Episodio XXXVII
Episodio donde las sospechas de Larry y Murriel podrían convertirse en una
severa realidad.
Larry y Murriel se debatían si ir a comentarle al rey lo que sospechaban, haciendo su propio relato de los hechos vividos de Larry con los protestantes. Especialmente, la amenaza hecha por el líder de Non Regnum. El unitario sabiendo el estado delicado de salud del rey, dudó si sería indicado mantener tal conversación, pero la insistencia de su amigo lo hizo sacar otras deducciones. El reino continuaría amenazado. Los hombres del rey no podrían ir al ataque repentino ya que nadie sabía con entereza la cantidad de hombres que integraban el partido y quiénes eran los supuestos “aliados” traicioneros. Sobre todo, nadie había podido ubicar con exactitud su paradero. Sin embargo, si sabían la zona a la cual ellos pertenecían, a unas millas del reino. El monarca había ordenado que suspendieran todas las búsquedas hasta el momento luego de lo sucedido con Dionisio, hasta poder emplear una nueva estrategia y desterrarlos a un lugar lejano. Muchos no estaban de acuerdo con la bondad alevosa del rey, ya que consideraban, que eran merecedores de la muerte. Regresando nuevamente hacia las deducciones de nuestro héroe, si bien respetaba la salud de su rey, era sensato a reparar que habría que impedir futuros ataques y contingencias para el reino y los civiles. Ya convencidos, ambos jóvenes fueron en búsqueda de su querido monarca para dilucidar sus deducciones al respecto del traidor.
Larry y Murriel se debatían si ir a comentarle al rey lo que sospechaban, haciendo su propio relato de los hechos vividos de Larry con los protestantes. Especialmente, la amenaza hecha por el líder de Non Regnum. El unitario sabiendo el estado delicado de salud del rey, dudó si sería indicado mantener tal conversación, pero la insistencia de su amigo lo hizo sacar otras deducciones. El reino continuaría amenazado. Los hombres del rey no podrían ir al ataque repentino ya que nadie sabía con entereza la cantidad de hombres que integraban el partido y quiénes eran los supuestos “aliados” traicioneros. Sobre todo, nadie había podido ubicar con exactitud su paradero. Sin embargo, si sabían la zona a la cual ellos pertenecían, a unas millas del reino. El monarca había ordenado que suspendieran todas las búsquedas hasta el momento luego de lo sucedido con Dionisio, hasta poder emplear una nueva estrategia y desterrarlos a un lugar lejano. Muchos no estaban de acuerdo con la bondad alevosa del rey, ya que consideraban, que eran merecedores de la muerte. Regresando nuevamente hacia las deducciones de nuestro héroe, si bien respetaba la salud de su rey, era sensato a reparar que habría que impedir futuros ataques y contingencias para el reino y los civiles. Ya convencidos, ambos jóvenes fueron en búsqueda de su querido monarca para dilucidar sus deducciones al respecto del traidor.
—Su Majestad —saludaron ambos jóvenes al
ingresar a la habitación LX.
El rey
sonrió al verlos —¿A qué debo su gratificante visita?
—Majestad —comenzó Murriel a hablar con un
tono que dejaba notar la seriedad en el mismo. El semblante del rey cambio a
uno preocupado.
—¿Algo más ha sucedido? ¿Otra desgracia la
cual relatarme? —cuestionó alterado.
—No, su Majestad. Ninguna otra desgracia nos ha
acarreado por ahora —le contestó el unitario.
—Dejen de asustar mi pobre corazón, jóvenes.
Algo importante han de querer decirme. Les leo sus caras.
—Así es, Majestad —habló Larry—. Debemos
contarle lo sucedido con el encuentro de los protestantes.
—Los hombres que fueron ya me lo han
relatado, hijos. No es necesario seguir en el mismo asunto tan perturbador. Han
hecho demasiado.
—Esta vez no podremos obedecerle, Majestad.
Hay algo que quizás sus hombres no le han contado. Algo que Larry ha vivido.
El rey escuchó interesado lo que ambos jóvenes
tenían para decirle. El amigo fiel del unitario tomó la palabra describiendo
sus situaciones vividas con el líder de Non Regnum. Pudo decir cada palabra o
al menos las que recordaba, con exactitud. Como ambos jóvenes predecían, el rey
no se había enterado de ese detalle importante. Luego de terminar su relato,
Larry le contó acerca de las deducciones charladas con Murriel,
respecto al supuesto traidor del reino, confirmando la existencia del mismo.
Los protestantes tenían información y no sólo eso, el detalle específico de
cada uno o de los más allegados al rey, sobre todo de Murriel, quien era
buscado por Camnes. El rey comenzó a alterarse, temiendo por la integridad de
su unitario, sintiéndose apesadumbrado y culpable.
Murriel logró calmarlo luego de unos segundos,
asegurando que su vida estaría a salvo ya que siempre sería custodiado por sus
guardias y que sentía su protección consolidada. Sin embargo, el monarca
reforzaría esas ideas e implementaría otro tipo de seguridad más compacta para
su reinado y el pueblo de Castilla.
Luego de continuar debatiendo acerca de lo ya
narrado, el rey consideró en reunir al consejo con la presencia de cada
integrante de la nobleza. Los jóvenes, expondrían sus conclusiones y delatarían
quien es su sospechoso.
Luego de organizar algunos asuntos, el rey decidió
iniciar con la reunión; no pasaron muchos minutos para que todos se encontraran
presentes. Sequetina había llegado unos minutos después, agitada y con un
semblante poco agradable. Su angustia era palpable, el episodio vivido con
Camnes y sus hombres la había dejado en completo shock, su pensamiento no podía
ir hacia otro lugar que el momento que el líder de Non Regnum le había hecho
vivir y sus preocupaciones se mezclaban con las posibles acusaciones que ella
creía que iría a recibir. El rey, sorprendido ante aquella llegada repentina,
le hizo unas preguntas demostrando su preocupación. La duquesa sólo se
justifico diciendo lo mal que se sentía por todos los acontecimientos
ocurridos, intentando evitar su denotada angustia, sabedora por lo que iría a
venir. Ella sabía acerca de que Murriel y Larry tenían sospechas, y estaba
completamente segura que eran referentes a ella. Ambos jóvenes la observaban
con los ojos abiertos y fijos, provocando que un frío recorriera su entero
cuerpo. El rey le sonrió, consolándola con las mismas palabras que eran de su
costumbre escucharlas —Mi bella dama, conmigo su preocupación se desvanecerá
en cada momento que usted piense que no hay cosa peor que perderse uno mismo.
El siempre solía decirle ese tipo de frases en
momentos difíciles o angustiantes. De alguna manera, le hacían sentir bien y
ese efecto que le producía, no había desaparecido todavía.
—Majestad —murmuró mientras casi se le
escapaba una pequeña lágrima que ansiaba correr hacia sus pómulos.
—Alcáncele algo para beber a la duquesa, por
favor —pidió el rey a un sirviente.
Sequetina asintió un poco más tranquila y tomó
asiento para dar comienzo a la reunión.
El monarca dio el inicio, explicando el motivo de
la misma y alegando en querer descubrir quién era el traidor que ponía en
riesgo su pueblo e integridad del reino.
—Hemos estado conversando acerca de este
asunto, su Majestad —prosiguió un duque—. Hemos de lamentar todos los
desastrosos hechos que han ocurrido últimamente, pero jamás hemos podido dar
con el causante de todo aquello.
—Duque Reinaldo —se acercó Francisco—. Puedo
comprender lo dificultoso que es para todos esta época por la cual el reino
está pasando. Los protestantes han llegado y hace tiempo nos han estado
vigilando, sabemos que tienen aliados…
—Si es como usted dice, Majestad ¿Por qué no
les hemos visto todavía? —se atrevió a interrumpir el duque.
—Han de ser muy astutos. Saben ustedes a
quien precisamente deseo yo buscar —espetó mirando a cada miembro de la nobleza.
Sequetina tragó en seco, el sudor que salía de ella
hacía notar el insoportable nerviosismo que sentía.
—Estos jóvenes —continuó el rey dirigiéndose
hacia Larry y el unitario quienes se encontraban serios y observadores – Son
dueños de las sospechas respecto al traidor.
Todos los miembros inmediatamente posaron sus ojos
en ambos esperando algún tipo de afirmación.
—Así es, Majestad —respondieron.
La sonrisa del rey dio paso a cederles la palabra.
—Hemos visto a alguien, Majestad. Alguien
cercano a usted y como le hemos dicho, integrante de la nobleza —repuso el
unitario—. No hemos de estar seguros, pero lo vimos involucrado en una actitud
sospechosa.
Sequetina deseaba retirarse en ese momento, y
escaparse para librarse de ese infierno que sentía su alma.
—¿Puede nombrar a quien se está refiriendo,
unitario? —le preguntó Raimundo.
—Yo también deseo alabar lo dicho por mi
compañero —agregó Larry—. Y ser testigo de lo visto.
—Lamento se impertinente Majestad, pero estos
jóvenes han de poner nerviosos a todos. Acuse de una vez, señor —insistió otro conde.
—Lamentamos que su paciencia sea tan escasa… —dijo Larry cuando Murriel le dirigió una mirada asesina.
—Compórtense con el consejo, amigo —le susurró.
—Compórtense con el consejo, amigo —le susurró.
Luego, ambos comenzaron a hablar entre ellos en tono bajo, discutiendo
cómo comportarse y hablar frente al consejo.
—Esto es carece de seriedad, su Majestad. Estos jóvenes no tienen la capacidad para mantener una conversación estable —opinó Raimundo.
—Larry, Murriel —habló el rey interrumpiendo su charla.
—Lo lamentamos, Majestad —dijo el unitario con una sonrisa divertida.
—Si tan mal les pone este asunto —habló nuevamente Larry—. Les diré en seco el nombre de la persona que pertenece a nuestras sospechas.
—¡Larry! —exclamó Murriel.
—Es lo que las Altezas desean, Murriel —contestó inocente y con tono bromista.
—Esto es carece de seriedad, su Majestad. Estos jóvenes no tienen la capacidad para mantener una conversación estable —opinó Raimundo.
—Larry, Murriel —habló el rey interrumpiendo su charla.
—Lo lamentamos, Majestad —dijo el unitario con una sonrisa divertida.
—Si tan mal les pone este asunto —habló nuevamente Larry—. Les diré en seco el nombre de la persona que pertenece a nuestras sospechas.
—¡Larry! —exclamó Murriel.
—Es lo que las Altezas desean, Murriel —contestó inocente y con tono bromista.
Sequetina se paró como sistema de defensa para lo
que iría a suceder. Cuando pensaba frenar al joven amigo del unitario, escuchó
un nombre que no esperaba.—Nuestras sospechas son dirigidas al conde
Gonzalo —afirmó al fin Larry.La tensión se apoderó de la habitación. Los labios
de la duquesa curvaron una elegante y significativa sonrisa. Sentía como si su
alma se iluminara nuevamente, aunque hacia el lado del egoísmo. Una salida fácil
para salir de su tormentosa situación.
Sin agregar más, nos despedimos de este episodio para continuar contando los próximos acontecimientos que sucederán en el siguiente.
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