sábado, 7 de noviembre de 2015

Episodio LI

Episodio LI
Donde se expone lo sucedido con el rey castilla y el líder de Non Regnum, definiendo el destino del primer nombrado.

Castilla continuaba en guerra, los protestantes seguían matando a quienes se les cruzaban en su camino. Muchos guardias y algunos civiles habían muerto, la devastación era inapelable.
El rey se sorprendió al ver a Camnes, quien no le apartaba la mirada, su sonrisa conseguía mantener al monarca inerte. El fortachón avanzó unos pasos mientras el rey iba retrocediendo a la par de él. Francisco intentaba evitar que otro dolor acechara su cuerpo.
¿Cómo anda usted, su Majestad? saludó en tono irónico Camnes.
¡Usted! - Exclamó petrificado ¿Qué hace usted, hombre insolente en mi sitio? preguntó el rey recuperando su compostura.
Camnes sin soltar su filosa espada comenzó a rodearlo mientras le dirigía una altiva mirada.
Explíqueme la poca fortuna que tengo al verlo, caballero se enfureció el rey.
¿Acaso apurado está, en concretar su destino?  
El rey paró en seco y lo observó fisgón. Sin entender que pretendía Camnes. El rey no podría concebir que algo le hiciese a su reino. Si el tuviera que luchar con su mal estado, no lo pensaría más de una vez, y daría su propia vida por su pueblo.
¿Que significan tales palabras?  
Veamos, Su Majestad rio sarcásticamente—. Usted se encuentra en una posición que mi ser desea alcanzar. Usted permanece en dicha posición arruinando mis objetivos presentes. Como conclusión, sería capaz de enviarlo al mismo infierno con tal que obtener dichos deseos lo miró sin borrar su malvada sonrisa de su rostro.
Aunque el diablo me lleve, no conseguirá su cometido. 
El rey estaba pasmado con todo lo ocurrido, que se olvidó por completo de su temible enfermedad. Su gran sistema de defensa, ese golpe que lo trajo a la realidad, ocasionó en él una fortaleza que hasta la sentía capaz de curar su corazón. Esos fuertes y galopantes dolores, duros como el acero, en un lacónico segundo se marcharon para dejarlo vivir con intensidad y consistencia su encuentro con ese individuo tan repugnante y desabrido.
Su respuesta no me mueve un pelo. ¿Acaso desea señalar otro punto, su Majestad? lo provocó nuevamente.
No le cederé mi trono, jamás crea que lo haré tan fácilmente con sus sucias y viles trampas, desgraciado e infeliz. 
De tal forma deseaba contemplarlo, como un fuerte guerrero se burló—. No deseo perder más tiempo. Debería usted relajarse, su Majestad, yo haré el trabajo que sigue. 
¿Qué locuras están saliendo de su despreciable boca? Usted solo es un miserable, intentando dinamitar la vida de los demás. Su infelicidad le lleva a la demencia, no es más que un fracaso de ser humano el rey no pudo continuar ya que Camnes se acercó enfadado y amenazante hacia él. En solo unos segundos, posó su filosa y larga espada sobre el suave y regordete cuello del rey, provocando que su mirada intensificara un miedo profundo e indescifrable.
Tragó en seco tensionando por completo sus extremidades inferiores. Su nuez de Adán se ensordecía sintiendo el frío metal que le suscitaba la espada.
No le temo a usted le dijo forzosamente largando un leve alarido.
Ya lo hará, rey idiota apretó más firmemente su espada, impartiendo su perversa sonrisa provocando un ligero sonido de suplicio.

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