Episodio XLVII
Episodio corto donde relata la entrada colosal
de Camnes al Castillo junto con otros sucesos que envuelven la relación entre
Sequetina y el rey.
Luego
de unos escasos minutos, Camnes pudo encontrarse con gran parte de sus hombres,
a quienes les indico otras órdenes para continuar atacando y rodeando el
castillo. Conocía perfectamente cada entrada gracias a Sequetina, así que cada
grupo entraría por alguna distinta.
Todos
estaban preparados físicamente para luchar contra los guardias, su fuerza era
notable, aunque la de su líder, superaba ampliamente todos los parámetros
normales.
La
gente estaba desesperada e intentando ayudar a otras personas quienes estaban
en una peor situación que ellos. Nadie se percató de que los protestantes
estaban allí y mucho menos que ellos eran los causantes de todo aquello.
De
a poco fueron ingresando al Castillo, luchando contra los guardias. Los heridos
no tardaron en aparecer.
—¿Dónde creen
que van ustedes, señores? —increparon unos guardias.
—¿De dónde han
de salir tantos? —dijo Chrossa con sarcasmo— Su presencia no significa un
estorbo para nuestro fin —dijo perversamente mientras iniciaba otra batalla.
Camnes
por su parte, también había derrotado a unos cuantos guardias, pero aun así todavía
no consiguió irrumpir en el Castillo.
—¡¿Qué diablos están haciendo, inútiles?! —gritó
Camnes furioso mientras observaba a sus hombres peleando con guardias mal
heridos— ¡Déjenlos de una vez e ingresemos al castillo!
Los
hombres lo miraron confundido. Al dirigir nuevamente su mirada en los guardias,
estos estaban aclamando justicia. No querían rendirse ni mostrarse débiles,
pero estaban muy agraviados e imposibilitados de usar un gramo de su fuerza. Luego,
un guardia cayó pesadamente al piso quien, un rato después moriría por la
agonía que usurpaba su cuerpo. Luego los hombres soltaron pesadamente los
cuerpos para dirigirse hacia su líder y continuar con su tan esperado objetivo.
Regresando nuevamente a la habitación LX, se
encontraba un rey perturbado y totalmente desengañado.
—Sequetina… —murmuró el rey.
La
duquesa se acercó unos pasos y lo miró de manera altiva. Arqueó una ceja y le
dedicó una sonrisa indiciosa. El rey la miraba estupefacto. El camuflaje se había
abatido, mostrando su verdadero retrato. El rey no necesitó más para darse
cuenta de que el rencor y el resentimiento se apoderaban de ella.
Luego
de unos segundos, Sequetina rompió lo que quedaba de una copa con su pie en mil
pedazos dejando al rey aun más pasmado.
—¿Por qué, hija?
¿Por qué se ha dejado acometer de esta manera? —preguntó el sin evitar que
unas lágrimas cayeran fervientemente quemando su piel.
Sequetina
no hizo más que mirarlo nuevamente y retirarse con toda la elegancia que podía
tener. Ese momento, lo saboreaba como nunca.
La duquesa fue rápidamente a buscar a Camnes,
para así guiarlo hacia el encuentro con el rey. El fortachón, estaba muy
concentrado asesinando más guardias de los que podría. Sus movimientos
determinados y bien calculados le permitían poder defenderse de tres hombres a
la vez, sin dejar con vida a ninguno. Iba a continuar con su próxima víctima
cuando vio que la duquesa se acercaba; este mismo le sonrió con satisfacción.
La mujer sintiéndose poderosa, le indicó donde podría encontrar al rey. Un
guardia intervino en la conversación de ambos.
—¡Duquesa,
cuídese de ese hombre! - exclamó un guardia mientras se acercaba a Camnes y sus
hombres.
—Inepto —intervino el líder— ¿Acaso tan prontamente quiere usted morir?
El
guardia abrió sus ojos como platos mirando a la duquesa con dificultad.
La
mujer se encogió de hombros dando dos pasos hacia delante. Impresión le solía
causar tanta sangre desparrama y no quiso presenciar tal tormento que le
esperaba a la siguiente víctima. Segundos después, pudo notar como el guardia cayó
al suelo sin tener posibilidad alguna de defenderse. Sequetina miró de
reojo y cerró sus ojos lentamente.
Unas
manos tocaron su hombro.
—De esta manera,
es como ha de hacerse. Honor siento de mí mismo —le dijo Camnes dedicándole
otra sonrisa. La duquesa lo miró sin emitir
palabra.
Muchos
hombres seguían entrando al Castillo, la cantidad de guardias iba disminuyendo
a medida que estos entraban. Muchos barones y duques habían escapado, otros
tantos estaban escondidos en las habitaciones. Se sentían completamente
impotentes, y la situación les era incontrolable a esas instancias.
—¿Acaso desean
más? —ironizaba Camnes sin saciarse, levantando los brazos como si de un
triunfo ganado se tratara. La sangre tapaba el delicado y fino piso del
Castillo, pero aun así, continuarían asesinando por doquier.
Sequetina
quedó anonadada frente a la multitud de hombres que seguían al líder de Non
Regnum. Camnes
era una figura muy formidable.
El
caos proseguía en Castilla. Era una guerra que apenas empezaba a asomarse por el preciado reinado del monarca.
Sin necesidad de agregar más, dejamos temporalmente a nuestro villano para restablecernos en las acciones de nuestro héroe.
Sin necesidad de agregar más, dejamos temporalmente a nuestro villano para restablecernos en las acciones de nuestro héroe.
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