Donde se da comienzo
a la conferencia y el ataque de los protestantes.
La
muchedumbre se estaba acumulando en un rincón del reino, esperando la salida
del rey. Esta vez, bajaría y no la daría desde su balcón. Algo por demás
ventajoso para los protestantes.
Al
arribar en el lugar, Camnes y sus hombres escondieron sus espadas, esperando a
que el espectáculo comience, mezclándose con los civiles, camuflándose entre
ellos.
Los barones y duquesa acompañaban al rey, haciendo que todos aclamaran por su
llegada.
—¡Viva el rey! —se escuchaban los gritos.
—Muchas gracias por su adulante recibimiento —comenzó
a hablar el rey Francisco III.
Mientras el rey daba comienzo a su acostumbrado discurso, los
protestantes junto con su líder se encontraban en una parte del tumulto. Muchos
otros estaban esparcidos por otras partes.
—¿Cree usted señor que es momento de atacar? —preguntó Kumtrú a su líder.
—Seguro no estoy. Primero, hay que analizar sus movimientos,
lo último que mi ser desea es que la asquerosa multitud se nos encime —contestó Camnes.
—Mi señor ¿Y si comenzamos por la multitud?
—No lo sé —dijo pensativo.
Camnes
se quedó analizando tal idea por un momento. Si iban a atacar directo al rey,
estaba más que claro que perderían, los guardias vendrían a azotarlos de
inmediato. Consideró la idea de su compañero como válida, sembrar miedo en los
civiles para que les dejen paso ligero hacia el rey. El mismo, al notar la
inquietud de sus civiles, irremediablemente tendría que enfrentarse a él.
—Si otra alternativa no viene a mi cabeza en
estos momentos, haremos lo que usted sugiere.
—Le cubrimos, señor —repuso otro compañero.
Larry
se encontraba unos metros separado de los protestantes, pero pudo notar sus
extraños gestos, observándolos detenidamente.
A su lado, Murriel estaba embelesado admirando al rey, el
respeto que le tenía era de por sí muy colosal. No prestaba ni la más mínima
atención acerca de que sucedía a su alrededor. Camnes
comenzó a sacar su espada sigilosamente para dar inicio a su objetivo.
Tomó
todo su valor y le hizo señas a otros de sus compañeros quienes estaban solo
unos metros alejados de él.
Comenzaron
a caminar entre la muchedumbre. De a poco dejaban relucir sus poderosas
espadas, destacando que la de Camnes era mucho más filosa y larga.
Un
niño gritó horrorizado pero los civiles estaban tan ocupados escuchando al rey
que no le dieron importancia.
—Es...espadas —volvió a gritar el mismo niño.
Murriel
lo observó preocupado. Ese niño era Tom y sabía que siempre solía meterse en
problemas. Sin embargo, esta vez lo percibió asustado.
Se
acercó hacia él para ver que le sucedía —Tom ¿qué le sucede? —preguntó en
tono paternal acariciando su cabeza.
—U...un...unos hombres pasaron aquí, con espadas
así de grandes —dijo haciendo un gesto descriptivo con sus manos.
—¿No me está mintiendo, Tom? —preguntó Murriel
con sorpresa.
—No señor, eran muchos… muchos hombres —confirmó
el niño.
Murriel
frunció el ceño —¿Serán esos desgraciados protestantes?
Miró
hacia todos lados y no alcanzó ver a nadie, dirigió la mirada hacia el rey
quien estaba dando su discurso amenamente, acompañado de sus guardias.
—¡Quédese aquí! —le ordenó—. Ya regreso.
—¡Tenga mucho cuidado! —le dijo el niño
preocupado.
—¡Murriel espere!—gritó Larry.
—Shhh —callaban algunos—. Déjenos escuchar el
discurso del rey.
—Es una falta de respeto, jovencito —agregó una
señora.
Ignorando los retos de los civiles, Larry
salió disparando buscando a Murriel. El ya intuía que era lo que estaba
ocurriendo.
Camnes
y sus compañeros iban exigiendo el paso para acercarse al rey. Las personas que
se encontraban a su paso los miraban aterrorizados por su imagen imponente, incluyendo
además, algunas amenazas de parte del líder.
Muchos
se preguntaban quienes eran. Algunos suponían que los mismos estaban aliados
con el rey. Otros pocos los conocían y asentían afirmativamente.
—¡Córranse de mi camino! —exigía Camnes.
—¿Quién es usted? —se animó a preguntar un civil.
—Su futuro gobernante —le contestó con una
amplia sonrisa.
Las
personas comenzaban a reunirse y acumularse en otro rincón. El bullicio
comenzaba a aumentar haciendo inquietar al rey.
—¿Existe algún problema que les aqueje? —preguntó
el Monarca a su gente— ¿Qué está sucediendo?
No
había respuesta alguna, todos estaban asustados por la llegada de los
protestantes, quienes chocaban sus espadas contra el suelo causando más revuelo
entre las personas.
Camnes
se iba acercando cuando muchos guardias se interpusieron en su camino.
—¿Creen ustedes que tendrán dominio sobre mi ser? —preguntó burlón—. Mis hombres y yo no hemos de tener ningún inconveniente de
combatir contra ustedes.
Los
guardias intentaron sacarlos rápidamente del lugar.
—¡Es un atentado! —gritó un civil.
Todos
comenzaron a gritar más fuerte. El revoltijo no dejo de sonar y retumbar en los
odios del rey.
Murriel estaba por enfrentarlos cuando un Larry apurado lo atrapó.
—¡Murriel! ¿Qué piensa usted que está haciendo?
—¡Murriel! ¿Qué piensa usted que está haciendo?
—¡Los
protestantes! —exclamó.
—¿Acaso quiere que le maten?
Murriel intentaba zafarse, pero en el fondo sabía que su amigo tenía razón.
Murriel intentaba zafarse, pero en el fondo sabía que su amigo tenía razón.
—¡Apártense, caballeros! —ordenó el rey—. Déjenme ver a los causantes de semejante escándalo. Los guardias hicieron caso omiso, apartándose cuidadosamente sin dejar de cubrir las espaldas al rey.
La duquesa se encontraba complacida observando toda la situación. Una sonrisa se
dibujó en sus labios al percatarse de quienes se trataban.
Camnes
y el rey. Enfrentados por primera vez. Dejando relucir su filosa espada con
semblante amenazante. La confinada mirada del rey, podía revelar toda la indignación que lo
embargaba en ese momento, mientras la ladina mirada de Camnes intentaba
penetrar llanamente en los ojos del Monarca.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario