jueves, 2 de abril de 2015

Episodio XII

Episodio XII
Más sentimientos del joven unitario y un pequeño enfrentamiento entre Sequetina y Murriel.

El banquete ya había finalizado y de a poco los civiles fueron regresando a sus hogares, el mismo había finalizado con éxito, donde una vez más, el rey era el ser más querido por Castilla. Nuestro joven héroe todavía no podía aclarar de todo su realidad. Larry ya estaba entendido de lo sucedido, pero al verlo a su amigo tan confuso decidió hablarle de otros asuntos respecto a las cosas que habían pasado en su ausencia –Sin mencionar lo contado por Asier respecto a los supuestos protestantes- y Murriel solo asentía lo que le era contado. Al verlo tan encimado en sus pensamientos, el joven campesino se animo a hacerle una pregunta a su amigo.

¿Esta feliz?
¿A qué se debe tal pregunta? le contestó mientras levantaba unos platillos de madera de la mesa.   
No se responde con otra pregunta, Murriel. Ya es todo un unitario, debería de hablar con propiedad rio Larry.
Murriel arqueó una ceja.
¿Por qué realiza los labores encargados a los sirvientes del reino? lo retó Larry sacándole los platillos para entregarlos a una mujer que se acercaba.
Larry. Yo estoy aquí para ayudar. Haber sido proclamado unitario…  
Personal del rey completó Larry.
Eso no significa que sea un superior de nadie espetó cruzándose de brazos.
No se enfade, Murriel.
Larry, entiéndame, amigo. Estoy muy feliz por haber conocido al rey Francisco. Jamás hubiera imaginado que me proclamaría unitario, pero no quiero que los civiles piensen que soy un engreído. Soy un civil normal, como ellos. La diferencia es que mi labor será distinta a la de un campesino.
Nadie duda de sus buenas intenciones, Murriel le aclaró.
Usted. El resto de los humanos de Castilla, no me conocen.  
Así lo ha dicho, mi amigo. No le conocen. Le conocerán y en un buen contexto, créame le dio una palmada.
Espero no se equivoque.  
Confíe en mi, amigo mío.

Otro día se había llevado al pueblo de Castilla. Murriel sentía que la inquietud lo mortificaba. Su incertidumbre le ocasionaba perturbación. El saber cómo sería trabajar para el rey y no como un plebeyo; si no como un unitario. Labor que aún no entendía en su totalidad. El día había comenzado, dos jóvenes estaban impacientes por ver nuevamente la luz del sol e inmediatamente ir a cumplir con sus labores. A diferencia de otros civiles, ellos se contentaban con hacer sus tareas correspondientes. Sería el último día de labor como campesino para Murriel, preguntándose qué le depararía su nuevo destino.

¿Está preparado, su Majestad? bromeaba Larry.
Suficiente, Larry. Le pido que no haga esos comentarios frente de otros campesinos.
Oiga, Murriel se sentó en su cama de paja.  
¿Sí? preguntó mientras dividía sus herramientas de trabajo.  
¿Por qué le interesa tanto lo que lleguen a pensar los demás civiles?
El semblante de Murriel cambió de repente Lo último que deseo Larry, es que crean que yo me considero superior a ellos. Aún más considerando que soy un recién llegado y que no tengo la suficiente experiencia como algunos otros campesinos de tantos años. Todavía me pregunto que habrá visto el rey en mí para proclamarme como su unitario.
Larry suspiró pesadamente.
¿Quiere dejar de mortificarse? dijo su amigo indignado ¿Por qué tiene tan poca confianza en usted, Murriel? ¿Acaso no se cree capaz de ser un consagrado unitario?
No se trata de eso contestó cabizbajo—. No quiero que los demás campesinos…
Ya no piense más en eso lo interrumpió—. Viva este momento colocó sus manos sobre sus hombros—. Como lo hubiera deseado su abuelo dijo logrando arrancar una sonrisa en su testarudo amigo.  
Gracias Larry. Ha sido usted un gran amigo desde que arribé a Castilla ante estas palabras ambos jóvenes se abrazaron efusivamente quedando como testigo la magnífica amistad que se profesaban.

La mañana marchó sin inconveniente alguno. Murriel trabajo como cualquier día normal, el rey todavía no lo había mandado a llamar, acto que le pareció un tanto extraño, aunque no le dio demasiada importancia. Al ponerse el sol, la duquesa se acercó hacia él, ignorando a los campesinos quienes la saludaban con entusiasmo.
  
Joven campesino.
Su Alteza hizo una reverencia. La duquesa lo miró adustamente. El sentimiento que le producía ese muchacho se acercaba mucho a la repugnancia.
Me dirijo hacia usted para recordarle que tiene un compromiso con el rey y el consejo le dijo sin rodeos y emoción alguna.
Lo sé, Alteza sonrió el joven.
Lamento informarle, campesino, que unos inconvenientes han surgido en cuanto a tal compromiso. Murriel la miró incrédulo.
¿Su Alteza podría enunciarme cuales son tales inconvenientes?  
Han habidos desacuerdos respecto a la proclamación del rey. El término “unitario” dijo con gesto asqueroso—. Es un cargo que solo existe y existirá, probablemente en el mandato del rey Francisco.
Disculpe mi intromisión, su Alteza, pero no comprendo sus palabras.
La mujer sonrió irónicamente Lo que quiero aclararle, campesino, es que en ningún reinado existe tal cargo, como “unitario”. El rey lo ha conformado para adjudicar unanimidad al pueblo. Usted correspondería a una labor presuntuosa. No es un oficio existente entre la nobleza.
Pero tengo entendido que no es una labor perteneciente a la nobleza le retrucó.
Claro que no contestó demostrando seguridad—. Pero las confusiones siempre están presentes, por eso le afirmo el poco valor que consideramos, la nobleza y yo respecto a ese cargo.
Comprendo contestó desilusionado.
Sin embargo continuó—. Es un cargo muy importante dentro de los conceptos de nuestro rey, lo cual estamos obligados a obedecerle. De pronto, una pequeña llama de esperanza se encendió en el interior del futuro unitario, aunque todavía nadie puede ensalzar con seguridad dicho destino.
Disculpe mi ignorancia, su Alteza. ¿Qué quiere comunicar con todo lo relatado?
Es un joven afortunado ¿lo ha notado? preguntó,  sin comprenderse con qué intención lo hacía.   
Aparentemente, su Alteza respondió Murriel con un dejo de nerviosismo.
No lo hace, joven. Yo le sugiero que se cuide, por que el consejo no está de acuerdo con esta absurda proclamación. No es más que una burla ante nuestro reinado.
No considero, su Alteza, que una decisión tomada por el rey, sea con intención de burla. Su pretensión solo lleva a cabo mejorar el pueblo para que sus habitantes tengan una mejor calidad de vida le contradijo.
Eso lo veremos le contestó amenazadora. Giró para retirarse—. Otra cuestión se detuvo nuevamente en su misma posición—. El rey aguardará por usted en un cuarto de hora. Diríjase por la escalera LXdicho esto, siguió su camino.
Qué mujer extraña murmuró el joven.

Murriel quedó pensativo ante las palabras de la duquesa. Abandonando su mortificación, se dirigió muy contento hacia la cita del rey.


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