron sacarlos rápidamente del lugar. 
¡Es un atentado! gritó un civil. 
Todos comenzaron a gritar más fuerte. El revoltijo no dejo de sonar y retumbar en los odios del rey.

Murriel estaba por enfrentarlos cuando un Larry apurado lo atrapó.
¡Murriel! ¿Qué piensa usted que está haciendo?   
¡Los protestantes! exclamó.
¿Acaso quiere que le maten?
Murriel intentaba zafarse, pero en el fondo sabía que su amigo tenía razón.

¡Apártense, caballeros! 
ordenó el rey—. Déjenme ver a los causantes de semejante escándalo. 
Los guardias hicieron caso omiso, apartándose cuidadosamente sin dejar de cubrir las espaldas al rey. 
La duquesa se encontraba complacida observando toda la situación. Una sonrisa se dibujó en sus labios al percatarse de quienes se trataban.
Camnes y el rey. Enfrentados por primera vez. Dejando relucir su filosa espada con semblante amenazante. La confinada mirada del rey, podía revelar toda la indignación que lo embargaba en ese momento, mientras la ladina mirada de Camnes intentaba penetrar llanamente en los ojos del Monarca.