viernes, 17 de julio de 2015

Episodio XXIX

Episodio XXIX
Episodio por demás largo, donde se realizará una posible concertación con la bruja de Castilla.

Como lo relatado en el episodio anterior, describiendo los últimos actos de los hombres de Camnes, quienes como principal y nuevo objetivo era portear la bruja a su líder. No tardaron en discernir la cabaña de la mujer, dudando si ingresar abruptamente. Bruma, concentrada en su nueva brujería, la cual consistía en curarse su espantoso dolor de cabeza. La mujer, era una bruja bastante particular, en su aspecto no se notaba en demasía, pero sus poderes reflejaban que no era una mujer ordinaria. Muchos desconfiaban de ella, ya que según decían, con su mirada podía atravesar los ojos de su víctima y apoderarse de ellos infiltrándose en su alma. Algunos creían que estaba creando un nuevo embrujo; otros solo creían que lo hacía para causar temor y así obtener fruto de sus hechizos. Había muchas teorías sobre ella, pero nadie logró conocerla en realidad. Nadie se animaba a acercársele y preguntarle que sentimientos la acarreaban. Los civiles y aldeanos solo suponían sin indagar más sobre esa mujer que logró fundar pánico en su entorno.
Con el tiempo, se convirtió en una persona ermitaña, no volvió a salir de su cabaña después de aquella humillación que padeció en el reino. Prácticamente, la echaron a patadas sin permitirle defenderse ante aquel acto.
Ella conocía y apreciaba al rey, no ha tenido contacto alguno con él pero si estaba informada respecto a su personalidad y su mandato en el reino. Lo admiraba. Sin embargo, una profunda decepción la embargó cuando el rey no la ayudó ante aquella escena patética y desagradable que tuvo que vivir, ella se preguntaba si no había igualdad para todos, jamás nadie intento comprenderla realmente. Al sentirse tan defraudada, cayó en una desesperación desdeñosa, alejando a todo aquel que intentara acercarse. Sus actos eran a causa de miedo, el cual ella confirmaba sentir, como todo el mundo sentía por ella. El rey por su parte, no hizo nada para detener aquel incidente y como resultado su apreció hacia él disminuyó considerablemente. A estas alturas, nadie comprenderá por que el rey no accionó a tiempo.
Brumma no dejaba de recordar lo sucedido aquel día. Esas miradas frías clavadas en su más profundo ser.
"Lárguese de aquí, bruja de los demonios. Nadie le quiere en este pueblo"  resonaba una y otra vez en su cabeza.
Buscando al rey con su mirada, ambos la cruzaron directamente mientras ella sollozaba y sufría los daños propinados por su pueblo, el rey, evadiéndola ásperamente no infirió en lo sucedido.
Sacudió su cabeza intentando despejar aquellos pensamientos que la martirizaban. Mientras tanto, revolvía una y otra vez su olla mezclando hierbas, flores y especias para su latoso dolor de cabeza.
En esos momentos, se percató de haber escuchado un sonido. Alguien estaba allí afuera, su presentimiento la hacía sentir segura de ello, preguntándose quienes podrían ser los impertinentes, ya que hace tiempo nadie la visitaba. Tomó una de sus cucharas de madera y se acercó hacia la entrada de su cabaña.
¿Quién se encuentra allí? preguntó temerosa.
Señora Brumma se animó a hablar uno de los hombres de Camnes.
¿Quién es usted, que quiere? preguntó fríamente.
Estamos ávidos en hablar con usted. Le pido que oprima su miedo, no le haremos daño. Venimos en nombre de nuestro líder, Camnes. Aguardamos por su recibimiento repuso el hombre.
Brumma quedó pensativa, preguntándose nuevamente quienes serían y de que líder le hablaban. Seguidamente recordó que había estado escuchando disquisiciones acerca de tal hombre y de su supuesto partido, y la disconformidad profesada por el reino. El miedo la requisaba, pero dispuso en hablar con esos hombres para atender sus necesidades creyendo que sería fácil concretar con ella para luego se retiraran rápidamente.
Pueden pasar, señores dijo mientras abría la puerta de su humilde cabaña.
Los hombres ingresaron temerosamente a la cabaña de la mujer. Era chiquita, pero bien decorada, no parecía para nada una vivienda característica de una bruja. Contenía algunos pequeños adornos, parecían manualidades hechas por ella, utilizando flores, varios jarrones y objetos creados muy llamativos.

Muy bien comenzó a hablar Brumma ¿Qué codician sus almas obtener de esta indefensa mujer?
Uno de los hombres empujó a otro para que comenzara a hablar Explíqueme porque yo debo afrontar este asunto murmuró Chrossa quejándose con semblante timorato.
Puedo olisquear un cuantioso acobardamiento se burló su otro compañero.
Chrossa suspiró resignado a enfrentar el a la bruja y comunicarle el recado de su líder, tragando su cortedad.
Brumma lo miró incrédulamente preguntándose si acaso esos individuos temían de ella, sentía que esa imagen que todo el mundo atesoraba sobre ella, no desaparecería jamás. 
Señores míos, agotada esta mi paciencia dijo Brumma ardorosa ¿O pues tienen miedo que les cocine en mi sopa? rio ella haciendo que Chrossa retrocediera.
Conjeturas falsas son las que usted dice, señora sólo alcanzó a decir, preguntándose por que Camnes los mandaría a hablar con aquella bruja que sus pensamientos consideraban desagradable. Uno de sus compañeros se interpuso entre Chrossa y Brumma, suspiró para el comenzar a hablar de una vez—. Le precisamos, señora. Nuestro señor Camnes es quien le precisa.
Brumma arqueó una ceja ¿Necesita de mí? ¿Y el motivo de su tan repentina necesidad?
Pues verá continuó el hombre quien para presentarlo, era Luife—. Nos hemos enterado de los grandes poderes que usted posee. También hemos de saber que usted no sale de aquí y que le han despojado de ese maldito pueblo. Sin embargo, creo que usted podría obtener ventaja si viene con nosotros. 
¿Y cuál sería dicha ventaja? preguntó curiosa.
Conocemos sus sentimientos, señora Brumma. Hemos de saber la desmesurada humillación por la que ha que ha pasado y destacando el rey, el espléndido rey dijo irónico—. Del que tanto todo el mundo implora y admira, el que tanto dice ayudar, confirmamos que con usted, fue lo último que hizo la miró fijo ¿O acaso mis palabras son equívocas?
Brumma agachó la cabeza Lo que usted dice mi estimado, es la verdad. Sin embargo, no he de comprender en que se relaciona aquello con mi presunto beneficio al ayudarlos. 
Le entiendo se acercó más a ella—. Usted tiene unos poderes extraordinarios. Nosotros necesitamos esos poderes para lograr nuestro cometido.
¿Y cuál sería ese cometido? preguntó arqueando una ceja.
Despojar al rey de su trono y que el mismo lo deleite nuestro señor, y entonces…
Brumma lo interrumpió ¿Por qué, señor? ¿Qué les ha hecho el rey Francisco a ustedes?  
Oh, ha de parecer que le estima demasiado. 
Le respeto sólo dijo.
Nosotros no estamos de acuerdo con su política disparó—. No creemos en que ayudando en tal proceder a los civiles se obtengan tantos beneficios como él así lo asevera. Entiendo que la igualdad parece la "ideal" pero muy lejos de aquella sustantividad están, señora. Hay tranzas, sobornos y estafas en demasía. El poder, sigue superando junto con la ambición cualquier barrera que se les interponga. Cada uno debe ocupar el lugar que le es merecido. ¿O acaso es honrado que un insignificante aldeano, campesino o civil tenga el mismo privilegio que un barón o un duque? ¿No le parece a usted un acto insensato? ¿En qué reputación ha quedado nuestra nobleza? - Explicó el hombre sintiéndose como su señor por su forma en el habla. Era evidente que las influencias de su líder habían congeniado con su ser.
Pero... intentó decir Brumma.
Contésteme la interrumpió— ¿Acaso con usted existió la igualdad que con tanta parla se le ha dedicado? ¿O es que no le juzgaron y la echaron como un cacharro de mugre? ¿Le parece a usted que a eso merezca el juicio de igualdad? Yo lo difiero y lo haré mientras mi corazón siga palpitando rio irónicamente—. Es solo un muestrario disfrazado. Un camuflaje propinado por ese maldito rey para dogmatizarles a todos que en su ser existe bondad, la cual, si todos han de acordar conmigo, no coexiste. Sus hombres asentían afirmativamente.
Son atrevidos al hablar con ese proceder, señores. No le correspondo en ese pensamiento lo que ha dicho señor… 
Luife completó el sonriendo—. Si comparto con usted señora, que podemos estar equivocados en cuanto a la conducta del rey. Sin embargo, notamos muchas contradicciones en cuanto a sus valores. En todo este tiempo, antes de hacernos presentes en el reino, le hemos analizado profundamente y créanos señora, que tenemos suficientes motivos para llegar a dicha conclusión. Estamos a favor de la justicia, pero no de la igualdad en cuanto a cargos. La función de los aldeanos y campesinos, es trabajar para ganarse su pan y a su vez, servir al reino como así desde todos los tiempos ha sido. Cada uno perteneciente a su puesto. Inaudito veo que la Nobleza se mezcle con esos individuos. Considero mejor y más honroso exponer las cosas con su verdad, y mostrar la realidad; antes que camuflar todas esas patrañas de igualdad que no logran cumplirse, todo lo contrario; estimula a más estafas y traiciones hacia el pueblo. Esa vertiginosa infamia con nosotros al mando, terminaría inmediatamente finalizó con una sonrisa triunfante.
¿Su cabeza está hecha de canto3, mis señores? Conceder progreso en el pueblo es el básico propósito, no cavilar solo en ustedes. He de considerarlo en extremo codicioso y avaro.
Soy entendido de que no he logrado persuadirla. Aunque puedo asegurarle, señora Brumma, que en sus ojos acierto su dolor y le noto un profundo resentimiento, el cual se asoma tan despacio pero a la vez tan penetrante y lastimoso que ni usted lo puede contrastar.
Brumma lo observó intimidada y casi al descubierto, sintiendo sus emociones enteramente desnudas ante ese hombre.
Pierda su incauto temor que al rey no le ocurrirá ninguna desgracia mintió—. Nuestra intención, no es llegar por medios perversos ni dañinos. Sin embargo, no consideramos otro camino el cual se puede concretar con su ayuda.
¿En que debería aportar yo?   
Primeramente, acompañarnos. Debatirá con Camnes, nuestro líder, el le explicará cual sería su colaboración en este asunto dijo ofreciendo su mano.
Aún no lo sé Brumma se dio vuelta—. Mi desconfianza impide aceptar su propuesta ¿Si acaso me tienden una trampa?
Los hombres comenzaron a reír.
¿Cree usted que nos serviría, señora Brumma? Nuestro objetivo es derrocar al rey, no a usted hizo un gesto incitándola a que vaya con ellos.

Brumma apretaba sus puños. No sabía qué hacer realmente. Era cierto lo que decía aquel hombre, ella seguía dolida y enfadada. El rey no hizo nada para evitarlo ni tampoco les interesó jamás lo que fue de su vida. Probaría en visitar a Camnes y así rectificar hacia dónde irían sus valores. Quizás realmente ayudándolos podía regresar al pueblo, o al menos, ser respetada. Según ella creía, el rey no saldría lastimado por cualesquiera fuera el trato que hicieran. Ingenua ante las palabras de Luife, tomó la determinación de acompañarlos, eludiendo sus pesados sentimientos.
Le acepto su invitación, señor repuso.
Deseoso de que tales palabras salgan de su boca sonrió Luife.
En este lapso, un giro radical se presentaría, donde las cosas comenzarían a tornarse hacia otro camino, el cual la balanza indica, sería más favorable para los protestantes.

Mientras caminaban silenciosamente, abandonamos el presente episodio con la imagen de Brumma vacilando entre el poder sugestivo y el sufrimiento honrado.

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