Episodio por demás corto, donde se exponen algunas inseguridades y miedos del rey, junto a la aparición de la nobleza quienes participan en la charla.
En el castillo estaba ocurriendo una escena poco
afortunada para los integrantes del mismo, donde la tirantez se apoderaba del
ambiente.
—¿Acaso ninguno de ustedes tienen información
alguna de esos protestantes? —preguntó enfadado el rey.
—Me temo que no, su Majestad —contestó el Barón Seimuns.
Muchos plebeyos, duques, barones y condes se
encontraban reunidos en la habitación LX. Esta era una situación merecedora de
urgencia.
—¿El nombre de su partido? ¿Ni siquiera
pudieron ser identificados?
—Por nuestro lado, mi señor, hemos averiguado
algo quizás significante que pudiera saciar su inquietud —contestó un Conde.
—Dígame Gonzalo.
—Aparentemente, este partido de susodichos se
hacen llamar NON REGNUM. Hace poco tiempo que le integraban menos miembros. Sin
embargo, han estado merodeando por el pueblo para lavarle la cabeza a unos
cuantos para conseguir que estos se adicionen a su partido, su Majestad —informó el Conde.
—¡Mi pobre cabeza no puede creerlo! —exclamó
aún mas enojado— ¿Significa acaso que podría llegar a vivir entre traidores en
mi propio reino?
Muchos lo miraban nerviosos y algunos hasta
desafiantes.
—¿Dónde se encuentra mi bella dama,
Sequetina?
—Aquí estoy, su Majestad —la duquesa se
dirigió hacia donde el rey se encontraba.
—¡Qué temor me ha dado, Duquesa! No se
exponga ante esos trogloditas quienes quieren atacar el reino. Oh, mi bella Duquesa, usted podría ser una de sus víctimas —repuso preocupado.
—No se preocupe su Majestad, he de tener todo
premeditado y también, si usted lo dispone, podría indagar acerca de aquellos
infortunados quienes se atreven a irrumpir la paz de mi rey.
El rey la miró asombrado —Mi Duquesa, lo último
que deseo en esta vida es exponerla usted a símil contingencia —dijo pasando
su sudorosa mano por su frente.
—Le ruego, mi Soberano, que me permita
realizar esta encomienda. Debo mucho a mi pueblo, y le debo mucho a su Majestad.
—Si he de ser tan fácil de convencer, la
nobleza me tomará por injurioso. Sin embargo, admito que usted está a mi lado
si los años me permiten recordarlo, hace más de una década, por eso, merece
usted mi aprobación —dijo con dejo de inseguridad—. Pero irá siempre
respaldada de nuestros guardias —aseguró.
—Su Majestad, agradecida estoy por su
confianza. Y tenga por seguro que cumpliré con su condición —dijo mientras
poso una triunfante sonrisa en sus labios.
El rey se acercó apoyando una de sus manos en el
hombro de ella —confío en usted, mi bella dama —miró hacia los presentes—. Doy aquí como finalizada la junta. Sólo espero que pronto sean recaderos de
noticas —hizo una reverencia y se retiro.
Por otra parte, la duquesa se sentía complacida
al haber convencido al rey para concretar una cita con los protestantes. Sus
planes diferían del rey de Castilla, por lo tanto, aprovecharía tal oportunidad
para comenzar con su desafortunado y vil propósito.
Sequetina mostró nuevamente una sonrisa en sus
labios —Pronto tendrá nuevas noticias —murmuró para sí—. Muy pronto.
Con esta demostración de elevada represalia y animosidad, abandonamos el episodio presente.
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