Donde Murriel va en búsqueda de la bruja para
evitar la catástrofe. Incluyendo además, el estado de los habitantes de
Castilla.
Murriel asistió a varios civiles que necesitaban
ayuda, pero aun así estaba colapsado. En varios segundos alternados, recordaba
el misterioso poder que yacía de sí, intentando comprender de dónde podría ser
su origen.
—¡Murriel,
Murriel! —le gritó Larry acercándose a él, sintiéndose adolorido.
—¡Larry, al fin
lo encuentro, amigo!
—No hemos de
poder más, Murriel. Usted ha tenido razón en todo este tiempo y mi loca mente
no ha querido entenderlo. Esos miserables protestantes han venido, ellos han
ocasionado todo este desastre. Quiero pedirle mis disculpas, amigo, por ser tan
confiado y no hacerle caso cuando así usted, nuestro unitario lo ha advertido -
Dijo casi desmayándose.
—¡Larry! —exclamó preocupado— ¿Qué es lo que dice usted? —preguntó sosteniéndolo con
sus brazos.
—Creo que no he de sentirme muy bien,
Murriel.
—Tranquilo, yo le
ayudaré —le dijo llevándolo hacia un lugar donde se encontraban más personas
con unos curanderos quienes los atendían.
—Déjelo por aquí —le indicó uno a Murriel.
—Larry, necesito que me escuche. Tengo algo inexplicable, no comprendo que sucede conmigo.
—Larry, necesito que me escuche. Tengo algo inexplicable, no comprendo que sucede conmigo.
—¿A qué se refiere con eso? —preguntó Larry
con dificultad.
—Amigo, creo tener unos poderes particulares…
unos poderes que yacen en mí ser.
Larry rio con esfuerzo —Hasta en el estado en
el que estoy usted puede hacer gracia conmigo.
—Le hablo enserio, Larry, cuando la
intensidad de mis sentimientos crece, un aura sale de mi ser y no puedo
controlarla.
—¿Por qué ha de ser tan loco?
—¿Acaso sigue sin creerme?
—Es complicado, amigo. El ser unitario pudo
haberle relamido algo su cabeza.
—Se lo extraño que suena, pero es una
realidad. Sin embargo, creo que carece de importancia si comparo todo lo que
sucede aquí.
—No, Murriel, lo que ha de sucederle siempre
es importante —refutó Larry.
—Pero mire su estado, mire el estado de todos
aquí —contestó Murriel con inquietud.
—Le entiendo, sólo procure de no hechizarnos
con sus poderes —rio Larry—. No me mire así, se lo poco propicio que son mis
comentarios, pero si poco he de vivir prefiero hacerlo con chanzas.
Murriel le sonrió y abrazó nuevamente con
intensidad – No ha de morirse usted, señor, salvaremos Castilla. Si con estos
poderes pudiera curarles, créame que lo haría en estos momentos, pero lo único
que puedo hacer yo ahora, es auxiliaros y encontrar un solvento.
—Murriel, escuche —pidió Larry—. Debo
decirle lo que ha pasado aquí, y sobre los causantes de esta catástrofe.
—Toda información que pueda brindarme será de
utilidad.
—Los protestantes han causado todo este
revuelvo, ellos lo han producido —disparó Larry con desasosiego.
—¿Cómo puede afirmar eso? ¿Al temblor se
refiere usted?
Larry asintió.
—Pero eso ha sido producto de un desastre
natural que puede acarrearnos en otras épocas.
—Fueron los
protestantes —insistió el—. Me han contado sobre la existencia de una bruja,
se ha escuchado de ella hace un tiempo, quien ha causado algo semejante en un
pasado. Ella se ha unido a los protestantes y provocó esta especie de temblor, facilitando
el paso a esos desgraciados para que pudieran atacar al Castillo —lo tomó de
las manos—. Murriel, hay que impedir esto, debe buscarla, tiene que hacer que
frene esta locura.
—Me cuestan ahora comprender sus relatos,
Larry.
—Entiendo que le cueste creer esto que le
digo, pero puedo confirmarle aquí mismo que es cierto. Si no es así, esperaré a
que un rayo caiga encima de mí —le contestó Larry con una sonrisa de medio
lado.
—Si le creo, Larry. Me cuesta creer que los
protestantes hayan tenido que ver con todo el asunto de las magias. El rey está
en peligro, me ha suplicado que auxilie a su pueblo y eso he de hacer. ¿Usted
me confirma que la única manera de parar esto es encontrar a la bruja que me ha
nombrado?
—Así es, Murriel. Vaya a buscarle y ruéguele
por nuestro pueblo.
—Los salvaré
amigo, iré a frenar toda esta catástrofe —dijo mirando a Larry y al resto de
los civiles.
—Gracias, amigo
mío —lo abrazó como pudo—. Yo siempre he sabido que usted tiene una fortaleza y
energía que sobre pasa todos nuestros límites.
—No debe exagerar. Yo sólo he de ayudar de la
forma que pueda hacerlo – Le sonrió—Es admirado Murriel, en estos momentos de
contingencia muchos le agradecerán.
—Sólo quiero salvarles, no ha de interesarme
que me admiren, con su cariño ha de bastarme.
—No quiero retenerle más.
—Volveré lo más rápido que pueda y trate de
recuperarse amigo, que han de necesitarlo.
Dicho lo último, nuestro joven y valiente héroe
aviso a los civiles que se encontraban alrededor para calmarlos y avisarles que
encontraría una pronta resolución a todo este disgusto. Se dirigió rápidamente
a buscar información respecto al paradero de la bruja.
Murriel sentía su cuerpo demasiado pesado, el
desastre que presenciaba a su alrededor era mucho para lo que su cerebro le
permitía procesar.
Niños gritando, madres desesperadas, hombres sangrando,
gente ayudándose como único escape frente a ese terrible incidente. Intentaba
indagar, consultándole a algunas personas si sabrían donde el podría encontrar
a la bruja. Algunos lo miraban extraño negándose a contestar, otros no lo
escuchaban concentrados en sus cavilaciones y problemas, y otros tantos sólo le
aclamaban ayuda. Se vio interrumpido por varios de esos acontecimientos, tuvo
que auxiliar a mucha gente ya que su trabajo como unitario era prioritario. Sin
embargo, él sabía que encontrar a la bruja, era otra manera de ayudarlos y
cumplir con su labor. Luego de seguir con su búsqueda durante largo tiempo, no
pudo obtener una información exacta sobre el paradero de la bruja lo que
provocó que el unitario caiga en la desesperación. El caos no paraba y
necesitaba encontrar a aquella autora de tal calamidad.
—¡Usted! —llamó con tono entusiasta a un hombre solitario que a pesar de todo lo ocurrido,
su semblante sólo expresaba tranquilidad.
El hombre giró al verlo en tan pocos metros de
distancia.
—Disculpe, señor —le habló Murriel con esperanza en sus ojos.
—¿En qué puedo
servirle, unitario? —preguntó el hombre con serenidad.
—Se que este no
es un momento grato para charlar —se excusó—. El reino ha de caerse a pedazos
y me han comentado sobre el culpable que originó todo este disturbio – Explicó
agitado.
El hombre lo observó con vehemencia.
—Una bruja... —dijo no tan seguro— ¿Usted podría decirme si le conoce?
El hombre desvió su mirada hacia el lejos
horizonte.
—No, señor —sólo le contestó.
—Comprendo,
estoy comenzando a creer que tal bruja no ha de existir —dijo con decepción—. Si está usted herido puede ir a tratarse con los curanderos —le señaló el lugar—. Seguiré indagando. Muchas gracias por escucharme, señor —dijo
apresuradamente cuando intentaba retirarse.
—¡Espere, joven! —lo llamó el hombre.
Murriel se dio vuelta rápidamente.
—Sólo le he
dicho que no le conozco, pero nunca he dicho que no sé nada sobre ella.
El joven se sorprendió ante lo dicho —Dígame —suplicó—. Necesito encontrarla imperiosamente.
—He escuchado historias
sobre ella y el gran poder que posee.
—¿Sabe usted algo de su paradero? —preguntó
ansioso.
—Me han comentado que vive en una cabaña en
las afueras del pueblo, incluso cerca de donde se suponía que han de vivir los
protestantes. Es una mujer vanidosa y le han desterrado de este pueblo por
causar un gran revuelo hace un tiempo. ¿Por qué necesita usted hallarle?
—Ella ha causado
todo esto, señor.
—He de saber que dicho revuelo ha sido algo
parecido a esta misma catástrofe. Nunca he creído esas historias, pero si usted
dice que ella lo ha causado, ahora puedo entender el relato.
—Señor, me ha sido grato su charla, pero he
de necesitar ir a encontrar a la desgraciada que ocasionó esto – Dijo Murriel
en tono desesperado abriendo ampliamente sus brazos.
—Le entiendo, joven. Le diré como creo yo que
puede usted llegar a destino.
El hombre se limitó a explicarle como
llegar a las afueras del pueblo, acortando camino, aconsejándole preguntar a
algunos aldeanos que se encontrarían por allí. Describió la cabaña de una
manera muy peculiar logrando que Murriel pudiera imaginarla para reconocerla.
—Muchas gracias,
señor. Usted sabe lo suficiente, con lo que me ha dicho, ha de alcanzarme —le
sonrió apacible y se retiró.
El hombre lo saludó de la misma manera.
Nuestro joven unitario, partió hacia la búsqueda
de la liberación de Castilla.
Postergando la peripecia de Murriel, nos concentraremos nuevamente en los sucesos del dentro del castillo, donde Camnes continúa con su cometido.
Postergando la peripecia de Murriel, nos concentraremos nuevamente en los sucesos del dentro del castillo, donde Camnes continúa con su cometido.
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