lunes, 2 de noviembre de 2015

Episodio L

Episodio L
Donde otro encuentro se hace presente en nuestra historia.

Nuestro héroe, continuaba buscando a la bruja, recorriendo unas cuantas cabañas. En el camino consultó con algunos aldeanos quienes le daban ciertas indicaciones, aunque no muy concretas. Al acumular varios datos sueltos, intentó dar resultado a una sola conclusión.
El joven unitario continuaba preocupado por la salud de su rey, el recuerdo de la ayuda pedida por el mismo le generó aún muchas más energías para continuar con su búsqueda; el temor, ya no pertenecía a las emociones de Murriel en ese momento. La cabaña no se encontraba lejos. No quedaban demasiadas opciones. Se arriesgó en abrir varias cabañas, las cuales su mayoría, se encontraban vacías y abandonadas. A Murriel, ya no le importaba ser impertinente. Le importaba más encontrar una solución a toda la contingencia que estaba viviendo Castilla. Sin demasiadas cabañas por hurgar; al final, pudo ver una cabaña particular donde provenía una extraña luz brillante salir de la misma, el joven se acercó intrigado. Mientras se estaba acercando, frenó de repente al notar la cercanía de alguien más. Se trataba de un hombre algo forzudo, con pelo alborotado y desaseado, su sonrisa dejaba notar su despareja dentadura. El unitario presintió que era posible que se tratase de un protestaste de Non Regnum. Comprendía lo dicho por su amigo Larry, la bruja, definitivamente estaría aliada con ellos. Deseaba confirmar lo pensado, sin embargo, tendría que ser cuidadoso al acercarse al lugar ya que ese hombre podría intentar matarlo. Murriel se guardó en un lugar, esperando las siguientes acciones del hombre, el mismo aparentaba intentar entrar a la cabaña a la fuerza, pero por algo inexplicable, su auge no alcanzaba para entrar en ella. Mientras tanto, la resplandeciente energía seguía culminando. El unitario al notar aquello, decidió salir de su refugio para ir al acecho de la bruja. El tiempo corría y no permitiría que sigan interviniendo en su cometido. Al acercarse, el hombre se encontraba de espaldas, y el mismo, al sentir unos pasos detrás de sí, giró apresuradamente, acertando con la apariencia del unitario frente suyo. El protestante sonrió chasqueado creyendo que tendría a un blanco muy factible para derrocar de inmediato.
¿Qué hace usted aquí, joven? preguntó el forzudo hombre.
No creo que eso le incumba a usted contestó Murriel con tono desafiante.
Veo que tiene astucia al contestarme dijo sin borrar su sonrisa—. Debe retirarse de aquí o quizás podría pasarle algo poco agradable.
No ha de darme miedo usted dijo el unitario con un poco de temor disimulado.
El hombre dio unos pasos hacia él, intentando apalearlo. Murriel consiguió eludir el golpe.
¡Bravo, usted se ha salvado! rio fuertemente.
Usted, desgraciado protestante ¿Qué le han hecho a mi pueblo?
¿Qué he escuchado? ¿Cómo una persona tan insignificante como usted nombra como propio a un pueblo?
Se ve que usted no entiende de sentimientos. Y yo he de encargarme del pueblo de castilla por que el unitario soy de ella repuso con orgullo.
Al hombre se le abrieron los ojos de sorpresa, recordando cuantas veces su líder nombraba al afamado unitario y las ganas que tenía este de terminarlo.
Mal ha hecho usted joven, al definirme su identidad.
El protestante sacó su espada atinando a hincarla en el pecho de Murriel, el mismo al percatarse del tanteo, se corrió débilmente hacia el lado contrario. Mientras el joven se alejaba del hombre, este mismo se adelantaba a la par de él.
Mi líder siempre ha querido matarle a usted, unitario dijo el protestante aproximándose.
No he de entender la manía de ese hombre conmigo.
Es que usted es un entrometido, como una piedra molesta en nuestra suela.
Que mal pensar de esa forma.
Usted, desgraciado unitario no va a decirnos como hemos de pensar dijo con rabia—. Ahora dese la vuelta y déjeme hacer el trabajo más fácil y no correrle como un nene chiquito.
Jamás dejaría matarme, sin antes salvar a mi pueblo, maldito miserable espetó Murriel.
El forzudo protestante no hizo más que sonreír y continuar con su acecho.
Murriel pudo rehuir a los golpes dados por el hombre. Luego de unos minutos, el protestante se agotó de tanto fallo y pudo agarrar a Murriel del cogote.
¡Aquí le tengo bien apabullado, unitario! exclamó con soberbia.
¿Acaso usted intentará eliminarme? preguntó Murriel con voz acojonada.
¿Y que cree usted? sonrió vil.
Murriel se sentía atrapado, no le surgía ninguno plan para salir del atisbo, el rey apareció en su mente de repente.
Por supuesto que le mataré. No sólo a usted, a la gente que se entrometa en nuestro camino, su pueblo mendigo y desgraciado no ha de merecer otra cosa que castigos dijo el hombre con ira—. No olvidemos a su rey, su inútil monarca, el será quien morirá luego de que acabe con su vida.
Un repentino temblor de golpe comenzó a sentirse. Murriel y el hombre se miraron estupefactos.
¿Ha de continuar? se indignó el hombre soltando al unitario.
Murriel comenzó a toser y tomarse del cuello intentando recuperar su respiración.
Esto no ha de significar su salvación dijo acercándose nuevamente hacia él, al estar a pocos pasos, otro temblor se sintió causando un fuerte dolor de cabeza en el protestante.
¡Maldita condena! exclamó el hombre agarrándose desesperadamente la cabeza ¿Qué ha de pasarme?
Murriel quedó atónito, cuando iba a acercarse al hombre quien estaba tirado en el suelo, éste mismo comenzó a soltar alaridos de dolor.
Creo que el destino no le permite a usted matarme le dijo sonriendo Murriel.
El forzudo protestante se levantó como pudo y comenzó a caminar hacia el camino del Castillo parloteando quejidos y lamentos.
Qué gracia ha causado en mí ese hombre dijo Murriel para si en tono cómico.
Su recuerdo de la situación actual en la que Castilla padecía logró cambiar su semblante a uno serio. Observó la cabaña que estaba a unos metros de él. Curioso decidió en acercarse intuyendo que sería la bruja quien estaría allí por todas las indicaciones recibidas.    
Su valentía lo llevó más allá. Se animó y abrió con descaro la puerta de la cabaña.
Un leve frío recorrió su cuerpo. La mujer, quien estaba de espaldas, giró alertadamente para encontrarse con la fría mirada del unitario.
Esa mirada no expresaba más que aborrecimiento, tristeza y aflicción.
¡Joven! sonrió con sinceridad Brumma ¿Qué cuestión le trae su visita? preguntó la bruja observando las facciones de Murriel y analizando su interior.  
Considero que no ha de ser necesario decirle a que he venido la miró amenazante.
Brumma agachó la cabeza. No tenía escape. No tenía las suficientes palabras reconfortantes para aplacar el daño que había ocasionado.
Murriel la observó detenidamente. La mujer padecía de una tristeza atroz. En ese momento Murriel pudo sentir como la lástima se colaba entre la furia e irá que había sentido hace segundos atrás.
La bruja se acercó unos metros hacia donde el unitario se encontraba, delicada y lentamente fue agachándose apoyando sus rodillas sobre la áspera paja.
Murriel quedó anonadado ante tal reacción, sin comprender lo que la mujer estaba haciendo.
Brumma había percibido inmediatamente la energía que traía el joven. Luego de unos segundos, comenzó a levantarse hasta volver a cruzar mirada con el confundido unitario.
¿Qué ha de significar esto? cuestionó Murriel cuando los dedos de la mujer se apoyaron suavemente sobre su boca.
No hable más, Murriel. Deje fluir su preciada energía.
¡Suelte! exclamó el apartando la mano de ella ¿Qué quiere decirme con eso? preguntó con furor.  
Murriel, sin salir de su asombro, notó como la bruja cerraba y abría los ojos apaciblemente, un aura de paz los envolvió a ambos. Su furia y aborrecimiento habían desaparecido de inmediato de su frustrado corazón.
Sólo le pido que se acerque un poco más a mí, joven le indicó la bruja.
Murriel comenzó a acercarse con desconfianza. Luego de unos pocos instantes, vio un aura muy particular que salía de sus manos ¿Qué ha de significar? ¿Usted lo sabe? preguntó Murriel sin dejar de observar sus manos. Nunca había podido ver al aura tan cerca para poder apreciarla.
Significa que en usted yace un poder inmenso de gran vigor le aclaró.Esto ha de parecerme increíble, siempre que me sucede, no he de saber cómo reaccionar le comentó a la bruja sin dejar de mirar la poderosa aura.
Es lo que sale de usted, muchacho. Como puede apreciar, yo también poseo el mismo poder que el suyo sonrió Brumma—. Tiene un poder especial y único, por eso es que le llame y elegí le dijo con un tono sereno.
¿Por qué ha de llamarme a mí? ¿Acaso soy una prueba de sus conjuros? preguntó inquisidor.
¿Cómo se le ocurre, joven?
¿Y que ha sucedió allá fuera hace unos momentos? ¿O acaso me va a decir que ese temblor fue producido por la naturaleza? cuestionó el unitario.
Lo he hecho para salvarle, esos hombres son peligrosos para usted le contestó Brumma maternal, mientras se le acercaba a acariciar su mejilla.
Murriel la alejó apartando su mano de él y la miró amenazante.
¿Cómo puede decir usted eso? Gracias a sus condenados embrujos que Castilla esta en este estado lamentable dijo algo agitado.
Le pido quietud, muchacho.
¡Quietud mis cuernos! exclamó nervioso.
Debe saber, que yo nunca he querido hacer daño a Castilla contestó desviando su mirada y evitando que unas lágrimas asomaran sus ojos.
No ha de interesarme lo que dice, debe reparar el daño que ha hecho le exigió el unitario.
Sólo usted podrá hacer eso, joven. En usted es en quienes ellos confían. Percibo un ilimitado poder dentro suyo.
Yo no. Sólo soy un unitario que desea ayudar a su gente, al rey y a quien lo necesite. ¡Un bledo me interesa este maldito poder! gritó ¿Para qué he de quererlo si sólo puede causar dolencias?
No entiende, muchacho. No es como usted dice, ese poder es maravilloso, demuestra lo bello de su ser explicó con fascinación.
No le he encontrado lo bueno a esto. Usted es bruja y tiene un poder parecido ¿eso me hace un brujo a mí también? No he deseado esto ¿Por qué me sucede?
Brumma lo miró apacible. Comprendía la confusión del joven y se sentía en responsabilidad de explicarle que era lo que le ocurría. De alguna manera, ella fue impulsora de que su poder se magnifique al descubrir esa energía interna, ella intervino para que el poder de Murriel acrecenté y active.
Le diré comenzó—. Yo puedo ver y notar acerca del poder que tiene cada ser humano, sobre todos aquellos con los que me encuentro o me visitan. Algunos son más ordinarios que otros. Pero usted Murriel, tiene un potencial especial, su pasión y amor por cualquier ser viviente le ha transformado en lo que es en la actualidad. Su voluntad, solidaridad, sin importar cualquier consecuencia con tal de conseguir bondadosamente su objetivo. Es incapaz de desertar a alguien. Pero no sólo fue eso lo que le brindó a usted el privilegio de poseer el poder que tiene.
¿Y cuál sería el motivo?
Enséñeme sus manos.
Murriel le hizo caso y quedó impresionado.
Toda esta aura especial que sale de usted, reflejan sus emociones y sentimientos, cuando estos mismos sobrepasaban el nivel natural, se convierte en una poderosa aura, la que te otorga una fuerza interna, y de la cual, puede hacer uso de la misma… 
¿Fuerza interna? la interrumpió sin poder creerlo.
Brumma asintió Eso se debe a que sus sentimientos se encuentran en un nivel superior a cualquier ser humano. No puedo revelarle los poderes de los brujos, ni como nos hemos preparado para esto, pero lo que sí puedo afirmar, es que si usted lo desea puede ser parte. Puede curar o destruir, puede elegir el camino que más corresponden a sus emociones, y estoy segura de que usted escogerá el correcto congruente a sus principios explicó esbozando una leal sonrisa en sus labios.
Comprendo más de que se trata este asunto. Sin embargo, sigo sin poder creer que esto me haya sucedido a mi ¿Qué cosas podré hacer con este poder? preguntó.
Lo que desee. Eso es parte de usted, descubrir cómo usarlo y el motivo del mismo le dijo. Brumma tomo unas plantas llamadas mundrisas, las cuales sólo poseían los brujos y las apoyó en la palma de Murriel, logrando que ambas ingresaran internamente en el chico. El aura había desaparecido junto con las plantas.
¿Qué ha pasado ahora? preguntó mirando para todos lados confundido.
Brumma sonrió ampliamente La maduración de su poder. Vaya a enfrentar a Camnes, ya está usted preparado para hacerlo, y salvar al rey.
¿Salvar al rey? ¿Por qué debo salvarle? ¿Qué ocurrió con él? preguntó acercándose desesperado.
El líder de los protestantes, Camnes, va a matarlo, ese era su objetivo inicial. No pierda tiempo conmigo, muchacho. Mi trabajo ha concluido, he intensificado y granado su poder. Usted sabrá cómo controlarlo le informó.
¡Ese desgraciado! gritó exasperado ¿Cómo pude ser tan ingenuo? ¿Cómo he pensado que no podría estar en peligro? Debí haberme quedado con él y no obedecerle.
Ha hecho bien, usted. Podrá salvarle si se apresura. ¡Corra muchacho! lo incentivó la bruja—. Usted es la única salvación para Castilla, le confío y brindaré mis energías. 
¿Cómo puedo saber yo que no es un engaño suyo? Usted estaba aliada con ellos ¿Por qué ahora ha cambiado de parecer?
Nunca he cambiado, muchacho. He tenido un momento de debilidad, mi miseria es grande y me he unido con la miseria de ellos, porque ese es el resultado de todo. Me he dado cuenta de que la ambición no es el verdadero poder, si no un espejismo para caer en el abismo.
Murriel presintió en los ojos de su ex contrincante que le estaba diciendo la verdad, de todas formas, no podría hacer otra cosa en esos momentos.
Lo haré contestó.
Vaya por el camino derecho al lago, llegará mucho más rápido le sonrió.
Brumma la llamó y la mujer lo miró fijo—, gracias.
Le brindo mis energías, joven le dijo Brumma mientras el unitario se alejaba.
En el momento que siguió, dio paso para que el unitario desaparezca rápidamente de allí y detener la aberrante acción llevada a cabo por los protestantes.
Salve a Castilla Unitario murmuró Brumma.

Con esta imagen propia y peculiar, nos despedimos de Brumma. Luego, se retornará a lo acontecido con nuestro héroe, no sin antes relatar que ha pasado con el rey y nuestro considerado villano.

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