Donde el suceso inocente de un pequeño personaje induce a una importante y trascendente decisión.
El unitario se dirigió a toda prisa para ver de
donde provenían esos gritos. Suspiró al enterarse sobre ello.
—¡Murriel! —exclamó Larry.
El pobre de Tom estaba tirado en el suelo mirando
su rodilla lastimada.
—¿Eran del niño esos gritos? —se puso de
cuclillas para verle la herida.
El niño asintió tímidamente —¡Ay, me duele! —se quejó cuando Murriel roso levemente su lesión.
—Deje de lloriquear, Tom —lo burlaba Larry—. Iré a buscar a un curandero.
—¿Qué ha sucedido, pequeño? —preguntó
Murriel dulcemente mientras lo revisaba.
—Nada que pueda preocuparlo, señor Murriel.
Iba corriendo a toda velocidad, no sabe lo rápido que soy. He mejorado mucho —dijo el niño sonriendo con ensoñación—. Y de repente, vi a lo lejos algo que
llamo mi atención y me caí tropezándome con esa piedra tonta —explicó
inocentemente el niño señalando el bloque.
—¿Qué es lo que ha llamado la atención a esa
loquilla mente? —preguntó intrigado rascando la cabecita del pequeño.
—Creo que eran unas figuras raras, quizás
hombres. Sólo duró unos segundos, luego vi todo negro.
Larry llegaba con algunas provisiones —El
curandero me dio esta agua con unas sales y hiervas, esto curará al pequeño —le dijo sonriendo mientras intentaba ponerle la cura.
—¡Ay! —gritaba— ¡Arde!
—Ya manténgase quieto, chiquito atolondrado —Larry luchaba entre poner las curas al pequeño Tom e intentar hablar con su
amigo quien se encontraba perdido en sus pensamientos.
—Unos
hombres —murmuró Murriel.
—¿Qué le sucede, amigo?
—No es nada.
—Oh, vamos. Lo conozco Murriel, a mi no me
embauca —dijo su amigo levantándose del piso.
El niño le costó pero también se levanto.
—Ve a descansar —le sugirió Larry a Tom.
—Pero yo… yo quiero jugar —bufaba el niño.
—¡No! Tiene que ir a descansar y curarse esa
horrenda y dolorosa herida. Tenga —le dio las provisiones—. Son para su madre,
quien le seguirá asistiendo y sanando sus heridas.
El niño agacho la cabeza —Está bien —se
rindió.
Tom se dirigió a su casa haciéndole caso a
Larry.
—¡Murriel! —gritó Larry— ¡Qué perdido se
encuentra, amigo mío!
—Mi alma apetece investigar —dijo decidido
ignorando el comentario de Larry.
—¿Qué quiere investigar? —arqueó una ceja.
—¿No imagina? A los protestantes —dijo serio.
—¿Otra vez con la misma manía, Murriel? —Larry comenzaba a enfadarse.
—Sí. Usted sabe lo importante que es para mí.
Mi labor es proteger al reino, al pueblo y todas las aldeas de alrededor, a los
civiles…
Larry lo interrumpió con una expresión de burla
haciendo alusión acerca de lo repetitivo que podría ser Murriel —Siempre habla
de lo mismo. Hemos trabajado mucho y ayudamos siempre que podemos ¿Cómo puede
relacionar a los protestantes con eso?
Murriel llevó una mano hacia su cara en señal de
cansancio —Escúcheme con la mayor atención que pueda conceder, Larry. Entienda
que ellos no se darán por vencidos. Volverán, y de un modo deficiente al
anterior ¿comprende? Nuestro objetivo es estar precavidos para ello.
Larry suspiró —¿Y qué sugiere entonces?
—Buscarlos. Donde sea, recorriendo las millas
necesarias hasta encontrarlos. He recopilado algunos datos en este tiempo.
—Vaya que no pierde el tiempo usted —rio su
amigo.
—Sí. En
el reino he escuchado algunas cosas. La nobleza ha estado investigando y
gracias a ellos pude ser sabedor de ciertos datos.
—Cuente
entonces, Murriel —pidió Larry intrigado.
—Son un partido que esta desde hace mucho
tiempo, más del que imaginaba. Pude entender en la conferencia que han planeado
su ataque, esperando el momento adecuado, al tener un acceso directo con el rey.
NON REGNUM es su partido, quienes consiguieron convencer a algunos de los
civiles para unirse a ellos, disimuladamente. Por lo tanto, quizás tengamos
algunos traidores entre nosotros —informó Murriel—. Ellos habitan en una
cabaña a unas millas de aquí —siguió
explicando—. Nosotros deberíamos buscar su localización exacta. Yo quiero
hablar con su líder. Por lo que averigüe su nombre es Camnes, el es el que ha
atacado a nuestro rey y retado a duelo.
Larry escuchaba atento. Su amigo estaba
realmente preocupado, por el pueblo, la salud del rey y justamente eso lo que
lo tenía tan alterado.
—Sólo le acompañaré para que su boca no siga
diciendo más delirios.
Murriel esbozo una sonrisa y lo abrazó
eufóricamente —Gracias amigo, presentía que usted me secundaria en este plan.
—Lo sé —se zafó de su abrazo—. Pero que su
costumbre no sea continua.
—Lo será —rio Murriel contento por tener un
amigo como tal y por sentir una adrenalina que le hacía sentir la aventura en
la que pronto iba a vivir.
El unitario se encontraba mucho más esperanzado.
Su seguridad de localizar a los protestantes no le permitía pensar en otra
cosa. Luego de haber mantenido una cena armoniosa con su amigo, intentaron
conciliar el sueño, excepto el, quien una y otra vez analizaba que haría en
caso de que se enfrentara a Camnes simulando múltiples situaciones y debates
que se darían entre ellos. Su confianza y firmeza le hacían creer que si encontraba
al protestante quien causó y predominó pesadumbre en la vida de su rey, dejaría
marcado como sea, que él siempre se mantendría presto a ampararlo por el resto
de su vida. Luego de argüir con su propia mente, el joven
soñador fue alcanzado por los brazos de Morfeo recostando todo su cansado
cuerpo.
Despidiéndonos de nuestro héroe por un tiempo,
proseguimos con otro episodio de interés.
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