jueves, 26 de febrero de 2015

Episodio V

Episodio V
Donde se hace la presentación del banquete y una breve explicación del mismo.

Como costumbre, en el reino de Castilla se solían hacer banquetes dos veces al mes, efectuando todo tipo de festejos, cualquiera que fuese su origen, todas ellas eran momentos de socialización y creación de fuertes lazos además de suponer unos hitos que marcaban el sistema de ordenación del tiempo, como aquellas que daban la bienvenida a las estaciones.
En esta ocasión, el festejo se debía al avance tanto político como económico que había surgido desde la coronación del rey, por lo tanto, participaría todo el pueblo de Castilla.
El mismo comenzaría al atardecer y todos ya estaban al tanto de ello. Los campesinos ayudaban en cuanto a la organización.

Murriel y Larry aprovecharon esa misma ayuda para estar más cerca del rey y de alguna manera, hacerse notar por él.
  
No lo sé, Larry. Hemos estado aquí desde que el consejero nos avisó y todavía no hay rastros del rey.
Despreocúpese Murriel y pruebe esto, esta delicioso le dijo su amigo entregándole un bocado de la comida preparada.
¿Es correcto comer antes de la llegada del rey y los nobles?  
Claro. Nosotros tenemos que probar que todo este en perfecto estado le guiñó un ojo.
Murriel lo observó y comenzaron a probar los tipos de aperitivos que se encontraban en la mesa del banquete.


En esta clase de festejos solían servir Pastelitos de piñones y de almendra con azúcar, espárragos, salchichas y albóndigas, perdices con salsa, varias cabezas de ternera, dorada y plateada, capones, jamón y jabalí servidos con una variedad de potajes delicados, cordero asado con salsa de cerezas amargas, bandejas con diversas aves asadas, pollos guisados con azúcar y agua de rosas, crema perfumada con salvia, membrillos cocidos con piñones, azúcar y canela, y por último, confituras y e incontables tartas diferentes confites de especies.

Todo esto esta delicioso comentaba Murriel mientras degustaba la comida.
Devore más despacio reía su amigo.

El rey, se encontraba observando cómo era usual desde su ventanal todos los preparativos. Le agradaba ese tipo de festejos ya que sentía que unía más a su pueblo. Todos organizando, ayudándose, saboreando la comida. Veía felicidad y alegría en sus rostros, hecho que lo llenaba de orgullo.
En un momento posó su mirada hacia dos jóvenes quienes comían como si fuese su último día, cosa que lo hizo reír y llamar mucho su atención.

Sequetina llamó a su fiel duquesa.
Su Majestad se acercó a él.
¿Quiénes son esos jovenzuelos? los señaló.
Unos campesinos contestó ella sin mucha emoción—. Oh, y aquel es el que intervino en aquella manifestación dijo recordando.
Le recuerdo sonrió paternal Me han comentado de aquello y hemos llegado a una resolución.
Sequetina lo miró confundida— ¿Resolución? ¿Por un barullo incoherente? dijo despectivamente, al darse cuenta de ello, se disculpó manteniendo disimulo— No me he enterado, no he participado de tal reunión se cruzó de brazos ofendida.
Seguramente estaba ocupada con otros asuntos, no se aflija le sonrió.
Sequetina soportó y reprimió su ira, sonriéndole forzosamente.
Espero enterarme la próxima vez sólo dijo.
El rey hizo caso omiso a su comentario y continuó observando a ambos jóvenes.
Se están devorando todo dijo con una amplia sonrisa.
Si desea, su Majestad, puedo enviar a que los expulsen de allí le sugirió Sequetina.
No es necesario, déjelos. Que disfruten de mi banquete.
Pero ¿No cree que es irrespetuoso para su Majestad?
Por supuesto que no, mi joven dama.
Usted manda sonrió falsamente.
Mi bella dama, hoy será un día de festejo dijo orgulloso.
Como todos los que su Majestad organiza.

El rey miró dedicándole una gran sonrisa. Luego, quedó pensativo por unos momentos, preguntándose el motivo de porqué ese joven lograba captar poderosamente su atención. Despejó sus pensamientos hacia su banquete y las siguientes tareas del mismo.
Abandonando los pensamientos del rey, finalizaremos con el actual episodio, prosiguiendo con una novedad para el siguiente.

Episodio IV

Episodio IV
Episodio corto donde se exhiben ciertos pensamientos del rey y el conocimiento de una noticia que alentará a nuestro héroe.

Al rey le costaba conciliar el sueño. Había algo en su interior que no estaba bien. ¿Por qué? El reino estaba tomando el camino adecuado, estaba satisfaciendo las necesidades de sus civiles, campesinos y aldeanos. En el consejo surgían disputas, las cuales, las podía solucionar sencillamente.  
Se levantó de su terciopelada cama desvelado. Se dirigió a su ventanal para observar el hermoso reino que se encontraba a su alrededor. Jamás imaginó que ese sería su destino, estaba conforme, pero aun así no se sentía del todo completo. Si el muriera, se preguntaba en manos de quién quedaría el reino. Aunque conocía a la gente de la nobleza, todos muy idóneos respecto a su cargo, con suficientes conocimientos culturales, sociales y gubernamentales para ser capaces de tomar su monarquía. A pesar de ello, no les depositaba plenamente su confianza. El mismo sentimiento siempre lo irrumpía, los civiles quedaban en un segundo plano, lo primordial era el poder y la ambición que generaba el mismo. El era distinto, sus civiles importaban más allá de todo a pesar de las consecuencias y discusiones que eso le traía con el consejo. El necesitaba alguien a quien recurrir y confiar plena y transparentemente.
Quizás eso era imposible, quizás todo el mundo fingía un interés, el cual que no iban a desarrollar luego alcanzar su objetivo ¿Cómo saber? ¿Cómo creer en palabras ajenas?
De lo que él estaba seguro, era que mientras el permanezca en Castilla siempre defendería y auxiliaría a su pueblo.
Con esos pensamientos se retiro a descansar, mientras una jovial imagen apareció de repente colándose entre sus pensamientos…

Un día nuevo se asomaba en Castilla. El castillo era iluminado por la dedicada luz que procedía del sol. La luz irradiada era tan fuerte que hizo despertar a los civiles para comenzar su nuevo día de labor. Murriel abrió sus ojos lentamente observando a su alrededor, se encontraba en una acogedora cabaña, la cual le había ofrecido su nuevo amigo, Larry, quien estaba durmiendo a su lado. Sonrió al recordar la conversación que habían tenido aquella noche.
El joven soñador se levantó sintiendo pesadez en su cuerpo, expresando un chillido de dolor lo que hizo alarmar a Larry.

Murriel ¿Se encuentra bien, amigo?
Sí, no se preocupe. Me siento quizás, algo dolorido. No es alarmante sonrió.
Es común que se sienta dolorido, no es la mejor paja para dormir ambos rieron divertidos.
Igual agradezco toda su ayuda, me es indudablemente sincera.
Nosotros hemos aprendido a ayudarnos, le agradará conocer la gente que habita este pueblo. Comencemos a trabajar, y le explicaré lo que tiene que hacer. Luego le ayudaré a ver qué podemos hacer con su “asunto”.
Gracias Larry, pero…
¿Sucede algo?
Sinceramente mi amigo, lo que menos deseo en esta vida es que usted se meta en problemas por mi culpa, ya ha hecho suficiente, yo seguiré insistiendo, pero lo haré por mi propia cuenta.
¿No quiere acaso que le ayude a acertar con el rey? arqueó una ceja.
No me malinterprete, amigo. Solo no quiero agregarle problemas a su vida.
Descuide, no pasará nada de lo que ha mencionado. Además, ya tengo suficiente experiencia para tratar con esos guardias metálicos.
Murriel rio ante el comentario.
Yo también les llamo así. A decir verdad, no sé como toleran esa armadura.
La costumbre evita dolores y molestias al mantenerlos como parte de nuestras vidas. Quizás, a eso se deba su fatal humor.
De repente, su charla se vio interrumpida por un señor que entró rápidamente.

¡El rey hará un banquete! Exclamó haciendo que ambos jóvenes se miraran.
¿Un banquete? preguntó Larry observando al hombre.
Así es, señor Larry, eso es lo que he dicho contestó impaciente el hombre quien luego de hacer un saludo se retiro rápidamente a avisarle al resto de los campesinos.
¡Espere un momento Rafael! quiso detenerlo Larry Siempre tan apresurado suspiró.
¿Quién es ese señor, Larry?  
Un consejero del rey fue su corta respuesta.
Oh…  
Larry abrió sus ojos con impresión— Murriel, esta es su oportunidad dijo sonriendo y tomando a su amigo por los hombros.
¿Lo cree? preguntó no muy seguro.
Por supuesto, será mucho más fácil hablar con el rey si realiza un banquete.

Una emoción intervino entre las dudas de Murriel sembrando en él la esperanza de lograr su dadivoso objetivo. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Episodio III

Episodio III
Donde Murriel realiza una explicación breve acerca del porqué desembocó en Castilla y su particular sueño.

Larry comenzó a servir los aperitivos sorprendiendo al recién llegado por el olor que la comida emanaba.
Esto esta delicioso, Larry comentó Murriel al dar un bocado.
Gracias amigo. Pescado es lo que más solemos comer aquí. Y cuénteme ¿Cómo se ha animado a migrar hasta aquí, solo? preguntó Larry interesado.
Desde niño me ha interesado confesó—. Mi abuelo solía contarme muchas historias sobre los reinados, destacando el de Castilla. El ha sido un plebeyo desde 1325. Si mis recuerdos no me han de fallar, en ese momento se encontraba Alfonso XI, mi abuelo me ha contado muchas anécdotas sobre él, a quien llamaban “el justiciero”, mi abuelo le admiraba y siempre estuvo satisfecho con su labor comenzó a contar el joven.
Comprendo ahora sus impacientes e inclinados motivos para desear convertirte en un fiel plebeyo acotó el joven.
Lo que recuerdo de este rey, es que Alfonso XI consiguió un fortalecimiento del poder real dividiendo a sus enemigos relataba el joven emocionado, acordándose cada palabra que su abuelo le había contado—. Desde su infancia demostró sus magníficos dotes como gobernante, algo muy admirado por el pueblo de Castilla. Mi abuelo me ha contado que el subió al poder muy joven, tan solo tenía unos quince años continuó explicando—. Lo que más me ha llamado la atención de Alfonso XI fue su alianza con Francia para luego conciliar una tregua con los musulmanes de Granada. Fue un hombre muy valiente quien supo sacar adelante su reinado más allá de los conflictos. Luego de su muerte, ocasionada por la fiebre negra en 1350, su sucesor fue Francisco I. Los restos de Alfonso XI fueron trasladados a Sevilla, mi pueblo natal y en 1371 lo trasladaron a la capital real de la central de Córdoba.  
Larry arqueó una ceja ¿Cómo recuerda el todo aquello? ¿Y año por año? preguntó Larry asombrado.
Mi abuelo ha seguido sus pasos en todo ese tiempo, siendo testigo de todo lo sucedido con el rey. Al ascender Francisco I al trono, el reino no estaba mucho a su favor ya que hubo inconvenientes con unas modificaciones hechas al parlamento del rey anterior. Hubieron conflictos y batallas que el rey Francisco I pudo controlar, pero no por mucho tiempo. Mi abuelo presenció su triste muerte.
¿Todo esto que me cuenta es cierto, Murriel? Las lenguas comentan otro relato. El rey Francisco I ha escapado luego de enterarse que padecía la peste negra. Murió unos años mas tardes de su huída.
Ese dato es falso, querido amigo, el se suicidó confirmó Murriel—. Mi abuelo ha estado presente repitió—. Francisco I no soportaba la desobediencia de su reino en base a sus ideales políticos. Vivía en la sombra de Alfonso XI, a quien no pudo reemplazar como un buen rey para sus civiles. Su presión era tanta que por dicho motivo decidió suicidarse. A los civiles se les ha ocultado este hecho ya que ocasionaría mucha polémica y discordia, haciendo pasar desapercibida su abandono al trono, inventando lo que usted sabe sobre su enfermedad y posterior fallecimiento.
¡Qué el diablo me lleve! llevó sus manos a su boca—. Su abuelo sabía en demasía.
— Así es, el me ha contado todo acerca de los reinados en los que él estuvo presente. Como el de Francisco II quien tuvo uno superior a comparación de Francisco I. Todas las noches esperaba la llegada de mi abuelo para escuchar esas fascinantes historias. Yo era el único de mi familia a quien le interesaban. El siempre decía que amaba su labor como plebeyo y estar cerca del rey. Con Francisco II tuvo una relación más cercana confesándole algunas de sus hazañas. Mi abuelo se retiró diez años antes de la caída de Francisco II, el cual ya no estaba capacitado para llevar adelante el reino, asumiendo entonces el rey Francisco Julio III sonrió con ensoñación—. A pesar de no haberlo conocido personalmente, mi abuelo me contó acerca de su manejo con el pueblo y lo último que sé, es que ha sido declarado como el rey más bondadoso de los últimos tiempos terminó de contar con un profundo suspiro.
Eso me consta plenamente, mi amigo comentó Larry sin salir de su asombro—. La verdad es que hay muchas cosas de las que usted ha dicho que no he sido enterado.
Confío en mi abuelo y sé que todo lo que me ha contado ha sido cierto.
¿Cuál es el paradero de él, Murriel?  
El joven le dedicó una mirada solemne y desabrida El ha muerto hace dos años.
Lo lamento.
No lo haga. Era mejor. Estaba sufriendo, una infección le atacó, ocasionando que no pueda respirar, sangraba mucho y vomitaba. Veinte días después de esa terrible agonía, murió.
Le compadezco, mi amigo.  
No existía cura para lo que el padecía dijo cabizbajo—. Yo estoy aquí para cumplir mi sueño, y el de mi abuelo se recompuso sonriendo. Sus ojos brillaban manifestando la emoción que lo invadía.
Es usted una persona muy valiente le dijo Larry haciendo que Murriel se sonrojara.

Luego continuaron su charla sobre cosas triviales hasta finalmente ambos, cayeron en los brazos de Morfeo para conciliar su apaciguador sueño. Aquí finaliza el presente episodio, con el fin de dejar descansar a nuestro héroe con su nuevo amigo.

Episodio II

Episodio II
Donde se explica brevemente el valioso lugar dónde se encuentra nuestro héroe y la aparición de un nuevo personaje quien ocupará un lugar importante en la historia.

Las viviendas de los civiles y/o campesinos eran cabañas o chozas de adobe, piedra, madera o inclusive barro cubierto de paja. Los más afortunados tenían un fogón en el centro de su vivienda para cuando el frió los acarreaba. Murriel pensaba ofrecer sus servicios para conseguir alojamiento. Antes de buscar un hogar, decidió pasear y conocer el lugar.

El joven recorrió el reino embelesado por la estructura del mismo. Las casas de los campesinos rodeaban el castillo, se podían apreciar las bellas iglesias en dirección contraria al mismo, consideradas epidérmicas. Las catedrales fueron construidas siendo una novedad y extraordinario atrevimiento para la época, su arquitectura formando un arco semicircular con capillas laterales dio una fisonomía distinta respecto al resto de los edificios. Castilla era todo un sueño para quien se atreviera a visitarlo. Murriel disfrutaba de todo lo visto y aunque no consiguiera su objetivo, se iría pleno y contento de allí.

Luego de recorrer varias zonas de Castilla, decidió buscar un lago para relajarse. Al acercarse al mismo, divisó un joven de casi la misma edad que él. Pelo alborotado y castaño, ojos azabaches y contextura delgada eran unas de sus características. El joven estaba intentando pescar con su anzuelo de madera, sin obtener el éxito esperado en cada intento que efectuaba. Suspirando se sentaba a cada momento para luego volverse a levantar y seguir demostrando su frustración respecto al desacierto de adquirir lo que esperaba. Murriel quedó observándolo por unos instantes, sorprendido ante la desesperación del joven, el mismo hacia movimientos poco convenientes al lanzar su herramienta, agregando además, que la punta de hueso que tenia la lanza estaba muy mal ubicada en la misma, lo que hacía aún más difícil poder pescar algo. Murriel comenzó a reír disimuladamente, evitando que el joven se diera cuenta.

Se acercó delicadamente hacia el campesino quien no paraba de rezongar ante cada tiro dado, tocó sutilmente su espalda y el joven se sobresaltó.

¡Oiga! exclamó, soltando su lanza del susto.
Disculpe, no era mi deseo asustarle sonrió Murriel.
Aleje su preocupación contestó, mientras volvía a tomar su lanza de madera.
Lamento interrumpir su actividad, pero creo que está haciendo usted un mal movimiento disparó inocentemente. 
El joven lo observó curioso.
Si me permite le despojó la lanza sostenida por el joven para luego ubicarse a su lado. Esta púa está mal posicionada dijo mientras la giraba para ponerle en su lugar correspondiente Usted debe dar un paso hacia atrás, calcular la distancia adecuada y mirar hacia un lugar determinado, un punto fijo explicaba mientras lo demostraba con sus movimientos Luego lance extendiendo el brazo con la fuerza justa. Al tirar de esta manera, la lanza desembocará en el lugar adecuado, debe de ser preciso. Es sencillo cuando se acostumbra a hacerlo.
Murriel fue a buscar la lanza, y al sacarla tenía un pez incrustado en ella.

Es usted un excelente pescador contestó con asombro el joven quien había estado escuchando su explicación con entera atención.
¿Desea hacer otro intento usted? le entregó la lanza.
El joven intentó imitar la posición que Murriel había hecho previamente, dio un paso muy atrás, dejando su cuerpo graciosamente hacia un costado, al intentar extender su brazo, el mismo estaba temblando, fallando nuevamente con su cometido.

Murriel riendo divertido, se acercó al joven para acomodarlo de la manera correcta, dejándolo en la posición adecuada, buscó la lanza nuevamente y la situó sobre la mano del joven.

Ahora flexione bien su brazo derecho, luego con su cabeza cerca de la lanza mire con precisión en un punto fijo, hacia donde usted quisiera apuntar le sugirió Murriel Ahora intente extender el brazo que sostiene su herramienta, pero procure no hacerlo con mucha fuerza, midala, si no mandara la lanza al infierno rio Murriel.
El joven hizo como Murriel le indicó clavando la lanza en un lugar determinado y conciso.
¡Ea! Lo he conseguido exclamó feliz el joven yendo a buscar su lanza.
Murriel sonrió satisfecho.
Le agradezco por su ayuda dijo el joven acercándose contento Nunca le he visto por aquí.
No. Yo he de ser un recién llegado al pueblo
Oh, mucho gusto, sea usted bienvenido a Castilla extendió su mano amablemente.
Le agradezco su cortesía dijo manteniendo su pura sonrisa espero haberle servido de maestro de pesca.
Claro que si lo ha hecho rio el joven ¿Cómo se hace llamar usted?
Soy Murriel y he llegado hace pocas horas aquí. He venido al lago a relajarme unos momentos luego de estar recorriendo este hermoso pueblo. dijo con ilusión Luego debo de buscar alguna vivienda.
Mi nombre es Larry, soy un campesino de aquí. Provengo de una familia humilde, pero fui trabajando para sobrevivir ya que no eran suficientes nuestros sustentos. Gracias al rey, muchas cosas han cambiado en este lugar. Somos una grata comunidad y estamos confiados en que todo irá consolidándose con el tiempo. le contó Usted ¿De dónde proviene Murriel?
Provengo de Sevilla. Mi desconsolado pueblo está pasando por convulsiones económicas y sociales agregó sin mucha alegría.
¿Por eso ha decidido emigrar aquí?
No fue ese el principal motivo
Larry arqueo una ceja. ¿A qué se debe entonces?
Estoy aquí para ser el fiel plebeyo del rey. 
Larry iba a decir algo pero Murriel no lo permitió. Lo sé. Sé que pensara que es imposible que un simple civil como yo, pueda hablar con el rey y menos, ser su fiel y considerado plebeyo.

Larry sonrió espontáneamente ¿Eso cree? ¿Quién se lo ha dicho? Imagino que esos canallas de los guardias.
¿Cómo sabe eso, Larry? preguntó intrigado.
Su comportamiento es igual con todos los civiles que quieren acercarse a su Majestad. No es imposible, pero no niego que sea dificultoso. Muchos realizan peticiones al rey respecto a las necesidades del pueblo. Su caso es algo especial, Murriel.
Sus palabras me hacen aguardar esperanzas ¿Tendré alguna posibilidad para esta causa? preguntó ilusionado.
Así le afirmo yo, amigo. ¿Sabe algo? Su presencia me ha sido grata, le ayudaré.
Murriel comenzó a sentir una fuerte energía positiva. Estoy muy agradecido Larry. Dígame que necesita por esta ayuda y no tendré problema en concederlo.
Aleje sus preocupaciones, mi amigo ¿Permite que le llame así? Puede vivir conmigo, podría ser usted un buen campesino. Y el trabajo no se le niega a ningún civil.

Murriel se sentía el ser más afortunado del reinado. Nunca imaginó que iría a hacerse un amigo tan rápido y menos que este le agradara tanto. Las cosas menos esperadas suelen suceder en los momentos más oportunos. Su estadía en Castilla no sería tan corta como el suponía. Luego de varias charlas triviales que mantuvieron, Larry cortó un poco de leña ya que estaba haciendo mucho frío. Más tarde, se dispusieron a comer algo que él había pescado esa tarde con unos vegetales que le había dado un compañero. La relevancia se relatará en el episodio siguiente.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Episodio I

Episodio I
Donde hace su aparición el personaje principal junto a otros de suma significancia en la historia.

Año 1400 D.C Reino de Castilla

El rey, con todo su esplendor, se asomó a su balcón viendo a toda la multitud aclamando por su llegada. Su bondad logró salvar a mucha gente de la civilización y el agradecimiento a ese hombre con bigotes blancos y corona dorada era tan enorme como el mismo reino.
Al levantar su trono dejando relucir toda su majestuosidad, la muchedumbre no hizo esperar los chiflidos, los gritos y los halagos.
A pesar de los enfrentamientos entre musulmanes y cristianos, todo había resultado en un mismo punto, mantener la fiabilidad del reino y la seguridad de su pueblo. La nobleza era encargada de defenderlo frente a estos ataques. El rey de Castilla llegó a un acuerdo con el rey musulmán, logrando consolidar la paz definitiva en su reino.
Mis amados civiles, mis iguales. Agradecido estoy con ustedes por confiar en mí. El gobierno crecerá, implementaremos más lugares con curanderos para enfermos.
Los gritos aumentaron aún más logrando arrancar otra sonrisa a su amado rey.
Mientras los suspiros y las alegrías seguían abordando el reino de Castilla, un joven de unos veintitantos observaba a lo lejos el gran evento. Este joven siempre ha oído historias sobre el rey de Castilla Francisco Julio I, ahora quien gobernaba era Francisco Julio III.
Siempre ha querido conocer al rey, por su bondad y por ser la Salvación para el pueblo, quería aprender de él, decirle cuanto lo admiraba y si era posible, ser su fiel plebeyo.
Este muchacho cuyo nombre es Murriel poseía una contextura pequeña, pero con una gran fuerza interna y sorprendente frente a quien la descubriera.
Su tez blanca, ojos miel y pelo negro hacían resaltar más su sonrisa avasalladora, poseedor de un gran espíritu.
El joven se acercó aún más a la muchedumbre, los halagos hacia el rey eran increíbles, se podía apreciar lo complacidos que estaban respecto a la política del pueblo de Castilla.
El quería conocerlo, su anhelo se había hecho aún más grande cuando su abuelo le contó en detalle sobre el presunto rey.
Murriel, se dirigió camino al Castillo; poco a poco la multitud iba desapareciendo despejando el camino del joven.
Su temor se incrementaba a medida que se acercaba, la inseguridad parecía augurar que quizás no tendría el placer de conocerlo aquel día, solo esperaba que esos fueran falsos y vacilantes presagios. El poseía el conocimiento suficiente para entender que no era común visitar el rey como si esto se tratara de una tarea asequible, solo esperaba que le recibiera.
El rey, siguió observando detrás del ventanal como iba oscureciéndose, siempre le gustaba sentarse, comer frutos y observar la caída del atardecer. Sus ojos demostraban melancolía. No era un rey como todos, él creía en la igualdad y siempre estuvo dispuesto a escuchar a su pueblo. A pesar de todo aquello, un fuerte desamparo lo embargaba. Siguió observando cómo los civiles se dispersaban regresando a sus respectivos hogares cuando divisó un grupo de jóvenes reunidos manteniendo una seria charla. El rey sonrió al creer que se trataba de una unidad que trataría de organizar algo beneficioso para el pueblo de Castilla.
Murriel, continuaba con su camino hacia al castillo, pretendiendo que lo atiendan para obtener algún tipo de cita con el monarca. Su objetivo se desvió temporalmente al captar su atención al grupo de civiles algo alarmados. Se acercó para ver que sucedía.
Los mismos se encontraban discutiendo acerca de algunas opiniones respecto a una posible construcción de chozas para realizar una enseñanza a los más pequeños.
La conversación había comenzado apacible hasta que despego hacia tonos más violentos por la disputa entre dos campesinos que no se ponían de acuerdo, cuando los temas políticos se mezclaban con el asunto.
He de decirle que su idea es inútil, nunca recaudaremos lo suficiente.
Es usted un mal dotado y mal predispuesto le retrucó el campesino.
Déjeme decirle que usted no tiene sentido común se quejó el otro civil. Continuaron así por mucho rato, cuando Murriel se había detenido a escuchar lo que decían, quedándose sorprendido y hasta divertido de tantos rebotes que tenia la charla.
Ambos civiles, se acercaban impetuosamente, sorprendiendo a sus compañeros quienes intentaban separarlos ya que se gritaban muy de cerca.
Disculpe intervino Murriel preguntando a un campesino quien también observaba la disputa¿Cuál ha de ser el inconveniente aquí?
El civil lo miró curioso Buenas tardes ¿Usted es de por aquí? preguntó estudiando al jovenOh, veo que lleva sus cosas en esa bolsa dijo sonriente—. Nunca le he visto ¿Es un recién llegado?
Así es, señor. He emigrado de Sevilla, vine a cumplir unos objetivos dijo sin ser muy explícito.
Le doy la bienvenida le sonrió.
Los otros campesinos continuaban discutiendo cada vez mas fuerte haciendo que el hombre tuviera que levantar la voz para hablarle a Murriel.
Han de discutir muy fuerte dijo Murriel tapándose sus oídos.
El civil rio, luego le comentó acerca del tema que protagonizaba la controversia en ese momento. Se habían reunido para solucionar un asunto acerca de los niños quienes carecían de cultura y ciertos acomodos que otros niños disfrutaban.
Hemos de discutir acerca de qué hacer con algunos niños. Uno desea resolver el asunto pidiendo al consejo una pronta solución y que sean encargados de permitirles usar algunas tierras y que el reino colabore para armar escuelas episcopales. El otro le discute alegando lo imposible que sería eso y proponiendo de juntar a la gente del pueblo para encontrar otra manera de cumplir con este sustento.
Comprendo. Pero lo que no concibo, es el problema contestó el joven interesado en el tema.
¡Ya deje de tocarme usted, mal engendrado! se escuchaba el grito del campesino que estaba peleando.
No tiene ningún principio usted ¿Tanto le ha de costar entender otras perspectivas? le contestó el otro.
Más civiles comenzaron a acercarse al barullo, el cual fue aumentando a medida de su llegada. La gente intervenía y apoyaba a una u otra parte, ocasionando un estallido que logro llamar la atención de la mitad del pueblo.
El rey, impresionado, se acercó hacia su ventana nuevamente para divisar la cantidad de civiles reunidos fomentando alboroto.
Murriel se acercó hacia los campesinos que seguían entretenidos en su disputa, quiso intervenir en la misma, pero ambos hombres no le daban la posibilidad, ignorándolo por completo. El joven bufó varias veces y sonreía tímidamente al grupo de personas quienes estaban cerca de ellos.

¡¿Acaso no se oyen cuando hablan ustedes?! exclamó por fin Murriel.
Los hombres solo lo miraron con mala cara y continuaron con sus entredichos.
Yo les puedo decir que como recién llegado no es agradable encontrarse con tanto engullido, el discutir de esta manera y sin escucharse alimenta su poca comunicación y opinión del tema al respecto dijo Murriel poniéndose en el medio de ambos.
¡Córrase usted, señor! Lo empujó uno de los hombres hacia un costado—. No intente injerir en lo que no le concierne.
¿Cómo dice? ¿Qué no me ha de concernir? preguntó incrédulo— Yo creo que si puede interesarme este asunto, por eso me gustaría aportar a su solución.
El resto de los civiles miraban a Murriel asombrados por el coraje del joven al interceder en una disputa donde la gente estaba acostumbrada a escuchar y ver quien terminaría concluyendo con la misma y siendo el dueño de la razón.
¿Qué he dicho? preguntó incrédulo al notar como lo observaban el resto de los civiles. 
Muchacho, es mejor que no intente entrometerse le dijo el campesino quien se había presentado y le había contado lo sucedido con anterioridad. Tomó a Murriel por el brazo y lo arrastró con él, permitiendo que los otros hombres continúen con su controversia.
Pero me gustaría contribuir en su objetivo.
Es usted un joven muy curioso ¿verdad?
Soy y seré así por el resto de mi vida señor y mucha con honradez lo considero. Mi abuelo me ha enseñado… no pudo continuar con su relato ya que un fuerte ruido lo calló. 
El civil que estaba con él se metió entre los demás campesinos para alentar a los que discutían.
Dichos hombres estaban a punto de iniciar una fuerte riña.
El rey, acompañado de su considerada fiel duquesa, comenzó a sentirse un poco inquieto.
¿Qué ha de suceder allí? señaló el monarca hacia el grupo de civiles reunidos y bulliciosos.
Quizá sea un simple agrupamiento para hacer sus típicas peticiones a usted, su majestad contestó la duquesa con poco interés y mirándose en el espejo.
No… no lo creo así, mi dama. Esto no es solo una simple reunión, han de estar bastante alarmados y eso me turba contestó el rey preocupado—. Le pido que primeramente llame usted a los guardias, encargándoles que estén atentos a la situación y la frenen de ser necesario.
¿Cree usted que será necesario? acotó ella con abulia—. Es decir, majestad, sabe lo común que es esto, debería dejarles que sigan con sus asuntos y se arreglen solos, para así aprender como convivir en comunidad.
El rey sin hacerle caso, nuevamente le exigió hacer lo pedido anteriormente. La bella mujer bufó pero obedeció a su monarca enviando a un grupo de guardias hacia donde los civiles se encontraban.
No deben ustedes hacer este alboroto, ¿no sería algo impresionante para los niños? volvió a insistir Murriel entre poniéndose en el medio de los hombres.
¡Ya ha agotado mi paciencia, córrase! gritó el hombre empujando fuertemente a Murriel haciéndolo caer al suelo.
Estos hombres son unos salvajes dijo el joven mientras intentaba levantarse cuando el tumulto de gente se seguía acercando a los autores de la agarrada, logrando que a Murriel le cueste ponerse en pie. Cuando lo consiguió luego de algún esfuerzo, se alejo unos metros pensando cómo podría parar tal pelea, a la cual, veía como ridícula.
Los guardias estaban dirigiéndose hacia el camino del alboroto, muchos civiles comenzaron a gritar cuando los vieron.
Murriel sintió algo de pánico, nunca había estado en una especie de protesta como aquella. Había iniciado con algo tan simple como dos campesinos discutiendo sus diferencias, y terminó en algo excesivamente escandaloso, lo que nuestro joven héroe quería evitar en un principio.
Su abuelo siempre le había comentado acerca de las manifestaciones que a veces se armaban, pero como siempre le contaba, consiguió frenar varias de ellas. Sonrió al recordarlo. Murriel aborrecía demostrar sus miedos, por ese motivo, aunque temblara hasta las entrañas, se arriesgaba a pasar por situaciones engorrosas y complicadas.
El joven se adentró mucho más con la multitud, quienes ahora aplaudían a uno de los campesinos dando un discurso respecto a cómo le importaba la integridad de los niños, no permitiendo que el otro le conteste y tratándolo con violencia. Murriel revoleó sus ojos pensando lo presuntuoso que se veía aquello. Decidió no involucrarse más, pensando lo inútil que sería. Su decisión cambio en el momento que pudo ver a un niño llorar del susto y decir palabras como “Ya no peleen más” “Madre, no puedo jugar con este ruido, esos señores han de darme miedo”.
La madre no escuchaba a su hijo, solo lo tenía sujetado observando con atención la pelea.
Murriel, con furia comenzó a empujar a los civiles para llegar nuevamente a quienes desataron todo el escándalo, sorprendido de su acto, consiguió la atención de la multitud, incluyendo la de los protagonistas de la disputa.
¡No notan lo ridículos que han de verse! gritó.
Los guardias estaban cerca de ellos. Han conseguido una situación caótica. Los guardias irán a reprenderlos.
¿Quién es usted, joven? ¡Váyase! gritó un civil— No sabe usted cómo ha de funcionar esto, nuestro rey nunca permitiría que nos repriman.
Han aprovecharse ustedes de su bondad. Y aunque he llegado aquí hoy, se mucho sobre su mandato y sé lo que espera de su pueblo y esto puede decepcionarle.
¡Váyase! lo intentó arrastrar un campesino.
¡No me iré! ¿Acaso ustedes no se dan cuenta lo que han mal logrado? Ustedes diciendo que quieren lo mejor para los niños y ayudarles cuando el resultado es el contrario.
Mejor es que se vaya, muchacho. Puede ser arriesgado para usted le dijo en tono calmado el campesino con quien había hecho charla al principio.
Si hago eso, señor, me arrepentiré por no haber expuesto mis pensamientos dijo Murriel mirando como los guardias se acercaban.
El joven se apresuró a hablar. Era asombroso como los civiles que se encontraban allí, guardias y hasta el rey desde su lugar con algunos miembros de la nobleza, lo observaban detenidamente. Nunca se imaginó como sería capaz de acaparar su atención, notándolo tan simple y arriesgado al mismo tiempo Aquel niño dijo señalando al pequeño a quien él lo había escuchado lamentar—. Su disgusto me hizo ver lo equivocados que ustedes están, más aún de lo que consideraba antes Murriel dio unos pasos hacia adelante mirando al niño ofreciéndole su mano—. Venga aquí, pequeñuelo.
El niño se soltó del agarre de su madre, acercándose hacia Murriel con temor. Los civiles observaban como el niño avanzaba, mientras le dejaban el paso. Nuestro joven héroe, continuaba sonriendo hasta la llegada del niño, tomando a este de la mano. Los guardias llegaron hacia la multitud, notando el silencio que se había producido a comparación de unos momentos atrás.

Duquesa 
la llamó el rey. La mujer se acercó hacia él— ¿Conoce usted a ese joven? preguntó señalando a Murriel, quien le había llamado la atención respecto a cómo respondía ante los civiles.
No le conozco, majestad, nunca le vi contestó la duquesa sin demasiado interés.
Veo como parte de mi pueblo le presta atención al hablar sonrió.
El rey quedó pensativo. Tal actitud de nuestro héroe logró movilizarlo. Su pobre corazón afligido comenzó a sentir algo parecido a la esperanza.
¿Ha de sucederle algo, majestad? preguntó la bella mujer.
No debe preocuparse. Procure que no suceda nada grave allí señaló a la multitud—. Iré a descansar dijo con un suspiro—. Si algún civil desea verme, le pido que le asista, no me he de sentir presentable en estos momentos sonrió forzosamente.
Así será, majestad la duquesa lo escoltó hasta su lecho.
Mientras tanto, Murriel pudo conciliar una especie de acuerdo, el cual le había costado al principio, luego pudo acomodarlo.
No deben ustedes seguir con este absurdo. Deben ustedes de hablar con el rey para solucionarlo.
¿Acaso cree usted que no lo hemos pensado ya? No es tan simple como se lo ve.
Me han dicho que el rey siempre ha escuchado sus necesidades.
Y testigos somos de aquello le contestó un civil—. Pero no siempre se consiguen cumplir nuestras peticiones, el consejo es parte de la decisión.
Usted porque es un cobarde que no se anima a enfrentar a la nobleza le dijo el campesino con el cual había participado de la disputa.
Yo he de creer que si se presentan organizadamente, colaborando entre todo el pueblo y presentando su idea les tendrán mucho más en cuenta que de la manera clásica que lo hacen.
Los civiles lo observaban extrañados. A pesar que lo dicho por Murriel pudiera sonar muy simple, nunca habían recurrido a ese recurso. Poco a poco, los civiles fueron calmándose, consiguiendo que los guardias no les repriman y pueda estabilizarse la situación. No solo lo dicho por Murriel consiguió tal cosa, si no que su manera espontánea y valiente al enfrentarse a toda esa multitud, dejo en evidencia que se puede luchar por sus propias convicciones.
Los civiles comenzaron a conversar con tonos diferentes, tomando en cuenta el consejo de su recién llegado. A pesar de las diferencias, consiguieron volver a reunirse en los próximos días para tomar una decisión que logre satisfacer a todos de alguna manera equilibrada. Algunos campesinos agradecieron y admiraron a Murriel por haber enfrentado a la multitud y a los hombres de la pelea, quienes no estaban dispuestos a ceder ante nada.

Sin mucho más para agregar respecto a este particular hecho que tuvo que transitar nuestro héroe, no hubo mucho más que lo relatado. El joven despidió con amabilidad a los civiles para dirigirse a su principal objetivo, conocer al rey. Murriel sabía e intuía lo dificultoso que podría ser, pero también había escuchado por los civiles que se podría pactar una cita para realizar alguna petición y él lo recibiría gustoso. El problema es que al joven no se le ocurría ningún tipo de petición respecto al pueblo, más que ser su fiel plebeyo. Tampoco estaba demasiado seguro como se arreglaban tales entrevistas. Su arriesgado corazón exigía ir en ese mismo instante a intentar conocer y hablar con el monarca.
El joven y reciente civil de Castilla, comenzó a recordar la sabiduría de su abuelo y todo lo que este le dejó como la más valiosa herencia en su peculiar corazón. Miró al cielo y sonrió inocentemente. Con mucho más anhelo, se dispuso a ir directamente por su objetivo y enfrentar cualquier impedimento que se le presentase para cumplir el sueño que siempre ha tenido compartido con su abuelo.
Al encontrarse a pocos metros del Castillo, lo observó con admiración, deteniéndose en su estructura, su emoción iba acrecentando con cada paso dado.
Murriel pudo llegar a la entrada del castillo donde allí fue detenido.

No está permitido pasar, señor lo detuvo un guardia del Castillo quien poseía grandes armaduras y un casco de metal mayúsculo.
Murriel soltó una pequeña risita imaginando como se debería sentir ese hombre con tal pesada pieza de metal.
El guardia lo miró confundido.
Ya le he informado que no tiene permitido el paso repitió.
Mis disculpas, hombre de metal sonrió pero al guardia no le hizo demasiada gracia—. Disculpe nuevamente mi señor, deseo ver al Rey pidió con voz temblorosa.
No le podré conceder tal deseo.
¿Cuál es el motivo de su severa negación? Verlo y hablar con él, es mi única petición… señor dijo nuevamente mirándolo con gracia.
Le aconsejo retirarse, hombrecito. el guardia estaba por echarlo, cuando su acto fue interrumpido.
Una figura femenina muy bella se había acercado. Cabellos rubios, tez suave y blanca, poseía una Tiara alta con unos diamantes blancos y brillantes haciendo remarcar mucho más su belleza. Su atuendo era un vestido largo y rojo que reafirmaba su preciado busto con unos adornos de plata.
¡Duquesa! exclamó el guardia dejándole el paso adelante. 
¡Qué un rayo me parta en este mismo instante si no consigo congeniar lo que mis ojos presencian! ¿Usted es…? el atolondrado joven no pudo terminar su pregunta.
Aquí presente, la Duquesa de Castilla se presentó— ¿Qué se le ofrece joven? preguntó ella con una mirada indescifrable.
Un placer conocerla a usted, su Alteza hizo una reverencia.
Ella lo saludó de la misma manera.
Disculpe mi intromisión... preciso ver al rey pidió nuevamente, esperando una respuesta afirmativa de parte de la mujer.
Joven, hemos de notar su reciente espectáculo con otros civiles. ¿Le urge acaso algún tipo de necesidad? preguntó apacible pero fríamente.
¿Acaso los ojos del rey se han clavado en mi persona? preguntó sorprendido mientras se arreglaba sus rebeldes cabellos.
No es lo que he querido decirle contestó rápidamente cortando la pronta emoción de Murriel—. El rey se ha de preocupar por su pueblo y si una controversia llega a surgir, el quiere estar al tanto del asunto. Por mi parte verlo aquí me ha venido como anillo al dedo para averiguar y así comunicarle a su Majestad.
Entiendo. Lamento si he ocasionado disturbios o molestias a su Majestad. Yo recién he arribado a este pueblo, provengo de Sevilla. Mi deseo ahora es poder entrevistarme con el rey.
Debería ser citado por el mismo, como todos en el pueblo. Verá comenzó a explicar—, muchos civiles desean hablar todos los días con su Majestad, el Rey Francisco. Estas se basan en problemas que urgen y aquejan al pueblo. No puede recibir por cualquier situación ¿me comprende, campesino?  
Murriel asintió desilusionado.
¿Para qué necesita usted a su Majestad? preguntó la duquesa.
Lo mío es algo personal. Yo… unas pequeñas gotas de sudor podían notarse en su frenteMe gustaría ofrecerles mis servicios como su fiel plebeyo disparó de repente.
La duquesa lo observo intrigada.
Ya hay suficientes, no creo que el rey necesite otro plebeyo.
Déjeme intentar hablar con él, le suplico. Si no necesita, me gustaría que le fuera el que me lo anuncie dijo firme. No desistiría tan fácil.
Lo lamento joven, yo no puedo hacer nada al respecto se cruzó de brazos.
¿No hay manera de…?
¡No insista, por favor! Quizás algún día tenga la oportunidad de hablar con él, pero este, no será el momento dicho esto, se retiró con altivez.
El guardia miró burlón a Murriel.
¿Es mi cara un motivo de burla para usted, señor? ¡Pues váyase al mismo infierno! Exclamó con enojo.  
No pierda el tiempo, jovenzuelo, jamás será un plebeyo del rey.
El joven bufó y se retiró entristecido y decepcionado.
En esos momentos, sintió que había sido en vano haber hecho tal fatigoso viaje a Castilla.
Sin embargo, recordó las palabras que su abuelo siempre solía decirle.
“Jamás renuncies a tus objetivos. Los impedimentos que se presenten no te harán rendir, te harán luchar”
Murriel volteó para mirar una vez más al Castillo, una sonrisa se hizo presente en su rostro al recordar tal frase. Como si una nueva iluminación se hubiera acercado.
No renunciaré, abuelo murmuró para luego buscar un lugar en el cual comenzar su nueva vida.

Aquí es donde comienza la verdadera aventura de Murriel, sin renunciar ante el sueño anhelado y la promesa compartida con su abuelo.