jueves, 6 de agosto de 2015

Episodio XXXII

Episodio XXXII
Un particular recuerdo desmemoriado, hace cambiar radicalmente la visión de Camnes respecto a nuestro héroe.

En los días que siguieron, los cambios se hicieron notar, sobre todo en Brumma, se volvió más antipática de lo que era y fácilmente se dejo influenciar por la sed de venganza y ambición que invadía a Camnes y sus hombres. Non Regnum era ahora su nuevo hogar. Tenía un objetivo por el cual vivir. Quería saborear ese poder que tanto anhelaba una parte de su corazón. Cada vez que ella dudaba, el líder se entrometía en sus pensamientos, amoldándola hacia al camino que a él le convenía. Así fue, como Brumma se estaba convirtiendo en una persona resentida e impulsiva. Dejando de lado las pocas y buenas emociones que le quedaban.
La duquesa seguía con sus continuas visitas para mantenerlos al tanto acerca de los movimientos del rey. Sin embargo, muchas veces se veía complicada, ya que Murriel estaba involucrado, siempre atento a lo que el monarca necesitaba, muy difícil se le hizo poder obtener más información. A pesar de que lo contado por la duquesa no era relevante para Camnes, quería seguir manteniendo un lazo con la mujer. Sequetina le había comentado a Camnes acerca de lo entrometido que era Murriel, interponiéndose entre los asuntos de ella y el rey. Fastidiada quedó contando su mera preocupación a los protestantes. A Camnes no le interesaban demasiado las quejas prodigadas por Sequetina hasta ese entonces. La duquesa, por primera vez se sentía útil. Camnes se encargaba de que ella se sintiera de tal forma, su ingenuidad no le permitía ver más allá, era otra pieza que el líder necesitaba. La hermosa noche se acercó en Castilla, Sequetina, sin poder conciliar un gramo de sueño, se dirigió a la cabaña de su líder.

Buenas noches, señor ingresó sorpresivamente Sequetina a la cabaña.
Sorpresa ante mis ojos. ¿Qué desea a estas horas, su Alteza? preguntó sin dejar de lado su pizca de ironía.
No le soporto comenzó a quejarse—. Ese muchacho ordinario e ignorante me tiene hasta la coronilla – Repuso mientras se movía alterada por un rincón de la cabaña.
Camnes se acercó hacia ella, frenándola con un movimiento intrépido.
Duquesa… mordió sus labios ¿Qué no soporta?
No me piense mal, Camnes. Murriel, ese insípido…
¿Quién carajos es Murriel? ¡Mujer me tiene atiborrado con tanto lamento!
¡El unitario! ¿Acaso no recuerda que le he estado hablando sobre el todo este tiempo? ¿El maldito que se ha interpuesto siempre en mis planes para traerle información valiosa a usted? contestó airada.
El unitario repitió el junto a un suspiro—. Si recuerdo…
Ese mismo entonces, sigue interfiriendo, persigue al rey en todo momento, no le deja en paz un segundo, ese condenado y despreciable…
¿Y qué tanto le importa a usted? preguntó interrumpiéndola con cierta irritación a causa de las quejas de la duquesa.
¿Cómo ha de preguntarme eso? ¿No le ha visto? 
No, Alteza, nunca le he visto, ni tampoco es de mi interés contestó despreocupado.
Qué extraño dijo ella.
¿Qué le parece extraño su Alteza? cuestionó Camnes levantando su tono de voz ¿Ha venido acaso a decirme algo útil o solo despilfarrar sus lágrimas conmigo?
No he querido molestarle, Camnes. Usted es quien más conoce mis debilidades y frustraciones. Entienda lo que ese unitario ha ocasionado desde que llegó, opacándome miserablemente.
El líder hizo un gesto burlón poniendo sus dedos sobre los labios de la mujer Usted, mi querida Alteza, ha consentido tanto a sus vacilaciones que esas mismas le han opacado a usted. Considero que ese amiguito del gordo con corona, fue un resonante para que usted se diera cuenta de ello.
¿Qué está diciendo? preguntó angustiosa.
La verdad, su Alteza. Y vea lo considerado que debo yo ser para permitirle que se vaya sin ninguna reprimenda y deje de importunar a su líder.
Sequetina se sentía nuevamente invadida por las deducciones de Camnes, era algo común que todas las mujeres se vieran sus pensamientos y emociones desnudas frente a ese hombre.
Usted si le conoce.
¿A quién, Alteza? ¡Pare de ponerme tan nervioso! gritó enfadado.
Al unitario respondió ella alevosamente.
Se equivoca usted, ya le dije que jamás he visto en mi vida a ese unitario de quien usted tanto le queja.
En la conferencia repuso ella—. Usted y sus hombres arribaron violentamente al reino de Castilla. Cuando usted enfrento al rey y perdió el duelo.
Innecesariamente veo que deba de recordármelo le contestó frustrado.
Sin embargo, el unitario casi se entromete de nuevo, intentando frenarlos a usted y sus hombres. El incitó a los civiles de Castilla a chillarle y echarle como un pordiosero. A partir de ese momento, su nombre quedó impregnado en su mente, deseándole el peor de los destinos y prometiéndose a sí mismo y al pueblo de Castilla que no le permitirá a usted conseguir su objetivo dijo recordando aquel momento vivido cuando Murriel habló a los civiles.
¿Pretende asustarme con esos cuentos?
Sé que a usted no le asusta nada y puedo recalcar entre todas sus virtudes la fuerte valentía que posee. Sin embargo, quiero que le recuerde y le tome la misma bronca que le he tenido desde que piso el pueblo de Castilla. Si él no hubiera estado en esa conferencia, quizás usted no hubiera sido derrotado.
¿En qué pudo haber influido ese debilucho en mi derrota?
El es el corazón del rey, para mi lamento. Desde su llegada, el rey ha cambiado, se ha transformado. Le confía tanto a ese infeliz que deja representarle en el reino.
Suposiciones, Alteza. Es sólo eso lo que usted me está diciendo. No creo en las estúpidas energías, las cosas suceden porque así debieron serlo. He sido demasiado considerado con ese maldito rey, debería haberlo asesinado frente a todo su estúpido pueblo dijo traspasando su espada por una pila de paja encontrada a su lado.
Esa fuerte ira e impenetrable impotencia que usted demuestra, siento yo al hablarle de este individuo. Le suplico de su entendimiento, señor.
¿Quiere que le mande a matar? peguntó burlonamente.
No ha de poder, señor. Nadie puede contra ese estúpido unitario. Además sería actuar por un impulso. Yo le deseo sufrimiento, le deseo que vea como su adorado rey muere frente a sus ojos, es el mejor castigo sonrió.
Lo más astuto que le he escuchado decir en todo este tiempo repuso riéndose.
Espero que le haya recordado.
No me interesa, duquesa. Ya he escuchado suficiente. Regrese solo cuando adquiera información que me ha de servir.
Sabe que así lo hare. Sólo reflexione esta noche y piense que su enemigo no es el rey, si no, su unitario dichas esas palabras se retiró con una reverencia.
Unitario murmuró.

En la noche, Camnes cayó fácilmente en los brazos de Morfeo. Unas imágenes comenzaron a fluir en su mente, como si un sueño se las hiciera recapitular. Con un movimiento astuto e imprevisto, su espada voló por los aires para hundirse en la tórrida arena, dejando expuesto el éxito del rey ante el pueblo de Castilla. Una vertiginosa furia y frustración ciñeron en todo su ser dejándolo completamente en ridículo. Humillado, predispuso a retirarse con su orgullo el cual, jamás permitiría que fuera dañado, siquiera por una sintiente ilícita derrota. Sus ojos se cruzaron con aquel muchacho, quien lo miraba insoldable y silenciosamente. Su mirada lo transportaba hacia un lugar donde no había estado jamás, como si aquel muchacho supiera ya todos sus planes y futuras estrategias antes que el mismo. Devolviéndole una mirada amenazante, creyendo que eso lo intimidaría y pararía con toda esa revolución que le ocasionaba, el mismo se la mantuvo, sin mostrar efecto alguno, empezando a quebrar su poderoso orgullo. Camnes perturbado, no pudo discernir el por qué de la fortaleza de aquella débil persona. Un sudor corría por su cuerpo, mientras yacía completamente dormido, las imágenes de aquel muchacho aparecían y luego se esfumaban muy rápido como para poder divisarlas en su totalidad. Una risa comenzó a escucharse impenetrablemente en sus oídos, la misma persona de aquella mirada se reía lastimando sus sentidos auditivos, evidenciando aún más su presunta derrota. Camnes cayó en la arena siendo abandonado por el resto de sus hombres, sintiendo que una fuerza lo aprisionaba, el muchacho acercándose tan cerca como pudo, le susurró a su oído: El fracaso que usted siente, es la alegoría de nuestra gloria.
Camnes se levantó sudado y atemorizado. Hace tiempo que no sentía tal sensación, el sudor que seguía corriendo en su piel delataba su estado deplorable de calamidad.
Maldita duquesa.
Recordando lo comentado por Sequetina, abrió sus ojos sorpresivamente cuando al fin, pudo entender de quien tanto le estuvo hablando todo ese tiempo.
¡Maldito unitario! gritó.

Luego de ese imprudente sueño, Camnes no pudo regresar con Morfeo en toda la noche. Dejando a nuestro antagonista cavilar en sus nuevas emociones, finalizamos con el episodio.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario