Episodio II
Donde se explica brevemente el valioso lugar dónde
se encuentra nuestro héroe y la aparición de un nuevo personaje quien ocupará
un lugar importante en la historia.
Las viviendas de los civiles y/o campesinos eran
cabañas o chozas de adobe, piedra, madera o inclusive barro cubierto de paja.
Los más afortunados tenían un fogón en el centro de su vivienda para cuando el
frió los acarreaba. Murriel pensaba ofrecer sus servicios para conseguir
alojamiento. Antes de buscar un hogar, decidió pasear y conocer el lugar.
El joven recorrió el reino embelesado por la
estructura del mismo. Las casas de los campesinos rodeaban el castillo, se
podían apreciar las bellas iglesias en dirección contraria al mismo, consideradas
epidérmicas. Las catedrales fueron construidas siendo una novedad y
extraordinario atrevimiento para la época, su arquitectura formando un arco
semicircular con capillas laterales dio una fisonomía distinta respecto al
resto de los edificios. Castilla era todo un sueño para quien se atreviera a
visitarlo. Murriel disfrutaba de todo lo visto y aunque no consiguiera su
objetivo, se iría pleno y contento de allí.
Luego de recorrer varias zonas de Castilla,
decidió buscar un lago para relajarse. Al acercarse al mismo, divisó un joven
de casi la misma edad que él. Pelo alborotado y castaño, ojos azabaches y
contextura delgada eran unas de sus características. El joven estaba intentando
pescar con su anzuelo de madera, sin obtener el éxito esperado en cada intento
que efectuaba. Suspirando se sentaba a cada momento para luego volverse a
levantar y seguir demostrando su frustración respecto al desacierto de adquirir
lo que esperaba. Murriel quedó observándolo por unos instantes, sorprendido
ante la desesperación del joven, el mismo hacia movimientos poco convenientes
al lanzar su herramienta, agregando además, que la punta de hueso que tenia la
lanza estaba muy mal ubicada en la misma, lo que hacía aún más difícil poder
pescar algo. Murriel comenzó a reír disimuladamente, evitando que el joven se
diera cuenta.
Se acercó delicadamente hacia el campesino quien
no paraba de rezongar ante cada tiro dado, tocó sutilmente su espalda y el
joven se sobresaltó.
—¡Oiga! —exclamó, soltando su lanza del
susto.
—Disculpe, no era mi deseo asustarle —sonrió
Murriel.
—Aleje su preocupación —contestó, mientras
volvía a tomar su lanza de madera.
—Lamento interrumpir su actividad, pero creo
que está haciendo usted un mal movimiento —disparó inocentemente.
El joven lo
observó curioso.
—Si me permite —le despojó la lanza
sostenida por el joven para luego ubicarse a su lado. —Esta púa está mal posicionada —dijo
mientras la giraba para ponerle en su lugar correspondiente —Usted debe dar un
paso hacia atrás, calcular la distancia adecuada y mirar hacia un lugar
determinado, un punto fijo —explicaba mientras lo demostraba con sus
movimientos —Luego lance extendiendo el brazo con la fuerza justa. Al tirar de
esta manera, la lanza desembocará en el lugar adecuado, debe de ser preciso. Es
sencillo cuando se acostumbra a hacerlo.
Murriel fue a buscar la lanza, y al
sacarla tenía un pez incrustado en ella.
—Es usted un excelente pescador —contestó
con asombro el joven quien había estado escuchando su explicación con entera
atención.
—¿Desea hacer otro intento usted? —le
entregó la lanza.
El joven intentó imitar la posición que Murriel
había hecho previamente, dio un paso muy atrás, dejando su cuerpo graciosamente
hacia un costado, al intentar extender su brazo, el mismo estaba temblando,
fallando nuevamente con su cometido.
Murriel riendo divertido, se acercó al joven
para acomodarlo de la manera correcta, dejándolo en la posición adecuada, buscó
la lanza nuevamente y la situó sobre la mano del joven.
—Ahora flexione bien su brazo derecho, luego
con su cabeza cerca de la lanza mire con precisión en un punto fijo, hacia
donde usted quisiera apuntar —le sugirió Murriel —Ahora intente extender el
brazo que sostiene su herramienta, pero procure no hacerlo con mucha fuerza,
midala, si no mandara la lanza al infierno —rio Murriel.
El joven hizo como Murriel le indicó clavando la
lanza en un lugar determinado y conciso.
—¡Ea! Lo he conseguido —exclamó feliz el
joven yendo a buscar su lanza.
Murriel sonrió satisfecho.
—Le agradezco por su ayuda —dijo el joven
acercándose contento —Nunca le he visto por aquí.
—No. Yo he de ser un recién llegado al pueblo
—Oh, mucho gusto, sea usted bienvenido a
Castilla —extendió su mano amablemente.
—Le agradezco su cortesía —dijo manteniendo
su pura sonrisa —espero haberle servido de maestro de pesca.
—Claro que si lo ha hecho —rio el joven —¿Cómo se hace llamar usted?
—Soy Murriel y he llegado hace pocas horas
aquí. He venido al lago a relajarme unos momentos luego de estar recorriendo
este hermoso pueblo. —dijo con ilusión —Luego debo de buscar alguna vivienda.
—Mi nombre es Larry, soy un campesino de
aquí. Provengo de una familia humilde, pero fui trabajando para sobrevivir ya
que no eran suficientes nuestros sustentos. Gracias al rey, muchas cosas han
cambiado en este lugar. Somos una grata comunidad y estamos confiados en que
todo irá consolidándose con el tiempo. —le contó —Usted ¿De dónde proviene
Murriel?
—Provengo
de Sevilla. Mi desconsolado pueblo está pasando por convulsiones económicas y
sociales —agregó sin mucha alegría.
—¿Por
eso ha decidido emigrar aquí?
—No fue
ese el principal motivo
Larry arqueo una ceja. —¿A qué se debe entonces?
—Estoy
aquí para ser el fiel plebeyo del rey.
Larry iba a decir algo pero Murriel no
lo permitió. —Lo sé. Sé que pensara que es imposible que un simple civil como
yo, pueda hablar con el rey y menos, ser su fiel y considerado plebeyo.
Larry sonrió espontáneamente —¿Eso cree? ¿Quién
se lo ha dicho? Imagino que esos canallas de los guardias.
—¿Cómo
sabe eso, Larry? —preguntó intrigado.
—Su
comportamiento es igual con todos los civiles que quieren acercarse a su Majestad. No es imposible, pero no niego que sea dificultoso. Muchos realizan
peticiones al rey respecto a las necesidades del pueblo. Su caso es algo
especial, Murriel.
—Sus
palabras me hacen aguardar esperanzas ¿Tendré alguna posibilidad para esta
causa? —preguntó ilusionado.
—Así le
afirmo yo, amigo. ¿Sabe algo? Su presencia me ha sido grata, le ayudaré.
Murriel comenzó a sentir una fuerte energía positiva. —Estoy
muy agradecido Larry. Dígame que necesita por esta ayuda y no tendré problema
en concederlo.
—Aleje
sus preocupaciones, mi amigo ¿Permite que le llame así? Puede vivir conmigo,
podría ser usted un buen campesino. Y el trabajo no se le niega a ningún civil.
Murriel se sentía el ser más afortunado del
reinado. Nunca imaginó que iría a hacerse un amigo tan rápido y menos que este
le agradara tanto. Las cosas menos esperadas suelen suceder en los momentos más
oportunos. Su estadía en Castilla no sería tan corta como el suponía. Luego de
varias charlas triviales que mantuvieron, Larry cortó un poco de leña ya que estaba
haciendo mucho frío. Más tarde, se dispusieron a comer algo que él había
pescado esa tarde con unos vegetales que le había dado un compañero. La
relevancia se relatará en el episodio siguiente.
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