sábado, 18 de abril de 2015

Episodio XVI

Episodio XVI
Donde se comprende una charla de suma importancia entre Murriel y el rey

Murriel había llegado al castillo. Le urgía la necesidad por hablar con el rey. Quería saber si el mismo estaba al tanto sobre los protestantes y todas las supuestas “corrupciones” que había en el reinado en algunos sectores del pueblo.

Majestad 
lo saludó con una reverencia. Murriel había cambiado mucho en este tiempo, ha seguido con lujo de detalles las indicaciones del rey. Ya no se encorvaba, podía relacionarse sin problemas con los civiles y ayudar como el rey así le había encomendado; pero aún así, le faltaba creer más en sí mismo.
Hijo lo saludó de igual manera.
Espero que disculpe mi notado entusiasmo por lo que me urge de hablar con su Majestad dijo con semblante serio.
Muchacho, usted sabe que no es necesario mi permiso. Puedo concederle ese deseo cada vez que me lo pida siempre que este apto para ello contestó apaciguador.
Ambos se dirigieron a la habitación por la escalera LX mientras el silencio se apoderaba de su camino.
El rey caminó hacia su ventanal observando su maravilloso reino ¿No coincide usted conmigo en lo mucho que hemos reconfortado al reino de Castilla? largó un leve suspiro.
Coincido plenamente en ello, su Majestad aprobando su comentario mientras divagaba en comentarle aquello que en cierta manera lo atormentaba.
Hemos trabajado tan duro, con tanta precisión, con tanta emoción y unidad que me conmueve.
Murriel solo lo miró sonriendo, parecía todo tan perfecto, un Reinado tan inusual, tan particular, que nadie querría salir de tal ensoñación.
¿Acaso me equivoco si mi loca mente cree que a usted le pasa algo? preguntó el rey suspicaz.
También me siento dichoso de los últimos resultados respecto a nuestro adorado reino. Aunque solo sea en una parte cerró los ojos rápidamente arrepintiéndose de esa última frase.
¿Alguna parte? se acercó el rey.
Es decir… se notaba nervioso, Murriel comenzaba a sentirse acobardado.
¿Qué le sucede a mi unitario? Sabe usted que siempre podrá contar con mi confianza.
Murriel pestañó varias veces, y se encaminó hacia la ventana. No entendía por qué le costaría tanto hablar de algo que probablemente, el rey lo vaya a tomar con naturalidad ya que estaría acostumbrado a tener tales controversias para su reino.
¿No me contestará lo que le pido? insistió nuevamente intrigado por la mirada del joven.
Sólo deseo comentarle, su Majestad, acerca de cómo me estoy desenvolviendo en nuestro reino… su reino habló sin abandonar su nerviosismo.
El rey posó unas de sus famosas sonrisas Le escucho.
Mientras el joven entrelazaba sus manos nerviosamente comenzó a contar acerca de los aldeanos, acerca de los niños, de implementar un terreno para que ellos se entretengan y el estaría dispuesto a animarlos. También acerca de la comida, no había mucho cultivo y necesitaban provisiones. Acerca de cómo había resuelto algunos inconvenientes con los curanderos y que las enfermedades, las cuales habían disminuido en este tiempo.
¿Eso es todo? preguntó el rey.
Murriel no pudo contestar.
El rey posó su mano sobre su hombro Muchacho...
Lo sé, es que... quizás yo... yo no deba titubeaba.
El rey hizo un gesto para que comience a hablar.
No sé si usted es dueño de la información que le brindaré, su Majestad. Hubo una serie de acontecimientos extraños en el pueblo, mejor dicho, rumores alimentando dichos posibles acontecimientos. He sido conocedor de la existencia de ciertos protestantes que causan una perturbación a nuestro reino. Tampoco sé si es verídico lo que le he relatado dijo al fin. 
¿Protestantes? arqueó una ceja.
Así lo afirmo, mi rey. No sé muchos más detalles, pero tengo entendido que no están a favor de las políticas de este reino. Creo también que algunos civiles están infiltrados en su partido, parecen ser peligrosos. Su Majestad, usted no puede cargar con esos desgraciados protestantes, siento que ambicionan a arruinar todo el trabajo forzoso que ha logrado contó preocupado e intranquilo.
Le pido que calme su ansiosa alma, unitario le contestó sin preocupación.
No puede usted pedirme semejante cosa repuso.
No me mire con tal aspecto, muchacho. Le digo esto, porque no es la primera vez que algo semejante ocurre. 
¿No? se sorprendió.
El rey comenzó a dejar fluir una de sus típicas risas apacibles Por supuesto que no confirmó—. Es de lo más habitual que sucedan estas inquietudes. 
Admiro su tranquilidad, su Majestad. Lamento contradecirlo, pero no creo que solo de inquietudes se tratasen.
Verá, hijo. Con el paso del tiempo comenzará a despreocuparse. No veo que valga la pena en estos momentos alarmarse por los típicos protestantes de turno. Lo único que harán, es pararse en frente del castillo y molestar con sus supuestos jaleos. Yo me encargaré, pierda cuidado le sonrió.
De todas formas ¿No ha de precisar mi ayuda?  
El monarca negó con la cabeza No ha de ser necesario, prosiga con su labor, que muy bien lo está concibiendo.
Prométame que me pedirá ayuda Murriel sabía que el rey era demasiado orgulloso.
Dudo de tal necesidad, pero si eso lo tranquiliza, será el primero a quien recurra le sonrió. 

Luego de continuar con la charla que poca importancia tiene relatarla, Murriel  se despidió del rey para retirarse de su habitación dejando al soberano de Castilla abstraído en lo dicho por el joven.

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