jueves, 5 de febrero de 2015

Introducción conceptual

Introducción conceptual
Una breve orientación para nuestro lector.

Todos los días rememoro aquel día en que esta historia me vino a la cabeza. Todo por escuchar una canción la cual me ha llegado de una manera tan profunda y exquisita que hizo vibrar todos mis sentidos y trasladarme al mundo de la imaginación. Por eso es que gracias a ella han surgido muchos sentimientos e imágenes que se mantienen hasta el día de hoy. Y que junto con el amor a la literatura se concibe la magia que se transmite hacia otras personas.
Han de existir muchas cosas por contar, pero particularmente me quiero orientar a la corriente llamada “amor fraternal”, que a pesar de que haya sido infravalorada en algunas circunstancias, daremos voto a que su subestimación se compone de una injusticia. Ya que sobre este tipo de amor que he nombrado, en estos tiempos, es el que más dejado de lado está. Podemos sentirlo en cualquier circunstancia, ya sea con nuestras familias, nuestros amigos, cuando recibimos una ayuda o sonrisa genuina. Podemos sentirlo hacia otros seres como los animales y la naturaleza. Con todo esto quiero decirles que aunque no sea algo visible, está presente permanentemente en nuestras vidas.
Aquí se relatará una situación común donde se comprueba cómo se traspasan las verdaderas pasiones y sentimientos. El tradicional contexto donde un abuelo le cuenta historias fascinantes a su nieto, pero de las que atrapan y que lo hacen sentir como si él estuviera metido en esa historia, mezcla de fantasía y realidad, de anhelo y fanatismo.
Por eso es que en lo que relataré tendremos a un abuelo noble, valiente y aventurero. Su pureza era innata y por sobre todas las cosas, adoraba a su nieto y lo cuidaba como si del tesoro más preciado se tratara. Este particular abuelo contaba magnificas historias las cuales el mismo había vivido. Su nieto lo esperaba todos los días para que se las cuente. Estos lindos seres eran pertenecientes de Sevilla y todas esas historias contadas eran respecto a los reinados que hubo en Castilla.
Destacando la época donde los reyes eran los máximos exponentes de todo un pueblo, el abuelo se decía pertenecer a ella, relatando que había sido plebeyo de un rey. Con el tiempo pudo tomar una confianza perseverante, tanta era dicha confianza, que el rey le contaba todas las cosas sucedidas en reinados anteriores y sus propios manejos respecto a su actual reinado. El niño quedaba impresionado ante lo narrado y le exigía al abuelo muchas más anécdotas a lo que el viejo hombre trataba de complacerle de inmediato para mantener su atención. Todas sus apasionantes charlas giraban sobre la vida de los reyes y sobre su vida.
A medida que el pequeño fue creciendo, su abuelo se animaba a contarle otro tipo de cosas respecto a sus historias de reyes. La situación de Castilla, sus batallas, su tipo de cultura, economía y sobre todo, que había sucedido verdaderamente con los reyes anteriores y que paso con el último. El viejo hombre, a pesar de ya no ser más un plebeyo, sabía mucho sobre el rey actual, traspasando toda esa información al joven, el cual, al escuchar como este rey era diferente a todos los demás por su bondad, quedó impresionado y sentía anhelo de conocerlo algún día. Los días pasaban y el abuelo se ponía más viejo y enfermo. El joven, preocupado, intentaba darle sus ánimos y ayudarlo por todos sus medios. El abuelo al recordar como a su nieto le brillaban sus ojos con sus historias y al ser sabedor del poco tiempo que le quedaba, le aconsejo que luche por su sueño de conocer el hermoso pueblo de Castilla y si así lo deseaba, que mueva cielo y tierra para conseguir ser plebeyo del actual rey, el cual era ya conocido para los oídos del joven. El joven solo le dijo que si eso le hacía feliz, que por él, lo haría. El hombre negó con su cabeza y le contesto: - Su sueño, es mi sueño. Y de su felicidad, ha de partir la mía. El joven le sonrió con sinceridad y se fundieron en un fuerte abrazo. Su gran amor era como una energía profunda e intensa que podía notarse con solo verlos.
El muchacho sabía cuál sería el pronto futuro de su abuelo, por lo tanto, los días que quedaban se quedó compartiendo con el maravillosos momentos, recordando todas esas fascinantes historias. Llegó un día, que el pobre viejo no pudo más con su cuerpo y alma, y con un gesto melancólico y a la vez de alegría, por el orgullo que sentía al ver en lo que se había convertido su muchacho, se despidió de él.  
El joven lo recostó, tomo fuerte su mano hasta que la vida abandonó el cuerpo de su abuelo. Con un beso en la frente lo despidió y solo le dijo unas últimas palabras: Cumpliré nuestro sueño… abuelo.
Sin más, daremos inicio a nuestra historia.







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