Episodio IV
Episodio corto donde se exhiben ciertos pensamientos del rey y el conocimiento de una
noticia que alentará a nuestro héroe.
Al rey le costaba conciliar el sueño. Había algo en su interior que no estaba bien. ¿Por qué? El reino estaba tomando el camino adecuado, estaba satisfaciendo las necesidades de sus civiles, campesinos y aldeanos. En el consejo surgían disputas, las cuales, las podía solucionar sencillamente.
Se levantó de su
terciopelada cama desvelado. Se dirigió a su ventanal para observar el hermoso
reino que se encontraba a su alrededor. Jamás imaginó que ese sería su destino,
estaba conforme, pero aun así no se sentía del todo completo. Si el muriera, se
preguntaba en manos de quién quedaría el reino. Aunque conocía a la gente de la
nobleza, todos muy idóneos respecto a su cargo, con suficientes conocimientos
culturales, sociales y gubernamentales para ser capaces de tomar su monarquía.
A pesar de ello, no les depositaba plenamente su confianza. El mismo
sentimiento siempre lo irrumpía, los civiles quedaban en un segundo plano, lo
primordial era el poder y la ambición que generaba el mismo. El era distinto,
sus civiles importaban más allá de todo a pesar de las consecuencias y
discusiones que eso le traía con el consejo. El necesitaba alguien a quien
recurrir y confiar plena y transparentemente.
Quizás eso era
imposible, quizás todo el mundo fingía un interés, el cual que no iban a
desarrollar luego alcanzar su objetivo ¿Cómo saber? ¿Cómo creer en palabras
ajenas?
De lo que él
estaba seguro, era que mientras el permanezca en Castilla siempre defendería y
auxiliaría a su pueblo.
Con esos
pensamientos se retiro a descansar, mientras una jovial imagen apareció de
repente colándose entre sus pensamientos…
Un día nuevo se asomaba en Castilla. El castillo era iluminado por la dedicada luz que procedía del sol. La luz irradiada era tan fuerte que hizo despertar a los civiles para comenzar su nuevo día de labor. Murriel abrió sus ojos lentamente observando a su alrededor, se encontraba en una acogedora cabaña, la cual le había ofrecido su nuevo amigo, Larry, quien estaba durmiendo a su lado. Sonrió al recordar la conversación que habían tenido aquella noche.El joven soñador se levantó sintiendo pesadez en su cuerpo, expresando un chillido de dolor lo que hizo alarmar a Larry.
—Murriel ¿Se encuentra bien, amigo?
—Sí, no
se preocupe. Me siento quizás, algo dolorido. No es alarmante —sonrió.
—Es
común que se sienta dolorido, no es la mejor paja para dormir —ambos rieron
divertidos.
—Igual
agradezco toda su ayuda, me es indudablemente sincera.
—Nosotros hemos aprendido a ayudarnos, le agradará conocer la gente que habita
este pueblo. Comencemos a trabajar, y le explicaré lo que tiene que hacer.
Luego le ayudaré a ver qué podemos hacer con su “asunto”.
—Gracias Larry, pero…
—¿Sucede algo?
—Sinceramente mi amigo, lo que menos deseo en esta vida es que usted se meta en
problemas por mi culpa, ya ha hecho suficiente, yo seguiré insistiendo, pero lo
haré por mi propia cuenta.
—¿No
quiere acaso que le ayude a acertar con el rey? —arqueó una ceja.
—No me
malinterprete, amigo. Solo no quiero agregarle problemas a su vida.
—Descuide,
no pasará nada de lo que ha mencionado. Además, ya tengo suficiente experiencia
para tratar con esos guardias metálicos.
Murriel rio ante el comentario.
—Yo
también les llamo así. A decir verdad, no sé como toleran esa armadura.
—La
costumbre evita dolores y molestias al mantenerlos como parte de nuestras vidas.
Quizás, a eso se deba su fatal humor.
De repente, su charla se vio interrumpida por un
señor que entró rápidamente.
—¡El
rey hará un banquete! —Exclamó haciendo que ambos jóvenes se miraran.
—¿Un
banquete? —preguntó Larry observando al hombre.
—Así
es, señor Larry, eso es lo que he dicho —contestó impaciente el hombre quien
luego de hacer un saludo se retiro rápidamente a avisarle al resto de los
campesinos.
—¡Espere un momento Rafael! —quiso detenerlo Larry— Siempre tan apresurado —suspiró.
—¿Quién
es ese señor, Larry?
—Un
consejero del rey —fue su corta respuesta.
—Oh…
Larry abrió sus ojos con impresión— Murriel, esta
es su oportunidad —dijo sonriendo y tomando a su amigo por los hombros.
—¿Lo
cree? —preguntó no muy seguro.
—Por
supuesto, será mucho más fácil hablar con el rey si realiza un banquete.
Una emoción intervino entre las dudas de Murriel
sembrando en él la esperanza de lograr su dadivoso objetivo.
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