jueves, 22 de octubre de 2015

Episodio XLVIII

Episodio XLVIII
Donde Murriel va en búsqueda de la bruja para evitar la catástrofe. Incluyendo además, el estado de los habitantes de Castilla.

Murriel asistió a varios civiles que necesitaban ayuda, pero aun así estaba colapsado. En varios segundos alternados, recordaba el misterioso poder que yacía de sí, intentando comprender de dónde podría ser su origen.
¡Murriel, Murriel! le gritó Larry acercándose a él, sintiéndose adolorido.
¡Larry, al fin lo encuentro, amigo!  
No hemos de poder más, Murriel. Usted ha tenido razón en todo este tiempo y mi loca mente no ha querido entenderlo. Esos miserables protestantes han venido, ellos han ocasionado todo este desastre. Quiero pedirle mis disculpas, amigo, por ser tan confiado y no hacerle caso cuando así usted, nuestro unitario lo ha advertido - Dijo casi desmayándose.
¡Larry! exclamó preocupado ¿Qué es lo que dice usted? preguntó sosteniéndolo con sus brazos.
Creo que no he de sentirme muy bien, Murriel.
Tranquilo, yo le ayudaré le dijo llevándolo hacia un lugar donde se encontraban más personas con unos curanderos quienes los atendían.
Déjelo por aquí le indicó uno a Murriel.
Larry, necesito que me escuche. Tengo algo inexplicable, no comprendo que sucede conmigo.
¿A qué se refiere con eso? preguntó Larry con dificultad.
Amigo, creo tener unos poderes particulares… unos poderes que yacen en mí ser.
Larry rio con esfuerzo Hasta en el estado en el que estoy usted puede hacer gracia conmigo.
Le hablo enserio, Larry, cuando la intensidad de mis sentimientos crece, un aura sale de mi ser y no puedo controlarla.
¿Por qué ha de ser tan loco?
¿Acaso sigue sin creerme?
Es complicado, amigo. El ser unitario pudo haberle relamido algo su cabeza.
Se lo extraño que suena, pero es una realidad. Sin embargo, creo que carece de importancia si comparo todo lo que sucede aquí.
No, Murriel, lo que ha de sucederle siempre es importante refutó Larry.
Pero mire su estado, mire el estado de todos aquí contestó Murriel con inquietud.
Le entiendo, sólo procure de no hechizarnos con sus poderes rio Larry—. No me mire así, se lo poco propicio que son mis comentarios, pero si poco he de vivir prefiero hacerlo con chanzas.
Murriel le sonrió y abrazó nuevamente con intensidad – No ha de morirse usted, señor, salvaremos Castilla. Si con estos poderes pudiera curarles, créame que lo haría en estos momentos, pero lo único que puedo hacer yo ahora, es auxiliaros y encontrar un solvento.
Murriel, escuche pidió Larry—. Debo decirle lo que ha pasado aquí, y sobre los causantes de esta catástrofe.
Toda información que pueda brindarme será de utilidad.
Los protestantes han causado todo este revuelvo, ellos lo han producido disparó Larry con desasosiego.
¿Cómo puede afirmar eso? ¿Al temblor se refiere usted?
Larry asintió.
Pero eso ha sido producto de un desastre natural que puede acarrearnos en otras épocas.
Fueron los protestantes insistió el—. Me han contado sobre la existencia de una bruja, se ha escuchado de ella hace un tiempo, quien ha causado algo semejante en un pasado. Ella se ha unido a los protestantes y provocó esta especie de temblor, facilitando el paso a esos desgraciados para que pudieran atacar al Castillo lo tomó de las manos—. Murriel, hay que impedir esto, debe buscarla, tiene que hacer que frene esta locura.  
Me cuestan ahora comprender sus relatos, Larry.
Entiendo que le cueste creer esto que le digo, pero puedo confirmarle aquí mismo que es cierto. Si no es así, esperaré a que un rayo caiga encima de mí le contestó Larry con una sonrisa de medio lado.
Si le creo, Larry. Me cuesta creer que los protestantes hayan tenido que ver con todo el asunto de las magias. El rey está en peligro, me ha suplicado que auxilie a su pueblo y eso he de hacer. ¿Usted me confirma que la única manera de parar esto es encontrar a la bruja que me ha nombrado?
Así es, Murriel. Vaya a buscarle y ruéguele por nuestro pueblo.
Los salvaré amigo, iré a frenar toda esta catástrofe dijo mirando a Larry y al resto de los civiles.
Gracias, amigo mío lo abrazó como pudo—. Yo siempre he sabido que usted tiene una fortaleza y energía que sobre pasa todos nuestros límites.
No debe exagerar. Yo sólo he de ayudar de la forma que pueda hacerlo – Le sonrióEs admirado Murriel, en estos momentos de contingencia muchos le agradecerán.
Sólo quiero salvarles, no ha de interesarme que me admiren, con su cariño ha de bastarme.
No quiero retenerle más.
Volveré lo más rápido que pueda y trate de recuperarse amigo, que han de necesitarlo.
Dicho lo último, nuestro joven y valiente héroe aviso a los civiles que se encontraban alrededor para calmarlos y avisarles que encontraría una pronta resolución a todo este disgusto. Se dirigió rápidamente a buscar información respecto al paradero de la bruja.

Murriel sentía su cuerpo demasiado pesado, el desastre que presenciaba a su alrededor era mucho para lo que su cerebro le permitía procesar.
Niños gritando, madres desesperadas, hombres sangrando, gente ayudándose como único escape frente a ese terrible incidente. Intentaba indagar, consultándole a algunas personas si sabrían donde el podría encontrar a la bruja. Algunos lo miraban extraño negándose a contestar, otros no lo escuchaban concentrados en sus cavilaciones y problemas, y otros tantos sólo le aclamaban ayuda. Se vio interrumpido por varios de esos acontecimientos, tuvo que auxiliar a mucha gente ya que su trabajo como unitario era prioritario. Sin embargo, él sabía que encontrar a la bruja, era otra manera de ayudarlos y cumplir con su labor. Luego de seguir con su búsqueda durante largo tiempo, no pudo obtener una información exacta sobre el paradero de la bruja lo que provocó que el unitario caiga en la desesperación. El caos no paraba y necesitaba encontrar a aquella autora de tal calamidad.
¡Usted! llamó con tono entusiasta a un hombre solitario que a pesar de todo lo ocurrido, su semblante sólo expresaba tranquilidad.
El hombre giró al verlo en tan pocos metros de distancia.
Disculpe, señor le habló Murriel con esperanza en sus ojos. 
¿En qué puedo servirle, unitario? preguntó el hombre con serenidad. 
Se que este no es un momento grato para charlar se excusó—. El reino ha de caerse a pedazos y me han comentado sobre el culpable que originó todo este disturbio – Explicó agitado. 
El hombre lo observó con vehemencia.
Una bruja... dijo no tan seguro ¿Usted podría decirme si le conoce?
El hombre desvió su mirada hacia el lejos horizonte.
No, señor sólo le contestó.
Comprendo, estoy comenzando a creer que tal bruja no ha de existir dijo con decepción—. Si está usted herido puede ir a tratarse con los curanderos le señaló el lugar—. Seguiré indagando. Muchas gracias por escucharme, señor dijo apresuradamente cuando intentaba retirarse.
¡Espere, joven! lo llamó el hombre.
Murriel se dio vuelta rápidamente.
Sólo le he dicho que no le conozco, pero nunca he dicho que no sé nada sobre ella. 
El joven se sorprendió ante lo dicho Dígame suplicó—. Necesito encontrarla imperiosamente.
He escuchado historias sobre ella y el gran poder que posee.
¿Sabe usted algo de su paradero? preguntó ansioso.
Me han comentado que vive en una cabaña en las afueras del pueblo, incluso cerca de donde se suponía que han de vivir los protestantes. Es una mujer vanidosa y le han desterrado de este pueblo por causar un gran revuelo hace un tiempo. ¿Por qué necesita usted hallarle?
Ella ha causado todo esto, señor.
He de saber que dicho revuelo ha sido algo parecido a esta misma catástrofe. Nunca he creído esas historias, pero si usted dice que ella lo ha causado, ahora puedo entender el relato.  
Señor, me ha sido grato su charla, pero he de necesitar ir a encontrar a la desgraciada que ocasionó esto – Dijo Murriel en tono desesperado abriendo ampliamente sus brazos.
Le entiendo, joven. Le diré como creo yo que puede usted llegar a destino.
El hombre se limitó a explicarle como llegar a las afueras del pueblo, acortando camino, aconsejándole preguntar a algunos aldeanos que se encontrarían por allí. Describió la cabaña de una manera muy peculiar logrando que Murriel pudiera imaginarla para reconocerla.
Muchas gracias, señor. Usted sabe lo suficiente, con lo que me ha dicho, ha de alcanzarme le sonrió apacible y se retiró.
El hombre lo saludó de la misma manera.
Nuestro joven unitario, partió hacia la búsqueda de la liberación de Castilla.

Postergando la peripecia de Murriel, nos concentraremos nuevamente en los sucesos del dentro del castillo, donde Camnes continúa con su cometido.

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