Episodio LI
Donde se expone lo sucedido con el rey castilla y el
líder de Non Regnum, definiendo el destino del primer nombrado.
Castilla continuaba en guerra, los protestantes seguían matando a quienes se les cruzaban en su camino. Muchos guardias y algunos civiles habían muerto, la devastación era inapelable.
El rey se sorprendió al ver a Camnes, quien
no le apartaba la mirada, su sonrisa conseguía mantener al monarca inerte. El fortachón avanzó
unos pasos mientras el rey iba retrocediendo a la par de él. Francisco
intentaba evitar que otro dolor acechara su cuerpo.
—¿Cómo anda usted, su Majestad? —saludó en tono irónico Camnes.
—¡Usted! - Exclamó petrificado —¿Qué hace usted, hombre insolente en mi sitio? —preguntó el rey recuperando su compostura.
Camnes
sin soltar su filosa espada comenzó a rodearlo mientras le dirigía una altiva
mirada.
—Explíqueme
la poca fortuna que tengo al verlo, caballero —se enfureció el rey.
—¿Acaso apurado
está, en concretar su destino?
El
rey paró en seco y lo observó fisgón. Sin entender que pretendía Camnes. El rey
no podría concebir que algo le hiciese a su reino. Si el tuviera que luchar con
su mal estado, no lo pensaría más de una vez, y daría su propia vida por su
pueblo.
—¿Que significan
tales palabras?
—Veamos, Su
Majestad —rio sarcásticamente—. Usted se encuentra en una posición que mi ser
desea alcanzar. Usted permanece en dicha posición arruinando mis objetivos
presentes. Como conclusión, sería capaz de enviarlo al mismo infierno con tal
que obtener dichos deseos —lo miró sin borrar su malvada sonrisa de su rostro.
—Aunque el
diablo me lleve, no conseguirá su cometido.
El
rey estaba pasmado con todo lo ocurrido, que se olvidó por completo de su
temible enfermedad. Su gran sistema de defensa, ese golpe que lo trajo a la
realidad, ocasionó en él una fortaleza que hasta la sentía capaz de curar su corazón.
Esos fuertes y galopantes dolores, duros como el acero, en un lacónico segundo
se marcharon para dejarlo vivir con intensidad y consistencia su encuentro con
ese individuo tan repugnante y desabrido.
—Su respuesta no me mueve un pelo. ¿Acaso desea señalar
otro punto, su Majestad? —lo provocó nuevamente.
—No le cederé mi trono, jamás crea que lo haré tan
fácilmente con sus sucias y viles trampas, desgraciado e infeliz.
—De tal forma deseaba contemplarlo, como un fuerte
guerrero —se burló—. No deseo perder más tiempo. Debería usted relajarse, su Majestad, yo haré el trabajo que sigue.
—¿Qué locuras están saliendo de su despreciable boca? Usted
solo es un miserable, intentando dinamitar la vida de los demás. Su infelicidad
le lleva a la demencia, no es más que un fracaso de ser humano —el rey no pudo
continuar ya que Camnes se acercó enfadado y amenazante hacia él. En solo unos
segundos, posó su filosa y larga espada sobre el suave y regordete cuello del
rey, provocando que su mirada intensificara un miedo profundo e indescifrable.
Tragó
en seco tensionando por completo sus extremidades inferiores. Su nuez de Adán
se ensordecía sintiendo el frío metal que le suscitaba la espada.
—No le temo a usted —le dijo forzosamente largando un
leve alarido.
—Ya lo hará, rey idiota —apretó más firmemente su
espada, impartiendo su perversa sonrisa provocando un ligero sonido de
suplicio.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario