Episodio XIV
Donde Larry informa a nuestro héroe sobre un hecho que
pudiera tornar un cercano peligro en Castilla.
Luego de tantas alabanzas hechas al dueño de los
corazones de quienes habitan en Castilla, se pasará a describir un hecho que
quizás pueda causar un cierto tormento al joven unitario. Como se ha relatado
anteriormente, Castilla sostenía un nivel de lo más estable que se pudiera
encontrar, sin embargo eso no le eximia de poder acentuar en alguna futura
complicación. En la vida de un ser humano no todo es puro color de rosa, ni
tampoco lo sería en cualquier otro aspecto, ya sea un negocio, una familia, y
no queda de más agregar, que en un reinado gobernado por un rey que, a pesar
que su nobleza sea notada por el ser más villano, podía perpetrar desaciertos
en sus acciones. La envidia ha permanecido en el universo desde su creación, la
tentación al poder llegó a ser aún más osada que la última. Al comprender
ciertos mecanismos y prototipos en lo que respecta a los gobiernos, Murriel
quedó mucho más tranquilo con su conocimiento, sin embargo, se le ha escapado
un diminuto detalle.
El unitario se había encariñado profundamente con
un niño a quien le tenía una gran estima, con él y otros más de sus similares
características jugaban casi todos los días, si su labor le permitía unos
momentos libres para ello.
—¿Cómo ha estado, mi amigo? —se acercó Larry
hacia Murriel, quien trabajaba boyante y próspero.
—Larry,
me alegro de su presencia —devolvió el saludo—. ¿Qué hace por aquí?
—Vine a ver si necesita de mi ayuda.
—Todo en orden se encuentra en estos
momentos. No puedo todavía congeniar lo que ha pasado, amigo, lo he logrado —dijo con felicidad—. He logrado ayudar al rey y a no decepcionarlo. He conseguido
que muchos civiles estén conformes y tengan lo que merecen.
—Muy contento estoy de que así sea nuestra
realidad —contestó sin demasiada emoción.
—Sus gestos demuestran otra cosa —repuso
Murriel arqueando una ceja.
—No estaré a las alturas de estas
circunstancias.
—Oh, Larry, ya le conozco y sé que algo le
sucede. ¿Será el precio que hemos de pagar por tantas fortunas juntas? No lo he
de creer. Sus preocupaciones son en vano, amigo mío.
—¿Desea saber el motivo de mi preocupación?
Querido amigo si supiera por me he de preocupar. ¿Acaso cree que todo se
encuentra intacto como el cielo despejado? —le preguntó Larry acercándose.
—Así lo creo yo, amigo. Es decir, siempre
debemos resolver inconvenientes, lo oneroso no existe.
—Mi seguridad no concierne de tal modo.
—¿Por qué habla así? —preguntó observando el
semblante de su amigo.
—Contras Murriel, hay contras para nuestro
reino tan querido.
—¿Contras? —replicó el joven unitario sin
comprender.
—¿Su mundo está lleno de estrellas
deslumbrantes? ¿Acaso el rey no le ha advertido nada sobre ello?
Murriel negó con su cabeza.
—Déjeme explicarle amigo… —mientras se lo
llevaba hacia el bosque para no ser escuchados.
—Enseguida regresamos, Tom —le dijo al niño
con el cual siempre jugaba—. no se alejen demasiado de aquí ¿Han comprendido? —agregó Murriel preocupado.
—Es injusto —reprochó el niño—. Aunque debo
de obedecerles. Cuando regresen, como compensación jugaran por más rato conmigo —le contestó el niño gritando mientras
veía como Larry y Murriel se perdieron entre los árboles.
Larry le explicó todo acerca de lo mencionado anteriormente. Estas eran
las contras que podrían acechar al reino, acerca de los muchos sabotajes y
extorsiones entre la nobleza, tema por el cual el joven unitario no pudo evitar
desconcertarse, alarmando su humilde corazón y aclamando a la vez porque su rey
se encuentre a salvo en medio de tanta hipocresía. Le comentó acerca de los
últimos hechos ocurridos, estuvo notando demasiado alboroto entre los civiles.
Recordando al episodio X donde su compañero Asier le comentó acerca de estos
hechos, repitiéndoselos a su confidente.
—Me es imposible creer que su Majestad no me
haya esclarecido este panorama. Reforzando mis pensamientos tampoco lo ha hecho
así la duquesa —repuso.
—No le confíe tanto – le retrucó Larry.
—¿Al rey? Usted es mi amigo Larry y
cualquiera podría afirmarlo aquí mismo, pero no podre darle el permiso de decir
semejante disquisición de nuestra Majestad.
—Es usted un maníaco —rio—. De quien le
hablo, es de la duquesa.
Murriel arqueo una ceja - ¿Por qué debería desconfiar yo de ella?
—Confianza es lo último que esa mujer me
inspira, tenga cuidado y no le brinde mucha información a ella.
—Si así usted lo afirma.
—Y me consta pródigamente —confirmó—. Debemos comprometernos a honrar nuestro pueblo, en nuestro poder está el defenderlo.
Indaguemos en esos sujetos infortunados quienes desean atacar nuestro apogeo —sugirió Larry.
—No sé si debamos.
—Oh, mi amigo ¿Acaso no desea resguardar a
nuestro pueblo?
—Me ofende esa pregunta. Mi ser no me permite
reconocer mis propios méritos, pero pondría a cualquiera de testigo a que yo
amo este pueblo.
—Si así me lo está afirmando ¿Qué le impide
realizar una profunda investigación? ¿Acaso el miedo le esta atormentando?
—Podría retrucar esa pregunta suya. Si así
como me ha informado, en mis prioridades estará hablar con el rey primero, para
luego ir en busca de quienes amenacen la integridad del pueblo.
—Confío mi amigo, que usted sabrá como
accionar correctamente —contestó mientras se dirigían nuevamente hacia el
Castillo.
Continuaron charlando acerca de temas triviales y ciertas labores que
deberían terminar para el día siguiente. Sin embargo, Murriel estaba
enceguecido con la información recibida, sin saber cuál sería la decisión
correcta a tomar, ya que preocupar al rey tampoco era un camino adecuado. Por
ahora, nuestros dos amigos descansarán mientras pasamos a otro tema importante
en esta historia.
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