Donde Murriel y Larry hacen la misma búsqueda
que la duquesa, pero obteniendo distintos resultados.
Los jóvenes se encontraban caminando desde hacía
unas cuantas horas, investigando milla por milla y preguntando a los aldeanos
de la zona, sin tener una información precisa.
—Murriel —suspiró Larry—. Ya me siento cansado. Esos
protestantes no han aparecido. Quizás no vayan a volver.
—¿Por qué dice
eso, Larry? Mis pensamientos me dicen
que ellos volverán, y yo quiero predisponer de nuestra defensa, para ello,
necesitamos información.
—Está
perseguido, mi amigo —lo golpeó levemente en su espalda.
—¿Perseguido? —preguntó incrédulo—. Quizás. Pero prefiero prevenirme, antes que sea demasiado
tarde.
Larry ya estaba exhausto. Quería comer, quería
dormir y descansar. No conseguía convencer a su terco amigo de detener la
búsqueda por ese día.
—Le entiendo
todas sus inquietudes, pero le suplico que regresemos mañana —rogó Larry.
—Le haré caso
por esta vez —se resignó—. Pero mi alma no descansará hasta obtener lo que
deseo de esos protestantes.
—Deje su obsesión a un lado por unos momentos, le pido —sugirió Larry.
Murriel solo aceptó lo que decía su amigo y
ambos se dirigieron hacia el pueblo nuevamente.
—Mire allí
¿Acaso esa mujer no es la duquesa? —señaló Murriel.
—Sí. Es ella —confirmó Larry— ¿Qué estará haciendo aquí, tan lejos del reino?
—Seguramente lo
mismo que nosotros. El rey le envió a buscar información sobre los protestantes —explicó el unitario—. No sé qué interés tendrá ella en esta cuestión, más de
lo debido. Estos asuntos deberían encargarse los hombres del reino, su posición
es muy riesgosa.
—Yo tampoco
comprendo —dijo desconfiado—. Amigo, creo
que no confió en esa mujer.
—¿Por qué motivo
lo dice? —preguntó Murriel.
—Su mirada. La
manera de actuar. El día que vinieron los protestantes e irrumpieron el
discurso del rey, la notaba disfrutándolo, como si un brillo particular se
hubiera reflejado en aquella mirada.
—¿Acaso se ha vuelto un poeta? —rio el
unitario.
—Es sólo lo que percibo, Murriel.
—Coincido que es
su actitud la que podría ocasionar perplejidad. No niego que es bastante
soberbia y algo resentida, pero es una de las personas en las que más confía el rey, le ha criado de niña —repuso el unitario.
—Quizás es solo
una idea de mi cabeza. Sin embargo, mi confianza nunca estaría depositada en
ella.
—Su mirada esta clavada en ella ¿Acaso le
gusta? —preguntó Murriel en tono bromista.
—Admito que
tiene una belleza intensa para los ojos de quien la mire, aunque su carácter no
le favorece —se rio.
Murriel lo acompañó con otra simpática risa.
Los jóvenes continuaron su arduo viaje
regresando hacia el castillo. La duquesa luego de unas millas comenzó a sentir
su presencia y su paranoia aumentó de manera considerable. Decidió acercarse
hacia ambos para iniciar una charla amena respecto de los últimos
acontecimientos, explicándoles acerca de la “información” que había
recolectado, lo que sabemos que es totalmente falsa. Este acto, Sequetina lo
hizo para camuflar su imagen traidora frente a los jóvenes, principalmente
frente al unitario, a quien debería tener controlado por ser el confidente del rey en los últimos tiempos.
Su actitud hacia ellos cambió radicalmente por
tal motivo, sin dejar su prepotencia a un lado. A pesar de ello, a Larry le
seguía pareciendo sospechoso el repentino cambio de la duquesa. Murriel le dijo
que lo más probable que al ver que la vida de su rey se encontraba en peligro,
habrá decidido cambiar para hermanarse con quienes eran los más cercanos al rey.
Larry no muy convencido con la opinión de su
amigo, prefirió evocar su atención en otros asuntos que consideraba muchos más
relevantes que la actitud de la “inofensiva” duquesa.
A continuación, prosiguieron charlas y hechos no
muy importantes para ser relatados, hasta que finalmente arribaron al reino.
Ahora pasamos a abandonar temporalmente a nuestro héroe, para regresar nuevamente hacia unos de nuestros villanos.
Ahora pasamos a abandonar temporalmente a nuestro héroe, para regresar nuevamente hacia unos de nuestros villanos.
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