Episodio XX
Donde se da comienzo
al enfrentamiento.
Regresando a lo relatado con anterioridad, el líder de Non Regnum había desafiado con su mirada al rey. Los civiles, se hacían más a un lado por petición de los guardias. No era la primera vez que el reino enfrentaba este tipo de contrariedades. Murriel quedó impávido al sentir que un peligro podría estar cerca de su rey y su pueblo. Quiso intervenir, pero Larry lo detuvo negando con su cabeza y regresando a su amigo con el sin poder evitar lo que iría a ocurrir.
—¿Quién es usted? —preguntó seriamente Francisco.
Camnes sonrió
nuevamente sin decir una sola palabra.
—¿Cómo se atreve a interrumpir mi discurso? ¿Cómo se
atreve a entrar así a mi reino y asediar a mi pueblo?
Camnes se acercó
nuevamente hacia el —su Majestad —hizo una reverencia sarcástica—. Este
agravio recién comienza —volvió a sonreír—. Y a un duelo le reto —ofreció
tajante.
Dos guardias
comenzaron a sacar su espada para luchar contra el protestante.
—¡Deténganse! Yo seré quien luchará contra este individuo —ordenó nuevamente el rey—. Aceptaré su duelo.
Tomó la espada de
uno de sus guardias para esperar la invectiva.
—Si es que su fuerza le ha de permitir
enfrentarme y conservar su posición.
—¿Qué quiere decir con eso, joven? —interrogó mientras
ambos caminaban enfrentados.
—¡Qué no me detendré hasta desterrarlo de su Maldito Reino! —gritó él mientras chocaba la espada contra la del rey dando comienzo a una
nueva batalla.
—¿Algún acuerdo hará usted? —cuestionó el rey mientras presionaba su espada contra la del protestante.
—Si gano —comenzó sin vueltas—. Con su
trono me quedaré y como no he de ser tan hombre de mal, permitiré que usted
escape del reino para no ser fusilado por mis hombres y darle la oportunidad de
vivir.
—Si el triunfo yo concibo —habló el rey—. Usted desaparecerá de Castilla y no le volveremos a ver ni a usted ni a sus
hombres.
—Muy digno de su Majestad —sonrió
sarcástico—. Pero no puedo prometerle eso.
—¿Y qué quiere entonces? Bien sabe que
podría matarle en estos momentos
Los ojos del rey brillaban con un dejo de temor, pero el coraje que sentía por defender a su pueblo, lo opacaba.
Los ojos del rey brillaban con un dejo de temor, pero el coraje que sentía por defender a su pueblo, lo opacaba.
—¡Luchar! —gritó mientras lograba hacerlo
retroceder unos pasos al Monarca.
Los civiles miraban impresionados. Nunca habían visto al rey en tal posición.
Murriel estaba
abstraído ante la situación, jamás pensó que su embestida sucedería tan rápido. El rey estaba preparando todo su poder interno y su gran habilidad con
la espada. Largó un gran suspiro al recordar que había estado practicando mucho
en los últimos días. Aprendió una nueva técnica, la cual consistía usarla como
medida de defensa y ofensiva en el mismo movimiento.
Camnes se sentía
lo suficientemente listo para contra atacarlo, sus movimientos eran rápidos,
concisos y fluidos. El cambio de balance y la mecánica efectiva de la espada y
su cuerpo lograban ocasionar una impresión en el rey, pero este no aparentaba
dejarse ganar tan fácilmente.
El objetivo de
Francisco III era derrotarlo frente a la multitud para que se el protestante se
sienta deshonrado. Matarlo, era un designio que estaba muy alejado del corazón
de nuestro rey. El nunca fue partidario en arreglar los asuntos de esa manera
tan violenta y mucho menos los asuntos políticos a pesar de haberlo amenazado.
Solo quería que ese espectáculo finalizara rápidamente.
Camnes rodeaba al rey haciendo un brusco movimiento derecho hacia su cuerpo, más directamente hacia su estómago, el rey lo impidió enfrentando su espada con la del fortachón acompañado por el movimiento de su cuerpo, ayudándolo así a encerrarlo entre ambas espadas y sí mismo.
Camnes consideraba la fuerza del rey increíble e impresionante fastidiándolo
aún más.
Su espada la tenía demasiado pegada a la suya, sin poder siquiera
empujarlo hacia atrás y escaparse de su ataque. Tal posición la mantuvieron por
un prolongado tiempo mientras ambos se miraban fijamente. El pueblo estaba
asombrado observando la escena detenidamente.
—¿Qué quiere usted de mi pueblo? —preguntó con rabia el rey.
—Ya le he dicho, su Majestad. Mi objetivo es
límpido —sólo contestó Camnes haciendo aún más fuerza mientras reculaba.
—Ni se atreva a que esa desequilibrada idea
pase siquiera por su juicio —le advirtió el rey.
Camnes sonrió triunfante al notar miedo en los ojos del rey.
—Es muy fácil sembrar turbación en sus
entrañas, Majestad.
Sorpresivamente, Camnes apartó su espada de la del rey y se echó unos
pasos hacia atrás, colocando su pieza horizontalmente detrás de su hombro,
lanzando repentinamente su brazo hacia adelante como si de un proyectil se
tratara, mientras se acercaba en espiral hacia el rey. Este mismo esquivó el
movimiento, ya que podría haber sido crucial traduciéndose en la velocidad en
la que Camnes lo había hecho.
El rey cayó al suelo, logrando que el líder de Non Regnum se acercara
aún más chocando nuevamente su espada con la de él, sin tener demasiado éxito.
El rey fue levantándose lentamente sin apartar su fija mirada en Camnes.
—¿Cuánta fuerza tiene Judensau2? —le preguntó Camnes malévolamente.
—Mucho más de la que pueda usted siquiera
calcular —le contestó apartándose nuevamente de él y su espada—. Maldito anti
devoto.
Ambos estaban un poco cansados y la muchedumbre no dejaba de gritar y
aclamar por el rey. Nadie podía entrometerse en el combate, aunque Murriel se
encontraba muy preocupado por su salud. Ambos jóvenes, observan de un rincón.
Larry alentaba la pelea, aunque Murriel seguía manteniendo su típica
preocupación que a su amigo, en parte, le parecía hasta absurda.
—Relájese Murriel —sugirió.
—¿Cómo? ¿No ve acaso que han aparecido sin
estar nosotros precavidos? ¿Qué han venido a atacar sin que tengamos la mínima
idea de que eso sucediera? —contestó aún más preocupado.
—No es la primera vez que el rey ha
combatido. Además es un experto de la espada.
—Lo sé. Pero no es la
manera que él tenga que enfrentar a los protestantes. Además el quizás... podría...
—¡Termine
con esos pensamientos, Murriel! nadie dejaría que eso suceda —lo retó Larry.
—Esas cosas
suceden imprevisiblemente, Larry —contestó con dejo de tristeza.
—¡Se
comporta como su madre! —sonrió—. El hombre sabe defenderse y nunca he visto a
alguien utilizar la espada de la manera en la que él lo hace —dijo con
admiración.
Murriel se limitó
a contestar, no deseaba continuar con esa disputa. Su pensamiento se desvió
hacia los civiles, quienes habían pasado de preocupación y pánico a ser un
público obstinado donde querían ser parte de ese espectáculo.
Unos cuantos
estaban todavía asustados, pero los más arriesgados estaban cerca alentando el
combate.
—En una lucha real de espada, mantener el espíritu de la realidad de un combate, es un método importante para desarrollar la fuerza mental —le dijo el rey sonriendo mientras caminaba enfrentado.
—Deje de decir sandeces, viejo decrépito.
Camnes tomó su espada con ambas manos haciendo un movimiento hacia
arriba con sus brazos, chocándola una vez más contra la espada del rey, su
posición era contrariada, ya que la pulgada última de la punta de la espada,
era la que podría determinar la victoria de la lucha.
El rey, con un simple movimiento tocó de manera precisa pero leve la
espada de su contrincante, consiguiendo desplazarla en el aire.
—¡¿Qué diablos?! —gritó
sorprendido Camnes mientras su espada volaba por los aires para caer luego clavada
en la arena.
—Su ataque directo sólo afectó sus
movimientos, los cuales le imposibilitaron para continuar con su embestida.
Salte hacia atrás, no debe ser tan confiado —una sonrisa triunfante se dibujó en los labios del rey.
Camnes quedó totalmente sorprendido sin poder emitir palabra alguna,
observando obstinadamente al pueblo de Castilla. Su malestar aumentó al
percatarse de haber perdido el combate, pero de lo que estaba completamente
seguro, era que su venganza, costaría más de lo que cualquier ser humano
pudiera evocar. Acompañando en parte la gran frustración de Camnes, nos
retiramos con esta aliviada pero turbada imagen.
2 – Palabra
utilizada en la edad media para insultar a los extranjeros o judíos, la cual,
se sigue utilizando en la actualidad.
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