jueves, 7 de mayo de 2015

Episodio XIX

Episodio XIX
Donde se da comienzo a la conferencia y el ataque de los protestantes.

La muchedumbre se estaba acumulando en un rincón del reino, esperando la salida del rey. Esta vez, bajaría y no la daría desde su balcón. Algo por demás ventajoso para los protestantes. 
Al arribar en el lugar, Camnes y sus hombres escondieron sus espadas, esperando a que el espectáculo comience, mezclándose con los civiles, camuflándose entre ellos. 
Los barones y duquesa acompañaban al rey, haciendo que todos aclamaran por su llegada.  

¡Viva el rey! se escuchaban los gritos.
Muchas gracias por su adulante recibimiento comenzó a hablar el rey Francisco III. 

Mientras el rey daba comienzo a su acostumbrado discurso, los protestantes junto con su líder se encontraban en una parte del tumulto. Muchos otros estaban esparcidos por otras partes.
¿Cree usted señor que es momento de atacar? preguntó Kumtrú a su líder. 
Seguro no estoy. Primero, hay que analizar sus movimientos, lo último que mi ser desea es que la asquerosa multitud se nos encime contestó Camnes.
Mi señor ¿Y si comenzamos por la multitud?  
No lo sé dijo pensativo.  
Camnes se quedó analizando tal idea por un momento. Si iban a atacar directo al rey, estaba más que claro que perderían, los guardias vendrían a azotarlos de inmediato. Consideró la idea de su compañero como válida, sembrar miedo en los civiles para que les dejen paso ligero hacia el rey. El mismo, al notar la inquietud de sus civiles, irremediablemente tendría que enfrentarse a él. 
Si otra alternativa no viene a mi cabeza en estos momentos, haremos lo que usted sugiere. 
Le cubrimos, señor repuso otro compañero.

Larry se encontraba unos metros separado de los protestantes, pero pudo notar sus extraños gestos, observándolos detenidamente. 
A su lado, Murriel estaba embelesado admirando al rey, el respeto que le tenía era de por sí muy colosal. No prestaba ni la más mínima atención acerca de que sucedía a su alrededor. Camnes comenzó a sacar su espada sigilosamente para dar inicio a su objetivo. 
Tomó todo su valor y le hizo señas a otros de sus compañeros quienes estaban solo unos metros alejados de él. 
Comenzaron a caminar entre la muchedumbre. De a poco dejaban relucir sus poderosas espadas, destacando que la de Camnes era mucho más filosa y larga. 
Un niño gritó horrorizado pero los civiles estaban tan ocupados escuchando al rey que no le dieron importancia.
Es...espadas volvió a gritar el mismo niño. 
Murriel lo observó preocupado. Ese niño era Tom y sabía que siempre solía meterse en problemas. Sin embargo, esta vez lo percibió asustado. 
Se acercó hacia él para ver que le sucedía Tom ¿qué le sucede? preguntó en tono paternal acariciando su cabeza. 
U...un...unos hombres pasaron aquí, con espadas así de grandes dijo haciendo un gesto descriptivo con sus manos. 
¿No me está mintiendo, Tom? preguntó Murriel con sorpresa.  
No señor, eran muchos… muchos hombres confirmó el niño. 
Murriel frunció el ceño ¿Serán esos desgraciados protestantes? 
Miró hacia todos lados y no alcanzó ver a nadie, dirigió la mirada hacia el rey quien estaba dando su discurso amenamente, acompañado de sus guardias. 
¡Quédese aquí! le ordenó—. Ya regreso. 
¡Tenga mucho cuidado! le dijo el niño preocupado.
¡Murriel espere!gritó Larry. 
Shhh callaban algunos—. Déjenos escuchar el discurso del rey. 
Es una falta de respeto, jovencito agregó una señora. 
Ignorando los retos de los civiles, Larry salió disparando buscando a Murriel. El ya intuía que era lo que estaba ocurriendo. 

Camnes y sus compañeros iban exigiendo el paso para acercarse al rey. Las personas que se encontraban a su paso los miraban aterrorizados por su imagen imponente, incluyendo además, algunas amenazas de parte del líder. 
Muchos se preguntaban quienes eran. Algunos suponían que los mismos estaban aliados con el rey. Otros pocos los conocían y asentían afirmativamente.
¡Córranse de mi camino! exigía Camnes. 
¿Quién es usted? se animó a preguntar un civil.
Su futuro gobernante le contestó con una amplia sonrisa. 

Las personas comenzaban a reunirse y acumularse en otro rincón. El bullicio comenzaba a aumentar haciendo inquietar al rey. 
¿Existe algún problema que les aqueje? preguntó el Monarca a su gente— ¿Qué está sucediendo? 
No había respuesta alguna, todos estaban asustados por la llegada de los protestantes, quienes chocaban sus espadas contra el suelo causando más revuelo entre las personas.   
Camnes se iba acercando cuando muchos guardias se interpusieron en su camino. 
¿Creen ustedes que tendrán dominio sobre mi ser? preguntó burlón—. Mis hombres y yo no hemos de tener ningún inconveniente de combatir contra ustedes.  
Los guardias intentaron sacarlos rápidamente del lugar. 
¡Es un atentado! gritó un civil. 
Todos comenzaron a gritar más fuerte. El revoltijo no dejo de sonar y retumbar en los odios del rey.

Murriel estaba por enfrentarlos cuando un Larry apurado lo atrapó.
¡Murriel! ¿Qué piensa usted que está haciendo?   
¡Los protestantes! exclamó.
¿Acaso quiere que le maten?
Murriel intentaba zafarse, pero en el fondo sabía que su amigo tenía razón.

¡Apártense, caballeros! 
ordenó el rey—. Déjenme ver a los causantes de semejante escándalo. 
Los guardias hicieron caso omiso, apartándose cuidadosamente sin dejar de cubrir las espaldas al rey. 
La duquesa se encontraba complacida observando toda la situación. Una sonrisa se dibujó en sus labios al percatarse de quienes se trataban.
Camnes y el rey. Enfrentados por primera vez. Dejando relucir su filosa espada con semblante amenazante. La confinada mirada del rey, podía revelar toda la indignación que lo embargaba en ese momento, mientras la ladina mirada de Camnes intentaba penetrar llanamente en los ojos del Monarca.

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