domingo, 12 de abril de 2015

Episodio XIV

Episodio XIV
Donde Larry informa a nuestro héroe sobre un hecho que pudiera tornar un cercano peligro en Castilla.

Luego de tantas alabanzas hechas al dueño de los corazones de quienes habitan en Castilla, se pasará a describir un hecho que quizás pueda causar un cierto tormento al joven unitario. Como se ha relatado anteriormente, Castilla sostenía un nivel de lo más estable que se pudiera encontrar, sin embargo eso no le eximia de poder acentuar en alguna futura complicación. En la vida de un ser humano no todo es puro color de rosa, ni tampoco lo sería en cualquier otro aspecto, ya sea un negocio, una familia, y no queda de más agregar, que en un reinado gobernado por un rey que, a pesar que su nobleza sea notada por el ser más villano, podía perpetrar desaciertos en sus acciones. La envidia ha permanecido en el universo desde su creación, la tentación al poder llegó a ser aún más osada que la última. Al comprender ciertos mecanismos y prototipos en lo que respecta a los gobiernos, Murriel quedó mucho más tranquilo con su conocimiento, sin embargo, se le ha escapado un diminuto detalle.
El unitario se había encariñado profundamente con un niño a quien le tenía una gran estima, con él y otros más de sus similares características jugaban casi todos los días, si su labor le permitía unos momentos libres para ello.

¿Cómo ha estado, mi amigo? se acercó Larry hacia Murriel, quien trabajaba boyante y próspero.
Larry, me alegro de su presencia devolvió el saludo—. ¿Qué hace por aquí?
Vine a ver si necesita de mi ayuda.
Todo en orden se encuentra en estos momentos. No puedo todavía congeniar lo que ha pasado, amigo, lo he logrado dijo con felicidad—. He logrado ayudar al rey y a no decepcionarlo. He conseguido que muchos civiles estén conformes y tengan lo que merecen.
Muy contento estoy de que así sea nuestra realidad contestó sin demasiada emoción.
Sus gestos demuestran otra cosa repuso Murriel arqueando una ceja.
No estaré a las alturas de estas circunstancias.
Oh, Larry, ya le conozco y sé que algo le sucede. ¿Será el precio que hemos de pagar por tantas fortunas juntas? No lo he de creer. Sus preocupaciones son en vano, amigo mío.
¿Desea saber el motivo de mi preocupación? Querido amigo si supiera por me he de preocupar. ¿Acaso cree que todo se encuentra intacto como el cielo despejado? le preguntó Larry acercándose.
Así lo creo yo, amigo. Es decir, siempre debemos resolver inconvenientes, lo oneroso no existe. 
Mi seguridad no concierne de tal modo.
¿Por qué habla así? preguntó observando el semblante de su amigo.
Contras Murriel, hay contras para nuestro reino tan querido.
¿Contras? replicó el joven unitario sin comprender.
¿Su mundo está lleno de estrellas deslumbrantes? ¿Acaso el rey no le ha advertido nada sobre ello?
Murriel negó con su cabeza.
Déjeme explicarle amigo… mientras se lo llevaba hacia el bosque para no ser escuchados.
Enseguida regresamos, Tom le dijo al niño con el cual siempre jugaba—. no se alejen demasiado de aquí ¿Han comprendido? agregó Murriel preocupado.
Es injusto reprochó el niño—. Aunque debo de obedecerles. Cuando regresen, como compensación jugaran por más rato conmigo le contestó el niño gritando mientras veía como Larry y Murriel se perdieron entre los árboles.

Larry le explicó todo acerca de lo mencionado anteriormente. Estas eran las contras que podrían acechar al reino, acerca de los muchos sabotajes y extorsiones entre la nobleza, tema por el cual el joven unitario no pudo evitar desconcertarse, alarmando su humilde corazón y aclamando a la vez porque su rey se encuentre a salvo en medio de tanta hipocresía. Le comentó acerca de los últimos hechos ocurridos, estuvo notando demasiado alboroto entre los civiles. Recordando al episodio X donde su compañero Asier le comentó acerca de estos hechos, repitiéndoselos a su confidente.

Me es imposible creer que su Majestad no me haya esclarecido este panorama. Reforzando mis pensamientos tampoco lo ha hecho así la duquesa repuso.
No le confíe tanto – le retrucó Larry.
¿Al rey? Usted es mi amigo Larry y cualquiera podría afirmarlo aquí mismo, pero no podre darle el permiso de decir semejante disquisición de nuestra Majestad.
Es usted un maníaco rio—. De quien le hablo, es de la duquesa.
Murriel arqueo una ceja - ¿Por qué debería desconfiar yo de ella?
Confianza es lo último que esa mujer me inspira, tenga cuidado y no le brinde mucha información a ella.
Si así usted lo afirma.
Y me consta pródigamente confirmó—. Debemos comprometernos a honrar nuestro pueblo, en nuestro poder está el defenderlo. Indaguemos en esos sujetos infortunados quienes desean atacar nuestro apogeo sugirió Larry.
No sé si debamos.
Oh, mi amigo ¿Acaso no desea resguardar a nuestro pueblo?  
Me ofende esa pregunta. Mi ser no me permite reconocer mis propios méritos, pero pondría a cualquiera de testigo a que yo amo este pueblo.
Si así me lo está afirmando ¿Qué le impide realizar una profunda investigación? ¿Acaso el miedo le esta atormentando?
Podría retrucar esa pregunta suya. Si así como me ha informado, en mis prioridades estará hablar con el rey primero, para luego ir en busca de quienes amenacen la integridad del pueblo.
Confío mi amigo, que usted sabrá como accionar correctamente contestó mientras se dirigían nuevamente hacia el Castillo.

Continuaron charlando acerca de temas triviales y ciertas labores que deberían terminar para el día siguiente. Sin embargo, Murriel estaba enceguecido con la información recibida, sin saber cuál sería la decisión correcta a tomar, ya que preocupar al rey tampoco era un camino adecuado. Por ahora, nuestros dos amigos descansarán mientras pasamos a otro tema importante en esta historia.

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