viernes, 24 de julio de 2015

Episodio XXX

Episodio XXX
Donde continúa la definición de la alianza entre la bruja y los protestantes. Agregando además, la particular conversación entre Camnes y Brumma.

Brumma siguió a los hombres. Había uno de ellos que le llamaba particularmente su atención, Luife. No era otro de los "súbditos" de su líder. Aparentaba ser uno más pero su presencia era engañosa, no sabía cómo era su relación, pero se notaba que seguían paso a paso las órdenes de su líder.
Para Brumma, Luife era un hombre decidido y con convicción, a pesar de las influencias de Camnes, poseía una manera muy personal al hablar y argumentar acerca de sus actos o del motivo por el cual pertenece a tal partido, defendiéndolo como si su vida propia lo fuera. El hombre, disponía de una inverosímil mente pensante, demostrando que jamás se quedaría callado ante cualquier situación que lo involucre. Con tales pensamientos y deducciones, Brumma continuaba caminando en silencio y observando la actitud del resto de los compañeros. Non Regnum, ese partido le hacía palpitar su corazón con tan solo escucharlo, sabiendo lo poderoso y brioso que este podría ser sin siquiera imaginar el grado de tales características. Una especie de intriga se asomo por sus pensamientos, acerca del líder.
Se alejaron unas millas de su cabaña. Aunque vivían relativamente cerca, a solo unas pocas millas de distancia, la mujer la sintió como una caminada larga y pesada.

Aquí, señora Brumma. Nuestro líder Camnes le está esperando habló Luife.
La bruja adelantó el paso e ingreso a la cabaña de sus futuros socios. Sentía una sensación extraña al encontrarse en situación semejante, sin poder creer como terminaron atosigando su mente hasta convencerla de llegar hasta allí. Era evidente, que el reino de Castilla subestimaba a esos individuos, quienes podrían impregnarse tanto en la mente del ser débil como el que aparenta ser fuerte. Sin más preámbulos, Brumma volvió en sí misma para atender a quien la recibiría.
Al ingresar, divisó los carteles hechos de madera indicando el nuevo partido. Non Regnum, ajena totalmente a su significado, sin importarle saberlo tampoco; deseosa solo por charlar con Camnes y terminar con ese asunto que la agobiaba.

Señor, aquí tenemos a la bruja dijo uno de los hombres sin prevenir la mirada que le lanzó Brumma al referirse a ella tan despectivamente.
Luife le dio un codazo Sea más respetuoso, bruto le retó en un susurro.
Camnes la vio y quedó sorprendido por su apariencia, no era como él la imaginaba o como solía imaginar a las brujas. A pesar de que se notaba que era una mujer grande, su cabello rojizo, sus ojos marrones claros penetrantes la hacían lucir bella. Apenas algunas arrugas se notaban en su rostro. Sin embargo, sus rasgos maduros delataban que era una señora de edad.
Bienvenida a mí aposento, señora Camnes ofreció su mano.
Brumma estrechó su mano con el líder un poco extrañada por su recibimiento.
Gusto tengo al conocerle, señor Camnes dijo con la misma cortesía.
Usted… la bruja del pueblo. Gran sorpresa me he llevado al enterarme de su existencia, señora. 
Ella negó con su cabeza Yo no he de pertenecer a ningún pueblo, señor Camnes.
Camnes sonrió Estoy al tanto sobre el episodio que vivió en el pueblo de Castilla, no se preocupe. Después de todo, nosotros seguimos perteneciendo aquí aunque no seamos parte de esa asquerosa comunidad de inútiles e ignorantes describió agriamente.
Brumma solo lo observó. Ella poco deseosa de deplorar a nadie, solo quería saber el cometido que tenían para ella y qué clase de permutas podrían ellos hacer.
No se le nota mujer de muchas palabras, me agrada se acercó hacia ella—. Voy al asunto. Le necesitamos, señora. Es decir, necesitamos de sus grandes poderes y dotes de bruja. Siendo íntegramente directo; nuestro fin es derrocar al rey y desplazarlo de su trono con todo lo que ello conlleva. Francamente, difícil se nos ha hecho concordar una buena estrategia, hemos fallado al enfrentarlos directamente. Por estos motivos señora Brumma, le precisamos osadamente.
Sus hombres algo de esto que usted me dice me han comentado. ¿Cómo han fallado? cuestionó asombrada ¿Ya le han enfrentado a su Majestad?
Camnes sonrió irónicamente acercándose aún más hacia la mujer, provocando que esta recule unos pasos.
Mi querida señora, le debo decir con todo mi respeto, que aquí apretó tanto fuerte sus dientes contra sus labios consiguiendo que su borde inferior sangrase tan arduamente que Brumma no pudo ocultar su previo alarido. Ambos cruzaron sus intensas miradas.
Aquí… ¡Nadie le llama Majestad a ese impúdico individuo, esa poca cosa!
Señor, no quise que mis palabras resulten un motivo para su malestar, pero no he de comprender. ¿Acaso tanto le odia? 
¿Tan poco observadora ha resultado ser? Señora, no quiero que mis lastimosos oídos vuelvan a escuchar semejante burlada.
Brumma se acercó a Camnes para alivianar la situación Le curaré esa herida.
Camnes la apartó brutalmente No necesito sus estúpidos hechizos para curarme, necesito que los use para algo más sustancial, derrocar a ese maldito rey que en una farsa realidad el vive  dijo exasperado.
¿Cómo dice usted? ¿Farsa realidad?
Luife se arrimó hacia ella para alejarla un poco de su líder, quien se había vuelto un poco desquiciado, algo que solía sucederle cuando muchas emociones colapsaban dentro de sí.
Señora Brumma, no le cuestione más y haga lo que mi señor le pide.
Mire… señor Camnes, yo he venido aquí para escuchar su oferta, no deseo importunarlo ni que me hagan perder el tiempo repuso seria.
En eso hemos de coincidir, señora. Admito que tengo un temperamento difícil de dominar. Sin embargo, no tolero las faltas de idoneidad respecto a lo que cada ser merece. Ese maldito rey, tiene que ser derrocado.
Los demás hombres reían y alababan a su líder apoyando su emoción aún más y alimentando su furia para continuar con su cometido. Brumma, algo asustada, quería salir inmediatamente de ese lugar, considerándolos personas lunáticas y pérfidas.
Dígame, señor Camnes ¿Qué tipo de hechizo desearía que hiciese yo? preguntó con la esperanza de finalizar su charla.
A este punto quería llegar. Hemos escuchado que usted una vez casi destroza el pueblo entero de Castilla ocasionando un impetuoso temblor.
Brumma abrió sus ojos sorprendida Así fue, señor. Eso ha sucedido hace mucho tiempo. Fue algo imprevisto, un hechizo fallado. Culpable me he sentido por ocasionarlo. Por fortuna de esta vida, he podido pararlo a tiempo.
Así que ha logrado realizarlo sonrió el—. Quiero ese mismo, señora, pero aumentando aún más el impacto.
Brumma se le dio la espalda No puedo siquiera contemplar en hacer una cosa semejante nuevamente.
Camnes se acercó y le tocó su hombro Si puede, mi señora.
Se enfrentó a él y le dijo decidida - ¡No puede obligarme!
Ha ha ha rio—. Creo que usted, brujita, no se ha de enterar con quien pretende enfrentarse dijo burlón mirando a sus hombres. Estos mismos acompañaban su intimidación, posicionándose algunos detrás de ella y en sus costados rodeándola para evitar su posible intento de escape.
Yo quedé en acompañarles y escucharle a usted su oferta dijo con voz temblorosa—. Jamás acepte en un principio intentó defenderse y luego miró a Luife. Este mismo le dirigió una sonrisa sardónica.
Usted aceptó venir con nosotros. Sabía cuál era nuestro objetivo, por lo tanto ¿Qué diablos ha de importar el medio por el cual lo haga? ¿O es que no está capacitada para volverlo a ocasionar?
Necesitaría tiempo. Sin embargo, no es ese el mi motivo del rechazo, Señor Camnes. Muchos civiles se encontrarían en peligro. El reino...
¿Y es que eso que le importa a usted? la interrumpió ¿O ellos pensaron en usted cuando le humillaron y echaron peor que a un ladrón?
Brumma negó con su cabeza. Se sentía atrapada. Camnes a pesar de ser un patán para ella, le debía conceder la razón. En ningún momento aclaró que había la posibilidad de rechazarlos. Ella percibía la ambición que yacía en sus almas y esa sed de venganza y poder que los embargaba. Si se negaba, quizás la matarían, y no existía nadie quien pudiera salvarla, ni quien lloraría por su ida o la recordaría. Lo último que quería era morir de esa manera tan indignante. Levantando nuevamente su mirada, la mujer examinó la espera de Camnes por su respuesta, mirándola amenazadoramente.
Acepto contestó al fin lagrimeando con tapujo.
Obediente ha sido la bruja dijo sonriendo—. Le felicito por tomar... acercó su boca a la oreja de ella—. La mejor decisión de su vida le susurró.
Sólo le pido que sea más específico con el tipo de hechizo que usted desea. 
¿Sabe una cosa? Son de mi agrado las mujeres tan decididas como usted. Pero ¿No se le olvida algo, mi señora?  
Brumma lo miró intrigada.
¿No ansía saber acaso, el beneficio que obtendrá con este encargo?  
La mujer solo asintió insegura.
El líder posó su típica sonrisa falaz Como puede usted notar, no somos ningunos estafadores. No somos tan malos como así nos han teñido comenzaron a reír todos—. Si de mi sale una promesa, la cumplo y no hay excepción que valga y lo mismo pretendo de los demás. Ahora, si la otra parte no cumple suspiró—. Mi generosidad la estrangulo como aquel que me ha traicionado. En fin, señora mía, al realizar esta pequeña labor para nosotros, usted recibirá nuestra protección. Le garantizamos mantenerla el anonimato, no quedará expuesta. Y otra cosa, si las cosas suceden según lo planeado y logramos derrocar a ese maldito rey, usted volverá al pueblo y no solo eso, será una superior en frente de todos esos malditos civiles quienes alguna vez le despojaron. Su puesto lo arreglaremos más adelante. ¿Es un trato? le ofreció su mano.  
Le voy a ser sincera, Señor Camnes evadiendo la mano del líder—. Poco me interesa lo que me dice, solo he aceptado para que me dejen en paz. Lo único que deseo de lo que usted me ha ofrecido, es quedar en el anonimato, si algún civil llegara a enterarse…
Puras sandeces la interrumpió ¿Me va a decir señora, que no ansia en tener un poco de poder, el cual jamás ha saboreado en toda su vida? Disculpe pero no he de creerle. 
No me conoce se defendió.
Sí le conozco, y más de lo que podría sospechar. Sus ojos son los únicos que no me han mentido. Usted quiere vengarse de alguna manera y quiere demostrar que vale más de lo que esos miserables le hicieron sentir ¿O estoy erróneo, señora Brumma? - Le preguntó intentando hurgar y manipular sus sentimientos. Camnes sabía cómo maniobrar frente a esa clase de personas como Brumma. Las sensibles, las correctas, eran las más predecibles. Para Camnes, ese tipo de personas mostraban una debilidad fácil de detectar y Brumma, definitivamente era una de ellas.
La mujer desvió su mirada. Ese hombre lograba causar remolinos en su corazón, lograba despertar esa furia que tenía tan reprimida.
Camnes nuevamente ofreció su mano esperando una absoluta positiva. 
Acepto dijo, dándole la mano a su nuevo ahora líder y señor.
Perfecto repuso el—. Comencemos con nuestra estrategia.

Una pequeña lágrima rodó por las mejillas de Brumma. Mientras iniciaron su nuevo análisis con su ahora nueva integrante, los dejaremos por unos momentos para regresar hacia otro punto importante de nuestra historia, abandonando así este episodio.

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