Episodio XLI
Regresando con los protestantes, se adelanta la
realizada estrategia del líder junto a la duquesa y algunas intervenciones de
Brumma.
La estrategia de Camnes iba a avanzando exitosamente. Ya habían conseguido la piedra. Brumma tenía todo lo necesario para dar inicio a su hechizo. Tendría que probarlo cautelosamente sin que nadie se diera cuenta. La bruja comenzó a saborear la ambición y el poder, sus ojos brillaban con tan sólo pensar que sería parte del reino nuevamente y no sólo eso, sería parte de la civilización.
Los sentimientos por el rey, eran casi nulos, ya no le importaba que pudiera
suceder con él. Un poco de cordura aún conllevaba, por lo tanto trataría de no
perjudicar a los civiles y proteger a los niños. De todas formas, su ambición
era mucho más grande que tal cordura. A pesar de todo aquello, algo producía en
ella el joven unitario, en el podía percibir un poder único e inmenso y eso, de
alguna manera la movilizaba. Desde aquel día que se chocó con el joven en el
banquete, sus pensamientos no dejaron de resonar respecto a la sensación que el
unitario le ocasionó.
Por otra parte, la
duquesa se hizo presente nuevamente, sintiéndose libre por la conclusión del
falso traidor. Todo lo sucedido se lo relató a Camnes con los mayores detalles
posibles, el líder la felicito por salvarse de tal grave acusación,
comprendiendo que era un punto a favor ya que sus oponentes creían que se
habían deshecho del famoso traidor. Luego de la muerte del conde, la duquesa
tuvo una conversación con el rey, la cual consistía en su estado de salud. El
monarca no creía que le quedaran demasiados años de vida, confiándole a ella
todos sus deseos respecto al reinado. Este punto importante fue escuchado por
parte de Camnes con cierta atención, ya que de todas maneras no le interesaba
la salud del rey, si no, vencerlo y tomar de una buena vez su trono para
declararse el nuevo monarca de Castilla a la fuerza. Sequetina sabía con
exactitud todos los movimientos de Francisco, los tiempos en que él solía
descansar y el reinado estaba con baja guardia; ese sería un momento justo para
dar inicio al ataque de Non Regnum.
—¿Está todo armado como así les he ordenado? —preguntó Camnes a sus hombres. Sequetina estaba a su lado.
—Sí, señor —dijeron al unísono.
—Duquesa —la miró— ¿El rey se encontrara en su
habitación a la hora dicha?
—Así le confirmo, Camnes. El rey últimamente ha
tomado el hábito de tomar unas hierbas tranquilizantes a la hora que se pone el
sol. Su unitario y yo solemos acompañarlo desde antes de lo sucedido con el
conde. Es el momento perfecto. Ya que la distracción estará presente
Una sonrisa se dibujo
en la comisura de sus labios —Perfecto.
—En el reino siguen sintiendo el pánico, Camnes —agregó la duquesa—. Luego del asesinato reciente y la salud del rey que va
desmejorando cada día. Un golpe fuerte le ha dado en su corazón luego de esta
ridícula decapitación. Aunque me ha salvado la vida.
Camnes la observó
sorprendido —¿Mal de salud?
—Es usted un distraído —dijo ella sonriendo—. Le
he comentado que el rey ha tenido ciertos inconvenientes con su salud. Los
curanderos afirman que el mal viene de su corazón.
—No recuerdo esas palabras si es que han salido
de usted —se acercó aún más a ella— Y ustedes —miró a sus hombres—, obedezcan
a Chrossa, el dará las indicaciones —ordenó—. Hoy debemos de iniciar con el
plan.
Sus hombres hicieron caso
y siguieron a su compañero.
El fortachón se cruzó
de brazos esperando a que Sequetina hablara.
—Yo he de recordar habérselo contado hace unas
pocas horas, Camnes —lo contradijo ella.
—Con tanta habladuría de usted, puede ser que no
le haya prestado atención a ese punto. Deje de parlar tanto y sólo tamice en
las cuestiones importantes.
—¿Ahora me culpará por esto también, señor? —intentó defenderse.
—Ha ha ha —rio fuertemente—. Escuche duquesa, estoy de muy buen humor como para siquiera tener un intento de disentimiento con usted —le dijo egocéntricamente—. Le dejo pasar esto, sólo porque se ha salvado en ser descubierta, luego de tantos errores que usted ha cometido —le guiñó un ojo.
—¿A qué errores se refiere usted, Camnes? No he de recordar ninguno de ellos —se cruzó de brazos la mujer un gesto áspero.
—¿Desea usted que le liste sus errores? La persecución del guardia, la poca habilidad que tiene usted para traerme información valerosa, su obsesión con el unitario, sin siquiera intentar sacarlo de esa posición, su ridícula inseguridad al actuar ¿prosigo?
—Es un despreciable e ingrato, Camnes.
—Diga lo que sea… pero sabe que la razón la he de tener yo —contestó con tono socarrón. La duquesa lo miró desafiantemente.
—Le he dado mucho de mí, Camnes. Gracias a mis movimientos usted está por realizar su objetivo, no me desprestigie, porque créame que puede llegar a lamentarse.
—¿Ahora me culpará por esto también, señor? —intentó defenderse.
—Ha ha ha —rio fuertemente—. Escuche duquesa, estoy de muy buen humor como para siquiera tener un intento de disentimiento con usted —le dijo egocéntricamente—. Le dejo pasar esto, sólo porque se ha salvado en ser descubierta, luego de tantos errores que usted ha cometido —le guiñó un ojo.
—¿A qué errores se refiere usted, Camnes? No he de recordar ninguno de ellos —se cruzó de brazos la mujer un gesto áspero.
—¿Desea usted que le liste sus errores? La persecución del guardia, la poca habilidad que tiene usted para traerme información valerosa, su obsesión con el unitario, sin siquiera intentar sacarlo de esa posición, su ridícula inseguridad al actuar ¿prosigo?
—Es un despreciable e ingrato, Camnes.
—Diga lo que sea… pero sabe que la razón la he de tener yo —contestó con tono socarrón. La duquesa lo miró desafiantemente.
—Le he dado mucho de mí, Camnes. Gracias a mis movimientos usted está por realizar su objetivo, no me desprestigie, porque créame que puede llegar a lamentarse.
Camnes le sonrió burlón.
—¿Qué hace parada aquí como un tronco? vaya a cuidar del gordito. Y asegúrese que tome todas sus medicinas —se burló él.
—Es el ser más enojoso e írritamente que he conocido —le contestó la mujer yéndose hacia el castillo.
—Diversión es lo que puede describir a mis sentimientos —sonrió el líder gloriosamente mientras observaba como se iba la duquesa.
—¿Qué hace parada aquí como un tronco? vaya a cuidar del gordito. Y asegúrese que tome todas sus medicinas —se burló él.
—Es el ser más enojoso e írritamente que he conocido —le contestó la mujer yéndose hacia el castillo.
—Diversión es lo que puede describir a mis sentimientos —sonrió el líder gloriosamente mientras observaba como se iba la duquesa.
Brumma se acercó hacia
Chrossa —El hechizo ha salido perfecto. Con mucha más energía dimanará en un
gran éxito. Chrossa sólo le
dedicó una sonrisa cómplice.
—Me alegro de escuchar esas palabras, señora ¿Sabe cuál es su posición?
—Las sé, señor. Sin embargo, me gustaría sugerir algunas variables al mismo —comentó temerosa.
—¿Qué tipo de variables serían, señora? —arqueó una ceja.
—¿Están todos preparados para el inicio? —interrumpió Camnes acercándose.
—Señor —musitó Chrossa.
—Me alegro de escuchar esas palabras, señora ¿Sabe cuál es su posición?
—Las sé, señor. Sin embargo, me gustaría sugerir algunas variables al mismo —comentó temerosa.
—¿Qué tipo de variables serían, señora? —arqueó una ceja.
—¿Están todos preparados para el inicio? —interrumpió Camnes acercándose.
—Señor —musitó Chrossa.
—¿Qué le ha de pasar a usted, Chrossa?
El hombre miró a
Brumma, haciéndole una seña para que ella hablara.
—Señor. Le confirmo
que el hechizo ha funcionado perfectamente. Con más energía podré hacer el
impacto que usted espera, sólo que...
Camnes se acercó a
ella. —Hable —ordenó.
—Necesitaré realizar unas alteraciones.
—¿Por qué? —preguntó el líder tranquilamente.
—Como verá, la distancia a la que hemos impuesto
en un principio no servirá para lograr el impacto adecuado, al Castillo no le
afectará.
—¿Y cuál sería su sugerencia, señora?
—Tendría que acercarme unos metros más —le
contestó tímidamente.
—Comprendo —el líder quedó en silencio por unos
momentos—. Está bien, habrá que prevenir que nadie la encuentre, al menos no en
el momento de llevarlo a cabo.
Chrossa y Brumma
suspiraron aliviados.
—Será como usted lo disponga, señor —contestaron.
—Espero que todo salga como lo hemos pactado.
Chrossa, continúe entrenando a los demás hombres y en cuanto a aquellos
inútiles —señaló a un grupo de hombres—. Vea de conseguirles alguna labor
adecuada que puedan realizar sin repercutir ni poner en riesgo mi plan.
—Así, será, mi señor —contestó Chrossa
dirigiéndose hacia donde los hombres se encontraban y llevándoselos de manera
crispada hacia otro lugar.
—Qué la preocupación, ocupe un último lugar
en su estado, Camnes, todo saldrá impecable —sonrió Brumma.
—Lo confirmaré cuando el trono me pertenezca,
señora —contestó con su mirada desviada—. El poder es lo que nos llevará hacia
donde uno más pretende, sin él, estaría muerto —remató alejándose para dar
otras indicaciones a otros inferiores. La bruja quedó pasmada ante la última frase
escuchada por el fuerte e irrompible líder de Non Regnum. Su dependencia hacia
un poder parecía ser su punto débil.
Con una Brumma pensativa, nos retiramos del episodio mientras le permitimos a los protestantes continuar con su estrategia a acontecer.
Con una Brumma pensativa, nos retiramos del episodio mientras le permitimos a los protestantes continuar con su estrategia a acontecer.
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