jueves, 8 de octubre de 2015

Episodio XLV

Episodio XLV
Donde comienza el principio de una batalla.

Mientras Murriel se encontraba cuidando al rey por su repentino ataque, lo cual alarmó a casi la mitad del consejo, entre ellos, Sequetina, quien se entrometió. Luego quedaron solos la duquesa, el rey y el unitario. La mujer trataba de buscar oportunidad para que Francisco le contara acerca de quien él pretendía dejar en el trono, en caso de que algo le ocurriese, sus intentos no tuvieron demasiado éxito.
¿Se ha de sentir mejor su majestad? preguntó Murriel en tono desesperado.
Deben tranquilizarse, me lo ha preguntado cinco veces en lo que va de este poco rato.  
Lo lamento dijo cabizbajo—. Sólo siento mucha preocupación por su salud.
Eso ya lo hemos de saber murmuró Sequetina en tono de fastidio.
¿Ha dicho algo, duquesa? preguntó Murriel arqueando una ceja.
He dicho que todos hemos de sentirnos preocupados por la salud de nuestro rey contestó ella secamente.
¿Qué pasa con ustedes? preguntó el rey divertido Yo he de sentirme bien y tranquilo. Paren ya de decir disparates.
Lo sé, su Majestad. Jamás hemos querido causarle molestia.
Lo dirá por usted, unitario dijo con tono repulsivo—. Yo le molesto, señor, porque me preocupo por su salud acarició los blancos cabellos del monarca—, pero creo que usted es fuerte y su salud le acompaña en tal fortaleza.
Le agradezco a ambos sonrió el hombre pero he de preferir hablar de otros asuntos.
Como diga Sequetina miró a Murriel desafiante su Majestad.
El unitario no emitió palabra y suspirando, sólo continuó limpiando los muebles, vajillas y pertenencias de su rey.

Por otro lado, Larry se encontraba hablando con algunos civiles consultando a Murriel, cuando en un momento pudo distinguir unas figuras lejanas.
¿Me han dicho ustedes que saben dónde está Murriel? preguntó con su mirada perdida hacia otro lugar.
Ya le he dicho joven que no le he visto contestó una mujer.
Larry sólo asintió perdido en el seguimiento de las figuras extrañas, examinándolas.
¿Sucede algo con usted, muchacho? preguntó el hombre mientras sujetaba a la mujer de la cintura.
No. Sólo preocupación por encontrar a mi amigo contestó devolviendo su mirada en ellos.
Si hemos de saber algo en otro momento, le diremos Larry la pareja sonrió.
Les agradezco. Ustedes recuerden el lago que les he sugerido. Allí mismo podrán adquirir agua en el mejor estado. 
Le agradecemos, compañero le contestó el hombre.
Larry despidió a los campesinos, para luego seguir indagando en las figuras que había notado y lo tenían enteramente atrapado.
Al acercarse, pudo notar que tenían reacciones sospechosas, las mismas se ocultaban, volvían a salir, luego realizaban movimientos como si estuvieran practicando una especie de simulacro. Curioso ante lo visto, dedujo que inmediatamente su amigo tendría que saberlo. La suposición de Larry era que un peligro se acercaba nuevamente al pueblo. El joven campesino se dirigió al castillo solicitando hablar con Murriel. Los guardias lo detuvieron, negándole su petición. Larry volvió a suplicar explicando que muchas veces ya había entrado en compañía del unitario, pero los mismos guardias le volvieron a obstaculizar la entrada no interesándoles lo que el joven decía. Larry, colérico, condujo hacia la dirección opuesta para buscar otra entrada al castillo.

Volviendo nuevamente con nuestro héroe, el mismo se encontraba sumido en sus pensamientos, mientras el rey continuaba charlando amenamente con la duquesa. Repentinamente, un sonido potente se escuchó a lo lejos del reino. Sequetina y Murriel taparon sus sensibles oídos.
¿Qué ha sido eso? preguntó el unitario mirando por la ventana.
¿Por qué han tocado el claro? – Preguntó el rey intentando levantarse de su trono. 
Luego de unos pocos segundos una copa de plata ubicada en un estante, cayó salvajemente al suelo.
El joven, fue deprisa a levantar la copa, preocupado que se haya dañado. La ubico nuevamente en su lugar, sonriendo en dirección al rey.
De pronto, un temblor comenzó a hacerse presente, congregando todo el castillo. La copa y varios objetos cayeron montuosamente en toda la habitación.
¡¿Qué rayos?! exclamó el joven sorprendido.
Sequetina también cayó inevitablemente al piso, el trono del rey se movía de un lado hacia otro haciendo desmoronar al rey del mismo.
¡Su Majestad! Murriel intento ayudarlo, tropezándose.
Los temblores aumentaron considerablemente. Se escuchaban gritos de los civiles ya que toda Castilla estaba vibrando.
¡Un terremoto! se escuchaban gritos de afuera.
¿Un terremoto? preguntó Murriel alterado.
Sequetina seguía tirada en el piso sonriendo maliciosamente Acaba de comenzar caviló emocionada.

Los civiles comenzaron a entrar en pánico, alarmados por la integridad de sus seres queridos, intentando rehuir del supuesto desastre natural que estaba provocando todo aquello. Mientras todo tipo de emociones invadían Castilla, ensimismados en sus cuestiones, no se percataron que un grupo de hombres dispersos iban en camino hacia el castillo.
Los protestantes, habían ingresado a las tierras de sus enemigos en un tiempo ecuánime, lo cual les permitía seguir las órdenes de su líder de manera intacta.
  
¡Ahora es el momento! gritó Chrossa mientras su grupo lo seguía.
Otros grupos hacían lo mismo, abarcando todas las posibles entradas. Unos pocos lograron darse cuenta de quienes podrían tratarse, gritando de espanto, pero siendo frenados con un puñetazo o alguna lastimadura concedida por las espadas de los forzudos hombres. Por otro lado, Camnes, se encontraba escondido a poca distancia del castillo. El fortachón sonrió excelso ante el panorama visto, sintiendo la gloria muy cerca de sí. Al divisar a sus hombres a pocos metros, extrajo su espada, para dar comienzo a una batalla tan anhelada, provocando que su aptitud, se viera inclinada hacia el deseo de obtener el colosal poder que tanto había esperado.

Sin alargar más este introductorio episodio, continuaremos relatando más de esta enigmática batalla, en el siguiente.

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