viernes, 16 de octubre de 2015

Episodio XLVII

Episodio XLVII
Episodio corto donde relata la entrada colosal de Camnes al Castillo junto con otros sucesos que envuelven la relación entre Sequetina y el rey.
  
Luego de unos escasos minutos, Camnes pudo encontrarse con gran parte de sus hombres, a quienes les indico otras órdenes para continuar atacando y rodeando el castillo. Conocía perfectamente cada entrada gracias a Sequetina, así que cada grupo entraría por alguna distinta.  
Todos estaban preparados físicamente para luchar contra los guardias, su fuerza era notable, aunque la de su líder, superaba ampliamente todos los parámetros normales.
La gente estaba desesperada e intentando ayudar a otras personas quienes estaban en una peor situación que ellos. Nadie se percató de que los protestantes estaban allí y mucho menos que ellos eran los causantes de todo aquello.
De a poco fueron ingresando al Castillo, luchando contra los guardias. Los heridos no tardaron en aparecer.
¿Dónde creen que van ustedes, señores? increparon unos guardias.
¿De dónde han de salir tantos? dijo Chrossa con sarcasmo Su presencia no significa un estorbo para nuestro fin dijo perversamente mientras iniciaba otra batalla.
Camnes por su parte, también había derrotado a unos cuantos guardias, pero aun así todavía no consiguió irrumpir en el Castillo.
¡¿Qué diablos están haciendo, inútiles?! gritó Camnes furioso mientras observaba a sus hombres peleando con guardias mal heridos— ¡Déjenlos de una vez e ingresemos al castillo! 
Los hombres lo miraron confundido. Al dirigir nuevamente su mirada en los guardias, estos estaban aclamando justicia. No querían rendirse ni mostrarse débiles, pero estaban muy agraviados e imposibilitados de usar un gramo de su fuerza. Luego, un guardia cayó pesadamente al piso quien, un rato después moriría por la agonía que usurpaba su cuerpo. Luego los hombres soltaron pesadamente los cuerpos para dirigirse hacia su líder y continuar con su tan esperado objetivo.
Regresando nuevamente a la habitación LX, se encontraba un rey perturbado y totalmente desengañado.

Sequetina… murmuró el rey.
La duquesa se acercó unos pasos y lo miró de manera altiva. Arqueó una ceja y le dedicó una sonrisa indiciosa. El rey la miraba estupefacto. El camuflaje se había abatido, mostrando su verdadero retrato. El rey no necesitó más para darse cuenta de que el rencor y el resentimiento se apoderaban de ella.
Luego de unos segundos, Sequetina rompió lo que quedaba de una copa con su pie en mil pedazos dejando al rey aun más pasmado.
¿Por qué, hija? ¿Por qué se ha dejado acometer de esta manera? preguntó el sin evitar que unas lágrimas cayeran fervientemente quemando su piel.
Sequetina no hizo más que mirarlo nuevamente y retirarse con toda la elegancia que podía tener. Ese momento, lo saboreaba como nunca.
La duquesa fue rápidamente a buscar a Camnes, para así guiarlo hacia el encuentro con el rey. El fortachón, estaba muy concentrado asesinando más guardias de los que podría. Sus movimientos determinados y bien calculados le permitían poder defenderse de tres hombres a la vez, sin dejar con vida a ninguno. Iba a continuar con su próxima víctima cuando vio que la duquesa se acercaba; este mismo le sonrió con satisfacción. La mujer sintiéndose poderosa, le indicó donde podría encontrar al rey. Un guardia intervino en la conversación de ambos.
¡Duquesa, cuídese de ese hombre! - exclamó un guardia mientras se acercaba a Camnes y sus hombres.
Inepto intervino el líder ¿Acaso tan prontamente quiere usted morir?
El guardia abrió sus ojos como platos mirando a la duquesa con dificultad.
La mujer se encogió de hombros dando dos pasos hacia delante. Impresión le solía causar tanta sangre desparrama y no quiso presenciar tal tormento que le esperaba a la siguiente víctima. Segundos después, pudo notar como el guardia cayó al suelo sin tener posibilidad alguna de defenderse. Sequetina miró de reojo y cerró sus ojos lentamente.
Unas manos tocaron su hombro.
De esta manera, es como ha de hacerse. Honor siento de mí mismo le dijo Camnes dedicándole otra sonrisa. La duquesa lo miró sin emitir palabra.
Muchos hombres seguían entrando al Castillo, la cantidad de guardias iba disminuyendo a medida que estos entraban. Muchos barones y duques habían escapado, otros tantos estaban escondidos en las habitaciones. Se sentían completamente impotentes, y la situación les era incontrolable a esas instancias.
¿Acaso desean más? ironizaba Camnes sin saciarse, levantando los brazos como si de un triunfo ganado se tratara. La sangre tapaba el delicado y fino piso del Castillo, pero aun así, continuarían asesinando por doquier.
Sequetina quedó anonadada frente a la multitud de hombres que seguían al líder de Non Regnum. Camnes era una figura muy formidable.
El caos proseguía en Castilla. Era una guerra que apenas empezaba a asomarse por el preciado reinado del monarca.

Sin necesidad de agregar más, dejamos temporalmente a nuestro villano para restablecernos en las acciones de nuestro héroe.

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