viernes, 23 de octubre de 2015

Episodio XLIX

Episodio XLIX
Donde el implacable deseo de Camnes de asesinar a nuestro rey se intensifica. Agregando sucesos ocurridos dentro del castillo.
  
Los destrozos continuaban haciéndose presentes dentro del castillo. La cantidad de guardias y defensores del mismo, habían disminuido inesperadamente. Non Regnum era el autor de toda aquella catástrofe. La duquesa seguía conmocionada; era la primera vez en su vida que veía tanta sangre derramada. Las estructuras del castillo estaban deterioradas, la muerte era la protagonista del ambiente.
El fortachón, con unas pocas marcas y moretones en su rostro por las peleas que había tenido, se acercó nuevamente hacia la duquesa, quien lo observaba inquisitivamente.
¡Alteza! exclamó el líder agitado.
Señor, le he de ver muy vibrante dijo la mujer.
No me han de interesar sus patosos comentarios en este momento dijo el hombre con tono descentrado ¿Dónde se encuentra su patético rey? preguntó sin vueltas.
Le diré, pero sólo si me permite que le acompañe.
Nada de eso, mujer. De esto he de encargarme yo – Se negó Camnes.
Pero señor, sin mi usted no hubiera llegado hasta aquí. Usted debe de permitirme estar presente en este asunto.
Camnes tomó fuertemente por el brazo a la duquesa aumentando su impaciencia.
Lo último que deseo es que una mujer tan inservible como usted participe de este asunto y menos toleraré que bregue con sus reproches.
¡Maldito sea, usted! gritó Sequetina. El agarre de Camnes aumento su intensidad, provocándole aun más dolor ¡Suelte!
Si eso quiere, déjeme vivir mi momento en quietud dijo con una mirada pérfida, la cual hizo estremecer a la mujer.
Sequetina con temor, señaló el lugar donde se encontraba el Rey Francisco, la habitación LX. Camnes siguió con la mirada el dedo de la mujer para luego posar otra malévola sonrisa.
Sequetina lo detuvo agarrando su brazo Camnes habló bajo—. Sólo espero que los planes salgan como lo hemos acordado y cumpla con su promesa. 
El se soltó bruscamente de su agarre y, sin decir nada, subió las escaleras salteando algunas de las mismas.

Los guardias continuaban haciendo lo posible para defender su castillo, su pueblo y sobre todo, a su rey. Muchos continuaban luchando, haciendo su último sacrificio, sin rendirse por más que el dolor les consumiera hasta sus entrañas. Su resistencia era tan persistente, que alborotaba la actitud de algunos hombres enemigos.
No derrotarán nuestro ímpetu dijo un guardia.
¿Acaso cree usted que siquiera nos causa un mínimo temor?
El guardia quedó mirándolo de manera violenta.
No he creído que este castillo poseyera guardias tan flojos se burló uno de los hombres de Non Regnum.
Eso sólo lo cree usted sonrió el guardia. Mostró su filosa espada con intenciones de terminar con la vida de su oponente.
El adversario abrió sus ojos demostrando un particular asombro, mirando fijo al guardia. Este último sentía tener el total dominio de la situación.
Levanto su espada con toda su fuerza conferida, con el empeño de ser su ataque final hacia su contrincante.
Un filo valeroso le atravesó el cuerpo dejando pasmada a la víctima segundos antes de confinar su vida. El guardia miró con aturdimiento al hombre de Non Regnum, para luego trasladar su mirada hacia su cuerpo. La espada atravesada salió del hombre, quien luego cayó tullido al suelo. La sangre se hizo ver diseminada alrededor del cuerpo del guardia.
¡Señor Luife! exclamó su compañero sorprendido.
Luife sólo sonrió de medio lado La confianza ciega, prevalece entre los mediocres dijo mirando al reciente fallecido para luego continuar con la su ardua lucha.

El rey se estaba frotando débilmente su pecho, era un dolor intenso que no lo dejaba en paz. Su cara palidecía en cada segundo que pasaba. Cada vez que intentaba levantarse, una ráfaga de dolor lo aquejaba impidiendo que lo haga. Sus extremidades a veces no le respondían, jamás en todo su mandato se había sentido de tal forma. No podía siquiera ayudar, se sentía un completo inútil. Sólo se llenaba de esperanza el saber que Murriel lo estaba reemplazando de alguna manera. 
Su rostro palideció aún más al recordar esa mirada penetrante de Sequetina. Ni siquiera lo ayudó. Pareciera que al venir ese temblor ella había cambiado radicalmente, su confusión no lo dejo analizar más allá respecto a la actitud de la joven y bella duquesa.
Con todo el esfuerzo que su cuerpo le permitía adjudicar, consiguió pararse delicadamente. Su mano seguía apoyada en su pecho, como si su vida dependiera de ello, como si con eso pudiera calmar el dolor que no cesaba.
Al caminar unos pasos hacia la puerta, el ruido de un acero chocando contra las paredes le hizo alzar su mirada, encontrándose con otra no muy agradable.
La espada de Camnes estaba horizontalmente apoyada en las paredes de la puerta. El fortachón le dedico una sutil pero sarcástica sonrisa que hizo estremecer al rey. Al notar esto, Camnes levantó sus cejas sin desaparecer su sonrisa, disfrutando del momento pródigamente. 
El rey, no tenía posibilidad alguna de rehuir de su acecho. Camnes lo notaba perdido. Su satisfacción era insuperable.

Interrumpimos este tan esperado encuentro, poniendo fin al vigente episodio. Dejando a ambos hombres divagar entre sus pensamientos, para luego volver con más espíritu que lo esperado.

jueves, 22 de octubre de 2015

Episodio XLVIII

Episodio XLVIII
Donde Murriel va en búsqueda de la bruja para evitar la catástrofe. Incluyendo además, el estado de los habitantes de Castilla.

Murriel asistió a varios civiles que necesitaban ayuda, pero aun así estaba colapsado. En varios segundos alternados, recordaba el misterioso poder que yacía de sí, intentando comprender de dónde podría ser su origen.
¡Murriel, Murriel! le gritó Larry acercándose a él, sintiéndose adolorido.
¡Larry, al fin lo encuentro, amigo!  
No hemos de poder más, Murriel. Usted ha tenido razón en todo este tiempo y mi loca mente no ha querido entenderlo. Esos miserables protestantes han venido, ellos han ocasionado todo este desastre. Quiero pedirle mis disculpas, amigo, por ser tan confiado y no hacerle caso cuando así usted, nuestro unitario lo ha advertido - Dijo casi desmayándose.
¡Larry! exclamó preocupado ¿Qué es lo que dice usted? preguntó sosteniéndolo con sus brazos.
Creo que no he de sentirme muy bien, Murriel.
Tranquilo, yo le ayudaré le dijo llevándolo hacia un lugar donde se encontraban más personas con unos curanderos quienes los atendían.
Déjelo por aquí le indicó uno a Murriel.
Larry, necesito que me escuche. Tengo algo inexplicable, no comprendo que sucede conmigo.
¿A qué se refiere con eso? preguntó Larry con dificultad.
Amigo, creo tener unos poderes particulares… unos poderes que yacen en mí ser.
Larry rio con esfuerzo Hasta en el estado en el que estoy usted puede hacer gracia conmigo.
Le hablo enserio, Larry, cuando la intensidad de mis sentimientos crece, un aura sale de mi ser y no puedo controlarla.
¿Por qué ha de ser tan loco?
¿Acaso sigue sin creerme?
Es complicado, amigo. El ser unitario pudo haberle relamido algo su cabeza.
Se lo extraño que suena, pero es una realidad. Sin embargo, creo que carece de importancia si comparo todo lo que sucede aquí.
No, Murriel, lo que ha de sucederle siempre es importante refutó Larry.
Pero mire su estado, mire el estado de todos aquí contestó Murriel con inquietud.
Le entiendo, sólo procure de no hechizarnos con sus poderes rio Larry—. No me mire así, se lo poco propicio que son mis comentarios, pero si poco he de vivir prefiero hacerlo con chanzas.
Murriel le sonrió y abrazó nuevamente con intensidad – No ha de morirse usted, señor, salvaremos Castilla. Si con estos poderes pudiera curarles, créame que lo haría en estos momentos, pero lo único que puedo hacer yo ahora, es auxiliaros y encontrar un solvento.
Murriel, escuche pidió Larry—. Debo decirle lo que ha pasado aquí, y sobre los causantes de esta catástrofe.
Toda información que pueda brindarme será de utilidad.
Los protestantes han causado todo este revuelvo, ellos lo han producido disparó Larry con desasosiego.
¿Cómo puede afirmar eso? ¿Al temblor se refiere usted?
Larry asintió.
Pero eso ha sido producto de un desastre natural que puede acarrearnos en otras épocas.
Fueron los protestantes insistió el—. Me han contado sobre la existencia de una bruja, se ha escuchado de ella hace un tiempo, quien ha causado algo semejante en un pasado. Ella se ha unido a los protestantes y provocó esta especie de temblor, facilitando el paso a esos desgraciados para que pudieran atacar al Castillo lo tomó de las manos—. Murriel, hay que impedir esto, debe buscarla, tiene que hacer que frene esta locura.  
Me cuestan ahora comprender sus relatos, Larry.
Entiendo que le cueste creer esto que le digo, pero puedo confirmarle aquí mismo que es cierto. Si no es así, esperaré a que un rayo caiga encima de mí le contestó Larry con una sonrisa de medio lado.
Si le creo, Larry. Me cuesta creer que los protestantes hayan tenido que ver con todo el asunto de las magias. El rey está en peligro, me ha suplicado que auxilie a su pueblo y eso he de hacer. ¿Usted me confirma que la única manera de parar esto es encontrar a la bruja que me ha nombrado?
Así es, Murriel. Vaya a buscarle y ruéguele por nuestro pueblo.
Los salvaré amigo, iré a frenar toda esta catástrofe dijo mirando a Larry y al resto de los civiles.
Gracias, amigo mío lo abrazó como pudo—. Yo siempre he sabido que usted tiene una fortaleza y energía que sobre pasa todos nuestros límites.
No debe exagerar. Yo sólo he de ayudar de la forma que pueda hacerlo – Le sonrióEs admirado Murriel, en estos momentos de contingencia muchos le agradecerán.
Sólo quiero salvarles, no ha de interesarme que me admiren, con su cariño ha de bastarme.
No quiero retenerle más.
Volveré lo más rápido que pueda y trate de recuperarse amigo, que han de necesitarlo.
Dicho lo último, nuestro joven y valiente héroe aviso a los civiles que se encontraban alrededor para calmarlos y avisarles que encontraría una pronta resolución a todo este disgusto. Se dirigió rápidamente a buscar información respecto al paradero de la bruja.

Murriel sentía su cuerpo demasiado pesado, el desastre que presenciaba a su alrededor era mucho para lo que su cerebro le permitía procesar.
Niños gritando, madres desesperadas, hombres sangrando, gente ayudándose como único escape frente a ese terrible incidente. Intentaba indagar, consultándole a algunas personas si sabrían donde el podría encontrar a la bruja. Algunos lo miraban extraño negándose a contestar, otros no lo escuchaban concentrados en sus cavilaciones y problemas, y otros tantos sólo le aclamaban ayuda. Se vio interrumpido por varios de esos acontecimientos, tuvo que auxiliar a mucha gente ya que su trabajo como unitario era prioritario. Sin embargo, él sabía que encontrar a la bruja, era otra manera de ayudarlos y cumplir con su labor. Luego de seguir con su búsqueda durante largo tiempo, no pudo obtener una información exacta sobre el paradero de la bruja lo que provocó que el unitario caiga en la desesperación. El caos no paraba y necesitaba encontrar a aquella autora de tal calamidad.
¡Usted! llamó con tono entusiasta a un hombre solitario que a pesar de todo lo ocurrido, su semblante sólo expresaba tranquilidad.
El hombre giró al verlo en tan pocos metros de distancia.
Disculpe, señor le habló Murriel con esperanza en sus ojos. 
¿En qué puedo servirle, unitario? preguntó el hombre con serenidad. 
Se que este no es un momento grato para charlar se excusó—. El reino ha de caerse a pedazos y me han comentado sobre el culpable que originó todo este disturbio – Explicó agitado. 
El hombre lo observó con vehemencia.
Una bruja... dijo no tan seguro ¿Usted podría decirme si le conoce?
El hombre desvió su mirada hacia el lejos horizonte.
No, señor sólo le contestó.
Comprendo, estoy comenzando a creer que tal bruja no ha de existir dijo con decepción—. Si está usted herido puede ir a tratarse con los curanderos le señaló el lugar—. Seguiré indagando. Muchas gracias por escucharme, señor dijo apresuradamente cuando intentaba retirarse.
¡Espere, joven! lo llamó el hombre.
Murriel se dio vuelta rápidamente.
Sólo le he dicho que no le conozco, pero nunca he dicho que no sé nada sobre ella. 
El joven se sorprendió ante lo dicho Dígame suplicó—. Necesito encontrarla imperiosamente.
He escuchado historias sobre ella y el gran poder que posee.
¿Sabe usted algo de su paradero? preguntó ansioso.
Me han comentado que vive en una cabaña en las afueras del pueblo, incluso cerca de donde se suponía que han de vivir los protestantes. Es una mujer vanidosa y le han desterrado de este pueblo por causar un gran revuelo hace un tiempo. ¿Por qué necesita usted hallarle?
Ella ha causado todo esto, señor.
He de saber que dicho revuelo ha sido algo parecido a esta misma catástrofe. Nunca he creído esas historias, pero si usted dice que ella lo ha causado, ahora puedo entender el relato.  
Señor, me ha sido grato su charla, pero he de necesitar ir a encontrar a la desgraciada que ocasionó esto – Dijo Murriel en tono desesperado abriendo ampliamente sus brazos.
Le entiendo, joven. Le diré como creo yo que puede usted llegar a destino.
El hombre se limitó a explicarle como llegar a las afueras del pueblo, acortando camino, aconsejándole preguntar a algunos aldeanos que se encontrarían por allí. Describió la cabaña de una manera muy peculiar logrando que Murriel pudiera imaginarla para reconocerla.
Muchas gracias, señor. Usted sabe lo suficiente, con lo que me ha dicho, ha de alcanzarme le sonrió apacible y se retiró.
El hombre lo saludó de la misma manera.
Nuestro joven unitario, partió hacia la búsqueda de la liberación de Castilla.

Postergando la peripecia de Murriel, nos concentraremos nuevamente en los sucesos del dentro del castillo, donde Camnes continúa con su cometido.

viernes, 16 de octubre de 2015

Episodio XLVII

Episodio XLVII
Episodio corto donde relata la entrada colosal de Camnes al Castillo junto con otros sucesos que envuelven la relación entre Sequetina y el rey.
  
Luego de unos escasos minutos, Camnes pudo encontrarse con gran parte de sus hombres, a quienes les indico otras órdenes para continuar atacando y rodeando el castillo. Conocía perfectamente cada entrada gracias a Sequetina, así que cada grupo entraría por alguna distinta.  
Todos estaban preparados físicamente para luchar contra los guardias, su fuerza era notable, aunque la de su líder, superaba ampliamente todos los parámetros normales.
La gente estaba desesperada e intentando ayudar a otras personas quienes estaban en una peor situación que ellos. Nadie se percató de que los protestantes estaban allí y mucho menos que ellos eran los causantes de todo aquello.
De a poco fueron ingresando al Castillo, luchando contra los guardias. Los heridos no tardaron en aparecer.
¿Dónde creen que van ustedes, señores? increparon unos guardias.
¿De dónde han de salir tantos? dijo Chrossa con sarcasmo Su presencia no significa un estorbo para nuestro fin dijo perversamente mientras iniciaba otra batalla.
Camnes por su parte, también había derrotado a unos cuantos guardias, pero aun así todavía no consiguió irrumpir en el Castillo.
¡¿Qué diablos están haciendo, inútiles?! gritó Camnes furioso mientras observaba a sus hombres peleando con guardias mal heridos— ¡Déjenlos de una vez e ingresemos al castillo! 
Los hombres lo miraron confundido. Al dirigir nuevamente su mirada en los guardias, estos estaban aclamando justicia. No querían rendirse ni mostrarse débiles, pero estaban muy agraviados e imposibilitados de usar un gramo de su fuerza. Luego, un guardia cayó pesadamente al piso quien, un rato después moriría por la agonía que usurpaba su cuerpo. Luego los hombres soltaron pesadamente los cuerpos para dirigirse hacia su líder y continuar con su tan esperado objetivo.
Regresando nuevamente a la habitación LX, se encontraba un rey perturbado y totalmente desengañado.

Sequetina… murmuró el rey.
La duquesa se acercó unos pasos y lo miró de manera altiva. Arqueó una ceja y le dedicó una sonrisa indiciosa. El rey la miraba estupefacto. El camuflaje se había abatido, mostrando su verdadero retrato. El rey no necesitó más para darse cuenta de que el rencor y el resentimiento se apoderaban de ella.
Luego de unos segundos, Sequetina rompió lo que quedaba de una copa con su pie en mil pedazos dejando al rey aun más pasmado.
¿Por qué, hija? ¿Por qué se ha dejado acometer de esta manera? preguntó el sin evitar que unas lágrimas cayeran fervientemente quemando su piel.
Sequetina no hizo más que mirarlo nuevamente y retirarse con toda la elegancia que podía tener. Ese momento, lo saboreaba como nunca.
La duquesa fue rápidamente a buscar a Camnes, para así guiarlo hacia el encuentro con el rey. El fortachón, estaba muy concentrado asesinando más guardias de los que podría. Sus movimientos determinados y bien calculados le permitían poder defenderse de tres hombres a la vez, sin dejar con vida a ninguno. Iba a continuar con su próxima víctima cuando vio que la duquesa se acercaba; este mismo le sonrió con satisfacción. La mujer sintiéndose poderosa, le indicó donde podría encontrar al rey. Un guardia intervino en la conversación de ambos.
¡Duquesa, cuídese de ese hombre! - exclamó un guardia mientras se acercaba a Camnes y sus hombres.
Inepto intervino el líder ¿Acaso tan prontamente quiere usted morir?
El guardia abrió sus ojos como platos mirando a la duquesa con dificultad.
La mujer se encogió de hombros dando dos pasos hacia delante. Impresión le solía causar tanta sangre desparrama y no quiso presenciar tal tormento que le esperaba a la siguiente víctima. Segundos después, pudo notar como el guardia cayó al suelo sin tener posibilidad alguna de defenderse. Sequetina miró de reojo y cerró sus ojos lentamente.
Unas manos tocaron su hombro.
De esta manera, es como ha de hacerse. Honor siento de mí mismo le dijo Camnes dedicándole otra sonrisa. La duquesa lo miró sin emitir palabra.
Muchos hombres seguían entrando al Castillo, la cantidad de guardias iba disminuyendo a medida que estos entraban. Muchos barones y duques habían escapado, otros tantos estaban escondidos en las habitaciones. Se sentían completamente impotentes, y la situación les era incontrolable a esas instancias.
¿Acaso desean más? ironizaba Camnes sin saciarse, levantando los brazos como si de un triunfo ganado se tratara. La sangre tapaba el delicado y fino piso del Castillo, pero aun así, continuarían asesinando por doquier.
Sequetina quedó anonadada frente a la multitud de hombres que seguían al líder de Non Regnum. Camnes era una figura muy formidable.
El caos proseguía en Castilla. Era una guerra que apenas empezaba a asomarse por el preciado reinado del monarca.

Sin necesidad de agregar más, dejamos temporalmente a nuestro villano para restablecernos en las acciones de nuestro héroe.

Episodio XLVI

Episodio XLVI
Una batalla acaba de comenzar. Sentimientos de Brumma y la liberación enérgica de nuestro héroe.

Gracias al hechizo de Brumma, la batalla pudo dar su comienzo. Para realizarlo, la bruja tuvo que utilizar casi la mayor cantidad de energía interna que poseía.
Estaba estupefacta, el impacto había sido mucho más grande de lo que ella esperaba. Sus ojos los seguía manteniendo cerrados. La tierra temblaba como si fuera un terremoto de 7.5 grados. Camnes le había pedido exclusivamente que lo mantenga con tal intensidad durante un largo período de tiempo, eran minutos, pero para ella, eran interminables.
Su pelo se movía al compás del viento, sus gemidos se hacían cada vez más elevados. Una rebelde lágrima rodó por su mejilla. Su arrepentimiento la había corrido hace un tiempo, pero tarde había llegado a su corazón.
Los alaridos de la gente se hacían cada vez más fuertes e intensos, retumbaban en su cabeza como taladros.
¡No! ¡No! gritaba alterada. Su poder era inmenso, había superado sus propios límites.
La mujer no podía tener más control de lo que estaba sucediendo, un desgarro similar a un potente dolor sentía hasta sus entrañas. Creía en el Karma y sabía que no podría escapar de tener el castigo merecido.

Por otro lado, Murriel con esfuerzo se levantó del piso apoyándose en la ventana. Donde podía divisar todo el caos que inundaba al pueblo. Se sentía impotente, su deber era estar ahí y ayudarlos, aunque sabía que su rey era quien necesitaba su ayuda en esos momentos.
El monarca libró un lacerante sonido de dolor.¿Qué le sucede, su Majestad? Murriel fue inmediatamente a asistirlo.
El rey, intentaba contestar pero su tartamudeo no se lo permitía, su respiración se cortaba. Le estaba agarrando otro ataque al corazón.
Resista, por favor dijo desesperado intentando levantarlo.
Sequetina los observaba sin hacer nada. No pensaba ayudarlo.
¿Y usted no hará nada para ayudar a su Majestad? la retó el unitario mientras veía como la duquesa intentaba pararse.
¡No! sonrió maliciosa.
¡Es usted una…! no pudo terminar la frase ya que el rey dio otro grito de dolor.
Majestad, míreme, le suplico que me mire dijo Murriel posicionándose frente del rey.
Francisco sonrió forzosamente intentando ahogar el dolor que sentía. Su pueblo estaba viviendo uno de los peores momentos.
Yo le ayudare a usted, y haré lo que me ha pedido, auxiliar a su pueblo. Si mi vida he de dar, la daré, pero nosotros como sea, ganaremos esta batalla.
Sequetina comenzó a reír fuertemente, mientras sacudía su elegante traje. La frialdad que asestaba su miraba, impregnaba en el rey como si su alma fuera escurrida y su corazón cortado en miles de pedazos.
Hija… pronunció el rey.
No diga eso, rey miserable. Usted jamás ha confiado en mí, jamás me ha dado lo que al imbécil que tiene a su lado.
¿Qué está diciendo, duquesa? intervino Murriel con tono sorpresivo.
Otro temblor aún más fuerte que los anteriores se hizo presente.
Murriel habló nuevamente el rey con esfuerzo—. Le pido que vaya con mi pueblo.
No le dejaré solo con esta especie de sierpe.
Cierre usted su pico, campesino desgraciado.
Le suplico, no preste atención a nada más volvió a insistir el rey.
Pero Majestad, la duquesa…
Yo me encargaré de ella lo interrumpió el rey—. Confío en usted, mi unitario le sonrió provocando al joven una mezcla de sentimientos puros y perturbadores.
Haré lo que usted me pida, su Majestad.
Le agradezco, muchacho.
El joven unitario besó al rey en su frente para destinarle luego, otras de sus efusivas sonrisas – Ganaremos, su Majestad.
Jamás podrá ganar usted una batalla como esta, campesino débil e insulso habló la duquesa en tono pendenciero.
Murriel comenzó a acercarse a ella con indignación, cuando un aura misteriosa volvió a salir de su ser, parecía ser casi invisible, pero suficiente para poder ser inteligible por el resto de los presentes.
La duquesa llevó sus delicadas manos a su boca no pudiendo creer lo que veía.
Usted es un maldito brujo dijo la mujer sin salir de su asombro.
Murriel se miró a sí mismo, abrió sus ojos con entera sorpresa y corrió inmediato del lugar para dirigirse rápidamente a asistir al pueblo de Castilla.

Casas destrozadas, cosechas arruinadas, gente herida y mucha desesperación fue el resultado de tal temblor.
La gente seguía asustada, muchos caían en los huecos abiertos provocados por el temblor. Algunos intentaban sacar a la gente atrapada y otros estaban preocupados por la destrucción irremediable de sus hogares. Los guardias se encontraban en el castillo, sólo podrían mantenerse atentos ante cualquier otro percance que podría ocurrir en esos momentos. Murriel seguía desorientado por lo que le ocurría. La energía salía de sí de manera pura e imprevista y luego volvía a su estado natural. Eso le sucedió casi más de cinco veces desde que salió de la habitación del rey.
¿Qué ha de sucederme? dijo en tono elevado sin desviar la mirada de sí mismo.
Unos gritos y pedidos de auxilio lo sacaron de su reflexión para ir asistir a los civiles.

Los temblores comenzaron a hacerse cada vez más leves hasta que dejaron de sentirse paulatinamente. Brumma cayó extenuada al suelo  y con una gran pesadumbre. No podía creer lo que había hecho, ni tampoco quería mirar el resultado de su "obra". Los gritos de dolor y consternación eran desgarradores para su órgano auditivo. 
Comenzó a sollozar lastimosamente preguntándose que había hecho, llegando a un fuerte agobio. Como pudo, regresó nuevamente a su cabaña, su único lugar de consuelo en el mundo. Ya no tenía ningún tipo de interés; ni el poder, ni la nobleza, tampoco pertenecer al reino, no se sentía merecedora de tales cosas. Deseosa de olvidarse de todo para siempre y volver a ser la misma ermitaña que había sido. Se había dejado corromper fácilmente y le habían robado lo poco de dignidad que le quedaba, cegándola frente a sus propias convicciones.
Comenzó a rezar con alaridos fuertes. 
6Dise perdime, dise perdime las lágrimas continuaban cayendo—. Tuma me luma yute se matisgaca. Curasu siplote.
La mujer se encerró en su cabaña sin querer saber los resultados de su creación. Sus ojos se abrieron imprevistamente al recordar una posible salvación de Castilla. La imagen del unitario apareció por su mente. Con inconveniente y esfuerzo se levantó para empezar con la realización de otro hechizo.

Prescindimos del concurrente episodio para dejar a Brumma que continúe con su labor. Mientras nos concentraremos en lo que nuestro villano está haciendo.

6 – Dios perdóname, dios perdóname. Toma mi alma, tuya es, castígame. Corazón explota.