jueves, 12 de marzo de 2015

Episodio VII

Episodio VII
Continuación del hecho que relatado en el episodio anterior.

Las cosquillas que se apropiaron del cuerpo de Larry no eran más que nervios producidos ante la mirada inquisitiva de la duquesa.
¡Duquesa! exclamaron ambos jóvenes al unísono.
¿Otra vez usted, campesino? lo indagó a Murriel.
  
Murriel y Larry se miraron refulgiendo miedo en sus ojos. Esa mujer, podría ponerlos en diferentes sentimientos relacionados con nervios, pavor, pánico o cualquier palabra semejante, alternando el turno de los mismos como si de una ruleta se tratara.
Larry golpeó sutilmente a su amigo para que comience la parla.

Su Alteza. Disculpe nuestra intromisión.
Veo que no desiste en su deseo de conocer a nuestro rey repuso la mujer—. Pues…
¿Acaso mis palabras han dicho algo que no fuese cierto?   
No, su Alteza. Quiero decir, es usted dueña de la razón contestó resignado Murriel.


Sequetina no se sentía de humor para tolerar las sandeces de esos campesinos. Particularmente de Murriel a quien tomaba como un muchacho insistente, inoportuno y pesado para encontrarse en un mismo lugar con él.   
Una pronta resolución llegó rápidamente a la mente de Sequetina, quien deseaba deshacerse de nuestro héroe a quien ella, no le tenía el menor afecto.
  
Agracie el favor de esperarme usted un segundo aquí, campesino le ordenó la duquesa mientras se retiraba. Murriel le dirigió una mirada asesina a su amigo.
Su mirada me incomoda, amigo.
¿Y cómo no hacerlo? De su extravagante cerebro salió tal idea arriesgada dijo sarcástico.
Normalmente en estos eventos no hay nadie de la nobleza merodeando por el castillo, exceptuando la cocina se defendió Larry—. Me extraña que la duquesa haya aparecido justo en este preciso momento.
Y ya hemos encontrado problemas.
¿Qué le ha hecho pensar tal cosa?
La duquesa fue en busca de un guardia, estoy seguro. Será la primera vez que conoceré un calabozo. ¿Cómo lograre soportar tal tortura?

Es usted un perseguido. Imposible que eso suceda.
Se toma todo muy tranquilamente, amigo.

Minutos más tarde, la duquesa regresó hacia los jóvenes. El ruido que propinaban sus zapatos puntiagudos contra la fina madera, los hizo observarla con detenimiento.
  
Joven campesino dijo mirándolo a Murriel.
A sus órdenes, duquesa hizo una reverencia graciosa, ya que Murriel no sabía todavía como presentarse ante la nobleza. Larry largo una risa ahogada. Sequetina rodó sus ojos demostrando su antipatía hacia el joven.
Desean recibirle dijo sin aclarar más. Murriel cambió su notable cara de preocupación a una de ensoñación. Larry le dirigió una mirada de orgullo.
¿Es cierto lo que he escuchado?La duquesa asintió.

Usted lo miró despectivamente a Larry—. Regrese a sus labores.
Así lo haré, su Alteza contestó Larry sin evitar su egregio fastidio—. Merece usted más que cualquier ser viviente esta oportunidad, aprovéchela, Murriel le susurró en el oído a su amigo. Se retiró haciendo una reverencia.

Luego de tal despedida, la felicidad que despedía Murriel de sus gentiles ojos no alcanzaría las palabras para describir tal sentimiento. Tampoco serian suficientes para que se entienda con exactitud lo que nuestro querido héroe estaba albergando en su corazón, dejando a exclusiva responsabilidad del lector imaginárselo.

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