miércoles, 13 de mayo de 2015

Episodio XX

Episodio XX
Donde se da comienzo al enfrentamiento.

Regresando a lo relatado con anterioridad, el líder de Non Regnum había desafiado con su mirada al rey.
Los civiles, se hacían más a un lado por petición de los guardias. No era la primera vez que el reino enfrentaba este tipo de contrariedades. Murriel quedó impávido al sentir que un peligro podría estar cerca de su rey y su pueblo. Quiso intervenir, pero Larry lo detuvo negando con su cabeza y regresando a su amigo con el sin poder evitar lo que iría a ocurrir.

¿Quién es usted? 
preguntó seriamente Francisco.
Camnes sonrió nuevamente sin decir una sola palabra.
¿Cómo se atreve a interrumpir mi discurso? ¿Cómo se atreve a entrar así a mi reino y asediar a mi pueblo?  
Camnes se acercó nuevamente hacia el su Majestad hizo una reverencia sarcástica—. Este agravio recién comienza volvió a sonreír—. Y a un duelo le reto ofreció tajante.
Dos guardias comenzaron a sacar su espada para luchar contra el protestante.
¡Deténganse! Yo seré quien luchará contra este individuo ordenó nuevamente el rey—. Aceptaré su duelo.
Tomó la espada de uno de sus guardias para esperar la invectiva.
Si es que su fuerza le ha de permitir enfrentarme y conservar su posición.
¿Qué quiere decir con eso, joven? interrogó mientras ambos caminaban enfrentados.
¡Qué no me detendré hasta desterrarlo de su Maldito Reino! gritó él mientras chocaba la espada contra la del rey dando comienzo a una nueva batalla.
¿Algún acuerdo hará usted? cuestionó el rey mientras presionaba su espada contra la del protestante.
Si gano comenzó sin vueltas—. Con su trono me quedaré y como no he de ser tan hombre de mal, permitiré que usted escape del reino para no ser fusilado por mis hombres y darle la oportunidad de vivir.
Si el triunfo yo concibo habló el rey—. Usted desaparecerá de Castilla y no le volveremos a ver ni a usted ni a sus hombres.
Muy digno de su Majestad sonrió sarcástico—. Pero no puedo prometerle eso.
¿Y qué quiere entonces? Bien sabe que podría matarle en estos momentos
Los ojos del rey brillaban con un dejo de temor, pero el coraje que sentía por defender a su pueblo, lo opacaba.
¡Luchar! gritó mientras lograba hacerlo retroceder unos pasos al Monarca.

Los civiles miraban impresionados. Nunca habían visto al rey en tal posición.
Murriel estaba abstraído ante la situación, jamás pensó que su embestida sucedería tan rápido. El rey estaba preparando todo su poder interno y su gran habilidad con la espada. Largó un gran suspiro al recordar que había estado practicando mucho en los últimos días. Aprendió una nueva técnica, la cual consistía usarla como medida de defensa y ofensiva en el mismo movimiento.
Camnes se sentía lo suficientemente listo para contra atacarlo, sus movimientos eran rápidos, concisos y fluidos. El cambio de balance y la mecánica efectiva de la espada y su cuerpo lograban ocasionar una impresión en el rey, pero este no aparentaba dejarse ganar tan fácilmente.
El objetivo de Francisco III era derrotarlo frente a la multitud para que se el protestante se sienta deshonrado. Matarlo, era un designio que estaba muy alejado del corazón de nuestro rey. El nunca fue partidario en arreglar los asuntos de esa manera tan violenta y mucho menos los asuntos políticos a pesar de haberlo amenazado. Solo quería que ese espectáculo finalizara rápidamente.

Camnes rodeaba al rey haciendo un brusco movimiento derecho hacia su cuerpo, más directamente hacia su estómago, el rey lo impidió enfrentando su espada con la del fortachón acompañado por el movimiento de su cuerpo, ayudándolo así a encerrarlo entre ambas espadas y sí mismo.
Camnes consideraba la fuerza del rey increíble e impresionante fastidiándolo aún más.
Su espada la tenía demasiado pegada a la suya, sin poder siquiera empujarlo hacia atrás y escaparse de su ataque. Tal posición la mantuvieron por un prolongado tiempo mientras ambos se miraban fijamente. El pueblo estaba asombrado observando la escena detenidamente.

¿Qué quiere usted de mi pueblo? 
preguntó con rabia el rey.
Ya le he dicho, su Majestad. Mi objetivo es límpido sólo contestó Camnes haciendo aún más fuerza mientras reculaba.
Ni se atreva a que esa desequilibrada idea pase siquiera por su juicio le advirtió el rey.
Camnes sonrió triunfante al notar miedo en los ojos del rey. 
Es muy fácil sembrar turbación en sus entrañas, Majestad.
Sorpresivamente, Camnes apartó su espada de la del rey y se echó unos pasos hacia atrás, colocando su pieza horizontalmente detrás de su hombro, lanzando repentinamente su brazo hacia adelante como si de un proyectil se tratara, mientras se acercaba en espiral hacia el rey. Este mismo esquivó el movimiento, ya que podría haber sido crucial traduciéndose en la velocidad en la que Camnes lo había hecho.
El rey cayó al suelo, logrando que el líder de Non Regnum se acercara aún más chocando nuevamente su espada con la de él, sin tener demasiado éxito.
El rey fue levantándose lentamente sin apartar su fija mirada en Camnes.
¿Cuánta fuerza tiene Judensau2le preguntó Camnes malévolamente.
Mucho más de la que pueda usted siquiera calcular le contestó apartándose nuevamente de él y su espada—. Maldito anti devoto.

Ambos estaban un poco cansados y la muchedumbre no dejaba de gritar y aclamar por el rey. Nadie podía entrometerse en el combate, aunque Murriel se encontraba muy preocupado por su salud. Ambos jóvenes, observan de un rincón. Larry alentaba la pelea, aunque Murriel seguía manteniendo su típica preocupación que a su amigo, en parte, le parecía hasta absurda.
Relájese Murriel sugirió. 
¿Cómo? ¿No ve acaso que han aparecido sin estar nosotros precavidos? ¿Qué han venido a atacar sin que tengamos la mínima idea de que eso sucediera? contestó aún más preocupado.
No es la primera vez que el rey ha combatido. Además es un experto de la espada. 
Lo sé. Pero no es la manera que él tenga que enfrentar a los protestantes. Además el quizás... podría...
¡Termine con esos pensamientos, Murriel! nadie dejaría que eso suceda lo retó Larry.
Esas cosas suceden imprevisiblemente, Larry contestó con dejo de tristeza.
¡Se comporta como su madre! sonrió—. El hombre sabe defenderse y nunca he visto a alguien utilizar la espada de la manera en la que él lo hace dijo con admiración.
Murriel se limitó a contestar, no deseaba continuar con esa disputa. Su pensamiento se desvió hacia los civiles, quienes habían pasado de preocupación y pánico a ser un público obstinado donde querían ser parte de ese espectáculo.
Unos cuantos estaban todavía asustados, pero los más arriesgados estaban cerca alentando el combate.

En una lucha real de espada, mantener el espíritu de la realidad de un combate, es un método importante para desarrollar la fuerza mental 
le dijo el rey sonriendo mientras caminaba enfrentado.
Deje de decir sandeces, viejo decrépito. 
Camnes tomó su espada con ambas manos haciendo un movimiento hacia arriba con sus brazos, chocándola una vez más contra la espada del rey, su posición era contrariada, ya que la pulgada última de la punta de la espada, era la que podría determinar la victoria de la lucha.
El rey, con un simple movimiento tocó de manera precisa pero leve la espada de su contrincante, consiguiendo desplazarla en el aire.
¡¿Qué diablos?! gritó sorprendido Camnes mientras su espada volaba por los aires para caer luego clavada en la arena.
Su ataque directo sólo afectó sus movimientos, los cuales le imposibilitaron para continuar con su embestida. Salte hacia atrás, no debe ser tan confiado una sonrisa triunfante se dibujó en los labios del rey.
Camnes quedó totalmente sorprendido sin poder emitir palabra alguna, observando obstinadamente al pueblo de Castilla. Su malestar aumentó al percatarse de haber perdido el combate, pero de lo que estaba completamente seguro, era que su venganza, costaría más de lo que cualquier ser humano pudiera evocar. Acompañando en parte la gran frustración de Camnes, nos retiramos con esta aliviada pero turbada imagen.

2 – Palabra utilizada en la edad media para insultar a los extranjeros o judíos, la cual, se sigue utilizando en la actualidad.

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