jueves, 8 de octubre de 2015

Episodio XLIV

Episodio XLIV
Episodio corto donde se relata las sensaciones de nuestro héroe respecto a la muerte del conde y algunas otras cuestiones de la situación de Castilla.

Luego de que la duquesa abandonara la habitación del rey, el mismo se quedó con su unitario, hablando de cosas triviales y que no se consideran relevantes para relatarlas aquí; el monarca decidió cambiar el rumbo de su conversación hacia otra más prevaleciente.
¿Qué le ha sucedido, muchacho?
No sé a qué se refiere, su Majestad, yo he de sentirme muy bien.
Se que a usted le afecta todo esto que nos ocurre, y que por primera vez ha visto como un hombre muere frente a sus ojos.
No le voy a negar que me ha puesto mal esa cuestión, Majestad. Yo puedo comprenderle y no le juzgare sonrió demostrando consuelo.
Se que usted jamás lo haría, por eso le confío tanto. ¿Qué le ha pasado a Gonzalo?
Murriel lo miró extrañado ¿A qué se refiere usted? La muerte le ha pasado, la vida él ha perdido.
Usted, hijo, es quien escuchó sus últimas plegarias.
¿Desea usted que le cuente que me ha dicho?
Si no le causa malestar.
No me ha de causar ya nada, sólo prefiero no recurrir a mi mente cuando de ese tema se trata. Igualmente, puedo contarle lo que el conde me ha dicho y eso le puedo asegurar, su Majestad, que me ha hecho cambiar de opinión vertiginosamente.
Me gustaría saber, Murriel ¿Por qué el conde le ha pedido su ayuda?
Verá, Majestad. El conde me ha pedido que me le acercara, así yo lo hice. No me agradaba ver a una persona que hasta hace tan poco tiempo mostraba imponencia y vivacidad, el verlo tan deteriorado, lastimado y mutilado. Él me ha rogado que le salve, yo sabía lo inviable que era hacer eso. Él me ha dicho algo sobre que yo era alguien particular y me ha llamado unitario, lo que me ha llamado la atención, porque, así como la duquesa siempre me ha nombrado campesino – Contó Murriel con un gesto de sorpresa.
Nunca pude comprender la fijación que tenían el conde y la duquesa con usted.
No ha de importar eso ahora, mi señor. Puedo agregar, además, que el conde me ha dicho que en mi podría confiar o al menos así él lo sentía. Algo más para realzar, es que él ha nombrado a la duquesa y, además, pude sentir que su inocencia era real.
Yo también lo he pensado, muchacho. Y a la duquesa la habrá nombrado por que ella le ha culpado, no se preocupe por eso.
No puedo estar seguro, Majestad. Pero quiero que su nombre se limpie con su inocencia.
Tiene razón, muchacho. Por más que no existan pruebas de su mesurada inocencia, le prometo que pediré perdón a su nombre frente a todo el pueblo de Castilla.
¿Haría usted eso? preguntó asombrado el unitario.
Muchas cosas podría hacer si mi salud no padeciera tanto.
No me gusta escucharlo en ese tono, Majestad, usted se encontrará bien con los cuidados brindados.
Murriel… comenzó a hablar con un tono diferente Quiero que usted me prometa que siempre asistirá y amparará a Castilla, desde el lugar que sea.
No tiene por qué mencionarlo siquiera, Majestad. Siempre estaré a disposición de su pueblo, de nuestro pueblo.
Una guerra va a acercarse, hijo… debemos estar preparados.
Lo estaremos, su Majestad.
Murriel abrazó estrechamente al rey, prodigando todo el cariño que le profesaba.

Sin necesitar contar con más palabras, abandonaremos a nuestros salvadores por unos momentos, para regresar hacia otros personajes de nuestra historia.

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