Conversación interesante entre el rey y el joven unitario,
aclarando las labores de este último que le serán pedidos por el rey.
Murriel quedó pensativo por unos instantes, hasta luego recapacitar de no creer en todo lo que le decía la duquesa; a pesar de ser una mujer muy inteligente, nunca la noto tomando alguna decisión respecto al reino. Se concentraría en su objetivo para dejar de prestar atención a las injurias dichas por ella. Sonrió al recordar que en unos minutos estaría nuevamente frente a su rey, aclarando sus últimos detalles acerca de su labor, como un unitario. Se detuvo en seco al rememorar las palabras de Sequetina, acerca del “falso” concepto sobre la labor de unitario, sin embargo, admiraba el rey al intentar cambiar la política de su reino, admitiendo que existan cargos que permitan ocuparse en las necesidades de los civiles y labores de oficio bajo y medio.
El joven caviló en que hasta quizás, podría llegar a
permutar en próximos reinados y en el futuro político1 en la
historia de Castilla.
El cuarto de hora había pasado como un periquete. Murriel
se sentía emocionado y tendinoso al mismo tiempo. Aunque el tenia bien en claro
que el rey era una de las personas más bondadosas que había conocido, sus
emociones le hacían percatar, que era una sensación demasiada virtuosa para ser
tan sustantiva y real.
Intentando despejar sus pensamientos, se retiró de sus labores para visitar al rey y hacer de su presencia para su cita concretada.
El joven siguió las indicaciones de la duquesa, subiendo por la escalera LX, contempló una vez más la hermosura que lo rodeaba, la estructura de ese edificio era prodigiosa, consiguiendo hacer sentir al futuro unitario, como si en el paraíso de Castilla estuviese.
Al llegar a destino, pudo divisar al rey leyendo como era usual, sus documentos, su semblante concentrado lo imposibilitaba de todo lo que ocurría en su entorno, era una facultad que fue desarrollando a lo largo de sus años.
Intentando despejar sus pensamientos, se retiró de sus labores para visitar al rey y hacer de su presencia para su cita concretada.
El joven siguió las indicaciones de la duquesa, subiendo por la escalera LX, contempló una vez más la hermosura que lo rodeaba, la estructura de ese edificio era prodigiosa, consiguiendo hacer sentir al futuro unitario, como si en el paraíso de Castilla estuviese.
Al llegar a destino, pudo divisar al rey leyendo como era usual, sus documentos, su semblante concentrado lo imposibilitaba de todo lo que ocurría en su entorno, era una facultad que fue desarrollando a lo largo de sus años.
—Su Majestad —se atrevió a interrumpirlo.
—Mi joven unitario —el rey levantó su mirada situándola en Murriel—. Que grata presencia pueden apreciar mis ojos.
Murriel hizo una reverencia fallida, como era habitual produciendo que al rey se le escapase una carcajada.
—Su espontaneidad me enriquece.
—Lo siento, su Majestad —contestó avergonzado.
—No se disculpe en vano, muchacho. Utilice las disculpas cuando la situación tenga la suficiente virtud para recibirla.
—Lo siento —volvió a repetir nervioso, cerrando sus ojos para intentar ocultar los nervios que lo acechaban.
—He notado lo que ha trabajado en el reino en estos pocos días. Le aseguro, que mi orgullo estuvo presente en todo momento.
—Muy agradecido estoy, su Majestad.
—Lo es demasiado, muchacho —sonrió abiertamente— ¿Está preparado para comenzar su nuevo oficio?
—Sí, su Majestad. Aunque debo permitirme decirle que tengo ciertas inquietudes al respecto.
—¿Cuáles serían, joven?
—Me han comentado acerca de la labor como unitario. La misma no es existente entre ningún reinado, ni está estipulado en ningún tipo de nobleza – Se explicó Murriel acongojado.
—La información le ha llegado correctamente, muchacho. Pero creo recordar también, que le he explicado acerca de esta labor y el objetivo de la misma. Aunque no se corresponda a ningún reinado anterior ni actual en la historia de nuestro pueblo. Sin embargo, las reglas se pueden modificar. Más aún si todo se concibe para mejorar las condiciones del reino. Este asunto se ha disputado convergentemente con el consejo, que luego de muchas reuniones, se ha llegado a un acuerdo— argumentó el rey seguro.
—Comprendo, su Majestad. Dichosos son mis oídos de escuchar sus palabras. A pesar de ello, no considero que todo miembro de la nobleza este de acuerdo.
—No se puede conformar continuamente a todo ser viviente. Es cuestión de equidad, son votos mayoritarios. ¿A qué se debe tal comentario? —cuestionó intrigado.
—No quiero generar ningún tipo de disputa, su Majestad. Solo he oído estos entredichos que le estoy comentando. No es oportuno de mi parte, cuestionar su política.
El rey se acercó hacia el muchacho, complacido al escucharlo. Posó una mano sobre su hombro.
—Todo comentario es tomado en cuenta, mi joven unitario. Todo ayuda a hacernos crecer. Mi política es una de las más libres que han existido en la historia de los reinos de Castilla, hecho del cual, me siento muy orgulloso. Sin embargo, los códigos, la administración y los acuerdos respecto a los parlamentos, se mantendrán, su funcionamiento ha sido conforme entre la nobleza y la realeza. Mi intención, no es modificar lo que ya se encuentra preestablecido, si no, buscar iniciativas y soluciones a los inconvenientes que aquejan a nuestro pueblo. Escucharlos, priorizarlos entre tanto poderío y liderazgo político.
—Puedo llegar a entender su Majestad, muchas cosas de las que usted me dice. Sin embargo, mi ignorancia es más grande de lo que pensaba. Si seré su unitario, me gustaría entender mucho más como es el funcionamiento del reinado.
—Me gusta su sinceridad, Murriel —contestó sonriente ante la petición del ex campesino.
El rey comenzó a explayarse acerca de todos sus regímenes parlamentarios, su tipo de política, como esta era implementada e influyente en su reino. Las reuniones recurrentes en el consejo con los cargos pertenecientes a la realeza y nobleza y todo lo referido a estructuras de carácter político. Destacó el enfrentamiento entre dos fuerzas políticas, la monarquía y oligarquía. Comentó acerca de una serie de conflictos que hubo acerca de dichas ideologías y acerca de muchas guerras producidas en su consecuencia, hecho que asusto de alguna manera a Murriel, no estando preparado para escuchar ciertas “anécdotas” ocurridas en las guerras. Sin embargo, el rey, no quiso detenerse mucho en ello y menos, sobre las disputas acerca de que fuerza política prevalecía más. Lo que deseaba dejarle en claro a su nuevo unitario, era acerca de su pretensión mientras el permanezca en el trono, remarcando nuevamente la prioridad que le debía a su pueblo sin tiranías y autoritarismo. Le advirtió, que su particular forma de pensar como rey podría llegar a traer aún más consecuencias futuras, a pesar que en ese momento estuvieran las aguas tranquilas. Muchos civiles de cargos superiores a los campesinos, no se encontraban en total acuerdo con ello, ya que se habían acostumbrado a reinos anteriores; donde la máxima oligarquía era predominante a comparación del reino actual. La idea de mantener un equilibrio perfecto de poder con la nobleza que hiciera posible regir los destinos del reino, sin sobresaltos importantes. El hacer una distinción marcada entre campesinos y nobles demostrando la desigualdad y derechos de los mismos, era uno de los principales objetivos para modificar o más bien erradicar de su reino. Pero el poder, supera todas las barreras en las mentes perversas de muchos seres humanos, contradiciendo dicho acto, y demostrando exclusiva disconformidad. El rey Francisco luchó contra todo aquello y logró encontrar su lugar y equilibrio veraz. Sin ampliar más su información, para no marear al joven quien lo estaba escuchando atentamente, quien asentía ante cada palabra dicha por él, finalizó su explicación con su última frase.
—Mi joven unitario —el rey levantó su mirada situándola en Murriel—. Que grata presencia pueden apreciar mis ojos.
Murriel hizo una reverencia fallida, como era habitual produciendo que al rey se le escapase una carcajada.
—Su espontaneidad me enriquece.
—Lo siento, su Majestad —contestó avergonzado.
—No se disculpe en vano, muchacho. Utilice las disculpas cuando la situación tenga la suficiente virtud para recibirla.
—Lo siento —volvió a repetir nervioso, cerrando sus ojos para intentar ocultar los nervios que lo acechaban.
—He notado lo que ha trabajado en el reino en estos pocos días. Le aseguro, que mi orgullo estuvo presente en todo momento.
—Muy agradecido estoy, su Majestad.
—Lo es demasiado, muchacho —sonrió abiertamente— ¿Está preparado para comenzar su nuevo oficio?
—Sí, su Majestad. Aunque debo permitirme decirle que tengo ciertas inquietudes al respecto.
—¿Cuáles serían, joven?
—Me han comentado acerca de la labor como unitario. La misma no es existente entre ningún reinado, ni está estipulado en ningún tipo de nobleza – Se explicó Murriel acongojado.
—La información le ha llegado correctamente, muchacho. Pero creo recordar también, que le he explicado acerca de esta labor y el objetivo de la misma. Aunque no se corresponda a ningún reinado anterior ni actual en la historia de nuestro pueblo. Sin embargo, las reglas se pueden modificar. Más aún si todo se concibe para mejorar las condiciones del reino. Este asunto se ha disputado convergentemente con el consejo, que luego de muchas reuniones, se ha llegado a un acuerdo— argumentó el rey seguro.
—Comprendo, su Majestad. Dichosos son mis oídos de escuchar sus palabras. A pesar de ello, no considero que todo miembro de la nobleza este de acuerdo.
—No se puede conformar continuamente a todo ser viviente. Es cuestión de equidad, son votos mayoritarios. ¿A qué se debe tal comentario? —cuestionó intrigado.
—No quiero generar ningún tipo de disputa, su Majestad. Solo he oído estos entredichos que le estoy comentando. No es oportuno de mi parte, cuestionar su política.
El rey se acercó hacia el muchacho, complacido al escucharlo. Posó una mano sobre su hombro.
—Todo comentario es tomado en cuenta, mi joven unitario. Todo ayuda a hacernos crecer. Mi política es una de las más libres que han existido en la historia de los reinos de Castilla, hecho del cual, me siento muy orgulloso. Sin embargo, los códigos, la administración y los acuerdos respecto a los parlamentos, se mantendrán, su funcionamiento ha sido conforme entre la nobleza y la realeza. Mi intención, no es modificar lo que ya se encuentra preestablecido, si no, buscar iniciativas y soluciones a los inconvenientes que aquejan a nuestro pueblo. Escucharlos, priorizarlos entre tanto poderío y liderazgo político.
—Puedo llegar a entender su Majestad, muchas cosas de las que usted me dice. Sin embargo, mi ignorancia es más grande de lo que pensaba. Si seré su unitario, me gustaría entender mucho más como es el funcionamiento del reinado.
—Me gusta su sinceridad, Murriel —contestó sonriente ante la petición del ex campesino.
El rey comenzó a explayarse acerca de todos sus regímenes parlamentarios, su tipo de política, como esta era implementada e influyente en su reino. Las reuniones recurrentes en el consejo con los cargos pertenecientes a la realeza y nobleza y todo lo referido a estructuras de carácter político. Destacó el enfrentamiento entre dos fuerzas políticas, la monarquía y oligarquía. Comentó acerca de una serie de conflictos que hubo acerca de dichas ideologías y acerca de muchas guerras producidas en su consecuencia, hecho que asusto de alguna manera a Murriel, no estando preparado para escuchar ciertas “anécdotas” ocurridas en las guerras. Sin embargo, el rey, no quiso detenerse mucho en ello y menos, sobre las disputas acerca de que fuerza política prevalecía más. Lo que deseaba dejarle en claro a su nuevo unitario, era acerca de su pretensión mientras el permanezca en el trono, remarcando nuevamente la prioridad que le debía a su pueblo sin tiranías y autoritarismo. Le advirtió, que su particular forma de pensar como rey podría llegar a traer aún más consecuencias futuras, a pesar que en ese momento estuvieran las aguas tranquilas. Muchos civiles de cargos superiores a los campesinos, no se encontraban en total acuerdo con ello, ya que se habían acostumbrado a reinos anteriores; donde la máxima oligarquía era predominante a comparación del reino actual. La idea de mantener un equilibrio perfecto de poder con la nobleza que hiciera posible regir los destinos del reino, sin sobresaltos importantes. El hacer una distinción marcada entre campesinos y nobles demostrando la desigualdad y derechos de los mismos, era uno de los principales objetivos para modificar o más bien erradicar de su reino. Pero el poder, supera todas las barreras en las mentes perversas de muchos seres humanos, contradiciendo dicho acto, y demostrando exclusiva disconformidad. El rey Francisco luchó contra todo aquello y logró encontrar su lugar y equilibrio veraz. Sin ampliar más su información, para no marear al joven quien lo estaba escuchando atentamente, quien asentía ante cada palabra dicha por él, finalizó su explicación con su última frase.
—Sólo le pido,
mi joven unitario, que intente crear un nexo cercano entre los civiles y estar
atento a cualquier necesidad que a estos les aquejen. No pido su urgente
comprensión a toda mi información dada, ya que visto el panorama, no sería
congruente de mi parte exigirle demasiado. Yo solo quiero que sepa, que más allá
de todos los parlamentos y códigos que debo cumplir como monarca, lo hago por exclusiva
formalidad. Poco me interesan esas cuestiones a comparación de lo que mi pueblo
necesite. Por eso usted me da confianza. Usted tiene un alma tan pura que ese
tipo de controversia no lograría tergiversar su corazón hacia el infortunio.
Usted puede aprender todo lo necesario, como cualquier individuo si estudia y
se le enseña como es debido. Pero lo que no se enseña, es tener un noble y fiel
corazón como el que usted posee. Por eso, aquí le presento mi motivo por el
cual lo he escogido a usted para tal cargo.
—Su Majestad… —respondió sorprendido—. Me ha dejado usted sin habla. Sin palabras para agradecerle a la misma altura con la cual usted se ha expresado ante mí.
—La valentía y las buenas acciones, son la mezcla exquisita para conceder a un buen soberano. Aunque muchos puedan considerarme un rey loco.
—Yo no le consideraría jamás de tal forma, su Majestad.
—Porque usted, es como yo.
Murriel seguía sin cambiar su expresión de asombro ante tal discurso. Sin embargo, el rey, rápidamente desvió su tema hacia otro camino diferente. Hablando acerca de los sentimientos del joven y sus expectativas relacionadas a su nueva labor. También le explicó, sobre el significado que tenían las escaleras que llevaban a distintos sitios: V, X, LX y CM.
—Su Majestad… —respondió sorprendido—. Me ha dejado usted sin habla. Sin palabras para agradecerle a la misma altura con la cual usted se ha expresado ante mí.
—La valentía y las buenas acciones, son la mezcla exquisita para conceder a un buen soberano. Aunque muchos puedan considerarme un rey loco.
—Yo no le consideraría jamás de tal forma, su Majestad.
—Porque usted, es como yo.
Murriel seguía sin cambiar su expresión de asombro ante tal discurso. Sin embargo, el rey, rápidamente desvió su tema hacia otro camino diferente. Hablando acerca de los sentimientos del joven y sus expectativas relacionadas a su nueva labor. También le explicó, sobre el significado que tenían las escaleras que llevaban a distintos sitios: V, X, LX y CM.
Espacio V: Lleva un lugar donde se reúne la realeza y nobleza. (El rey, los duques, príncipes, condes, marqués, barones, caballeros y escuderos) Aunque la particularidad de este reino era que todavía no había
príncipes en el. Allí se reunían con frecuencia para debatir acerca de la estabilidad
del pueblo y sobre los propósitos de cada uno.
Espacio X: Donde se encontraban sus plebeyos y
sirvientes. Aunque el rey, jamás le ha gustado que lo sirvieran como era común
en otros reinados. El buscaba la igualdad, pero por una cuestión más bien de
moral, debían existir. El siempre les remarcaba que no valían menos y que
siempre podrían contar con él, como un amigo.
Espacio LX: La habitación del rey, el lugar donde ingresó
Murriel por primera vez. Allí es donde reflexiona y suele ser visitado en
algunas ocasiones por los civiles. Ya sea para darle obsequios en
agradecimiento, proponer alguna idea o hacer alguna petición importante. Su
trono elegante siempre se hacía relucir en aquella enorme habitación donde el
sol iluminaba su exquisita estructura.
Murriel estaba impresionado sobre las historias que le contaba el rey, por quien comenzaba a sentir aún más admiración y un profundo cariño.
—Impresionante, se encuentran muchos cargos aquí —comentó Murriel.
—Justamente —rio el rey—. Típico de la realeza mi querido unitario.
—¿Y qué ha de contener la habitación CM? Si es que usted desea informarlo —preguntó intrigado.
—Todavía no lo hemos definido. Mi idea es usar ese espacio para colaborar con gente enferma y con pocas capacidades para auto abastecerse.
—Eso es maravilloso, su Majestad ¿Y por qué no está concluido?
—Porque no soy el único que toma las decisiones aquí, muchacho. Los Barones y Condes no están muy de acuerdo con tal idea.
—Pero usted es quien tiene la última palabra ¿O estoy en una equivocación? —preguntó confundido.
—En parte, muchacho. Igualmente, yo respeto las demás opiniones y ellos a veces se aprovechan de ello. Siempre he logrado satisfacer en igual medida a todos mis compañeros. Hasta ahora lo he logrado, no veo motivo para no seguir haciéndolo – Sonrió.
—Merece toda admiración de cualquier civil y ser viviente. Su gran manejo del reino me sorprende, su Majestad —lo halagó Murriel.
—Pero con mucha dificultad. Yo siempre he creído y mantenido el pensamiento que con comunicación y con firmeza, se consigue lo que siempre se es anhelado.
—¿Dónde se encuentra el resto de los unitarios, Majestad? —preguntó el joven desviando el tema.
—No existen por ahora, otros unitarios, Murriel. Es un único cargo, el que ocupa usted.
—¿Pero no ha dicho usted que habían otros unitarios?
—Eso lo he dicho para no asustarle tanto en esos primeros momentos.
—Es decir que yo...
—Exacto —lo interrumpió—. Será por ahora… el único unitario de todo Castilla —dijo haciendo un gesto bromista—. También podrá mantener contacto con los plebeyos.
Murriel arqueo una ceja sin entender.
—Ellos realizan tareas de levantar murallas, construir el reparo de muros, cercas. Usted se encargará de profundizar en sus necesidades. Mi idea es intentar que todos se comuniquen y se ayuden como lo que tenemos que ser, una gran unidad —le aclaró el rey.
Ambos siguieron charlando acerca de las labores de cada cargo y de cómo su colaboración podría llegar a ser muy importante. Murriel estaba preocupado ya que no tenía conocimientos suficientes que justifiquen su labor como unitario. El rey seguía insistiendo que con voluntad y perseverancia lo lograría y que siempre estaría disponible para asistirlo.
La duquesa ajena a sus charlas los guiaba, y a veces acotaba respecto a la funcionalidad del reino. Ella seguía sintiéndose excluida, pero ya no se atrevía a hablar con el rey al respecto.
Murriel estaba impresionado sobre las historias que le contaba el rey, por quien comenzaba a sentir aún más admiración y un profundo cariño.
—Impresionante, se encuentran muchos cargos aquí —comentó Murriel.
—Justamente —rio el rey—. Típico de la realeza mi querido unitario.
—¿Y qué ha de contener la habitación CM? Si es que usted desea informarlo —preguntó intrigado.
—Todavía no lo hemos definido. Mi idea es usar ese espacio para colaborar con gente enferma y con pocas capacidades para auto abastecerse.
—Eso es maravilloso, su Majestad ¿Y por qué no está concluido?
—Porque no soy el único que toma las decisiones aquí, muchacho. Los Barones y Condes no están muy de acuerdo con tal idea.
—Pero usted es quien tiene la última palabra ¿O estoy en una equivocación? —preguntó confundido.
—En parte, muchacho. Igualmente, yo respeto las demás opiniones y ellos a veces se aprovechan de ello. Siempre he logrado satisfacer en igual medida a todos mis compañeros. Hasta ahora lo he logrado, no veo motivo para no seguir haciéndolo – Sonrió.
—Merece toda admiración de cualquier civil y ser viviente. Su gran manejo del reino me sorprende, su Majestad —lo halagó Murriel.
—Pero con mucha dificultad. Yo siempre he creído y mantenido el pensamiento que con comunicación y con firmeza, se consigue lo que siempre se es anhelado.
—¿Dónde se encuentra el resto de los unitarios, Majestad? —preguntó el joven desviando el tema.
—No existen por ahora, otros unitarios, Murriel. Es un único cargo, el que ocupa usted.
—¿Pero no ha dicho usted que habían otros unitarios?
—Eso lo he dicho para no asustarle tanto en esos primeros momentos.
—Es decir que yo...
—Exacto —lo interrumpió—. Será por ahora… el único unitario de todo Castilla —dijo haciendo un gesto bromista—. También podrá mantener contacto con los plebeyos.
Murriel arqueo una ceja sin entender.
—Ellos realizan tareas de levantar murallas, construir el reparo de muros, cercas. Usted se encargará de profundizar en sus necesidades. Mi idea es intentar que todos se comuniquen y se ayuden como lo que tenemos que ser, una gran unidad —le aclaró el rey.
Ambos siguieron charlando acerca de las labores de cada cargo y de cómo su colaboración podría llegar a ser muy importante. Murriel estaba preocupado ya que no tenía conocimientos suficientes que justifiquen su labor como unitario. El rey seguía insistiendo que con voluntad y perseverancia lo lograría y que siempre estaría disponible para asistirlo.
La duquesa ajena a sus charlas los guiaba, y a veces acotaba respecto a la funcionalidad del reino. Ella seguía sintiéndose excluida, pero ya no se atrevía a hablar con el rey al respecto.
El rey, en
ocasiones visitaba a sus aldeanos y campesinos, entablando una seria
conversación con el líder de ambos oficios. Esta acción no era muy bien vista
frente a la nobleza, ya que a ellos no les parecía acorde al cargo de un
monarca serio y reservado. A pesar de ello, la nobleza notaba la gran gratitud
que le expresaban al rey y los contentos que estos parecían frente a su
llegada. Varios duques exigían que este comportamiento cambie, afirmando que la
gratitud de los civiles se puede obtener de otras maneras más formales que las
extravagantes actitudes que el rey practicaba. Su posición comprendía de mucha
dificultad ya que, después de tales opiniones, el rey cumplía con su labor
adecuadamente y respetaba los parlamentos al pie de la letra. Regresando nuevamente
al rey y su unitario, visitaron a un grupo de aldeanos para asignar una nueva
tarea al joven.
—¿Qué
ha sucedido con la falta del agua? ¿Podría usted otorgarme las novedades? —preguntó el rey a un encargado.
—Su Majestad, el pozo se encuentra tapado a causa de las fuertes tormentas —informó el hombre preocupado.
—¿Esta seguro usted, señor?
—¡Qué me lleve el diablo si lo que he dicho es una mentira, su Majestad! —le confirmó el hombre.
—¿Ningún campesino ha visitado la posadera?
—Lamento comunicarle su Majestad, que por estos lares no han pasado —repuso el hombre.
—Deben estar atareados —dijo el rey—. Pero intentaremos resolver el inconveniente lo antes posible.
—Gracias su Majestad.
—A mi derecha se encuentra Murriel, mi recién proclamado unitario. Con el podrán tratar eventualmente todos estos asuntos —lo presento al joven mientras este no podía ocultar sus notables nervios ante la situación.
—Ya es suficiente ¿No cree? —dijo mientras algunas gotas de sudor le recorrían la cara.
El rey comenzó a reír logrando un clima más armonioso.
—Lo lamento —dijo mirando al hombre - Es que ha de ponerme nervioso que me miren tanto.
—No le conocen hijo, pero ya tendrá tiempo de conocer a los maravillosos habitantes de este pueblo - Le sonrió el rey.
Algunos se sorprendían de la familiaridad que tenía el rey con ese nuevo joven. Más aún por ser un recién llegado.
Los aldeanos siguieron con sus labores, mientras el rey aparataba a Murriel en un rincón.
—Murriel, considero que este es el momento indicado para que comience su nueva labor. Como primera tarea que le encomiendo, es averiguar a los plebeyos encargados de destapar aquel pozo —dijo señalándolo—. Y conseguir que la tarea sea finalizada.
—Entendido, su Majestad.
—Lo veré en otro momento oportuno, muchacho, confió en usted —el rey se retiró ya que tenía que acordar algunos asuntos con los Barones y Condes.
—Su Majestad, el pozo se encuentra tapado a causa de las fuertes tormentas —informó el hombre preocupado.
—¿Esta seguro usted, señor?
—¡Qué me lleve el diablo si lo que he dicho es una mentira, su Majestad! —le confirmó el hombre.
—¿Ningún campesino ha visitado la posadera?
—Lamento comunicarle su Majestad, que por estos lares no han pasado —repuso el hombre.
—Deben estar atareados —dijo el rey—. Pero intentaremos resolver el inconveniente lo antes posible.
—Gracias su Majestad.
—A mi derecha se encuentra Murriel, mi recién proclamado unitario. Con el podrán tratar eventualmente todos estos asuntos —lo presento al joven mientras este no podía ocultar sus notables nervios ante la situación.
—Ya es suficiente ¿No cree? —dijo mientras algunas gotas de sudor le recorrían la cara.
El rey comenzó a reír logrando un clima más armonioso.
—Lo lamento —dijo mirando al hombre - Es que ha de ponerme nervioso que me miren tanto.
—No le conocen hijo, pero ya tendrá tiempo de conocer a los maravillosos habitantes de este pueblo - Le sonrió el rey.
Algunos se sorprendían de la familiaridad que tenía el rey con ese nuevo joven. Más aún por ser un recién llegado.
Los aldeanos siguieron con sus labores, mientras el rey aparataba a Murriel en un rincón.
—Murriel, considero que este es el momento indicado para que comience su nueva labor. Como primera tarea que le encomiendo, es averiguar a los plebeyos encargados de destapar aquel pozo —dijo señalándolo—. Y conseguir que la tarea sea finalizada.
—Entendido, su Majestad.
—Lo veré en otro momento oportuno, muchacho, confió en usted —el rey se retiró ya que tenía que acordar algunos asuntos con los Barones y Condes.
Con el paso del
tiempo, Murriel fue interiorizándose en las cuestiones del pueblo. Al principio
le costaba horrores intentar socializar, pero muchos lograron tomarle un gran
cariño. Siempre intentaba buscar soluciones y jamás esperaba una aprobación, sin
perder tanto tiempo en formalidades, para resolver los inconvenientes con más
prontitud; eso hacia estremecer al rey y enfurecer aún más a la duquesa.
El rey,
indirectamente, hacia comparaciones en tono jocoso y sin malas intenciones,
pero a ella la tocaba en su punto débil, aglomerando más bronca por el joven
unitario quien se había ganado un gran afecto por el pueblo de Castilla.
Ante esta
tesitura, Sequetina, no se quedaría con los brazos cruzados.
Por otra parte, Murriel,
consiguió satisfacer las carencias de mucha gente; primordialmente de niños,
mujeres y ancianos. Sus necesidades siempre se basaban en su economía, los
alimentos y las enfermedades que padecían. A los aldeanos los ayudo a mejorar
su agricultura, cultivar cereales, vino y praderas, y la
tierra no cultivada de pastos y bosques, la cual era de uso común por los
habitantes de la aldea y
repartidas al pueblo. Murriel se encargaba de hablar con los curanderos y poder
repartirse para atender a todos congénere. Descubrió, que muchos saboteaban
para tener prioridad y algunos civiles eran dejados de lado o no recibían el
mismo servicio, lo que fue informado inmediatamente al rey, quien tomó las
medidas necesarias para mantener un equilibrio estable.
La vida en
Castilla era acogedora, gratificante y luminosa. Aumentó considerablemente la
cantidad de sus habitantes, el nombre de Murriel no tardo en ponerse en boca de
todos, ya que el muchacho hacia un gran esfuerzo como si Castilla fuera su
ciudad natal. La pasión del joven podía notarse con solo mirarlo directo a sus
adornados ojos. La pureza que el embargaba podría corromper todo tipo de males.
Hasta este momento todo se encontraba en un orden consecuente.
1-
Hace alusión a la consolidación del partido republicano unitario español
(1868-1874)
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