jueves, 5 de marzo de 2015

Episodio VI

Episodio VI
Donde continúa el banquete, añadiendo una breve presentación de un nuevo personaje que quizás llegue a importarle al lector.

Cerca del pueblo de Castilla, se encontraba una mujer muy particular, de unos cincuenta y tantos.
Esta mujer era conocida, hace mucho tiempo no había sido vista ya que muchos le temían.
Estatura mediana, pelo rojizo, nariz respingada, ojos miel los cuales podían hipnotizar a cualquiera, eran una de las características de Brumma.
Al enterarse sobre los últimos acontecimientos del reino se interesó en ir al banquete, aunque no estaba demasiado segura. Ella era una bruja. Nadie sabía qué tipo de intenciones tenía, pero si muchos poderes y magia negra, era capaz de hacer cosas que ni ella misma imaginaba. Temerosa y ya decidida, dejando de lado su mastuerza inseguridad, salió de su cabaña, tapando su rostro con una tela y un sombrero encamino hacia el castillo. Se sentía liberada al salir después de tanto tiempo. Brumma estaba dispuesta a cambiar su destino y ser considerada como una civil más.

Los banquetes solían celebrarse en la sala principal, que era habilitaba para el evento, con caballetes y tableros, hacían las largas mesas cubriéndolas con manteles. En esta ocasión, el acontecimiento sería fuera del Castillo, donde todos los civiles tanto campesinos como aldeanos pudieran concurrir a él. La generosidad del rey, sobrepasaba el límite de cualquier tipo de poder gubernamental y estereotipo.
El banquete dio comienzo, todos los comensales y civiles se encontraban reunidos esperando la llegada de su rey. Un barón se acercó para dar el discurso en su lugar, hablando acerca del origen de tal festejo, agradeciendo al pueblo de Castilla por toda su unión y voluntad. Murriel se sentía ajeno a toda esa situación, ya que el cómo recién llegado no comprendía ciertas clausulas y costumbres del reino. Luego de finalizar, todos aplaudieron demostrando el gran respeto concebido hacia el monarca.
Un plebeyo dio inicio al banquete. Todos comenzaron a reunirse en la mesa principal para saborear todo lo que se encontraba en ella.


¿Por qué no habrá salido el rey a dar el discurso? preguntó Murriel preocupado.
No lo sé. A veces envía a los barones o duques a hacerlo en su lugar. Desea incluirlos.
Es extraño.
¿Por qué dice eso, amigo? preguntó Larry.
Nunca he conocido un rey así. Es decir, por lo que veo y usted me ha relatado, es un rey quien sobrepasa lo especial sonrió.
Lo es, Murriel. Y no se preocupe, cumpliremos con su deseo.
¿Cree que es apropiado?  
¿Por qué no lo sería? ¿Se ha arrepentido acaso?
No es ese el motivo, Larry. Es sólo…  
Larry se acercó a él arqueando una ceja ¿Sólo? ¿Acaso el miedo le ataca, amigo mío?
¡No! contestó rápidamente.
Entonces iremos ahora lo desafió.
¿No es demasiado pronto?  
¿Realmente cree que puede ser pronto para intentar cumplir su sueño?
Murriel hizo un gesto confuso.
Yo creo que no debe hacerse esperar, Murriel. Cuanto más pronto sea, más liberara dentro de sí el deseo que le persigue. Hágalo realidad – Lo arrastró.
Espere ¿A dónde me lleva?
Conozco un buen atajo para entrar al castillo. Seguro estoy de que el rey está allí todavía. 
Mientras se dirigían en camino al atajo afamado de Larry, Murriel se chocó con una persona particular.
Le ofrezco mis disculpas, señora.
La mujer lo miró impasiblemente. Era imposible descifrar su mirada, parecía tan pura y tan contrariada a la vez que Murriel quedó algo petrificado ante ella.
No hay cuidado respondió la mujer misteriosa.
Murriel solo le sonrió. La mujer sorprendida de tal gesto, se sintió agradecida, nunca la habían tratado tan amablemente en el reino.
El joven iba a retirarse cuando ella lo tomo del brazo Gracias le devolvió la sonrisa.
Murriel ¿Por qué se ha detenido? ¿Qué sucede? se acercó Larry sorprendido ante la escena.
Na… nada titubeó.
Murriel y la mujer mantuvieron la mirada por unos instantes, Mientras Larry se llevaba a su amigo presurosamente.
Brumma, por primera vez después de mucho tiempo, había sentido una paz excéntrica que hizo estremecer hasta el último pelo de su piel.
Ese muchacho murmuró. Sonrió nuevamente y luego se dirigió hacia la mesa de aperitivos.
¿Se encuentra bien, Murriel? Esa mujer le dejo abrumado rio ante su comentario.
No es eso respondió Murriel —. He de sentir unos escalofríos raros.
Algunas veces se comporta extraño, amigo. 
Esa mujer tenía una mirada extraña le remató—. No sé porqué su tacto me produjo esta sensación tan rara.
Mejor sigamos con nuestro cometido. Procuremos ingresar al castillo contestó intentando dispersar los pensamientos de su amigo.


La duquesa se encontraba seria en una esquina, observando cómo los comensales y campesinos engullían. Miraba a todos despectivamente, ella nunca había estado de acuerdo respecto a tal festejo, pero el rey así lo había impuesto. Mucha mezcla entre la nobleza y los civiles no iba a traer buenos resultados, según ella. De repente, desvió su mirada hacia dos jóvenes quienes aparentaban con actitud sospechosa.

El joven de ayer murmuró. La duquesa se dispuso a seguirlos. No quería otros entrometidos campesinos en su castillo.

¿Qué camino hemos tomado, Larry?   
Por aquí ingresan los cocineros, sirvientes y plebeyos.
¿Plebeyos? preguntó con una sonrisa.
Así es, no se distraiga, debemos procurar que no se den cuenta.
Un cocinero se acerco hacia ellos entregándoles bandejas y utensilios.
¡A lavar! ¡Rápido! ordenó.
Ambos muchachos se rieron ante la confusión. Para Murriel era emocionante haber ingresado al Castillo. Deseaba conocer el salón principal.
Murriel, escúcheme bien, iremos primero a la cocina a dejar esto dijo señalando las cosas—. Luego iremos directo al salón principal. 
¿Cree que podremos entrar factiblemente?     
Mantenga su confianza en mí le guiñó un ojo.
Hicieron lo que Larry sugirió. Dejaron las bandejas y utensilios en la cocina, se escabulleron rápidamente cuando un plebeyo intento frenarlos, estos lo miraron y salieron corriendo como un santiamén.

¡Están entrando al castillo! gritó el plebeyo.
¿Tan entrometido tenía que ser? ¡¿Por qué no cierra su boca?! le gritó Larry sin frenar su recorrido.

Murriel no podía creer lo que estaba haciendo. Jamás en su vida había hecho semejante cosa, estaba osando a enfrentar su sueño.
A punto de llegar a la entrada principal, escapando de todo aquel quien deseaba detenerlos, una persona los detuvo en seco con semblante serio lo cual provocó una sorpresa ante los individuos quienes estaban seguros de conseguir su cometido. A veces, uno puede creer llegar a un lugar, el cual luego se puede tornar inalcanzable y la frustración puede apoderarse de todos nuestros sentidos sin poder echarle la culpa a la fortuna o al destino. Esto mismo, sintieron ambos jóvenes al no caer en que consecuencia podría traer tal presencia. Con esta sensación, dejaremos este episodio para seguirlo en el siguiente.

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