Episodio XXI
Donde prosigue la
historia relatando los hechos que continuaron, luego de lo sucedido en el
episodio anterior.
Con tal resultado visto, el pueblo comenzó a aplaudir y aclamar por el Monarca quien había derrotado victoriosamente a su contrincante.
—¡Majestad, Majestad! —gritaban al unisonó
mientras el rey agradecía.
Luego, se acercó a Camnes para decirle —Lárguese de aquí, espero que
sea un buen perdedor y no retorne a mi pueblo nunca más. Usted y sus hombres no
han de ser bienvenidos —dijo firme.
Camnes sin emitir palabra alguna, cogió su espada enterrada, sintiéndose
completamente degradado. Sus hombres lo siguieron mientras toda la muchedumbre
los insultaba y abucheaban.
Por otro lado, Murriel los observaba detenidamente. En un momento, sus
ojos se cruzaron con los de Camnes. Logró descifrar algo en su mirada y eso era
un sentimiento tan puro y claro como el agua, la venganza.
—¿Acaso nuestra gente es tan
crédula para creer que esto ha acabado? —preguntó en tono alto. Larry lo miró
azorado, luego se acercó hacia el notándolo aún bastante preocupado.
—Se han ido. Ya hemos tenido suficiente, no
regresarán —dijo seguro.
—Por mi vida le digo que si lo harán —contestó sin apartar su mirada en Camnes mientras se perdía con sus hombres en
el medio del viento y el polvo.
Larry hizo un gesto de cansancio. Era sabido que Murriel seguiría
pensando en los futuros ataques, los cuales que su rey podría recibir.
—Ya no se obsesione, amigo. Mejor regresemos
a nuestras labores —lo llevó hacia donde se encontraban algunos civiles,
mujeres y niños quienes aún no salían del impacto.
Murriel estaba en lo cierto. Camnes no se dejaría
vencer tan fácilmente, esa humillación no hizo más que alimentar su rabia y su
sed de poder.
El pueblo quedó asombrado. Muchos civiles se
preguntaban a que se debió la actitud repentina del rey y el porqué de la
existencia de tales hombres quienes revolucionaron y atacaron la paz de su
amado monarca. Muchos comentaban admirando la fuerza propinada por su rey y lo
bien que este utilizaba la espada, otros se preguntaban intrigados quiénes serían
esos hombres, sobre todo el fortachón, Camnes.
Los civiles los echaron del pueblo, por
fidelidad al rey pero ¿hasta qué punto habría fidelidad de parte de los mismos?
El poder y la ambición pueden apresar a quien se deja tentar.
—¡Malditos sean! —gritó Murriel exaltado.
Larry sorprendido por la reacción de su amigo,
quien jamás lo había visto en ese trance —Ya cálmese Murriel.
—¿Es lo único que puede salir de su boca? —se acercó con indignación.
—No —negó con su cabeza—. Es lo único que
usted puede hacer. Se ha encontrado en este estado todo el condenado día, mejor
dicho todo este último tiempo desde que se enteró sobre los protestantes —bufó—. Yo y mi execrable bocata, no tendría que haberle dicho nada de saber que se
pondría de tal manera —se dio vuelta dándole la espalda a Murriel.
—Oh, mi amigo —dijo el unitario tocando el
hombro de Larry—. Lo lamento, Larry —suspiró—. Usted sabe lo sustancial que
esto es para mí. Y ambos sabemos por lo que hemos visto con nuestros propios
ojos, de lo capaces que son esos hombres. Ese desgraciado quiere fusilar al rey, estoy seguro.
—¿Fusilarlo? ¿No estará exagerando? Yo
considero que ellos desean ambicionan con derrocarlo de su poderío
gubernamental.
—¿Y le parece irrisorio acaso? —cuestionó
indignado.
—¡Por supuesto que no! Pero tampoco sopeso
que lleguen a la instancia de asesinarlo, Murriel.
—Usted percibió lo que yo si en su mirada,
Larry. Expresaba venganza, odio, afán poder.
—Yo creo que ese hombre es capaz de cualquier
cosa con tal de conseguir su cometido —dijo firme.
—¿El rey morirá? —preguntó una asustada
vocecita.
—¡Tom! —exclamaron ambos jóvenes.
—¿Qué le he dicho de escuchar a escondidas
las conversaciones de adultos? —lo regañó Larry.
—Oh, déjelo ¿No nota lo aterrado que se
encuentra el niño? —Murriel abrió sus brazos para contener a Tom.
—Lo apaña desmesuradamente —dijo Larry
cruzándose de brazos.
—¿El rey morirá? —preguntó nuevamente el
niño asustado.
—Claro que no, Tom ¿De dónde saca esas
loquillas ideas? —le sonrió cálidamente mientras acariciaba sus cabellos.
—De ustedes.
Un niño podía solamente fundar miedo, angustia y desesperación en el corazón de ambos jóvenes, quienes observando la mirada del chiquillo, podían descifrar el pánico que a este lo aquejaba sintiéndose culpable en cierto modo.
Ambos se miraron aturdidos. Eso era demasiado
para un niño. Sobre todo al saber su historia de vida. Tenía una madre que se
encargaba humildemente de criar a él sus otros dos hermanitos. No tenía un
apoyo paternal ya que su padre había muerto en una guerra hace unos años y el
niño presenció dicha muerte. Tom se encontraba muy traumado todavía, el en ese
entonces era muy pequeño, apenas tenía cuatro años cuando vivió todo lo
ocurrido con su padre.
—Tranquilo, Tom. No dejaremos que nada le pase al rey —le sonrió nuevamente Murriel—. Vamos pequeño, regálenos una bella sonrisa.
Poco a poco se le fue dibujando una sonrisa en
su dulce y angelical rostro.
—¡Así me gusta! —se contentó Murriel—. Vaya a
jugar que luego le alcanzaremos.
El niño asintió complacido y luego, se quedó
observando a Larry por unos instantes.
—¿Qué tanto me mira enano? —le preguntó
divertido.
—Es que… no creo que usted sea un adulto —al
decir eso, el niño se fue corriendo mientras se escuchaban sus risitas.
—Ha ha ha —rio fuertemente Murriel.
Larry le dirigió una mirada chispeante a su
amigo —¿Y usted de qué se burla?
Murriel hizo un gesto gracioso —Los niños son
observadores —dijo encorvando sus hombros mientras se le escapada alguna
carcajada.
Larry bufó —Ya vamos a trabajar de una vez. El
agua y los alimentos no vienen solos.
Murriel asintió divertido.
—¿Quiere que le alce? —siguió burlándose.
—Oh, ya cállese.
Mientras dejamos descansar a nuestros amigos,
proseguiremos con el siguiente episodio.
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