Episodio XXXV
Charla de suma importancia entre Larry y Murriel respecto al hecho relatado
en el episodio anterior.
Murriel preocupado por el estado de su rey, lo dejó descansar en su habitación, no sin antes pedir a algunos plebeyos y sirvientes que se mantengan atentos por si necesitaba algo. El siempre se encontraría disponible para ayudarle.El unitario se dirigió a la sala principal del castillo para buscar a la duquesa por más que esa idea no le agradara demasiado. Sin embargo, con ella tendría que hablar ya que el rey la necesitaba y tendrían que congeniar en cómo cuidarlo y protegerlo luego de los últimos hechos acontecidos. No sería una tarea fácil, ya que sabía que él no era de su total agrado, pero de alguna forma intentaría poder llegar a un acuerdo con ella. En su búsqueda, se encontró con los guardias que habían ido a auxiliar a Larry y buscar el cuerpo de Dionisio. Mientras se estaba acercando una voz lo frenó de su objetivo.
Murriel preocupado por el estado de su rey, lo dejó descansar en su habitación, no sin antes pedir a algunos plebeyos y sirvientes que se mantengan atentos por si necesitaba algo. El siempre se encontraría disponible para ayudarle.El unitario se dirigió a la sala principal del castillo para buscar a la duquesa por más que esa idea no le agradara demasiado. Sin embargo, con ella tendría que hablar ya que el rey la necesitaba y tendrían que congeniar en cómo cuidarlo y protegerlo luego de los últimos hechos acontecidos. No sería una tarea fácil, ya que sabía que él no era de su total agrado, pero de alguna forma intentaría poder llegar a un acuerdo con ella. En su búsqueda, se encontró con los guardias que habían ido a auxiliar a Larry y buscar el cuerpo de Dionisio. Mientras se estaba acercando una voz lo frenó de su objetivo.
—¡Amigo! —llamó Larry.
—¡Larry! —sonrió el unitario—. En un rato iba a buscarle.
—Imaginé —contestó denotando en su voz el estado de preocupación que lo
invadía.
—¿Qué
ocurre? —preguntó Murriel caminando unos pasos hacia su amigo.
—Los
protestantes —sólo le dijo.
—Se
que no ha sido lo más deleitoso para usted verles ni tampoco el cuerpo de
Dionisio. Están todos conmocionados por ese hecho. Vaya a saber cuando fue que
le han asesinado. Despreocúpese por ellos, Larry, hemos de estar bien
protegidos. Confió en el rey, él sabrá cómo manejar estos asuntos. Tenga el
ánimo en alto…
—Murriel —lo interrumpió.
—No
diga más, Larry. Suficiente hemos tenido por hoy.
—¡¿Quiere acaso escucharme?! —exclamó nervioso—. Le suplico, amigo —su tono
sonaba acongojado.
Murriel lo miró
extrañado.
—Lamento gritarle, pero no sólo ocurrió lo que usted cree. Alguien le está
buscando, y no precisamente para ser de su amigo.
—¿Cómo
dice? —arqueó una ceja.
—El líder
del partido Non Regnum, no recuerdo su nombre ahora, él le está buscando, y me
dijo que le enviara un mensaje, el cual quedó como implícito.
—Ese
hombre, creo recordarle —Murriel quedó abstraído por unos momentos intentando
acordarse de Camnes.
—Sí,
Murriel, es el hombre que declaró a duelo al rey Francisco. Es un desquiciado,
un demente, el ha asesinado a Dionisio, no tengo duda de ello.
—¿Y cuál
fue el mensaje que le ha dicho enviarme?
—El
nos ha confundido. Es decir, al verme, creyó que yo era el unitario, o sea…
usted.
Murriel asentía
escuchando atentamente lo relatado por su amigo, informándole este lo que había
ocurrido con Camnes y de no ser por uno de sus hombres, quizás ahora estaría en
el otro mundo. Larry simuló los movimientos describiendo la escena. El unitario
quedó inmóvil por unos segundos sin poder asimilar lo escuchado.
—Amigo, puedo comprenderle lo que me dice, lo que si no puedo compendiar es el
por qué de ese mensaje ¿Qué ha de querer conmigo?
—Murriel —Larry apoyó su mano sobre el hombro de su amigo—. Ha dicho que no
quiere que usted se implique en sus asuntos. En principio no encontraba el
sentido hacia su obsesión con usted. Sin embargo, luego de premeditarlo unos
momentos, sólo una cosa pudo ocurrírseme.
—Dígame entonces —le pidió el unitario.
—Sospecho que alguien está comprometido en este asunto. Un delator, alguien del
reino está con ellos, y debe brindarle información.
—¿Qué
disparates está diciendo, Larry?
—¡Piense! No sea crédulo. ¿Cómo es que uno de sus hombres supo quien yo era?
¿Cómo es que saben tanto de usted? ¿Por qué han matado a Dionisio? —comenzó a
indagar Larry.
—Desearía yo poder contestarle estas cuestiones. Igualmente, aunque consideremos
a un traicionero entre nosotros ¿Qué tendré que ver yo?
—Es el unitario del rey, es usted su confidente.
—¿Y
quién podría ser entonces el involucrado con esos infelices protestantes?
—Un
sospechoso he mantenido en mi mente, pero no creo que sea posible.
—Diga
su nombre —exigió Murriel exaltado.
—La
duquesa. Sin embargo, aunque sé que no le causamos simpatía, cuesta creer que
conspire contra el rey.
—¿Y
quien más podría estar implicado? La duquesa es la primera que desearía verme a
mí muerto, pero si enviarme al infierno a mí, significaría dañar al rey, no le
creo capaz —dedujo Murriel.
—¿Está
usted seguro que ella realmente le quiere al rey? —preguntó Larry.
En esos instantes,
Murriel no pudo contestar la pregunta por qué una silueta se apareció ante
ellos, caminando cautelosamente hacia la salida del castillo. Dicha persona era
un miembro perteneciente a la nobleza.
Con este dubitativo panorama nos despedimos temporalmente de ambos muchachos, para evocar nuestra atención en otros personajes de nuestra historia.
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