Episodio XLIII
Donde comienza el principio del ataque
ambicionado por los protestantes.
Regresando nuevamente con nuestros protestantes, el joven líder y fortachón continuaba fraguando los últimos destalles de su estrategia. Brumma se encontraba más orientada respecto a su objetivo dentro de la dicha estrategia; su poder se había intensificado en los últimos días con la preparación del hechizo. Su magia sobrenatural era alucinante. Lamentablemente, tal magia la utilizaría para una causa poco fructuosa.
—¿Se encuentran todos listos para
partir? —preguntó
un Camnes ansioso.
—¡Sí, señor! —contestaron los hombres.
Bruma sólo asintió demostrando cierta tranquilidad, pero
por dentro era una gavilla de nervios.
—Eso ha de gustarme escuchar. Todos
irán a colocarse en sus respectivas posiciones, no quiero enterarme de que eso
no se efectuase como corresponde —los miró litigante—. Luife llevará consigo este objeto llamado… —el líder se quedó pensativo mirando
al objeto.
—Claro5 —completó Chrossa ayudando a su líder.
—Sí —afirmó Camnes rodeándolo—. Luife, usted lo llevará y
cuando escuchen su sonido. Camnes hizo sonar el instrumento de una manera poco
adecuada, lo cual hizo estallar de risa a sus hombres. Camnes se sintió
inhibido y pudo sentir algo parecido a la vergüenza.
—¿De qué ríen ustedes? —preguntó enojado.
—De nada, mi señor —contestaron sus hombres como un coro
de soldados.
Camnes suspiró pesadamente.
—Continuo entonces, cuando escuchen el
sonido de este maldito objeto, será el estalle de nuestro ataque. Antes, todos
tenemos que estar asegurados de encontrarnos en
las posiciones acordadas. Caso contrario, el plan no funcionará.
Todos asintieron con risitas ahogadas.
—Brumma —llamó a la mujer para que se acercara—, cuando usted escuche el sonido
del claro, dará fruto a su trabajo —sonrió el líder triunfal—. Luego, nosotros nos encargaremos de lo siguiente. No
ha de ser recomendable que todos mis hombres salgan al mismo tiempo ¿me he de
equivocar?
—No,
señor. Por eso hemos acordado las posiciones que le he nombrado a usted antes —contestó Brumma.
—Señor —intervino Luife—, no quiero negar que su plan me
ha de resultar excelente. Camnes arqueó una ceja.
—Pero debo decir que, si nosotros nos
separamos demasiado, quizás los guardias tengan la posibilidad de asaltarnos.
Considero que debemos atacar en un mismo lapso de tiempo.
—¿Acaso duda usted de mi estrategia,
Luife? —se
acercó amenazante.
—Jamás se me cruzaría eso por mi
cabeza, señor. Sólo le doy alternativas para ayudarle, yo deseo tanto como
usted, que nuestro objetivo resulte exitoso.
Camnes chocó su nariz con la del hombre con cara de pocos
amigos —¿Y
cómo sugiere hacer lo que usted dice?
—Como antes le he dicho, mi señor.
Entrar al mismo tiempo —le contestó un poco nervioso.
Camnes se separó de él y comenzó a reírse a carcajadas. Luife
lo miró extrañado por la actitud no esperada de su líder.
—Sólo quería comprobar que todavía han
de temerme —sonrió exultante—. Lo que dice usted, Luife, no lo he de ver tan mal.
Probaremos hacer lo que sugiere y espero, que resulte.
—Resultará, señor.
—No es necesario que yo repita lo
mismo —continuó
Camnes—. Seguiremos
con nuestro plan, el único cambio, serán las posiciones, procuren de estar
alejados diez metros, en lugar de veinte—dicho esto miró a Luife. El mismo hizo un gesto de
afirmación.
—¡No
me miren de tal manera, inútiles! ¡Comiencen ahora mismo con lo que les he
impuesto aquí! —exclamó Camnes haciendo que sus hombres se dirijan hacia
la ubicación acordada.
—¿A dónde se dirige usted, señora? —tomó el brazo de la bruja al ver que
la misma se alejaba.
—¿Necesita algo más, señor? —preguntó ella con semblante serio.
—¿Usted sabe en que se especializa el
unitario? —preguntó
el fortachón sorpresivamente.
—No entiendo su pregunta, señor.
—El unitario ¿Usted le conoce?
—No sé de qué habla usted, mi señor —contestó Brumma demostrando desentendimiento.
—Sabe usted lo persuasivo e intuitivo
que he de ser. Conozco la mirada de las personas, y puedo ver cuando reflejan
una mentira por sus ojos.
—No le miento, señor… quizás si usted
es más específico con su pregunta.
—¡El
maldito unitario! —gritó— ¿Acaso me va a negar que le conoce?
—No sé qué es unitario —contestó la bruja sin manifestar sus
miedos.
—Se que ese desgraciado tiene algo
particular y le noto porque al recordarlo, su mirada me hace ver la suya.
—Está usted diciendo incongruencias,
mi señor. Sin querer yo, faltarle a usted —respondió sorprendiéndose en su interior de lo instintivo
que podría ser Camnes.
—Nadie tiene más poderes que los míos,
y le aseguro —apoyo su mano sobre el hombre robusto— que no ha de existir nadie en
este pueblo que tenga ni un mínimo de poder, que el que yo poseo.
Camnes le dirigió una mirada insatisfecha. Luego desvió el
tema hacia el hechizo de Brumma para concretar los últimos detalles. Camnes
podía intuir que el unitario, no era un ser ordinario y Brumma, consciente de
la veracidad de ese pensamiento de Camnes, decidió mantener esa confidencia,
quizás, si su arrepentimiento llegaba tarde, esa, podría ser el último as que
le quedaría a Castilla para salvarse. Camnes siendo interrumpido por uno de sus
hombres, se concentró nuevamente en su plan. A pesar de que el fortachón podría
sospechar algo sobrenatural en el unitario, este siquiera podría imaginarse la
intensidad de los verdaderos poderes de nuestro héroe que siquiera este último
había descubierto en su totalidad aún.
Brumma suspiró al ver a Camnes alejarse de ella,
reconsiderando cual podría ser en realidad su siguiente acto. Tanto anhelo de poder
sentía que la estaba ahogando. Sin querer razonarlo mucho más, ella también
dirigió su camino a la posición que le correspondía para esperar por el sonido
del martirio.
5 - Los que posteriormente evolucionarían a trompetas.
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