Introducción
conceptual
Una
breve orientación para nuestro lector.
Todos los días rememoro aquel día en que esta historia me vino a la cabeza. Todo por escuchar una canción la cual me ha llegado de una manera tan profunda y exquisita que hizo vibrar todos mis sentidos y trasladarme al mundo de la imaginación. Por eso es que gracias a ella han surgido muchos sentimientos e imágenes que se mantienen hasta el día de hoy. Y que junto con el amor a la literatura se concibe la magia que se transmite hacia otras personas.
Han de existir muchas
cosas por contar, pero particularmente me quiero orientar a la corriente llamada
“amor fraternal”, que a pesar de que haya sido infravalorada en algunas
circunstancias, daremos voto a que su subestimación se compone de una
injusticia. Ya que sobre este tipo de amor que he
nombrado, en estos tiempos, es el que más dejado de lado está. Podemos sentirlo
en cualquier circunstancia, ya sea con nuestras familias, nuestros amigos,
cuando recibimos una ayuda o sonrisa genuina. Podemos sentirlo hacia otros
seres como los animales y la naturaleza. Con todo esto quiero decirles que
aunque no sea algo visible, está presente permanentemente en nuestras vidas.
Aquí se relatará una
situación común donde se comprueba cómo se traspasan las verdaderas pasiones y
sentimientos. El tradicional contexto donde un abuelo le cuenta historias
fascinantes a su nieto, pero de las que atrapan y que lo hacen sentir como si él
estuviera metido en esa historia, mezcla de fantasía y realidad, de anhelo y
fanatismo.
Por
eso es que en lo que relataré tendremos a un abuelo noble, valiente y
aventurero. Su pureza era innata y por sobre todas las cosas, adoraba a su
nieto y lo cuidaba como si del tesoro más preciado se tratara. Este particular abuelo contaba magnificas historias las
cuales el mismo había vivido. Su nieto lo esperaba todos los días para que se
las cuente. Estos lindos seres eran pertenecientes de Sevilla y todas esas
historias contadas eran respecto a los reinados que hubo en Castilla.
Destacando la época donde
los reyes eran los máximos exponentes de todo un pueblo, el abuelo se decía
pertenecer a ella, relatando que había sido plebeyo de un rey. Con el tiempo
pudo tomar una confianza perseverante, tanta era dicha confianza, que el rey le
contaba todas las cosas sucedidas en reinados anteriores y sus propios manejos
respecto a su actual reinado. El niño quedaba impresionado ante lo narrado y le
exigía al abuelo muchas más anécdotas a lo que el viejo hombre trataba de
complacerle de inmediato para mantener su atención. Todas sus apasionantes
charlas giraban sobre la vida de los reyes y sobre su vida.
A medida que el pequeño
fue creciendo, su abuelo se animaba a contarle otro tipo de cosas respecto a
sus historias de reyes. La situación de Castilla, sus batallas, su tipo de
cultura, economía y sobre todo, que había sucedido verdaderamente con los reyes
anteriores y que paso con el último. El viejo hombre, a pesar de ya no ser más
un plebeyo, sabía mucho sobre el rey actual, traspasando toda esa información
al joven, el cual, al escuchar como este rey era diferente a todos los demás
por su bondad, quedó impresionado y sentía anhelo de conocerlo algún día. Los
días pasaban y el abuelo se ponía más viejo y enfermo. El joven, preocupado,
intentaba darle sus ánimos y ayudarlo por todos sus medios. El abuelo al
recordar como a su nieto le brillaban sus ojos con sus historias y al ser
sabedor del poco tiempo que le quedaba, le aconsejo que luche por su sueño de
conocer el hermoso pueblo de Castilla y si así lo deseaba, que mueva cielo y
tierra para conseguir ser plebeyo del actual rey, el cual era ya conocido para
los oídos del joven. El joven solo le dijo que si eso le hacía feliz, que por él,
lo haría. El hombre negó con su cabeza y le contesto: - Su sueño, es mi sueño.
Y de su felicidad, ha de partir la mía. El joven le sonrió con sinceridad y se
fundieron en un fuerte abrazo. Su gran amor era como una energía profunda e
intensa que podía notarse con solo verlos.
El muchacho sabía cuál
sería el pronto futuro de su abuelo, por lo tanto, los días que quedaban se
quedó compartiendo con el maravillosos momentos, recordando todas esas
fascinantes historias. Llegó un día, que el pobre viejo no pudo más con su
cuerpo y alma, y con un gesto melancólico y a la vez de alegría, por el orgullo
que sentía al ver en lo que se había convertido su muchacho, se despidió de él.
El joven lo recostó, tomo
fuerte su mano hasta que la vida abandonó el cuerpo de su abuelo. Con un beso
en la frente lo despidió y solo le dijo unas últimas palabras: —Cumpliré
nuestro sueño… abuelo.
Sin más, daremos inicio a
nuestra historia.
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